miércoles, 11 de febrero de 2015

La importancia de llamarse BIRDMAN

"BIRDMAN" ( o la inesperada virtud de la ignorancia)
de Alejandro González Iñárritu
con Michael Keaton, Edward Norton, Naomi Watts, Zach Galifianakis, Emma Stone, Amy Ryan y Andrea Riseborough

No es para nada fácil para un actor poder desprenderse definitivamente de aquel personaje que lo ha lanzado al estrellato y que lo ha marcado para toda su carrera.

Se me ocurre como ejemplo, los denodados esfuerzos de Daniel Dadcliffe por despojarse definitivamente de la piel de Harry Potter, las acertadas elecciones de su comañera de elenco Emma Watson para sacarse a Hermione de encima o en otro plano, los intentos de Michael J Fox para que haya vida en la pantalla grande después de su icónico Marty McFly.

Christopher Reeve seguirá por siempre en nuestro imaginario colectivo adherido al traje de Superman, Linda Carter será eternamente la Mujer Maravilla y entre otros, Don Adams es sinónimo absoluto de Superagente 86.

Este es netamente el punto de partida y sólo el puntapie inicial de "BIRDMAN" (y será sólo el punto de arranque porque luego el guión aborda desde otros lugares situaciones mucho más complejas que sencillamente esto).
En ésta, la nueva película del mexicano Alejandro González Iñárritu, el directo ya instalado en Hollywood logra romper con la estructura de tríptico de su éxitos anteriores como la inolvidable "Amores Perros" y las posteriores "21 Gramos" y "Babel" y por sobre todo, abandona el aroma a muerte y pesadez narrativa de la tremendamente densa "Biutiful" donde parecía regodearse en el dolor y en ese tan particular descenso a los infiernos del personaje de Javier Bardem.

En "BIRDMAN" el personaje central interpretado por Michael Keaton intenta, pluma por pluma, arrancarse el traje alado del superhéroe que da nombre a la película y que ha sido el papel que lo ha marcado en su carrera. Tendrá, entonces, su particular tránsito por el "purgatorio" en cierto modo, pero la mirada de Iñárritu a sus criaturas, esta vez (y por suerte) está llena de ironía, de humor sutil y de mucho nervio para la mezcla entre el drama y la comedia.
Los personajes laten, viven, se expresan, se aferran a sus deseos, alejadísimos de ese letargo que se imponía en su última producción. Y evidentemente, cuando logra alejarse de la solemnidad, Iñárritu gana en impacto, en creatividad y en el verdadero sentido de su cine.

Ya entonces desde la presentación de este personaje central, y sabiendo todos los espectadores que justamente Keaton ES el Batman de Tim Burton (en ese regreso al cine del hombre murciélago acompañado por un Guasón discutible pero inolvidable de Jackson Nicholson y la presencia de la magnética Kim Basinger), arranca la historia con un gran sentido del humor y la autoreferencia.
Esta autoparodia, casi una caricatura de si mismo que construye Keaton, invita desde ese primer momento al juego y al guiño cómplice del público cinéfilo -justamente cierto sector de la crítica le reprocha que tenga demasiadas referencias, nombres, chistes, menciones, que son como para un cierto grupo "gourmet" del cine-.

Si sumado a todo esto, la forma que elige  Riggan Thompson (tal el nombre del personaje central y casi el alter ego de Keaton)  para exorcizar definitivamente su pasado es demostrar(se) que puede pisar un escenario en pleno Broadway, y plantear así un giro a su carrera, las referencias al mundo del espectáculo multiplican el juego.
Así el guión puede dispararse y hablar de los egos actorales y de los egos empresariales, de la ferocidad y el poder de la crítica, del negocio del espectáculo, de lo instalado que está en el show business que se supone que un actor es más talentoso cuando puede exponerse a un texto de "calidad" vs. el entretenimiento meramente popular.
Como podemos ver, Iñárritu  multiplica las referencias que se abren como un juego de espejos que se miran a sí mismo y se agiganta a medida que corre el relato.


Si queremos profundizar más aún, también el guión nos sumerge en referencias literarias porque Thompson/Keaton no elige cualquier texto para subirse al escenario de Broadway.
Lo hace nada menos que con las potentes palabras de un texto nada simple de Raymond Carver, "De qué hablamos cuando hablamos de amor?", el que fuera resumido por la crítica en "historias de parejas que se despedazan, compañeros que parten desesperadamente a la aventura, hijos que intentan comunicarse con sus padres, un universo injusto y violento, tenso...". Asi es Carver y obviamente no está elegido aleatoriamente, sino, todo por el contrario de la forma más estudiada y premeditada posible.

Y dentro de la película está la obra de teatro, que a su vez tiene dentro a sus personajes pero también a la vida privada de los actores que la representan y dentro de los actores está Thompson luchando en el vínculo con su amante, con su ex y con su hija... y con el star system.
Cada uno de estos personajes está brillantemente interpretados.

Sus compañeros en la obra teatral son Noami Watts y Edward Norton -ideal para disparar una lucha de egos que estalla dentro y fuera del escenario y son de las mejores químicas dentro del elenco-. Para "las mujeres de su vida" el casting también es acertado y excelente: Emma Stone es su hija y entrega una actuación con un giro diferente a sus últimos trabajos, Andrea Risenborough se pone en la piel de su amante y un delicado trabajo de Amy Ryan, como su ex, con una mirada compasiva a quien ha conocido el infierno de Thompson y sus fracturas, desde adentro.

Completa este elenco absoluto de primeras estrellas, el dream team que arma Iñárritu, un Zach Galifianakis al que parece costarle todavía desprenderse de la veta de cómico y una notable aparición de Sandy Duncan como la despiadada crítica de teatro en un par de escenas donde se sacan chispas con Keaton, absolutamente impecables.

Dentro de los rubros técnicos, la idea de que todo parezca un plano secuencia de inicio a fin, hace que la cámara recorra los camarines del teatro internándonos en ellos como su fuésemos a meternos en las tripas de la "bestia".
Los interiores, estos camarines, la escenografía, los técnicos, los vestuaristas, los pasillos laberínticos, la boca del escenario, ver la sala desde donde nunca la hemos visto, estar por un minuto en el punto de vista con el que los actores pueden ven al público, hace que los latidos de la película se hagan cada vez más intensos y acelerados, que estemos absolutamente imbuidos del mundo en el que Iñárritu quiere sumergirnos.

El actor de teatro no tiene posibilidad de mejorar en la sala de edición, se entrega sin red, directo al público, se desnuda y se expone cada noche. Y esa especie de vértigo, de presencia, del arte más vivo se siente durante toda "BIRDMAN".
Como si esto fuese poco, el guión también se da el lujo de oponer tanto naturalismo con escenas que escapan totalmente a la estructura central y el tono general del relato, como una subtrama dentro de la trama: el universo de Birdman que aún anida en la mente de Thompson.

Para aquellos que amamos el cine y nos gusta el teatro, "BIRDMAN" tiene una catarata de guiños, nos invita a sacar nuestra parte más "cholula" visitando el entramado y las entrañas de un teatro nada menos que en pleno Times Square y nos regala, diagonalmente, esas vistas a las marquesinas, las luces de la noche de la Avenida más importante del mundo para el teatro y nos deja inmiscuirnos, por unas dos horas, en la vida de los actores y sus personajes.

Absolutamente con un elenco sin fisuras que se disfruta en cada una de las escenas, con un guión creativo y desbordante, "BIRDMAN" se ha constituido como una de las grande nominadas a la hora de los Oscar de este año.
Intuición de cinéfilo, no creo que pueda alzarse con demasiado de ellos, pero sí puede ser que sea la gran sorpresa de la noche, en caso que a último momento, por esas cosas completamente azarosas del negocio hollywoodense, se alce con alguna de las estatuillas doradas... que, a este punto, es lo de menos.
Ya ha quedado un película magnífica dentro de la filmografía de Iñárritu, que además nos saca los sinsabores de algunos de sus trabajos anteriores y una vez sacudida esa densidad y ese masoquismo con el que había narrado sus últimas historias, esperamos que esta mirada cínica, aguda y despiadada pero amorosa con sus personajes, vuelva a la carga en los próximos trabajos de este director que sabe como sacudir a la platea.

Y en "BIRDMAN" me regaló dos horas de buen cine que disfruté plenamente.

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