lunes, 9 de febrero de 2015

El día que maté a mi madre

"TE VOY A MATAR, MAMA"
de Eduardo Rovner
con María Viau
dirección de Herminia Jensezian

TEATRO TADRON - Niceto Vega 4802 - Sabados a las 23 hs




La sala del teatro Tadrón es el comedor de la casa de Flor, la protagonista de la historia.

Podemos elegir ver la obra de frente (como se nos presenta tradicionalmente el escenario) o tenemos la alternativa de verla desde los laterales, como si formásemos parte de las paredes de la habitación.
Ingresando a la sala ya Flor está sentada y a los pocos minutos se atenúan las luces y comenzará su diatriba.

En este caso el soliloquio tiene como eje a su madre.
Está completamente convencida que es el momento justo de matarla.

Es más, está esperando, evaluando diversas alternativas -a cuál la mejor - para que apenas llegue, se de el "lujo" de matarla.

Y mientras la espera aparecen los momentos vividos con total nitidez, con el dolor que le han producido en el momento que ocurrieron, casi intactos a pesar de los años.

Flor tiene una catarata de reproches, de juzgamientos, de sentencias, de reclamos: de cuentas pendientes. Y todos y cada uno de ellas tendrán que quedar bien aclaradas antes que cumpla con su objetivo: matarla.
Va y viene con el pensamiento, rumia, masculla, avanza-rebobina, le grita, la maltrata... la señala, la culpa no solamente de cosas que han pasado con ella sino hasta también de aquellas que han sucedido con su padre.

La enfrenta, la provoca, la ignora, la convierte en el centro de su vida, la desprecia... pasa por todos y cada uno de los estados de ánimo posibles. Pero su madre todavía no ha llegado, no está presente.
Aún cuando no esté ahí, Flor tiene a su madre tan absolutamente impregnada en cada uno de sus movimientos, a cada momento, como si cargase una sombra, como un fantasma del que no puede desprenderse que sentimos a su madre fuertemente presente, aún cuando no ha llegado. y la tensión crece.

Eduardo Rovner (un dramaturgo nacional con una extensa producción teatral que ya había tocado en cierta forma el tema de la imágen de esa madre omnipresente que ocupa todos los espacios en "Volvió una noche" una de sus obras más exitosas) dota a su criatura de mucho humor y hace que ella escupa frases con un enorme sentido del desparpajo que permiten que el texto sea más amigable e intente escapar del dramatismo extremo, sin dejar de ser profundo y comprometido.
Ese humor es, por cierto, el que descomprime y permite dejar expuestas todas las heridas que sigue teniendo Flor en carne viva, sin que esto signifique un sufrimiento insostenible, sino que por el contrario, ella se convierte automáticamente en un ser tan frágil que es imposible no sentirla querible casi de inmediato.

Rovner no se priva de hablar de los celos, de la competencia, del desamor, de la falta de entrega, de la no mirada, de la culpa, del vacío, del olvido, de la frustración, del maltrato. "TE VOY A MATAR, MAMA" fantasea ya desde el título con la idea de aniquilar lo que más hiere, esa astilla que sigue provocando sufrimientos y mientras Flor evalúa las múltiples posibilidades de matar a su madre -sopesando las posibilidades concretas para que el plan no falle-, va a ir reviviendo diversas situaciones de su historia y de esta forma va desnudando su alma en tan sólo poco más de una hora.


Maria Viau crece junto con el desarrollo de la obra y nos hace partícipes de sus elucubraciones. 
Explota en los momentos de humor con el timing exacto para que una frase cargada de resentimiento nos haga estallar en una carcajada. Maneja con precisión las diferentes tonalidades que necesita esta Flor en cada uno de los momentos y puede convertirse en niña, en adolescente o en un mujer con tan sólo modificar algunos pequeños gestos. 
Se pone al hombro la difícil tarea que implica el trabajo dentro de un unipersonal y le pone el cuerpo a un texto que, aún manejando el humor y la ironía, visita temas cargados de dolor.

El diseño del espacio y la dirección de Herminia Jensezian es otro gran acierto, aprovechando al máximo la sala del Tadrón en donde María Viau explora cada uno de los rincones. Jensezian explota cada veta de Viau al máximo y su entrega absoluta para su Flor se agradece desde la platea porque sólo tan entregada completamente al juego teatral, es posible que logre una composición tan rica como conmovedora.

Y  como regalo, sobre el final, una última escena, que es ek perfecto cierre para dejarnos pensando y poder releer todo lo que ha sucedido con una nueva mirada. 
Una obra pequeña, casi de cámara para un trabajo notable enteramente disfrutable.

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