sábado, 14 de febrero de 2015

Pegame ... y llamame Grey

"50 sombras de Grey"
de Sam Taylor - Johnson
con Dakota Johnson, Jamie Dornan, Jennifer Ehle, Eloise Mumford y Marcia Gay Harden

Aviso: no lei el libro, no puedo establecer ningún tipo de comparaciones y por lo tanto me voy a remitir a "50 sombras de Grey" estrictamente en lo que al producto cinematográfico se refiere.

Para los que hemos pasado las 40 primaveras desde hace rato ya hemos visto en el cine desde "Ultimo tango en Paris" hasta "9 semanas y media" pasando por "Portero de Noche" de Liliana Cavani o "Las edades de Lulú" basada en la famosísima novela de Almudena Grandes.

El ciñe español por su parte nos ha dado "Amantes" de Vicente Aranda, los primeros films de Almodóvar como "La ley del deseo" o "Matador" y recientemente Lars Von Trier tiene en "Nymphomaniac" todo un tratado de relaciones de todo tipo, vividas en carne propia por la protagonista, su nueva actriz fetiche Charlotte Gainsbourg.

En un tono más virado a la comedia Maggie Gyllenhall padecía a su jefe James Spader en "La Secretaria" y mucho más oscuro era el vínculo entre Benoît Magimel e Isabelle Huppert en "La profesora de piano" de Haneke.



"50 sombras de Grey" por lo tanto, no mueve un pelo, no sorprende, no se arriesga. Se para a años luz de cualquiera de esas películas, muchas de ellas sin tanto aparato comercial de por medio, pero realmente con una historia diferente que contar.
"50 sombras... " ha sido diseñada, evidentemente, para un público pasada la adolescencia -pero no demasiado- que, por ejemplo, grita en el medio de la sala la primera vez que Christian Grey se saca la remera como si jamás hubiesen ido a la playa y hubiesen visto un hombre con el torso al aire, generando una especie de pequeña histeria dentro del cine, que habla ya de los predispuesta que está la platea para recibir esta adaptación del éxito editorial rotundo a nivel mundial de los libros del mismo nombre.
Pero esta adaptación, muestra mucho, muchísimo menos de lo que promete.

Anastasia Steele es una estudiante de literatura inglesa que al enfermarse su amiga, compañera de departamento, la reemplaza en una entrevista que debía hacerle a Christian Grey para la revista de la Universidad.

Justamente Grey tiene todo a su favor: con sólo 27 años es un empresario exitoso, que ha montado su propio imperio con una marca registrada, es apuesto, ganador y poderoso... además de ser uno de los hombres más ricos del país.
Obviamente la atracción se hace presente en esta entrevista y Grey, por su parte, queda impactado por la frescura, la candidez y la presencia de Anastasia. Ella parece estar completamente rendida a sus pies desde el primer momento donde se muestra dubitativa y hasta torpe, intimidada por la fuerte presencia de Grey.
Luego, obviamente, con las puestas en escena que monta Grey con el objetivo de seducirla, no tardará en ser su "presa".

Lo que para Anastasia comienza como un simple romance y el descubrir de su sexualidad, se va tornando complicado cuando apenas iniciada la relación, Grey le revela sus verdaderas inclinaciones a la hora de compartir la intimidad.

Pero evidentemente la directora contratada para una factura netamente hollywoodense y comercial, Sam Taylor-Johnson ni se propone ni logra imprimirle ningún punto de vista personal -tampoco creo que ese fuese el objetivo dentro de este producto de marketing-, ni aporta una mirada femenina interesante sobre la situación. Cualquier director por encargo la podría haber dirigido que, de todos modos, el resultado sería similar.
Taylor-Johnson se limita a la corrección que se espera de ella como para que el producto quede elaborado dentro de los cánones de lo que debe ser el rendimiento en la taquilla y a poco de empezar nos damos cuenta que "50 sombras de Grey" hace agua por los cuatro costados.


Como primer punto, si se intenta abordar un tema como el del sadomasoquismo o ciertas prácticas sexuales que alimentan cierta curiosidad en el público por "lo diferente" es completamente contraproducente que se termine filmando justamente ESAS escenas con un cierto pudor de la cámara por ir más allá.
Por lo tanto, no sólo la historia en sí sino la puesta visual se queda completamente en la superficie y se complementa con una buena edición que no deja ver más allá de lo que una sociedad tan pacata como la estadounidense, se permite mostrar.
Como ya fue dicho con otros ejemplos, una novela de este estilo en manos de algún director europeo o que pusiera todas las cartas sobre la mesa, hubiese tenido un tinte completamente diferente a esta versión desteñida del sadismo que apunta a un público netamente juvenil.

El segundo punto problemático es el casting. Jamie Dornan, conocido por su carrera televisiva en las series "Once Upon a time" y "The Fall" obviamente tiene buena presencia, pero eso en Hollywood es lo de menos. Porque hay miles de actores que tienen además de su facha, la capacidad de nutrir ese papel con la dosis de perversión necesaria que Dornan no llega a tener en ningún momento.
El dibujo de Grey que construye Dornan está mucho más cerca a cualquier príncipe azul de Disney con un pizca de erotismo que el poderoso, controlador y dominante Grey que se necesita para que la historia pueda salir adelante.
En ningún momento del film uno logra convencerse de que Dornan es el Grey indicado. La adaptación de la novela a la pantalla grande, según aseguran los que leyeron el libro, está completamente alivianada y  este Grey termina siendo un osito de peluche, cariñoso y enamoradizo al cual el Arnaldo André de "Amo y Señor" le podría dar unas clases para que entienda de qué va la cosa.

Dakota Johnson gana en los momentos en que tiene que exhibir su candidez, su mirada naïf de la situación, pero no logra que a lo largo de la película su Anastasia sufra la transformación que implicaría para su historia verse sometida a una relación de esa naturaleza. Aparece como inmadura y tampoco la ayuda ni el diseño de vestuario ni la mirada de la directora como para que ese punto de inflexión en el personaje pueda ser de crecimiento dramático, aunque así todo Johnson con su Anastasia pareciera encontrarse más cómoda en su rol que Dornan y su deslucido Grey.

Sabemos que es difícil de olvidar las explosiones de Kim Basinger y Mickey Rourke que quedarán como un super clásico del erotismo, como tampoco Sharon Stone con Michael Douglas en "Bajos instintos" o James Spader con Holly Hunter en "Crash" en la famosísima escena dentro del auto, por sólo citar algunos casos y quizás uno de los más renombrados fue el revuelo que armó en plena época de nuestra dictadura, la manteca de Marlon Brando en "Ultimo Tango en París".
Nada de eso ocurre con "50 sombras de Grey" donde los protagonistas no parecen estar incendiándose en pantalla ni mucho menos.
Tienen una cadencia totalmente fuera de registro y a esto tampoco ayuda el tono pudoroso del punto de vista de la directora donde Grey está en plena sesión de latigazos con el jean puesto, cuando ella sale de la cama envuelta en sábanas y edredón o él tiene el prurito de atarse la toalla a la cintura.

Lejos, muy lejos de encender los ratones, "50 sombras de Grey" se acerca más al cuento de hadas urbano de la chica ingenua con el multimillonario que la deslumbra, que de la trilogía erótica de E.L. James que hizo furor en las librerias y que convirtió en un gran suceso del "boca a boca" justamente por sus escenas osadas.

Y para subrayar y no dejar absolutamente ninguna duda que lo único que persiguen no es ningún hecho artístico sino un mero fenómeno de taquilla, la película en si misma no tiene sentido sino se completa con su segunda parte como para enteranarnos de qué sucede después que se cierran las puertas del ascensor. Falta que pusieran "continuará" para que tuviese directamente el tufillo a miniserie de televisión, aunque un poquito más zarpada. No demasiado.

viernes, 13 de febrero de 2015

Ojos bien abiertos

"BIG EYES"
de Tim Burton
con Amy Adams, Christoph Waltz, Jason Schwartzman, Danny Huston, Terence Stamp y Krysten Ritter


Me declaro absolutamente fanático del cine de Tim Burton

Sus universos plagados de creatividad y fantasía, sus historias sumergidas en atmósferas particulares y donde se respira una estética completamente original, han creado a lo largo de su (extensa) carrera, tanto adeptos como detractores, podríamos decir que casi en partes iguales.
Tal como dije, me declaro absolutamente perteneciente al bando de los adeptos y aún con sus altibajos, es un director al que siempre me gusta prestarle atención ante un nuevo estreno. Ya desde "Beetlejuice", luego con la inolvidable "El jóven manos de tijera" y en "Sleepy Hollow, la leyenda del jinete sin cabeza", sus mundos han logrado transportarme.
Y yendo a su producción que podría encuadrarse como más dramática "Ed Wood" y sobre todo "El gran pez" son películas absolutamente necesarias.
Como todo gran director, encontró algunos tropiezos como pueden haber sido, desde mi punto de vista una adaptación completamente desacertada de "Alicia en el país de las Maravillas" donde por la capacidad y la inventiva de Burton se esperaba mucho más creativa y con su marca personal y el resultado irregular de su último film "Sombras Tenebrosas" que si bien buscaba volver a sus fuentes y contaba con un elenco de primer nivel, ciertas indefiniciones al momento de marcar el rumbo de la historia lo fueron lastimando hasta quedar como un engendro a medio camino entre la comedia, el terror y el homenaje.


Burton con "BIG EYES" vuelve a intentarlo el terreno del drama, la reconstrucción de época y el mundo interior de un artista. Antes, Wood con el cine, ahora Keane con la pintura. 

La historia se desarrolla a  principios de los años '60, momento en el que Walter Keane fue considerado uno de los artistas más famosos y masivos gracias a los retratos que pintaba que tenían una particularidad: niños, mujeres y animales con unos ojos enormes y en muchos casos, llenos de tristeza.
Si bien alcanzó popularidad y  y reconocimiento a nivel del público, buena parte de la crítica menospreciaba su trabajo y lo consideraba como demasiado banal, demasiado kitsch como para ser considerado dentro de los verdaderos artistas plásticos del momento.
Pero además del público en general, Keane comenzó a codearse con el mundo de las estrellas de Hollywood, siendo reconocidos sus retratos de Joan Crawford, Natalie Wood, Kim Novak, Zsa Zsa Gabor o el de Jerry Lewis junto a su familia.


En poco tiempo, casi todo Estados Unidos comienza a estar invadido por las obras de Keane: no solamente comercializaban cuadros con esos ojos enormes y penetrantes sino que hubo postales, afiches, reproducciones y objetos de todo tipo donde la publicidad y el marketing de la época hicieron de Keane una figura de relevancia, que cierto hasta cierto sector del arte más encumbrado, como por ejemplo Andy Warhol, reconocían publicamente una profunda admiración.
Pero Burton se interna justamente en el secreto dentro de la personalidad de Walter Keane. Mientras él se estaba convirtiendo rápidamente en millonario, su esposa Margaret estaba recluida produciendo la obra: acá radicaba toda la cuestión y tal como dice el afiche de la película, el secreto de la existosa pareja fue que "Ella los pintaba. El los vendia. Todos se lo creyeron".



Dentro de un marco de colores brillantes y variados, realmente sorprendente, una vez más Tim Burton rodea a esta biografía de un diseño de arte sorprendente. Ya desde el inicio cuando Margaret huye de su casa, de su hogar con su primer marido, la pintura del pueblo es absolutamente hipnótica, una radiante postal como tantas otras que irán apareciendo a lo largo del film.

Toda la estética es perfecta y se luce, sobre todo, cuando muestra minuciosamente la reconstrucción del San Francisco de los años '60. Una vez que nos vayamos internando en la historia, descubriremos que Burton se vio seducido a contarla por sus ribetes oscuros y que el centro de la historia es la profunda soledad de Margaret en su encierro para que la verdad no saliese a la luz -central, pero quizás sin profundizarlo demasiado, mostrándolo más con un toque de fábula urbana que de drama personal-. 
Burton, si bien relata este padecimiento, no pone el acento allí, sino en una narración más general de la vida y la obra de Margaret Keane y sólo toma este hecho como uno de los tantos elementos a tener en cuenta en su biografía.


Amy Adams, con unos ojos azules enormemente expresivos, tan o más expresivos que los de los cuadros de Keane, gana fuerza justamente en las escenas que muestran el tramo más doloroso de su vida, el encierro, la falta de reconocimiento, la angustia de vivir en un secreto permanente.

Una vez más entrega un trabajo sólido, sin caer en el trazo grueso y transmite la pasión interior de la artista y toda su fragilidad.


A su lado, Christoph Waltz logra salir del encasillamiento del villano de las películas de Tarantino, para componer otra especie de villano, más sutil, más bohemio, más seductor.

Aunque por momentos Waltz lo componga de una manera más exarcebada -y parece que esta es la manera que pinta Burton a sus protagonistas masculinos ya que por momentos parece tan desbordado como algunas de las creaciones de Johnny Depp con este director-, tiene la picardía, la malicia, el toque abusivo pero también la frescura y el caradurismo que necesitaba ese Walter Keane para esta mirada burtoniana en donde se confunden victima y victimario donde el mercado del arte y las ansias de notoriedad hacen que también haya otras redes en donde finalmente quedar atrapado.


Adams y Waltz llevan adelante casi sin mayores roles secundarios una "BIG EYES" que si bien no tiene la magnificencia de "El gran pez" o el delirio creativo de "Ed Wood" y se mantiene en un sendero más aferrado a los cánones de una biografía tradicional, son los toques de color, el vestuario, la construcción de época y la forma en que se exhibe toda la producción de Margaret Keane lo que le permite a Burton que la historia llegue a capturar el interés del espectador. 

Se destaca también la presencia de Terence Stamp como un crítico de arte que está totalmente en contra de la obra de Keane, uno de sus principales detractores, aunque quizás por las particularidades del guión, su papel termina quedando como desdibujado en la totalidad de la película. Eso sucede también con el trabajo de Krysten Ritter como la amiga de Margaret, ambos presentándose como meros satélites de la historia central, sin demasiado desarrollo propio. 



Adams y Margaret Keane en la presentación de "Big Eyes"

Amy Adams, injustamente olvidada a las nominaciones a los Oscar (personalmente a Felicity Jones la reemplazaría sin pensarlo...), como fue olvidada en general la película en todos sus rubros, se entrega de cuerpo y alma a Margaret.

Su composición es refinada, el sufrimiento no tiene ni un solo subrayado, su mirada primeramente ingenua y transparente y luego encargada de transmitir el dolor de que su vasta producción sea el éxito profesional y al mismo tiempo lo que fabrica su propio motivo de encierro.
Burton se muestra una vez más muy sólido en la conducción de actores y logra, sobre todo en la actuación de Adams, una cantidad de tonalidades de lo más variadas. 
En este derrotero personal, la Margaret de los primeros encuentros con Keane no es la misma que en el momento de mayor éxito ni tampoco es la misma Margaret que se decide a luchar por su lugar.


En el año donde parecen estar de moda las biografias y sobre todo en esta temporada del Oscar que hemos tenido los exponentes de "La teoria del todo" "El código enigma" "Francotirador" y la próxima a estrenarse "Selma", Tim Burton logra, con "BIG EYES", un retrato trazado con su marca personal y más allá de no ser dentro de su filmografía el producto más acabado, logra de todos modos una pintura de época interesante y construye una mirada desde varias dimensiones para una artista singular como Margaret Keane.

miércoles, 11 de febrero de 2015

La importancia de llamarse BIRDMAN

"BIRDMAN" ( o la inesperada virtud de la ignorancia)
de Alejandro González Iñárritu
con Michael Keaton, Edward Norton, Naomi Watts, Zach Galifianakis, Emma Stone, Amy Ryan y Andrea Riseborough

No es para nada fácil para un actor poder desprenderse definitivamente de aquel personaje que lo ha lanzado al estrellato y que lo ha marcado para toda su carrera.

Se me ocurre como ejemplo, los denodados esfuerzos de Daniel Dadcliffe por despojarse definitivamente de la piel de Harry Potter, las acertadas elecciones de su comañera de elenco Emma Watson para sacarse a Hermione de encima o en otro plano, los intentos de Michael J Fox para que haya vida en la pantalla grande después de su icónico Marty McFly.

Christopher Reeve seguirá por siempre en nuestro imaginario colectivo adherido al traje de Superman, Linda Carter será eternamente la Mujer Maravilla y entre otros, Don Adams es sinónimo absoluto de Superagente 86.

Este es netamente el punto de partida y sólo el puntapie inicial de "BIRDMAN" (y será sólo el punto de arranque porque luego el guión aborda desde otros lugares situaciones mucho más complejas que sencillamente esto).
En ésta, la nueva película del mexicano Alejandro González Iñárritu, el directo ya instalado en Hollywood logra romper con la estructura de tríptico de su éxitos anteriores como la inolvidable "Amores Perros" y las posteriores "21 Gramos" y "Babel" y por sobre todo, abandona el aroma a muerte y pesadez narrativa de la tremendamente densa "Biutiful" donde parecía regodearse en el dolor y en ese tan particular descenso a los infiernos del personaje de Javier Bardem.

En "BIRDMAN" el personaje central interpretado por Michael Keaton intenta, pluma por pluma, arrancarse el traje alado del superhéroe que da nombre a la película y que ha sido el papel que lo ha marcado en su carrera. Tendrá, entonces, su particular tránsito por el "purgatorio" en cierto modo, pero la mirada de Iñárritu a sus criaturas, esta vez (y por suerte) está llena de ironía, de humor sutil y de mucho nervio para la mezcla entre el drama y la comedia.
Los personajes laten, viven, se expresan, se aferran a sus deseos, alejadísimos de ese letargo que se imponía en su última producción. Y evidentemente, cuando logra alejarse de la solemnidad, Iñárritu gana en impacto, en creatividad y en el verdadero sentido de su cine.

Ya entonces desde la presentación de este personaje central, y sabiendo todos los espectadores que justamente Keaton ES el Batman de Tim Burton (en ese regreso al cine del hombre murciélago acompañado por un Guasón discutible pero inolvidable de Jackson Nicholson y la presencia de la magnética Kim Basinger), arranca la historia con un gran sentido del humor y la autoreferencia.
Esta autoparodia, casi una caricatura de si mismo que construye Keaton, invita desde ese primer momento al juego y al guiño cómplice del público cinéfilo -justamente cierto sector de la crítica le reprocha que tenga demasiadas referencias, nombres, chistes, menciones, que son como para un cierto grupo "gourmet" del cine-.

Si sumado a todo esto, la forma que elige  Riggan Thompson (tal el nombre del personaje central y casi el alter ego de Keaton)  para exorcizar definitivamente su pasado es demostrar(se) que puede pisar un escenario en pleno Broadway, y plantear así un giro a su carrera, las referencias al mundo del espectáculo multiplican el juego.
Así el guión puede dispararse y hablar de los egos actorales y de los egos empresariales, de la ferocidad y el poder de la crítica, del negocio del espectáculo, de lo instalado que está en el show business que se supone que un actor es más talentoso cuando puede exponerse a un texto de "calidad" vs. el entretenimiento meramente popular.
Como podemos ver, Iñárritu  multiplica las referencias que se abren como un juego de espejos que se miran a sí mismo y se agiganta a medida que corre el relato.


Si queremos profundizar más aún, también el guión nos sumerge en referencias literarias porque Thompson/Keaton no elige cualquier texto para subirse al escenario de Broadway.
Lo hace nada menos que con las potentes palabras de un texto nada simple de Raymond Carver, "De qué hablamos cuando hablamos de amor?", el que fuera resumido por la crítica en "historias de parejas que se despedazan, compañeros que parten desesperadamente a la aventura, hijos que intentan comunicarse con sus padres, un universo injusto y violento, tenso...". Asi es Carver y obviamente no está elegido aleatoriamente, sino, todo por el contrario de la forma más estudiada y premeditada posible.

Y dentro de la película está la obra de teatro, que a su vez tiene dentro a sus personajes pero también a la vida privada de los actores que la representan y dentro de los actores está Thompson luchando en el vínculo con su amante, con su ex y con su hija... y con el star system.
Cada uno de estos personajes está brillantemente interpretados.

Sus compañeros en la obra teatral son Noami Watts y Edward Norton -ideal para disparar una lucha de egos que estalla dentro y fuera del escenario y son de las mejores químicas dentro del elenco-. Para "las mujeres de su vida" el casting también es acertado y excelente: Emma Stone es su hija y entrega una actuación con un giro diferente a sus últimos trabajos, Andrea Risenborough se pone en la piel de su amante y un delicado trabajo de Amy Ryan, como su ex, con una mirada compasiva a quien ha conocido el infierno de Thompson y sus fracturas, desde adentro.

Completa este elenco absoluto de primeras estrellas, el dream team que arma Iñárritu, un Zach Galifianakis al que parece costarle todavía desprenderse de la veta de cómico y una notable aparición de Sandy Duncan como la despiadada crítica de teatro en un par de escenas donde se sacan chispas con Keaton, absolutamente impecables.

Dentro de los rubros técnicos, la idea de que todo parezca un plano secuencia de inicio a fin, hace que la cámara recorra los camarines del teatro internándonos en ellos como su fuésemos a meternos en las tripas de la "bestia".
Los interiores, estos camarines, la escenografía, los técnicos, los vestuaristas, los pasillos laberínticos, la boca del escenario, ver la sala desde donde nunca la hemos visto, estar por un minuto en el punto de vista con el que los actores pueden ven al público, hace que los latidos de la película se hagan cada vez más intensos y acelerados, que estemos absolutamente imbuidos del mundo en el que Iñárritu quiere sumergirnos.

El actor de teatro no tiene posibilidad de mejorar en la sala de edición, se entrega sin red, directo al público, se desnuda y se expone cada noche. Y esa especie de vértigo, de presencia, del arte más vivo se siente durante toda "BIRDMAN".
Como si esto fuese poco, el guión también se da el lujo de oponer tanto naturalismo con escenas que escapan totalmente a la estructura central y el tono general del relato, como una subtrama dentro de la trama: el universo de Birdman que aún anida en la mente de Thompson.

Para aquellos que amamos el cine y nos gusta el teatro, "BIRDMAN" tiene una catarata de guiños, nos invita a sacar nuestra parte más "cholula" visitando el entramado y las entrañas de un teatro nada menos que en pleno Times Square y nos regala, diagonalmente, esas vistas a las marquesinas, las luces de la noche de la Avenida más importante del mundo para el teatro y nos deja inmiscuirnos, por unas dos horas, en la vida de los actores y sus personajes.

Absolutamente con un elenco sin fisuras que se disfruta en cada una de las escenas, con un guión creativo y desbordante, "BIRDMAN" se ha constituido como una de las grande nominadas a la hora de los Oscar de este año.
Intuición de cinéfilo, no creo que pueda alzarse con demasiado de ellos, pero sí puede ser que sea la gran sorpresa de la noche, en caso que a último momento, por esas cosas completamente azarosas del negocio hollywoodense, se alce con alguna de las estatuillas doradas... que, a este punto, es lo de menos.
Ya ha quedado un película magnífica dentro de la filmografía de Iñárritu, que además nos saca los sinsabores de algunos de sus trabajos anteriores y una vez sacudida esa densidad y ese masoquismo con el que había narrado sus últimas historias, esperamos que esta mirada cínica, aguda y despiadada pero amorosa con sus personajes, vuelva a la carga en los próximos trabajos de este director que sabe como sacudir a la platea.

Y en "BIRDMAN" me regaló dos horas de buen cine que disfruté plenamente.

lunes, 9 de febrero de 2015

El día que maté a mi madre

"TE VOY A MATAR, MAMA"
de Eduardo Rovner
con María Viau
dirección de Herminia Jensezian

TEATRO TADRON - Niceto Vega 4802 - Sabados a las 23 hs




La sala del teatro Tadrón es el comedor de la casa de Flor, la protagonista de la historia.

Podemos elegir ver la obra de frente (como se nos presenta tradicionalmente el escenario) o tenemos la alternativa de verla desde los laterales, como si formásemos parte de las paredes de la habitación.
Ingresando a la sala ya Flor está sentada y a los pocos minutos se atenúan las luces y comenzará su diatriba.

En este caso el soliloquio tiene como eje a su madre.
Está completamente convencida que es el momento justo de matarla.

Es más, está esperando, evaluando diversas alternativas -a cuál la mejor - para que apenas llegue, se de el "lujo" de matarla.

Y mientras la espera aparecen los momentos vividos con total nitidez, con el dolor que le han producido en el momento que ocurrieron, casi intactos a pesar de los años.

Flor tiene una catarata de reproches, de juzgamientos, de sentencias, de reclamos: de cuentas pendientes. Y todos y cada uno de ellas tendrán que quedar bien aclaradas antes que cumpla con su objetivo: matarla.
Va y viene con el pensamiento, rumia, masculla, avanza-rebobina, le grita, la maltrata... la señala, la culpa no solamente de cosas que han pasado con ella sino hasta también de aquellas que han sucedido con su padre.

La enfrenta, la provoca, la ignora, la convierte en el centro de su vida, la desprecia... pasa por todos y cada uno de los estados de ánimo posibles. Pero su madre todavía no ha llegado, no está presente.
Aún cuando no esté ahí, Flor tiene a su madre tan absolutamente impregnada en cada uno de sus movimientos, a cada momento, como si cargase una sombra, como un fantasma del que no puede desprenderse que sentimos a su madre fuertemente presente, aún cuando no ha llegado. y la tensión crece.

Eduardo Rovner (un dramaturgo nacional con una extensa producción teatral que ya había tocado en cierta forma el tema de la imágen de esa madre omnipresente que ocupa todos los espacios en "Volvió una noche" una de sus obras más exitosas) dota a su criatura de mucho humor y hace que ella escupa frases con un enorme sentido del desparpajo que permiten que el texto sea más amigable e intente escapar del dramatismo extremo, sin dejar de ser profundo y comprometido.
Ese humor es, por cierto, el que descomprime y permite dejar expuestas todas las heridas que sigue teniendo Flor en carne viva, sin que esto signifique un sufrimiento insostenible, sino que por el contrario, ella se convierte automáticamente en un ser tan frágil que es imposible no sentirla querible casi de inmediato.

Rovner no se priva de hablar de los celos, de la competencia, del desamor, de la falta de entrega, de la no mirada, de la culpa, del vacío, del olvido, de la frustración, del maltrato. "TE VOY A MATAR, MAMA" fantasea ya desde el título con la idea de aniquilar lo que más hiere, esa astilla que sigue provocando sufrimientos y mientras Flor evalúa las múltiples posibilidades de matar a su madre -sopesando las posibilidades concretas para que el plan no falle-, va a ir reviviendo diversas situaciones de su historia y de esta forma va desnudando su alma en tan sólo poco más de una hora.


Maria Viau crece junto con el desarrollo de la obra y nos hace partícipes de sus elucubraciones. 
Explota en los momentos de humor con el timing exacto para que una frase cargada de resentimiento nos haga estallar en una carcajada. Maneja con precisión las diferentes tonalidades que necesita esta Flor en cada uno de los momentos y puede convertirse en niña, en adolescente o en un mujer con tan sólo modificar algunos pequeños gestos. 
Se pone al hombro la difícil tarea que implica el trabajo dentro de un unipersonal y le pone el cuerpo a un texto que, aún manejando el humor y la ironía, visita temas cargados de dolor.

El diseño del espacio y la dirección de Herminia Jensezian es otro gran acierto, aprovechando al máximo la sala del Tadrón en donde María Viau explora cada uno de los rincones. Jensezian explota cada veta de Viau al máximo y su entrega absoluta para su Flor se agradece desde la platea porque sólo tan entregada completamente al juego teatral, es posible que logre una composición tan rica como conmovedora.

Y  como regalo, sobre el final, una última escena, que es ek perfecto cierre para dejarnos pensando y poder releer todo lo que ha sucedido con una nueva mirada. 
Una obra pequeña, casi de cámara para un trabajo notable enteramente disfrutable.

sábado, 7 de febrero de 2015

Juguemos en el bosque... mientras el lobo no está

"EN EL BOSQUE"
de Rob Marshall
con Meryl Streep, Emily Blunt, James Corden, Anna Kendrick, Chris Pine, Johnny Depp, Tracey Ullman, Christine Baranski, Lucy Punch y elenco

Hay ideas, que, como ideas son geniales.
Reunir en un mismo relato algunos mega clásicos de los cuentos infantiles como "Jack y las habichuelas mágicas", "Rapunzel", "Caperucita Roja" y "Cenicienta" es, a simple vista un cocktail muy tentador para todos los amantes de estos íconos de Hans Christian Andersen, los Hermanos Grimm o Perrault.  
Y el musical de Broadway -que data de 1987- "Into the Woods" reunió a todos ellos hilvanándolos mediante un nuevo cuento que los reúne, la historia de una pareja de panaderos que se enfrenta a la imposibilidad de tener un hijo por un maleficio que pesa sobre ellos. 
Es entonces cuando la bruja les propone encontrar cuatro elementos (un zapato dorado -Cenicienta-, una capa roja como la sangre -Caperucita-, una vaca blanca como la nieve -Jack y las habichuelas..- y un mechón de pelo dorado como el maíz -Rapunzel-) y de hacerlo antes de que se cumplan tres noches, el hechizo quedará sin efecto.


El primer problema de la transposición del musical "En el bosque" a su versión cinematográfica hecha por la compañía Disney es: a qué público está finalmente dirigido?


Es imposible que cualquier niño o pre-adolescente (típico target de los productos Disney), tolere sin chistar una película de dos horas la cual está cantada en el 90% de su recorrido con las letras y la música de Stephen Sondheim, las que para los más chiquitos (además) vienen sin doblar -es decir, por más que los diálogos estén doblados, las canciones están subtituladas-.
Y si bien Sondheim es un referente de la comedia musical en Broadway, sus obras tales como "En el Bosque" "Sweeney Todd" o "Company" marcaron una completa diferencia al no caracterizarse por melodías pegadizas como para salir cantando del teatro sino más bien se enmarcan en un estilo de musical en donde los personajes van dialogando y comunicándose a través de las canciones.
Las canciones no son un objeto decorativo para que sea el próximo hit del top chart sino que guaran una estructura coral, de ensamble, de historias que se entrecruzan mediante fragmentos de las canciones que son interpretadas por diferentes personajes y por lo tanto, no guardan ni el menor parecido a la canción pop del momento o la que saldremos tarareando al finalizar la obra / la película.
Con lo cual, si bien algunos pueden pensar que al tratarse de un grupo de cuentos infantiles, "En el Bosque" puede ser un buen producto para los chicos, es absolutamente IMPOSIBLE que un niño promedio no termine durmiéndose en la butaca o preguntando cada cinco minutos cuánto falta para que termine.

Tampoco es estrictamente un musical para adultos como puede haber sido "Chicago" o "Nine", productos del mismo director Rob Marshall. La trama es demasiado básica, sin complejidad alguna y no es mucho más que alguna vuelta de tuerca sobre los cuentos mencionados, sin una relectura adulta sino con ensambles y variaciones dentro de la misma tonalidad del cuento de hadas.


Sumarle a esto que las partituras de Sondheim, tal como lo dijimos anteriormente, son farragosas y extensas, sólo pareciera que "En el bosque" puede entusiasmar a sólo CIERTO público amante del musical. Y no precisamente de los musicales más dinámicos como "Amor Sin Barreras" "Sweet Charity" "Moulin Rouge" "Grease" o "Victor Victoria" en donde las canciones están acompañadas de cuadros musicales con coreografías y vestuarios visualmente atractivos.

Llama la atención, de todos modos, el empecinamiento que ha tenido la industria del cine con esta transposición, dado que aparentemente hubo en la década del '90 una primera aproximación con un elenco en el que se barajaban los nombres de Robin Williams y Goldie Hawn como la pareja de panaderos y Cher como la bruja, luego más adelante Jim Henson Productions intentó reflotarlo y posteriormente Columbia retomó nuevamente el proyecto con nombres como Susan Sarandon, Billy Cristal y Meg Ryan


Pero qué tiene de bueno la mirada Disney de este proyecto?

Que en ningún momento se aparta de la estructura del cuento clásico + típico musical.
Nada harán para disimular que estamos en un cuento sino todo lo contrario y: en épocas de enormes posibilidades y presupuestos holgados para efectos especiales y tecnología de todo tipo, la producción de Marshall elige denodadamente que en todo momento nos demos cuenta que está filmada en diferentes decorados dentro de los estudios. Y guardar algún que otro efecto especial para las transformaciones y hechizos de la bruja, pero no mucho más que eso...

La historia es creativa y original, pero Marshall no acierta ni en el tono de narrarla ni en el tempo cinematográfico. Un musical de dos horas y media en Broadway tiene un intermezzo y además en el principio del segundo acto se suele hacer un medley con un resumen de canciones del primero como para retomar la historia, con lo cual el espectador tiene como un respiro a mitad de camino.
Sabiendo que esto es cinematográficamente imposible, Marshall debiese haber apostado a acortar algunas situaciones que suman canciones pero no suman demasiados elementos a la trama, de forma tal que ganara agilidad y dinamismo.

Cuando todo parece concluir en un hermoso happy ending y que todos felices comieron perdices, estamos RECIEN a un poco más de la mitad de la película, porque ese happy ending falso dará comienzo a toda una segunda parte, mucho menos lograda que la primera, sobre todo porque la historia se empieza a tornar aburrida y menos consistente.



El otro punto importante de "EN EL BOSQUE" está en el elenco de enorme trayectoria, un cast absolutamente soñado en el que todos pueden lucirse en su momento especial. Meryl Streep como la bruja vuelve una y otra vez a mostrar que es absolutamente todoterreno y que no hay papel que no le pueda sentar a la perfección.
James Corden (el mismo que había brillado en "Mi gran oportunidad" y tuvo una participación en "Puede una canción de amor salvar tu vida?") junto a Emily Blunt son una sólida pareja con buena química en pantalla y actuaciones convincentes.
La sorpresa de Chris Pine como el príncipe de Cenicienta -sobre todo en las partes cantadas- y la ductilidad de Anna Kendrick como la Cenicienta, también hacen una muy buena pareja.
Suma también una breve pero hilarante aparición de Johnny Depp como el Lobo Feroz y también está desopilante Christine Baranski (que también estuvo junto a Meryl Streep en "Mamma Mia!") en una vuelta de tuerca diferente para la madrastra de Cenicienta.

Es una pena que el guión, sabiendo que es un producto más apuntado para el público adulto, no se haya animado más a jugar con la ironía, con algunas líneas mas punzantes o incluso, a ridiculizar más a los personajes, ya que cuando por ejemplo los hermanos príncipes cantan "Agony" en las cataratas, tomándose completamente el pelo a si mismos, son momentos en donde "En el Bosque" baja de la solemnizada y logra entretener.

Pero son solamente un par de momentos en dos horas... y con eso no alcanza.

martes, 3 de febrero de 2015

Reportero del crimen

"PRIMICIA MORTAL" - NIGHTCRAWLER
de Dan Gilroy
con Jake Gyllenhall, Rene Russo, Bill Paxton y Riz Ahmed


Es prácticamente increible, cuando terminamos de ver "PRIMICIA MORTAL / NIGHTCRAWLER" que estemos frente a una opera prima.
La mano con la que Dan Gilroy nos conduce durante todo el film, es la mano de un director que sabe lo que quiere narrar, que no pierde ningún detalle ni deja nada librado al azar y que sabe sostener una trama que se va enriqueciendo sobre sí misma hasta llegar a un final inteligente, ingenioso y tan siniestro como el tinte de oscuridad de los personajes que se van moviendo dentro ese Los Angeles nocturno y tenebroso.
Además, Gilroy por esta primer película ha conseguido consagrarse en la Asociación de Críticos de Boston, Austin, San Diego y Phoenix, en el Festival de Palm Spring y finalmente una nominación al Oscar dentro de la categoría de MEJOR GUION ORIGINAL, que obviamente es merecidísima porque ha encontrado la forma en dentro de una narración de thriller y casi de película de género se pudiese amalgamar una trama mucho más profunda, una ácida mirada sobre los medios de comunicación y en particular sobre el mundo de las noticias y poner a girar dentro de ella a seres dispuestos a sobrepasar los límites y plasmarlo sin ningún tipo de obviedades a las que el género nos puede tener acostumbrados.


En inglés una de las acepciones de "crawler" es un programa automático que analiza páginas web en busca de recolectar determinado tipo de información obviamente invadiendo la privacidad ajena y en un término figurativo puede llamarse a una persona demasiado obsequiosa, a un adulador, un "arrastrado".
"Nightcrawler", tal el titulo original de "PRIMICIA MORTAL" -a quien se le ocurrió semejante traducción que confunde aún más con los thrillers adocenados y vistos hasta el hartazgo?- vendría a combinar en la figura de su personaje central estas dos acepciones enmarcadas en el mundo de la noche.

Este personaje central es Lou Bloom (espectacular tour de force de Jake Gyllenhall, casi irreconocible respecto de otros de sus papeles), alguien que ya desde la primer escena va siendo descripto mediante pequeños detalles como alguien con aprietos económicos, inescrupuloso, violento... dispuesto a todo. 
Casi de casualidad, frente a accidente automovilístico se da cuenta que vinculados con la policía están todos los "noteros" que acuden lo más rápidamente posible a este y otros  incidentes para grabar la noticia fresca y ofrecerla rápidamente a los medios televisivos.

Es en ese momento cuando se le ocurre que una forma de poder ganarse la vida sería como camarógrafo freelance, y se empecinará en llegar antes que nadie a los hechos policiales y por sobre todas las cosas grabar sin ningún tipo de prejuicio e impregnándolo del tinte más amarillista posible para que sea bien rentable en las cadenas de noticias.

Con el marco de la noche de Los Angeles como escenario principal, el hilo conductor es el ascenso de Lou Bloom dentro de los medios (lo que puede traernos algunas reminiscencias de "Todo por un sueño" aquella película de Gus Van Sant con Nicole Kidman y Matt Dillon como protagonistas) y poco a poco nos vamos adentrando en la psicología de un personaje complejo y amoral que evidentemente está dispuesto a sobrepasar cualquier límite en pos de cumplir con su objetivo.
Pero no conviene adelantar mucho más de la trama como para que cada uno como espectador pueda sorprenderse en el desarrollo de la acción.

El guión está construido de forma tal que cuando uno cree en las primeras escenas que está viendo un simple thriller y cuando se deja envolver por el ritmo vertiginoso de la narración, Lou Bloom nos ha engañado: estamos frente a un mecanismo de relojería que irá avanzando en un crescendo constante y abandona ese género para dar mucho más que la mera fórmula de película de acción y suspenso.

Si bien la dirección y el guión de Gilroy son absolutamente sólidos y necesarios como estructura vital de "PRIMICIA MORTAL" el resultado no sería el mismo sin la entrega de Jake Gyllenhaal para este Lou Bloom de antología.
Mucho más cerca de sus trabajos más profundos y recientes como "El hombre duplicado" o "Prisioneros", Gyllenhall abandona por completo el registro simpático de "El amor y otras drogas" "The Good Girl" o el prototipo del héroe en "8 minutos antes de morir" o "El príncipe de Persia" y entrega una composición completamente diferente, elaborada al detalle y con un grado de introspección admirable.
Ya desde los movimientos físicos, la postura, la mirada, su personaje inspira negrura, es perturbador, "mete miedo". 
Algo muy difícil de lograr con sólo un pequeño conjunto de gestos: su cara angulosa, la mirada por momentos extraviada o por momentos clavada frente al otro, los movimientos de sus manos, la sonrisa que por momentos se presenta más como una mueca, todo sirve para que Gyllenhall construya un personaje que claramente quedará como un punto de inflexión muy importante en su carrera.
Es una pena que en esta temporada de premios, Gyllenhall no haya tenido la oportunidad de estar nominado al Oscar (justamente de todos modos es un año donde el rubro masculino ha entregado enormes interpretaciones) porque realmente hace un trabajo que se distingue por sobre todo lo conocido anteriormente.

Como plus, es un placer volver a ver a Rene Russo después de "Los tuyos, los mios y los nuestros" del 2005, desplegando su sensualidad -intacta, una mujer con una gran fuerza en pantalla- en el rol de Nina, quien será la encargada de negociarle a Lou la compra de lo que ha filmado en la calle.
La química en pantalla de Russo-Gyllenhall también suma para que "PRIMICIA MORTAL" sea esa rara avis dentro del cine de género. Son personajes opuestos / complementarios y con una atracción casi enfermiza. Se potencian, respiran la misma amoralidad y esa falta de códigos que los retroalimenta.

Con todos estos elementos sobre la mesa y con un elenco secundario que sabe acompañar (donde también se destaca Riz Ahmed como el ayudante de Lou), NIGHTCRAWLER gana cuando no solamente entrega el ritmo de thriller sino que además se mete con los medios, el amarillismo y el "morbo", la primicia a cualquier precio y la falta de ética en un mundo que parece vanagloriarse justamente de eso.
No solamente profundiza en estos tópicos, sino que no se olvida jamás de que fue construida como un sólido entretenimiento y las dos horas de duración se pasan volando.
Un trabajo notable de Gyllenhall y un guión compacto e inteligente hacen que "PRIMICIA MORTAL" sea una de las imperdibles del año.

lunes, 2 de febrero de 2015

Un montón de nada

"LA TEORIA DEL TODO"
de James Marsh
con Eddie Redmayne, Felicity Jones, David Thewlis, Emily Watson y Harry Lloyd

Dentro del pelotón de las seleccionadas para el Oscar 2015, hubo una evidente tendencia casi irrefrenable a volcarse por las películas basadas en hechos verídicos o biopics.
Ya tuvimos el estreno de "Foxcatcher", luego "Francotirador" de Clint Eastwood, conjuntamente con "La teoría del Todo" se estrena esta misma semana "El Código Enigma" con el eje central en la vida del matemático Alan Turing y próximamente veremos "Selma" con el escenario de las marchas de libertad en 1965 luchando por los derechos civiles y la figura de Martin Luther King en estas marchas pacíficas de protesta.

En el caso del estreno de esta semana,  "La teoría del todo",  narra la historia del físico y cosmólogo Stephen Hawking -importante teórico y divulgador científico- a partir de los años 60, época en la que cursaba sus estudios universitarios, narrará su posterior encuentro con Jane en Cambridge, quien se convertirá en su primer esposa y su historia de amor en el marco del diagnóstico de una enfermedad en la que supuestamente no le quedaban más de dos años de vida.
A Hawking, con tan sólo 21 años de edad se le había diagnosticado esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad que lo mantiene en silla de ruedas y hace que sus músculos comiencen a dejar de reaccionar hasta que el cerebro no pueda conectar con ellos.
Es conocida su historia dado que ha podido llegar a dar conferencias, por ejemplo, utilizando una máquina con un sistema de sintetizador de voz, le ha permitido también escribir libros o entre otras cosas, participar por ejemplo de un álbum de Pink Floyd.

Si bien gran parte de la historia se basa en los esfuerzos de la pareja protagonista para sobreponerse y abrir nuevos caminos en la medicina y en la ciencia, el guión, basado en las memorias de la propia Jane en su libro "Travelling to Infinity: My life with Stephen"  tendrá una tendencia a reforzar la narración focalizando en su vida de pareja y dándole una importancia preponderante a la propia Jane en el relato.


Pero "La teoría del todo", aún en las manos del director James Marsh, comparada con las restantes películas nominadas que ya han sido estrenadas, pierde por goleada.


Es que en "La teoría del Todo", este multipremiado director por el documental "Man on Wire", parece elaborar casi exclusivamente una película enfocada en la temporada de premios y sigue al pie de la letra la receta que "gusta" en la Academia.
Por lo tanto, se genera una película con pocos matices narrativos, nada sorprendente y que no logra encontrar un giro novedoso -ni siquiera creo que en este caso Marsh lo haya buscado- que permita apartarla de la estructura del biopic netamente televisivo.
Si bien el oficio y la producción en general hacen que el film nade siempre seguro entre los andariveles de la corrección narrativa y también de la corrección estética, en ningún momento logra despegarse de un estricto relato de los hechos contados de una forma casi enciclopedista y con abundantes explicaciones.
Tampoco intenta romper una estructura narrativa clásica (como sucede, por ejemplo, con algunos momentos de narración en dos planos alternados como sucede en "Francotirador" de Eastwood) y construye a los personajes de una forma esquemática y sin demasiados dobleces (a comparación del Du Pont en "Foxcatcher" de Carell que tiene una infinidad de matices y diversidad de lecturas).

La banda de sonido y la forma en la que está filmada, buscan indudablemente el golpe de efecto y descansar en un terreno más cursi, subrayando lo que se quiere contar y confiando en la solidez de sus rubros técnicos que le dan un construcción estética amigable para el espectador.
Es por esto que "La teoría del Todo" se debate constantemente en tratar de levantar vuelo pero no se juega lo suficiente como para alejarse del producto que pretende la Academia de Hollywood para entrar en el circuito "oscarizable". Tal es así que vemos que yendo a lo seguro, ha logrado "colarse" en varias nominaciones tanto en los premios Oscar como en el Globo de Oro, cuando fuera de la temporada de premios podría haber pasado como una película más sin demasiadas estridencias.

El punto fuerte de "La Teoría del Todo" es la elección de Eddie Redmayne a quien vimos en "El buen pastor" "Elizabeth: la edad de oro" y que tuvo participaciones coprotagónicas destacadas en "Mi semana con Marilyn" y "Los Miserables".
Para su caracterización de Stephen Hawking, Redmayne asume un papel riesgoso por la posibilidad que tenía de caer en el grotesco o en la caricatura, mientras que logra la difícil tarea de mantenerlo creíble y contenido dentro de los límites que permitan brilla en este rol, sin exageraciones. Como plus, el parecido físico que guarda Redmayne con Hawking es realmente admirable.

Y Redmayne lo logra con creces, en un papel de esos que bien aprovechados, lo elevan de categoría casi automáticamente.
Y no solamente va transformándose a medida que avanza el deterioro físico que retrata la historia sino que también impresiona cuando muestra los rastros de lucidez mental que siguen habitando el personaje.
Hubiese sido mucho más fructífero que Redmayne pudiese contar con un guión más sólido pero aún con un estilo diferente a los que son sus competidores para el Oscar en el rubro mejor actor, apuesta a la construcción de un Hawking humano, sensible y medido pero que a su vez no guarda la complejidad del DuPont de Carell en "Foxcatcher",  la oscuridad de Michael Keaton en "Birdman" ni la densidad de la historia que llevan en sus espaldas Bradley Cooper en "Francotirador".

Sabemos que la Academia adora los personajes que sufren enfermedades, más aún dentro del marco de una biografía y más aún si las historias contienen el condimento de superación personal que obviamente Hawking tiene y con creces.  Con lo cual, a pesar de ser uno de los personajes de comprensión más lineal, es sin duda el trabajo de Redmayne el que se alzará con el Oscar dentro de unas semanas.


A su lado, Felicity Jones como Jane aporta su corrección y su belleza y no mucho más que eso, con un trabajo que parece haber sido sobrevalorado por los críticos en esta temporada de premios (dejando afuera de las nominaciones por ejemplo a un trabajo interesantísimo de Jennifer Aniston en "Cake").
Jones se maneja dentro del tono general que tiene el film que termina interesando por la figura del científico pero que no logra en ningún momento conmover ni involucrar al espectador en la historia -y aunque las comparaciones son odiosas, uno termina haciéndolas y hay múltiples puntos de contacto con "Una mente Brillante" que estaba narrada con otra tensión y otro vértigo completamente diferentes-.