martes, 20 de enero de 2015

Los sonidos del silencio

"LA FAMILIA BÉLIER"
de Eric Lartigau
con Karin Viard, François Damiens, Eric Elmosnino, Louane Emera y elenco




Por esos azares de la distribución hay películas interesantes y con propuestas diferentes que jamás llegan a la cartelera porteña. Pero ese mismo azar hace que "LA FAMILIA BÉLIER" haya sido estrenada, aunque sin demasiado aparato de marketing y publicidad. Justamente es posible que ante la falta de difusión, corra el riesgo de quedar perdida dentro de las propuestas cinematográficas de este verano en Buenos Aires.

Es por eso, que modestamente, vale la pena reinvindicarla, buscar el horario en que algunos cines la siguen proyectando y dejarse llevar por una comedia tierna, simple, que apela a lo más profundo de cada uno, sin ningún tipo de pretensiones ni mensajes discursivos.

Como el título lo indica, la historia se centra justamente en los Bélier: qué tiene de particular esta familia? Que tres de sus cuatro miembros son sordomudos. El padre, la madre y el hermano menor son guiados por Paula, la hija mayor y la única que puede vincularlos con el "mundo exterior" oficiando de traductora hasta en la situaciones más inverosímiles, que justamente el director aprovecha para pintar la historia con trazos humorísticos. 

Como una especie de Ingalls a la francesa, los Bélier se aman, tienen su granja en una finca en la campiña, alejados de París y viven sin mayores sobresaltos. Pero Paula está creciendo y en su colegio secundario empezará a sentir cambios importantes. Los primeros flechazos amorosos con un chico de su clase (quien, obviamente, ni la mira.... ) hará que termine inscripta en la clase de coro del colegio, sólo por seguir al objeto de su afecto y sencillamente porque él también se había anotado.
Allí, en el coro, un excéntrico profesor de música (un papel deliciosamente aprovechado en una caricatura delirante por Eric Elmosnino -conocido por su caracterización de Serge Gainsbourg en una película que aun permanece inédita para el público argentino-) descubrirá en Paula un enorme talento vocal, con lo cual le propondrá e insistirá para que cante en un concurso cuyo premio es acceder a estudiar en París.



Aquí comienza la disyuntiva de los padres, tironeados porque quieren dejar volar a su hija, pero que a su vez estarían perdiéndola y junto con ella, su principal vía de comunicación con su entorno.
Sin abnadonar en casi ningún momento el tono de comedia, el director Eric Lartigau (de quien en nuestro país solo conocimos la comedia "Mi novia Emma / Prête-moi ta main") apela a los sentimientos más nobles, a las anécdotas más sencillas y a los pasos de comedia más simples, para cautivar al público con una historia divertida y emotiva al mismo tiempo.


Si bien el guión se ordena en función al producto que se quiere lograr, bordeando siempre los caminos ya conocidos que llevan a formar esos crowd pleaser que terminan gustando a todo tipo de público y respetando esta fórmula con rigurosidad, es tan claro en su propuesta y tan honesto, que cualquier imperfección y/o "cabos sueltos" que puedan quedar en la historia, son completamente perdonados. Lo importante no es solamente la simpleza y la honestidad con la que está contada la historia sino también el grupo de actores completamente entregados al juego.


Karin Viard, actriz de enorme trayectoria y una de las principales figuras del cine actual francés, de quien conocimos "Potiche/Mujeres al poder" "Cena de Amigos" "Verano del '79" de Julie Delpy o "Paris" de Cédric Kaplisch y que tuvo notables trabajos en películas que no han llegado a nuestro país como "Polisse" "Ma part du gâteau" del mismo Kaplisch, su genial papel en "Parlez-moi de vous" como entrevistadora radial o "Le rôle de sa vie"  tiene a su cargo el papel como la madre de esta familia particular.

Viard tiene cuerda para el drama y la comedia, para el disparate y para la introspección, para transmitir todo en una sóla mirada. Y pone todo su talento al servicio de este papel novedoso en su carrera y que le permite mostrarse con un gran histroinismo, rayando lo caricaturesco, en una simpática y delirante Gigi.
La química con el padre, François Damiens, es energía pura. Se los ve a ambos disfrutando en pantalla y obviamente, eso se transmite a lo largo del filme. Damiens también saca provecho de un papel que le brinda escenas que le permiten su lucimiento, quizás en un tono menos exhultante que el de Viard, pero con pasos de comedia en el registro con el que había tenido gran suceso en "L'Arnacoeur - El rompecorazones" y con algunos ribetes tiernos como su protagónico en "La Delicadeza" adaptación del best seller de David Foenkinos a la pantalla grande.

Ambos entregan actuaciones entrañables, muy sintonizadas con el tono que Lartigau le quiere imprimir a esta familia particular. 

Tanto Viard como Damiens se disfrutan en pantalla, pero hay que destacar muy por sobre ellos, la notable entrega de Loaune Emera en el rol de Paula. Emera -surgida justamente del reality "La Voz" en Francia- tiene todo para brillar: una hermosa sonrisa, timing para la comedia, una voz notable y mucha simpatía. 
Y al lado de dos "monstruos" como Viard y Damiens no solamente no desentona sino que se pone a la altura y cumple con un rol casi protagónico en el film con total soltura, posicionándose como una favorita del premio César 2015 a la revelación femenina.


Emera, pilar fundamental para "La familia Bélier"
"LA FAMILIA BÉLIER" es una de esas rareza que aparecen cada tanto en nuestra cartelera, plena de humor, apelando a los afectos y a los sentimientos y sin dejar de ponerle el cuerpo a lineas argumentales secundarias que aparecen en la película (salir del pueblo para hacer una vida en la ciudad, el nido vacío, aceptar las etapas de crecimiento de los hijos sin intentar retenerlos, el universo adolescente y el primer amor) y que va trabajándolas naturalmente. Como cereza de la torta hay una escena hermosamente lograda de Paula y su interpretación de la canción en el concurso que pone la piel de gallina.


Lartigau gana en emoción, se vuelca a lo simple, sabiendo que ahí, en esas cosas simples, en lo cotidiano, en lo familiar, encontramos un idioma universal en el que todos -aún sin saber el lenguaje de señas- podemos entendernos.
No se la pierdan.

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