domingo, 25 de enero de 2015

Alicia ya (casi) no vive aqui

"SIEMPRE ALICE"
de Richard Glatzer y Wash Westmoreland
con Julianne Moore, Alec Bladwin, Kristen Stewart, Kate Bosworth y Hunter Parrish

Se sabe que Hollywood y sobre todo en la temporada de premios en general -y de los Oscar en particular-, tiene una cierta debilidad por los retratos personales, íntimos,  de lucha contra enfermedades de todo tipo.
Ya vimos el flagelo del SIDA en trabajos como el de Tom Hanks en "Philadelphia", el año pasado fue el turno de Jared Leto y Matthew Mc. Counaghey en "Dallas Buyers Club - El club de los desahuciados" o los protagonistas de "Y la banda siguió tocando".
Retratos de seres diezmados por diagnósticos desfavorables, lucando contra los peores pronósticos. Russel Crowe fue "Una mente Brillante", Daniel Day Lewis se sobreponía a las adversidades en "Mi pie izquierdo", el desequilibrio mental presente en "Atrapado sin salida", "Inocencia interrumpida" o "El Resplandor" cada una como un buen exponente en su género, pero hay relatos donde el centro de la escena es el tour de force actoral como pasa en el presente año con "La teoría del Todo" y Eddie Redmayne en el papel de Stephen Hawking, lo hizo Sarah Polley en "Mi vida sin mi", el enfoque del alcoholismo en "Adiós a las Vegas" con Nicholas Cage, la reciente "50/50" muy recomendada comedia con Joseph Gordon-Lewitt y Seth Rogen, entre tantas otras. La lista sería interminable porque todos los años aparecen nuevas realizaciones en torno a este tipo de temática.

Este año, es el caso de "Siempre Alice" una película intimista, con una narrativa que empatiza más con el cine americano independiente, que retrata la vida de una profesora de Linguística en la Universidad de Columbia quien comienza a sentir los síntomas de un Alzheimer prematuro.
Lo primero que le sucede es una pequeña "laguna" en una de sus ponencias, luego un día sale a correr y se encuentra perdida en el medio de su propia ciudad.... y de esta manera, el avance de la enfermedad se va mostrando a través de pequeñas diapositivas, polaroids, instantáneas, momentos en la vida de Alice que la van llevando a diferentes consultas con especialistas médicos que finalmente ratifican el diagnóstico de su enfermedad.    

El guión, basado en la exitosa novela de Lisa Génova que ha sido publicada en 2007, no oculta que su construcción recae en forma excluyente sobre el personaje de Alice. Y para ello, aparece Julianne Moore que es una actriz extraordinaria y tiene la presencia necesaria para atravesarlo con mesura y sin estridencias.
Quizás justamente por la profesión que tiene Alice y la importancia que le ha dado durante toda su vida y su desarrollo profesional al pensamiento, la inteligencia y la racionalidad, justamente el hecho de que su enfermedad apunte y vaya erosionando su mayor potencial, la desarma completamente e irá devastándola silenciosamente.
Son pequeñas situaciones, gestos, miradas en las que Moore refleja el implacable, previsible y progresivo deterioro de su personaje mientras trata de no dar el brazo a torcer con la enfermedad.
Pero en este proceso, tanto su vida profesional como sus vínculos familiares irán recibiendo los coletazos de este proceso, y sobre todo serán sus seres más allegados quienes tengan que lidiar con un difícil abordaje y quienes, colateralmente, padecerán diversos quiebres en la estructura familiar.

Su marido (un correcto Alec Baldwin) muchas veces no sabe cómo enfrentar cada una de las situaciones que se plantean y sus tres hijos irán teniendo diferentes reacciones de acuerdo con los puntos de vista de cada uno y las situaciones de vida que se encuentren transitando. 

Pero todos ellos no son más que satélites que van girando alrededor de la historia central de Alice sin que el guión les deje elaborar ningún tipo de crecimiento.
Con una estructura mucho más cercana al telefilme, "Siempre Alice" apuesta todas sus fichas a ir hilvanando cada una de las escenas  con la figura de Julianne Moore como eje central del filme.

Obviamente que el trabajo delicado, complejo, con detalles mínimos con que Moore construye a su Alice es de una complejidad absoluta y ella lo resuelve de la forma más cautelosa, sin caer en ningún momento en la exageración ni en sobrecargar las situaciones.
Su actuación es brillante y ya ha cosechado en esta temporada, numerosos premios importantes como el Globo de Oro a la Mejor Actriz en Drama, el Broadcast, el Houston y el Chicago Film Critics Asociation Award, está nominada para el BAFTA para el Independent Spirit Awards y obviamente para el Oscar  y es el motivo central -y quizás único- para disfrutar de esta película.


Es una pena que el guión no haya podido profundizar de alguna otra manera en las implicancias familiares sin que ésto quedara tan desmembrado de la historia central, sólo con momentos donde los personajes interactúan con Alice. Kristen Stewart, Hunter Parrish y Kate Bosworth como los hijos también tiene correctas actuaciones pero en ningún momento el guión les permite un mayor lucimiento ni les entrega ninguna situación en las que puedan generar un crecimiento dramático.

De todos modos, vinculado con la historia central "Siempre Alice" se permite reflexionar, aunque muy levemente, sobre la fragilidad de la memoria, los recuerdos, la fugacidad de las vivencias y lo irremediable del proceso de deterioro donde todo lo vivido comienza a percibirse más borroso. Y en esos momentos logra levantar un poco más de vuelo.

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