domingo, 5 de octubre de 2014

Muscari hace que "Agosto" parezca una pavada...

"El secreto de la vida"
Libro y Dirección: José Maria Muscari
con Cecilia Rosetto, Manuel Callau, Andrea Politti, Emilia Mazer, Maria Socas, Nicolás Pauls, Nazareno Casero, Brenda Gandini y Gustavo Garzón



Quien haya visto "Agosto" de Tracy Letts (ganadora del Pullitzer 2007 por esta obra) sabe que la autora ponía en el escenario todos los conflictos familiares posibles, en el seno de una familia de clase media de Oklahoma. Tuvo su versión local en teatro con Norma Aleandro y Mercedes Morán y recientemente su versión cinematográfica hollywoodense con Meryl Streep y Julia Roberts.  

Cuando los personajes que Muscari delineó para su última obra, "El secreto de la vida", se disponen a compartir una comida que oficia de reencuentro de los tres hermanos, después de mucho tiempo sin estar todos juntos en la casa familiar, irremediablemente apareció esa cena donde se escupen todas las verdades en la obra de Letts.

Si bien puede haber una resonancia hablando de familias disfuncionales y una especie de diálogo entre las dos piezas teatrales, las criaturas de Muscari hablan nuestro mismo idioma, dicen las cosas tal como las sienten, son frontales desde siempre, viscerales, sinceros y por sobre todas las cosas ... se aman demasiado. 

Muscari sirve su nuevo cocktail con un matriarcado liderado por Melina, la madre alcohólica que gana cuerpo en la piel de Cecilia Rosetto. La acompaña su marido y padre de familia,  que parece absolutamente frágil y que intenta afrontar dignamente el mal trago de una noticia médica bastante desfavorable (Manuel Callau) y la completa con tres hijos / tres hermanos que se aman, se desprecian, se repelen y se buscan casi con la misma intensidad.
Andrea Politti es Justina, la hermana mayor: una escritora exitosa -bueno, al menos ha tenido una primera novela muy vendida- que rivaliza casi permanentemente con su madre ya que Melania como pintora, es la artista de la familia pero no ha podido acariciar jamás el éxito comercial, como si lo ha logrado rápidamente su hija. Justina llega a la casa familiar con su jóven pareja, una especie de sex toy a su servicio, que no sabe conjugar el verbo trabajar, ni tiene la más mínima intención de hacerlo (Nicolás Pauls).
Sofía (Brenda Gandini) también ha llegado con su pareja, Ernestina (María Socas) quien se encuentra embarazada esperando el primer hijo de ellas. Completando el terceto, Rober (Nazareno Casero) es quien intenta, por todos los medios, zafar de sus adicciones.

Teté es la mucama de la casa -lo que Melania describiría como la sierva o con epítetos aún peores- encarnada con mucha sensualidad por Emilia Mazer quien oficiará de catalizador, aportando otro conflicto más a este in crescendo familiar irrefrenable.
Transcurrida la primera mitad de la obra, hará su aparición Galo (una composición notable y querible de Gustavo Garzón) el entrañable amigo gay del padre de esta familia que hará aún más deliciosa la receta que Muscari nos sirve para vernos reflejados en algunos de los personajes, o en algún aspecto de todos ellos.

¿Qué es lo interesante que aporta Muscari en esta familia que de tan disfuncional parece terminar siendo funcional al servicio de cada uno de ellos? 
Que el autor ama profundamente a sus criaturas, que sabe y conoce de sus fallas y aún así, de todas formas las comprende. O justamente por amarlas y conocerlas, las comprende.
Que sabe que a ellos, y aún en los peores momentos, será solamente el amor lo que los salve, ese amor mal expresado, mal entendido, mal encauzado... pero que sigue corriendo por las venas de sus personajes y sobre todo, que es lo que fluye y nutre al alma familiar.
Y las ayuda y las acompaña a reconstruir sus pedazos desde la comprensión, desde la empatía con su sufrimiento, desde esa pasión que Muscari vuelca al escribir cada una de las líneas de sus diálogos.

Cecilia Rosetto pone al servicio de Melania su energía arrolladora en el escenario y Muscari le regala las frases más divertidas, más cínicas, más impertinentes, más feroces que el público agradece con una carcajada. Es competitiva, cruel, despectiva, soberbia, soez pero es encantadoramente irresistible en cada irrupción y la Rosetto la disfruta al máximo, sacándole jugo a cada una de sus intervenciones y explotando en una vibrante coreografía que hace aplaudir a toda la sala.
A su lado, Callau compone a ese padre frágil y dubitativo con una enorme sensibilidad, que gana en el contrapunto con la topadora que es Melania y sobre todo, en la segunda parte de la obra, donde sus diálogos con su amigo Galo ganan en sentimiento, le da una profundidad conmovedora a su personaje.
El Galo de Gustavo Garzón, también es un capítulo aparte, jugando todo el tiempo al filo de la caricatura pero sin excederse ni un segundo, acierta con una composición precisa con momentos brillantes y luminosos.

Andrea Politti es otro torbellino en el escenario con esos chispazos de comediante enorme donde su gestualidad y su efervescencia a flor de piel transmiten la electricidad de Justina. Por su parte, María Socas compone a su verborrágica Ernestina en un registro inusual en ella y que la redescubre con un gran sentido del timing para la comedia.

Sabemos que Muscari tiene la enorme habilidad de permitir el lucimiento de cada uno de los integrantes de sus elencos, con su conocido talento para manejar una historia coral (sin ir más lejos sus puestas de "Póstumos" y "La casa de Bernarda Alba" dan contundente prueba de ello) logrando que en algún momento cada uno de los personajes pueda destacarse y que todos sus intérpretes puedan tener su momento particular. Una vez más, Muscari se muestra como un gran conductor de actores, y apuesta nuevamente al desafío que un elenco a primera vista, heterogéneo pueda vibrar en la misma sintonía.. y una vez más lo logra, por supuesto.
Emilia Mazer, Brenda Gandini, Nicolás Pauls y Nazareno Casero completan este nuevo universo Muscari tan particular y tan intenso, aportando cada uno su toque particular para cada uno de sus perosnajes.

Terminada "El secreto de la vida" aún siguen vibrando los secretos familiares, las zonas oscuras, las alegrías, los problemas, las complicaciones, algunas rivalidades, en donde nos vemos espejados, cada uno con su propia historia. Y en ese reflejo, Muscari insiste en que a pesar de que el momento que atravesamos parezca caótico, durisimo o irremontable, ahí esta el amor familiar, presente a pesar de todo. 
Sólo basta aceptarlo y dejar que fluya. Ese quizás sea "El secreto de la vida". 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Buena critica del secreto es excelente , no solo el argumento sino la actuacion y la composicion de cada personaje