domingo, 21 de septiembre de 2014

Nueve Mujeres Descalzas

"Almas Ardientes"
de Santiago Loza
Dirigida por Alejandro Tantanian
con Mirta Busnelli, Maria Onetto, Maria Ines Sancerni, Gaby Ferrero, Analia Couceyro, Stella Galazzi, Maricel Alvarez, Eugenia Alonso y Paula Kohan




Un grupo de mujeres que parecen necesitar ocupar su tiempo, su soledad, su vacío, en algo que les parezca productivo y le dé algún sentido a sus vidas, improvisa reuniones con forma de taller literario en donde las palabras comienzan a tomar cuerpo, ganan fuerza e irremediablemente tienden a dividirlas más que a facilitarles un punto de encuentro.

El marco histórico-político en el que se desarrolla y está inscripta la obra, no es claramente un dato menor sino que es justamente el punto clave en "Almas Ardientes": corre el 19 de Diciembre de 2001, un momento preciso e intenso de nuestro país en donde el miedo, la fragilidad, el vértigo del caos y el presentimiento de una precipitada ebullición se siente fuertemente en el aire y se presenta como una presencia que irá atravesando todas las vivencias de las protagonistas.

"Almas Ardientes" tiene múltiples capas, diferentes niveles, varias puertas por donde ir entrando y se traduce en la multiplicidad de voces que habitan en estas nueve mujeres que, incluso, por momentos, parecen ser solamente una, multiplicada y replicando en nueve facetas diferentes de un mismo rostro.
En principio Loza -de intensa trayectoria tanto en cine como en teatro independiente- apuesta como siempre a un mirada detenida en detalles minúsculos, imperceptibles de un universo femenino complejo y profundo que parece conocer y dominar a la perfección.
Y, justamente, desde esos pequeños movimientos puede ir adentrándose en el alma de estos nueve personajes que irán interactuando entre sí,  todos ellos atravesados por la desolación como común denominador, cuando el sinsentido en el que se sumergen termina capturándolos.

Aún dentro de su aislamiento, su micromundo, su introspección, su universo recortado, el afuera finalmente termina imponiéndose, la fuerza de los hechos las modifica, las inquieta: ya no pueden ser las mismas ni abstraerse de lo que está pasando.
Y a pesar de todo, ninguna de ellas pierde el humor cuando parece ganarles el tedio, la opresión y el encierro que habita dentro de sus propias vidas. 

Como puntos a favor, la puesta de Alejandro Tantanian cuenta con un texto potente que permite y facilita el lucimiento de todas sus actrices, cada una de ellas con un "monólogo" en donde pueden destacarse del resto de este dream-team homogéneo y sin fisuras.
Y dota a su puesta de un interesante juego visual con todas las posibilidades del espacio escénico sumándole fuerza con proyecciones, cuadros gigantes y la presencia de El (Santiago Gamardo) mutando en cada una de las escenas.
Se puede apuntar del otro lado de la balanza, la extensa duración y algunas situaciones en las que Loza no gana concreción sino que se reitera y, en algunos tramos, el texto se hace dificil de "seguir" y se transforma en un terreno árido para el espectador con cierta incertidumbre de no saber hacia dónde intenta llevarnos.

Los nueve trabajos de las actrices son de una entrega notable, todas ellas de una extensa trayectoria teatral y que -cada una en su estilo- manejan los diferentes matices de un texto complejo y rico, con momentos muy profundo que les permiten a cada una de ellas poder lucirse en su momento "solista". 

Tanto María Onetto como Mirta Busneli, las más renombradas del tandem, apovechan sus intervenciones al máximo pero no logran apartarse completamente de los registros ya transitados en otras obras, en otros textos.
Busnelli sabe manejar como Leila, las líneas más irónicas de la obra y gana absoluta contundencia en un monólogo vinculado a la historia con su padre. Onetto, por su parte, sabe transmitir notablemente la desesperación y la angustia de su Victoria, tanto en su voz como en su máscara.

Analia Couceyro es Sofía y se entrega a una criatura que la conduce a un registro novedoso, con un lucimiento explosivo y especial cuando lee su texto en el taller de literatura: una poesía erótica de su autoría, un momento realmente hilarante que le permite brillar en el humor.
Maricel Alvarez impone una presencia en escena contundente y una voz dulce, delicada y de una fuerza sumamente personal. Paula Cohan tiene su momento personal en una desopilante "Cumbia de la Góndola" y Eugenia Alonso también se destaca cuando lee un texto supuestamente comprometido y lo comparte con sus compañeras de taller literario, en otro fragmento de la obra que bordea la delgada línea del absurdo.


Completan estas nueve almas, Gaby Ferrero -absolutamente exótica y explosiva cuando sueña con un viaje a tierras asiáticas-, Stella Galazzi -con su monólogo del masajista- y Maria Inés Sancerni en su composición de Nora.

Con música en vivo bajo la dirección de Diego Penelas acompañando cada momento de la obra estalla sobre el final en un vibrato operístico y "Almas Ardientes" se adentra en una espesura que deja un resabio apocalíptico en el momento en el que estalle ESE acontecimiento.
A esta altura, las nueve almas ya han mutado.
Nosotros, tampoco seremos los mismos.

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