viernes, 29 de agosto de 2014

Rojo y Negro

"RED"
de John Logan
con Julio Chávez y Gerardo Otero
Dirección Daniel Barone
Complejo Paseo La Plaza - Sala Pablo Neruda

¿RED significa rojo? ¿Rojo es un color? 
Si, pero también la fuerza vital, la pasión, la vida...
(Daniel Barone)



"RED" está centrada en la figura del pintor Mark Rothko (encarnado por Julio Chávez) -1903/1970-, un artista asociado al movimiento del expresionismo abstracto y que posteriormente, hacia los años '40 se aproximó al surrealismo y las formas bimórficas. Y particularmente, con el paso del tiempo, sus cuadros se centraron en dos rectángulos confrontados con bordes desdibujados por veladuras como su marca registrada.

¿Es esto importante a la hora de ver "RED"? 
Absolutamente para nada.
Es solamente un dato para situarnos en la historia, porque si bien se basa en el vínculo que entabla Rothko con un nuevo asistente de su atelier, Ken (Gerardo Otero), en ningún momento el texto de Logan se apega como si fuese en forma autobiográfica, a la vida de este pintor radicado en Nueva York.
Todo lo contrario, a pesar de que sobrevuela el arte y refiere a Pollock, Rembrandt, Turner, Warhol, Man Ray y Lichtenstein y a la llegada del arte pop que viene a marcar una nueva tendencia, se despega rápidamente de ese lugar. La figura de este pintor y su intimidad dentro del atelier, será simplemente la excusa de la que se vale el autor para poder hablar de otros temas más profundos y complejos.

El texto trabaja más enfáticamente el tema de los vínculos, las relaciones. Rothko y Ken perfectamente pueden ser un maestro y su discípulo, un jefe y su subalterno, un profesional y su cliente,  y fundamentalmente un padre y un hijo... son dos mundos, son dos miradas que se plasman sobre una misma tela.

Logan elige contar cada una de las situaciones con una narración como "a dos aguas". Sólo dos personajes con dos maneras de mirar la realidad, de mirar ese AHORA que están viviendo y la forma en que encaran sus proyectos, sus vidas. 
Dos puntos de vista que se encuentran, se retroalimentan y en más de una oportunidad, se repelen. Pero que se nutren, se conectan y crecen cada uno bajo a la mirada del otro, obviamente, cada uno a su manera.

También en la obra hay dos mitades muy marcadas reforzando esta sensación de narración "dividida".
Toda una primera parte, intensamente dominada por el verborrágico Rothko/Chávez con la figura de su asistente omnipresente, pero desdibujada y silenciosa.
Es la parte de la pieza en donde a uno como espectador, quizás más le cueste entrar (hasta puede haber por parte de Chávez algún pequeño desborde o trazo más grueso en la composición y en la entrada de Rothko en escena) pero que funciona como excelente preludio de una segunda parte en donde los textos y las interpretaciones son realmente avasallantes.

La anécdota de unos cuadros que le encarga un restaurante de tinte aristocrático, cuna de burgueses a Rothko desencadena un enfrentamiento y una puesta en palabras de lo que cada uno piensa. 
Una palabra traerá a la otra y es donde el texto comenzará a transitar por distintos andariveles, cada vez más profundos, en donde se hablará desde la búsqueda artística de cada uno de ellos hasta el sentido que le imprimen a esa búsqueda que, no es más que, en definitiva, el sentido que le quieren ir dando a sus vidas.

Temas como el arte y el dinero, la decadencia, el paso de las nuevas generaciones, las modas, las tendencias, la soledad, la incomprensión... son algunos de los que Logan va justamente plasmando sobre la tela en blanco a través de diversos detalles que van in crescendo a medida que transcurre la obra.

Chávez, en otro trabajo memorable
Chávez sabe con exactitud de que está hecho Rothko.  Entiende cada milímetro del mapa de su personaje y sabe como aprovechar al máximo cada pliegue para lograr una actuación impecable y de una entrega única.
Chávez es de los pocos actores que puede atravesar un texto de esta complejidad, de esta densidad, entendiendo cada pausa y cada inflexión, dándole fuerza a las palabras que la tienen y haciendo que el texto se luzca, logrando que sea profundo pero claro.
Todos sabemos que es un actor enorme, y su trabajo en "RED" no es precisamente la excepción.
Tiene la excelencia de siempre, a la que ya nos tiene acostumbrados: podemos recordar, por mencionar tan sólo algunos, sus trabajos en "La Cabra" con Viviana Saccone "Yo soy mi propia mujer" "Ella en mi cabeza" y "El Vestidor" con Federico Luppi.  

Otero, sólido con Ken, toda una revelación
Menuda responsabilidad tiene Gerardo Otero en elaborar a su Ken, acopañando a este "monstruo" de la escena.
Y lo hace estupendamente bien, ganando cuerpo -sobre todo- en la segunda mitad de la obra donde su personaje comienza a tomar fuerza y desafiar, de más de un modo y saliendo de la sombra, a la figura de su maestro.

La puesta de Daniel Barone (un avesado director televisivo con incursiones en los más prestigiosos unitarios como "Mujeres Asesinas" "Locas de Amor" "Vulnerables" "Tratame Bien" y algunos films de la factoría de Pol-ka) conduce con mano segura a estos dos actores, permitiéndoles explotar lo mejor de sí y resaltando básicamente las virtudes de un buen texto sin mayores artilugios que la actuación y la palabra. Ni más ni menos.


Dos miradas que se clavan en una misma tela. 
Hay quien verá ROJO, hay quien verá NEGRO.  

sábado, 23 de agosto de 2014

Cuentos de Amor, de locura y de muerte

"Relatos Salvajes"
de Damián Szifrón
con Rita Cortese, Julieta Zylberberg, Dario Grandinetti, Oscar Martinez, Leonardo Sbaraglia, Erica Rivas y Ricardo Darín  con la participación de Osmar Nuñez, Nancy Dupláa, Maria Onetto y Diego Gentile


Es una de las películas más esperadas del año. Me corrijo, es indudablemente la más esperada del año.
Y suele suceder que este tipo de películas genere demasiada expectativa previa y que, por lo tanto, el problema de que sea una de las más esperadas, termine siendo llegar a la tan sala ansioso de verla que finalmente pueda darse el factor de  "y? al final? tanta parafernalia para esto ...?".

Pero nada de todo esto sucede con la tercer película de Damián Szifrón (después de las notables "El fondo del mar" y "Tiempo de Valientes" y reconocidísimo por la icónica serie televisiva "Los Simuladores") que atrapa absolutamente desde la primer escena con un director que sabe perfectamente lo que quiere contar y conoce los mecanismos para que, como espectadores, nos veamos involucrados desde el primer fotograma.

Valida, a cada paso y con creces cada una de las expectativas iniciales que uno tenía antes de iniciarse la proyección.
Y no solamente porque "Relatos Salvajes" tiene un guión inteligentísimo y obsesivamente elaborado en cada uno de sus detalles sino porque además cuenta con un elenco absolutamente soñado, tanto para los personajes protagónicos de cada una de las historias como para los actores que tienen pequeñas intervenciones (creo que el único caso que "desentona" es el de un cocinero en el segmento protagonizado por Erica Rivas, que claramente no logra el nivel de perfección del resto del elenco, quedándose muy por debajo de todos).

Y como si todo esto fuese poco, Damián Szifrón filma cada historia con movimientos de cámara exquisitos, inusuales, poniendo el ojo en donde pocos directores lo pondrían y donde él seguramente sabe que radica la diferencia y su búsqueda permanente de la excelencia:  sólo al ver, como en el relato de apertura, dónde elige poner la cámara y filmar desde el buche donde va el equipaje de mano de un avión, es casi un guiño cómplice para invitarnos, ya desde el puntapié inicial,  a asomarnos a nuevos puntos de vista y a nuevas miradas.

"Relatos Salvajes" está compuesta por seis historias y ya desde el relato inicial -breve y contundente- protagonizado por Darío Grandinetti que se desarrolla enteramente en el interior de un avión, se deja bien claro el estilo que va a ir atravesando todas las historias. Mucho humor negro, un cinismo extremo en la mayoría de los personajes y cada uno de los protagonistas con un pie en el filo del abismo, siendo ése -inconfundiblemente- el punto en común de todas las historias.

Pasado el primer episodio y los títulos de apertura, llegarán los personajes de Rita Cortese y Julieta Zylberberg atendiendo a alguien que llega a un bar de mala muerte en una noche lluviosa y desolada. Luego Leonardo Sbaraglia tendrá que lidiar con un conductor molesto que le entorpece el paso en la ruta, Ricardo Darín se verá empujado al borde del precipicio por los vericuetos que le planteen situaciones de injusticia dentro de la burocracia hasta que desafíe sus propios límites.
Oscar Martinez tratará por todos los medios de aplicar su poder económico para resolver un tema familiar oscuro y trágico y cerrará el tándem de historias, la de Erica Rivas como una novia que en plena fiesta de casamiento descubre un secreto que la perturba.

Conviene no adelantar mucho más.
Conviene ir con la mente en blanco y dejarse llevar a cada "mundo" por la mano diestra de Szifrón para ir creando diferentes estados de ánimo, climas y situaciones que se irán desarrollando con cada una de las historias.
Si bien cada una de ellas tiene una impronta particular y un tono específico que las define, comparten -tal como refiere el título- el momento salvaje por el que atraviesa cada uno de los protagonistas.

Mientras que la violencia instalada en cada uno de nosotros, esa violencia cotidiana con la que tenemos que lidiar, muchas veces habita como uno de nuestros secretos mejor guardados y que sólo queda en nuestro pensamiento -o inconsciente?- con la forma de "pero qué ganas de ......."  en cada uno de los personajes de "Relatos Salvajes" se  rompe la barrera y esa violencia contenida se traduce en acción.

¿Qué sucede una vez que esa barrera, ese límite, se rompió?. Lo interesante del planteo es que los personajes de Szifrón  quedan como "cebados", con ganas de más, con una voracidad que los deja "pegados" a esa furia que parece, a primera vista, no tener ningún freno, que no quieren soltar. Una sed de venganza, de revancha, de justicia por mano propia que parece conducirlos a un camino de autodestrucción que ninguno quiere ni puede evitar.
Diálogos impecables, inteligentes, detallistas, absolutamente viscerales, con diferentes capas y lecturas (quizás sea necesario verla más de una vez) donde encontrar cada "señuelo", cada guiño que el guión va dejando, imperceptiblemente. 

Y Damián Szifrón se ha rodeado de un elenco exquisito, sin fisuras, donde cada una de las actuaciones tiene el tono perfecto, la sutileza necesaria para mostrar ese quiebre que a veces se presenta en forma más evidente y otras, más solapada. Dejar entrever ese momento donde empieza a generarse el  "punto de ebullición" al que llegan todos sus personajes.

Destacar una historia por sobre las demás o una actuación por sobre las restantes quizás sea un acto de injusticia porque todas las historias y todos los actores pasan por momentos de excelencia, de perfección, de profundidad.
Sin embargo, la indiscutible entrega de Erica Rivas en el episodio final es apabullante, con una riqueza gestual asombrosa. La contundencia técnica con la que está filmado el episodio protagonizado por Leonardo Sbaraglia también es otro de los puntos altos del film.
Ricardo Darín entrega una vez más otro personaje tan porteño como cada uno de nosotros -y sin dudas un episodio en donde uno no puede más que verse enteramente reflejado- y Rita Cortese maneja la negruga de su personaje con unos diálogos filosos cargados de violencia, con otro trabajo absolutamente a su medida.

Mas allá de todo lo que pueda decirse de "Relatos Salvajes", sin lugar a dudas la mayor virtud que tiene este estreno es la de generar un material riquísimo para un debate posterior que puede prolongarse por horas, porque cada una de las historias tiene detalles, diálogos, guiños, momentos que dan para charlar y charlar y seguir disfrutando de cada una de las historias, aún mucho después de finalizada esa proyección arrolladora.

lunes, 18 de agosto de 2014

No se puede vivir del amor

"Entonces Bailemos"
Dramaturgia y Dirección: Martin Flores Cárdenas
con Florencia Bergallo, Laura López Moyano, Marcelo Minino, Javier Pedersoli y Julián Rodriguez Rona
EL CAMARIN DE LAS MUSAS - Mario Bravo 960 - SABADOS a las 23 hs



Se encienden unos cuantos tubos de neón encerrados en un rectángulo negro colgado del techo. En el suelo, desprovistos de toda otra cosa: dos colchones.
Cuatro criaturas desoladas usarán esos colchones para desbaratarse... se desparraman, se arrastran, se besan, se acarician, se agreden, aman, sufren, se atraen y se rechazan.

En esa suerte de cuarto de motel perdido en alguna ciudad desconocida -es Arizona? es el conurbano bonaerense?- , cada uno de ellos, a su turno,  levantará la mano como pidiendo permiso y al grito de "otra!" dará inicio a una nueva historia, habitará repetinamente la piel de un nuevo personaje y nos sumergirá en el ritmo hipnótico de los textos de Martín Flores Cárdenas cargados de adrenalina y de sarcasmo.

Cada una de esas historias de amor y de desamor tienen la tensión necesaria para que el espectador pueda contactar íntimamente con cada uno de los pequeños universos que se vuelcan en las historias y que cada unos de estos "monólogos" -aunque técnicamente algunos no lo sean- construya una historia particular, un universo individual tan interesante como desgarrador.

Y entrelazando las diferentes historias, cierra el quinteto un vaquero texano (?), un cantante de música "country" en la piel de Julián Rodriguez Rona , que con algunas canciones de tono típicamente bucólico va hilvanando esas escenas y hasta llegará a formar parte de alguna de ellas. 

Cuando parece que explota la carcajada cómplice con la fuerte ironía de los textos, el mismo filo de la navaja por el que transitan los personajes, nos pone al límite del abismo como un golpe directo al estómago.
Los relatos casi en forma de catarsis se acumulan, se precipitan, se potencian, se superponen, se vuelven cada vez más intensos y uno como espectador no puede más que admirar la exacta combinación de textos  tan creativos como viscerales con cuatro actuaciones, cuatro entregas, absolutamente impecables.

Hay violencia, hay desolación, hay sordidez, hay amor, hay pasión, hay desequilibrio. Los intensos personajes escritos por Martín Flores Cárdenas, encuentran cuatro actores que los ponen perfectamente en movimiento.


Laura Lopez Moyano no sólo despliega precisión en las tonalidades de sus textos sino explotando su cuerpo de una ductilidad asombrosa (la escena de la enamorada del cantante "country" pasa de la risa al dolor extremo en sólo un par de frases).
Marcelo Minino (importante dramaturgo y director del off porteño, aquí como actor) aporta una presencia magnética y una fuerza en escena que se complementa con los personajes que compone Javier Pedersoli -brillante en el texto de la mujer que amenaza con suicidarse si es abandonada-.
Por su parte, Florencia Bergallo impone su belleza en escena y brilla en el relato de la mujer que encontró al amante perfecto en su cama, con un desenlace totalmente inesperado.

La fuerza de la dramaturgia de "Entonces Bailemos"  que invita a espejarse en esas historias de amor frustrado, en esa sensación de estar a la deriva, de desaliento, de fracaso, conjugados con la entrega que tienen todos los intérpretes hacen que el producto sea una de las mejores propuestas del teatro off actual.


Al cierre, el ritmo de la coreografía diseñada por Manuel Atwell nos deja repiqueteando en el cuerpo los golpes de esas notas y los fragmentos de cada una de las historias que nos llevamos a casa.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Familia rodante

"Los insólitos peces gato"
de Claudia Sainte-Luce
con Ximena Ayala, Andrea Baeza, Sonia Franco, Wendy Guillén, Lisa Owen y Alejandro Ramirez Muñoz

¿Qué poder decir para que nosotros, ya tan desacostumbrados a cines de otras latitudes, tratemos de acercarnos a una película como "Los insólitos peces gato", un estreno que nos llega desde una latitud algo desacostumbrada como es el cine mejicano que no suele estrenarse tan asiduamente en nuestro país?
Una de sus principales virtudes es la simpleza, la sencillez y la claridad con la que su directora, Claudia Sainte-Luce, instalada una mirada marcadamente femenina, observa a sus personajes. Con suma delicadeza, prefiere dejar que los diferentes hechos y situaciones cotidianas vayan narrando, por sí solos, el cambio profundo que van a ir transitando sus criaturas.

Que cada uno de esos personajes está impregnado por la frescura de lo cotidiano y que evidentemente, en las familias latinas, nos podemos ver mucho más espejados que lo que sucede en otras familias, como las norteamericanas, predominantes en el cine comercial. 

Que no por ser una historia pequeña, no deja de estar narrada con una intensa profundidad en la mirada y con muchísima ternura que la directora va imprimiendo a lo largo de todo el relato, acompañando a los procesos de sus protagonistas.


Si bien hemos visto películas que se estructuran desde el cruzamiento completamente eventual de dos personajes cuyos mundos no parecen tan compatibles, hay "algo" con un sabor diferente cuando los universos de Claudia y Marta se encuentran, cama por medio, en un hospital.

Claudia está recién operada de apendicitis, un tiempo después que los médicos finalmente se den cuenta, tal como ella dice, que no está embarazada.
Cama por medio se encuentra Marta, madre de cuatro hijos -tres mujeres y su hijo menor, varón- infectada de VIH por su último marido, a quien cuidó hasta el último momento.

Planteado así, el panorama parece dramático y desolador. Pero es destacable la inteligencia con la que la directora -debutante en el largometraje y también guionista de la película-, hace que nada de esto caiga en un tono melodramático y menos aún, en ningún lugar común ni en el sensacionalismo.
El encuentro casual de Claudia -casi una huérfana emocional, alejada de su familia de origen e inundada por su soledad- y Marta dará lugar a un vínculo más profundo todavía, cuando Marta a la salida del hospital, le ofrezca a Claudia instalarse en su para durante el post-operatorio.

De esta forma, Claudia comienza a convivir y adentrarse en el mundo de Alejandra, Wendy y Mariana, las tres hijas de Marta, quienes no podrían ser más diferentes entre si.
Los diálogos entre ellas son frescos, reales, nos van permitiendo entrar en esa familia desde el ambiente cotidiano e ir conociendo las aristas de cada personaje, así como también los va conociendo y descubriendo Claudia. 


No pasará mucho tiempo y Claudia ya es una más del clan. 
Allí es donde el relato gana forma, cuando se dispone a tratar ciertos temas que van quedando como escondidos dentro de la trama, ya que nada dentro del guión es subrayado ni obvio, pero que se perciben en el ambiente. 
Es así como aparece la soledad, la inclusión familiar, las diferentes dinámicas dentro de la familia, el amor fraternal, el enfrentar una enfermedad y sus recaidas, la actitud con la que se puede enfrentar una situación dolorosa... 

Todo esto se va retratando mediante pequeños momentos que viven los personajes y que a manera de un gran collage, se van conectando en una serie de viñetas y retratos de este matriarcado tan particular, en donde su principal figura está perdiendo fuerza y de esta forma se va resquebrajando el equilibrio familiar.

Ganadora de múltiples premios en festivales nacionales e internacionales (premio del Jurado Joven a la Mejor Película en Locarno y participó en Mar del Plata, Toronto y Ecuador, entre otros)  "Los insólitos peces gato" tiene la enorme tarea de abordar estos temas difíciles sin caer en golpes bajos ni perder el humor e ningún momento. La musicalización y el diseño de arte (hermosa escena de apertura y una creativa escena de títulos finales) son otros de los interesantes puntos de esta película mejicana.

Y terminada "Los insólitos peces gato" queda un sabor agridulce, tierno, real, de que la vida está precisamente hecha de estos pequeños momentos que la directora retrata con tanta naturalidad y con tanta exactitud.
Esos pequeños recuerdos que siguen vibrando dentro nuestro y que Claudia Sainte-Luce -basada en una historia de su experiencia personal- sabe retratar tan convincentemente y con una impronta personal interesante.