lunes, 14 de julio de 2014

Esclavo del amor

"La mejor oferta"
de Guiseppe Tornatore
con Geoffrey Rush, Jim Sturgess, Sylvia Hoecks y Donald Sutherland

Realmente con una cartelera tan magra como la actual, sesgada por los efectos del mundial y potenciado por los tanques hollywoodenses que ocupan la mayoría de las salas, que "La mejor oferta" aparezca como estreno en este momento, después de sucesivas postergaciones es, por más de una razón, una rara avis.

De todos modos, se celebra tener el estreno de la nueva película de Guiseppe Tornatore, a quien todos recordamos por la inigualable "Cinema Paradiso" su gran obra maestra hasta el momento.

Obviamente, pretender que una película de género, más particularmente un thriller alcance el nivel de "Cinema..." es pretender un imposible y ya lo sabemos de antemano.

Pero, sin embargo, a los pocos minutos de haber comenzado a ver "La mejor oferta" ya podremos adivinar por más de un motivo que la mano firme de un gran puestista y director como Tornatore está detrás de las cámaras.
Fiel a su estética un tanto recargada pero que guarda una fina armonía, la cantidad de detalles con que presenta y va pintando la textura de sus personajes y la minuciosidad con la que describe el mundo del protagonista del film, Virgil Oldman, da clara cuenta de que la presencia de un director con estilo propio y con un sello particular.

Virgil Oldman es un eximio marchand, que se maneja en el mundo del arte como pez en el agua, vinculado con las más altas casas de remates de obras de arte, que hace un culto  de su profesión y que ha dedicado su vida a su trabajo que es su gran pasión, su vida misma. Severo, rígido, exitoso, implacable, contrapone todo esa grandilocuencia en el terreno de lo profesional con una vida personal sobria, gris, casi minúscula y sin vuelo, con un clima agobiante de encierro que se opone hasta casi desde lo estético en el planteo del director.

Todo este delicado equilibrio se rompe cuando aparezca en la vida de Virgil, la enigmática Claire Ibetsson, una cliente que solamente se vincula con él sólo telefónicamente (esa será el primer anzuelo del gran misterio por el que Oldman se verá hipnotizado) y que comienza a encarar el vinculo profesional como una voz para ir luego develando su rostro, su cuerpo, para ir de a poco "personificándose" en la vida del protagonista. En principio, ella necesita darle cierta directivas para que el marchand se encargue de catalogar, valuar y comercializar su herencia. Y ese será el puntapié inicial de su vínculo, nudo central de la película.

Esta misteriosa mujer hace que Virgil comience a vivir en un torbellino de sensaciones encontradas. Aparecen la pasión, el deseo, el amor y comienzan a mezclarse y a confundirse además con su vida profesional.

Sin olvidarnos que "La mejor oferta" tiene claramente una estructura de thriller, no van a faltar ciertas sorpresas que se vayan develando frente a esa enigmática personalidad de Claire y que con ese motivo,  la trama, más acercándose al final, nos regale un par de vueltas de tuerca.

El enorme Geoffrey Rush vuelve a entregarse por completo a una criatura elaborada con detalles sutiles, con maestría, con una gran delicadeza en la construcción de su personaje.
Sólo logra cierta corrección el resto del elenco, al que obviamente Rush aplana como una topadora y sobre todo llama la atención que un papel tan importante como el de Claire haya quedado asignado a Sylvia Hoeks, una jóven actriz holandesa, sin demasiada trayectoria cinematográfica, que no logra encontrar la complejidad y el misterio que habita en su personaje y que la ocasión requiere. Seguramente la película hubiese crecido enormemente con una Claire que sintonizase mucho más con el misterio que la envuelve y que es el eje central de la película.

Para aquellos que son amantes del arte "La mejor oferta" es la exacta combinación de cine y diseño visual, con toda la grandilocuencia que Tornatore sabe imponer y que lo llevaron a que su producto fuese el gran ganador en la entrega de los David de Donatello de su año.
Pero lamentablemente el guión desacierta en dejar "señuelos" demasiado obvios, que para cualquier espectador entrenado, resultan de un subrayado innecesario. De todos modos en este tipo de películas siempre hay alguna vuelta de tuerca adicional y un as en la manga que sorprende y da un giro inesperado.

Aún cuando Tornatore se desborda en el planteo estético y formal, dejando de lado la intriga para un cierre demasiado convencional para lo que el inicio del film había planteado, aún en sus irregularidades, el gran trabajo de Geoffrey Rush justifica ampliamente ver "La mejor oferta" y encontrarse una vez más con un cineasta interesante y un producto de calidad.


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