miércoles, 23 de julio de 2014

Bajo el sol de Sorrento

"Todo lo que necesitas es amor"
de Susanne Bier
con Pierce Brosnan, Trine Dyrholm, Paprika Steen y Thomas Voss

Fundamentalmente, el gran punto de atención en "Todo lo que necesitas es amor"es la firma de su directora, Susanne Bier. Para cualquier seguidor de su filmografía, desde que la conocimos con "Corazones Abiertos", el cine de esta directora danesa que supo enrolarse en las filas del movimiento Dogma que desarrollara Lars Von Trier, siempre tiene apuntes interesantes e historias fuertes para contar.
Entre sus otros títulos están la arrolladora "Hermanos" –que luego tendría una remake hollywoodense protagonizada por Tobey Maguire y Jake Gyllenhaal formando triángulo amoroso con Natalie Portman–,  la cantidata al Oscar "Después del casamiento" y finalmente su filme "En un mundo mejor" con el que se alzó con el Oscar a Mejor Película Extranjera en el año 2010.

Quizás este nuevo estreno esté más emparentado con el tono de "Cosas que perdimos en el fuego", su incursión en la industria cinematográfica de Hollywood que no ha tenido estreno comercial en la Argentina, con las actuaciones de Benicio del Toro y Halle Berry. No justamente porque "Todo lo que necesitas es amor" tenga el mismo tono dramático, sino porque elige contar una historia más ligada a un esquema de cine comercial, siguiendo las convenciones y las recetas que ciertos géneros imponen, alejándose (bastante, para mi gusto) del estilo narrativo y de la temática de su cine más interesante.

En este caso se trata de una agridulce comedia romántica que cumple con las exigencias y los guiños que corresponden a un producto de estas características y no logra llegar mucho más lejos que eso.

Ida (Trine Dyrholm, protagonista de "La Celebración", "Aguas Turbulentas" y la genial e inédita en nuestro pas "En Soap") es una peluquera que está atravesando uno de sus peores momentos: no solamente padece una enfermedad que ha alterado gravemente su vida sino que además, mientras atraviesa ese duro momento descubre que su marido le es infiel. 
Por otro lado áparece Phillip (el impecable Pierce Brosnan), un empresario inglés que vive en Dinamarca, viudo para facilitar aún más las cosas en el terreno del romanticismo, lamentablemente todavía no ha podido superar la muerte de su esposa.

Adivinaron? Obviamente! La mesa está servida y la receta no tiene demasiadas sorpresas sino que funciona en general por carriles lo suficientemente previsibles como para dejar contento al público con lo que exactamente esperaba de este producto... entonces cuando Phillip e Ida se encuentren en una hermosa ciudad italiana para asistir a la boda de sus respectivos hijos, la atracción será tan inevitable como sinuosa.

Tanto por los hermosos paisajes, el clima de boda y la presencia de Brosnan, muchos momentos hacen recordar a "Mamma Mia!" aunque el tono que le pone Bier a su propuesta no tiene ni el ritmo ni la música de su antecesora.
El punto fuerte de "Todo lo que necesitas es amor" es Trine Dyrholm, dúctil, hermosa en pantalla y aprovechando intensamente cada una de las escenas que le tocan sortear (algunas provechosas y otras lidiando con un guión algo ridículo) y Brosnan acompaña discretamente con su buen porte, su simpatía y su elegancia. Pero obviamente, no le pidamos mucho más que eso y justamente en las escenas más complejas de resolver se evidencia notablemente el desnivel actoral entre los dos protagonistas.
Aunque, por fuera de eso, la química en pantalla de la pareja es sumamente creíble y efectiva.

Nadie que admire a Susanne Bier va a ver en "Todo lo que necesitas es amor" una gran película. 
Como una vuelta de timón en su carrera, lo que para muchos será como un traspié, para otros será un momento agradable, con una comedia que toca el drama y se apoya más en el giro romántico (la pareja de Dyrholm-Brosnan se contrapone con la de las historias de sus hijos a punto de casarse). 
Y así, sin demasiadas pretensiones, y habiéndose ganado el voto del público en varios festivales (con lo que entonces se adivina como una crowd pleaser, de esas que "le gustan a todo el mundo"), en este caso nos entrega un producto aceptable que crece cuando su lujosa fotografía nos permite viajar en aquellas escenas donde el paisaje de la paradisíaca Sorrento se convierte en otro de los protagonistas, en una de esas villas que dan ganas de quedarse a soñar.


jueves, 17 de julio de 2014

El transportador

"7 cajas"
de Juan Carlos Maneglia y Tana Shémbori
con Celso Franco, Víctor Sosa, Lali González, Nico García, Paletita, Manuel Portillo, Mario Toñanez y Nelly Dávalos

Cuando se anuncia el estreno de lo que ha sido en su país,  un verdadero blockbuster, aparece casi de inmediato una gran curiosidad: qué tiene esta película de un país tan cercano la nuestro como Paraguay pero con una filmografía tan desconocida para nosotros?

¿Qué hizo que estuviese nominada para mejor film Iberoamericano en los premios Goya, que haya ganado la competición Iberoamericana del Festival de Miami, premio del Jurado de la Juventud en el Festival de San Sebastián y nominaciones en el Festival de Toronto?

Tiene todo lo que una buena película de género tiene que tener. Todo.

La historia arranca un viernes por la noche en el Mercado 4 de Asunción. Un territorio casi desconocido a nuestros ojos de espectador pero que a su vez genera el ambiente propicio para que se plantee sin más trámite, la historia: Victor, un carretillero del mercado de 17 años tiene que repartir 7 cajas con un contenido desconocido y a todas vistas, lo suficientemente dudoso para que el aroma a thriller quede plasmado.
Su recompensa? 100 dólares, quien le plantea el negocio parte el billete a la mitad, la otra mitad tendrá que ser ganada con el trabajo cumplido.

La situación planteada pareciera sencilla, tiene que cruzar solamente ocho manzanas. Visto de esta forma, en principio, un encargo que no debiese presentar mayores riesgos en un ámbito donde el transporte de cajones en carretillas es abundante y permanente. Pero uno sabe que no siempre las cosas salen como están pensadas...y menos en un thriller.

Lo que en principio es una idea, una linea argumental más cercana a un cortometraje, con la pericia del guión desarrollado por el propio director Juan Carlos Maneglia con colaboraciones de Tana Shémbori y Tito Chamorro, va encadenando una situación tras otra (algunas mejor logradas y ensambladas a la historia principal, otras menos) y rápidamente uno se deja atrapar en el ritmo vertiginoso con el que la historia está contada. Además de tener el gran mérito de ir in crescendo durante toda la película y logra no perder en ningún momento la coherencia interna de la historia.

Hay otros elementos que hacen que "7 cajas" sea un placer y un deleite para el espectador.
Su factura técnica es de un excelente nivel: tiene buen sonido, buen montaje, buena fotografía y por sobre todo eso un muy buen aprovechamiento de esa geografía tan particular que es el Mercado 4. La cámara nerviosa, vibrante, eléctrica va recorriendo todos sus recovecos y todo esto se potencia con la presencia de personajes secundarios muy pintorescos que aún en sus breves apariciones (genial el travesti que aparece en la segunda mitad de la historia, los que acompañan al "villano" de turno, las actitudes y diálogos entre el personal de seguridad del mercado), van aportando y sumando a la historia central de Victor sus propios toques de color y es ahí donde se nota el trabajo detrás de cámara para que surgiese este plus que quisieron darle los directores para que el espectador ganara empatía con ese universo.


Si bien el elenco presenta algunos desniveles -con un muy buen protagónico de Celso Franco como Victor, quien lleva el mayor peso de la historia-, todos aportan sus particularidades y el producto final es más que sólido y tiene el gran mérito de poder resolver situaciones con poco presupuesto y con mucha creatividad (cosa que escasea en los tanques de Hollywood de hoy en día, que invierten la propuesta y a ideas magras las dinamitan con un enorme presupuesto).
El ritmo, la musicalización y el ambiente que se logra desde un primer minuto suman a que "7 cajas" sea un producto divertido, de muy buena factura y se convierta en una gratísima sorpresa dentro del panorama del nuevo cine latinoamericano.
Excelente para pasar un muy buen rato, cumpliendo con creces lo que promete en su planteo inicial.


miércoles, 16 de julio de 2014

Mi vida sin mi

"Dos Vidas"
de Georg Maas y Judith Kaufmann
con Juliane Köhler, Ken Duken y Liv Ullmann




Vale la pena, para disfrutar plenamente "Dos Vidas", hacer un poco de foco en la historia: en 1935, en la Alemania nazi empezó a funcionar el programa Lebensborn, básicamente orientado a mantener la raza aria.
Los niños que fueron fruto de relaciones de los soldados alemanes con mujeres noruegas durante la ocupación nazi en ese país, fueron acogidas en este proyecto que daba la oportunidad a esas madres solteras de dar a luz a sus niños en los centros de acogida, luego de lo cual el Estado quedaba a cargo del cuidado de ambos.

Aquellos niños 'aprobados' eran enviados a los refugios de distribución donde se los sometía a un programa de 'germanización inicial': falsificaron completamente sus documentos, que indicaban que eran "huérfanos"y les dieron, obviamente, nuevos nombres alemanes.
Luego de unos tres o cuatro meses, entregaban al niño a una familia adoptiva y se mantenía en secreto su verdadera identidad.
Pero finalizada la guerra, estos niños pasaron a denominarse “hijos de la vergüenza”, y en la Alemania dividida por el muro, la STASI se encargó de regular entradas y salidas con lo cual, cientos de niños desconocen sus orígenes y les fue imposible reconstruir los lazos con su pasado y recomponer su identidad.

Katrine (un preciso y atrapante trabajo de Juliane Köhler) vive una vida feliz en Noruega, junto a su esposo, su hija y su nieto y por un breve lapso, también se agregará la convivencia con su propia madre a la dinámica familiar para cuidar de su bisnieto (con la aparición nuevamente en la pantalla del ícono del cine de Ingmar Berman, Liv Ullmann en otra sólida composición).
El equilibrio se quiebra cuando aparezca un abogado alemán (Ken Duken) solicitando que su madre participe como testigo en contra del estado noruego en un juicio a favor de estos niños victimas del Lebensborn. Pero para Katrine que ese pasado salga a la luz, traerá más de una implicancia y las contradicciones, las mentiras y la traición irán saliendo poco a poco a la luz. 

El director Georg Maas (con experiencia previa en el documental) y la directora Judith Kaufmann (una gran directora de fotografía de reconocidísimas películas del cine alemán actual) conjugan una historia que mezcla un potente hecho histórico de una fuerte carga dramática con una estructura de thriller que se ve inteligentemente potenciada por el estilo narrativo que eligen los directores para estructurar el relato muy cercano a otras grandes películas alemanas como "La vida de los Otros" "Bárbara" y en otro tono, la comedia "Good Bye, Lenin". 

La estructura de narración clásica de "Dos vidas" se ve constantemente interrumpida por potentes flashbacks que a manera de piezas de un gran rompecabezas, van ayudando al espectador a reconstruir la verdadera historia, escondida tras las apariencias, tapando el dolor, la desolación y las trampas del sistema.
Cada uno de esos fragmentos va aportando una nueva pista y en cada uno de ellos se devela un elemento trascendente de la historia hasta que llegando hacia el final ese rompecabezas empieza a tener sentido con todas las piezas en su lugar.


Más allá de que los directores sobre el final, eligen cerrar la historia de una forma más simple y convencional, y que además, tratándose de una película basada en hechos reales aparecen en el cierre los textos explicando las derivaciones de la historia años después (lo cual hace perder la tensión dramática que se venía elaborando previamente) la fuerza de una gran historia, potenciada por las impecables actuaciones de Juliane Köhler (de una filmografía casi desconocida en nuestro país) y el aplaudido regreso de Liv Ullmann a la pantalla grande, hacen de "Dos Vidas" un film inteligente, valiente en su revisión de la historia reciente con el adicional de saber imprimirle un ritmo de thriller que suma tensión y atrapa doblemente.

lunes, 14 de julio de 2014

Esclavo del amor

"La mejor oferta"
de Guiseppe Tornatore
con Geoffrey Rush, Jim Sturgess, Sylvia Hoecks y Donald Sutherland

Realmente con una cartelera tan magra como la actual, sesgada por los efectos del mundial y potenciado por los tanques hollywoodenses que ocupan la mayoría de las salas, que "La mejor oferta" aparezca como estreno en este momento, después de sucesivas postergaciones es, por más de una razón, una rara avis.

De todos modos, se celebra tener el estreno de la nueva película de Guiseppe Tornatore, a quien todos recordamos por la inigualable "Cinema Paradiso" su gran obra maestra hasta el momento.

Obviamente, pretender que una película de género, más particularmente un thriller alcance el nivel de "Cinema..." es pretender un imposible y ya lo sabemos de antemano.

Pero, sin embargo, a los pocos minutos de haber comenzado a ver "La mejor oferta" ya podremos adivinar por más de un motivo que la mano firme de un gran puestista y director como Tornatore está detrás de las cámaras.
Fiel a su estética un tanto recargada pero que guarda una fina armonía, la cantidad de detalles con que presenta y va pintando la textura de sus personajes y la minuciosidad con la que describe el mundo del protagonista del film, Virgil Oldman, da clara cuenta de que la presencia de un director con estilo propio y con un sello particular.

Virgil Oldman es un eximio marchand, que se maneja en el mundo del arte como pez en el agua, vinculado con las más altas casas de remates de obras de arte, que hace un culto  de su profesión y que ha dedicado su vida a su trabajo que es su gran pasión, su vida misma. Severo, rígido, exitoso, implacable, contrapone todo esa grandilocuencia en el terreno de lo profesional con una vida personal sobria, gris, casi minúscula y sin vuelo, con un clima agobiante de encierro que se opone hasta casi desde lo estético en el planteo del director.

Todo este delicado equilibrio se rompe cuando aparezca en la vida de Virgil, la enigmática Claire Ibetsson, una cliente que solamente se vincula con él sólo telefónicamente (esa será el primer anzuelo del gran misterio por el que Oldman se verá hipnotizado) y que comienza a encarar el vinculo profesional como una voz para ir luego develando su rostro, su cuerpo, para ir de a poco "personificándose" en la vida del protagonista. En principio, ella necesita darle cierta directivas para que el marchand se encargue de catalogar, valuar y comercializar su herencia. Y ese será el puntapié inicial de su vínculo, nudo central de la película.

Esta misteriosa mujer hace que Virgil comience a vivir en un torbellino de sensaciones encontradas. Aparecen la pasión, el deseo, el amor y comienzan a mezclarse y a confundirse además con su vida profesional.

Sin olvidarnos que "La mejor oferta" tiene claramente una estructura de thriller, no van a faltar ciertas sorpresas que se vayan develando frente a esa enigmática personalidad de Claire y que con ese motivo,  la trama, más acercándose al final, nos regale un par de vueltas de tuerca.

El enorme Geoffrey Rush vuelve a entregarse por completo a una criatura elaborada con detalles sutiles, con maestría, con una gran delicadeza en la construcción de su personaje.
Sólo logra cierta corrección el resto del elenco, al que obviamente Rush aplana como una topadora y sobre todo llama la atención que un papel tan importante como el de Claire haya quedado asignado a Sylvia Hoeks, una jóven actriz holandesa, sin demasiada trayectoria cinematográfica, que no logra encontrar la complejidad y el misterio que habita en su personaje y que la ocasión requiere. Seguramente la película hubiese crecido enormemente con una Claire que sintonizase mucho más con el misterio que la envuelve y que es el eje central de la película.

Para aquellos que son amantes del arte "La mejor oferta" es la exacta combinación de cine y diseño visual, con toda la grandilocuencia que Tornatore sabe imponer y que lo llevaron a que su producto fuese el gran ganador en la entrega de los David de Donatello de su año.
Pero lamentablemente el guión desacierta en dejar "señuelos" demasiado obvios, que para cualquier espectador entrenado, resultan de un subrayado innecesario. De todos modos en este tipo de películas siempre hay alguna vuelta de tuerca adicional y un as en la manga que sorprende y da un giro inesperado.

Aún cuando Tornatore se desborda en el planteo estético y formal, dejando de lado la intriga para un cierre demasiado convencional para lo que el inicio del film había planteado, aún en sus irregularidades, el gran trabajo de Geoffrey Rush justifica ampliamente ver "La mejor oferta" y encontrarse una vez más con un cineasta interesante y un producto de calidad.