viernes, 15 de marzo de 2013

Les Avants II: Metal y Hueso ("De rouille et d'os")

"Metal y Hueso"
("Rust and bone" / "De rouille et d'os")

de Jacques Audiard
con Marion Cotillard, Matthias Schoenaerts, Corinne Masiero, Jean-Michel Correia, Bouli Lanners



 
Quien conozca el cine de Jacques Audiard sabe que suele exponer los sentimientos, las sensaciones, las vivencias de los personajes a flor de piel, en carne viva.
Sus tres films anteriores fueron estrenados en Buenos Aires y hablan también de la versatilidad que tiene Audiard para introducirse en diferentes universos. Tan distintos como en "Lee mis labios" "El latido de mi corazón" y "Un profeta".
 
Con puntos de contacto con sus filmes anteriores, toma de "Lee mis labios" la posibilidad de presentarnos el mundo a través de una discapacidad, también la fuerza y la violencia narrativa de "Un profeta" y habiendo arrasado con los premios César, el BAFTA y el Oso de Plata con "El latido de mi corazón / De battre mon coeur s'est arrêté" elige tomar de ésta el debate interior de cada personaje central entre dos mundos opuestos.
Y volviendo a poner el ojo sobre temas que ya desarrolló en sus películas anteriores construye su nueva obra:  "Metal y Hueso". 

Alain (Matthias Schoenaerts) sale del Norte de Francia hacia Antibes,una ciudad al sur -con todo lo que eso significa para los franceses y ya marcando mundos opuestos desde el inicio del film- en donde no solamente buscará trabajo sino también recuperar una relación interrumpida con su hijo Sam, a quien casi apenas conoce, quien está allí al cuidado de su hermana.
Logra encontrar trabajo en un night club mientras sigue despuntando su pasión por el kick boxing.
Eventualmente conoce a Stéphanie (Marion Cotillard) y al llevarla a su casa después de salvarla en una pelea de borrachos en el night club, inician una pequeña relación. Nuevamente aparece la idea de los mundos contrapuestos que se entrechocan: Alain acarrea consigo diversos problemas y conflictos que lo hacen vulnerable mientras que Stéphanie es una mujer hermosa y muy segura de si misma.
 
Pero al poco tiempo, Stéphanie sufrirá un severo accidente en su trabajo en el Aquarium donde es entrenadora de orcas y buscará a Alain para poder sobrellevar ese momento.
Mientras él, informado del fixture por un compañero de trabajo, empieza a competir en las peleas de kick boxing y tan fuerte es el lazo con Stéphanie que hasta ella se convierte en su manager.
 
Sin adelantar mucho más de lo que se irá develando a medida que avance la trama, Audiard centra el relato en la búsqueda que emprenden ambos protagonistas, sobrellevando cada uno un momento límite y sus diferentes reacciones en el punto donde se presenta imperiosamente la necesidad de un cambio profundo.
 
El relato, construido de una manera particular, elige alejarse de la estructura del típico drama, coquteando con una historia de amor pero sin que eso sea el esqueleto con el que se arma la historia.
Prefiere narrar diversas situaciones de los personajes y entonces el relato va fluyendo, sin que parezca que la trama quiera concretar particularmente nada más que mostrarnos la vulnerabilidad, la realidad cotidiana, el pulso de cada uno de ellos, sin caer en ningún momento en el melodramatismo. Solamente mostrando como un espejo, las situaciones tal cual son.
 
La seguridad de Stéphanie se quiebra tras su accidente, la fragilidad aparece y ella no sabe como lidiar con estas nuevas sensaciones.
La brutalidad que aparece en Alain en su superficie, parece desaparecer cuando es pura emotividad en la reconstrucción del vínculo con su hijo y en la posibilidad que aparece con Stéphanie de establecer un vínculo amoroso más allá de los ocasionales y eventuales a los que él estaba acostumbrado.
Todo tiende a buscar ese delicado equilibrio luego de que hechos tan contundentes marcaran sus vidas en forma tan drástica.

Audiard puede hacer hablar a los personajes tanto desde el físico como desde sus sentimientos y de esta forma "Metal y Hueso" puede leerse desde dos planos diferentes.
Técnicamente impecable, puede manejar como pocos directores tanto un tono eléctrico -casi de video clip- para algunas escenas (sobre todo las violentas luchas de kick boxing o los encuentros sexuales de Alain) y aquietarse a medida que va cambiando su vínculo con Stéphanie. Puede hundirse en el interior de ella y mostar con algunas postales cotidianas, el resquebrajamiento de su mundo interno después del accidente con la misma facilidad que en dos o tres trazos, plasma  la violencia que anida en cada uno de sus personajes.
Puede filmar escenas bellísimas en la playa y en el Aquarium como también exasperar al espectador en una escena en particular donde Sam, el hijo de Alain,  tiene un accidente que seguramente quitará la respiración por unos minutos.



Si Audiard conduce con mano firme un guión basado en la novela de Craig Davidson logrando distintos matices dentro de la historia, su trabajo crece y se agiganta con las dos actuaciones de sus protagonistas.

La gran sorpresa es Matthias Schoenaerts como Alain. Una mezcla perfecta de nervio y ternura, de un furioso luchador y un padre que tiene que romponer las piezas de un vínculo destruido con su pequeño hijo. Un trabajo elaborado con mucha minuciosidad y detalle que le ha valido, entre otros premios, el César como revelación masculina de este año.

Y Stéphanie viene de la mano de Marion Cotilliard una actriz absolutamente enorme.
Ella puede entretener en productos hollywoodenses como "Batman, el caballero de la noche" "Contagio" o "El Origen" ser la amante de los pintores más destacados de una década luminosa en "Medianoche en Paris" y darse el gusto de filmar con Woody Allen o vibrar en la piel de Edith Piaf en "La vie en Rose", trabajo que le valió el Oscar a la Mejor Actriz. 
En un papel exigido desde lo físico y también lo emocional, Cotilliard muestra una vez más que no hay papel que se le resista, presenta una versatilidad única y su presencia en pantalla es contundente.
La química de los encuentros con Schoenaerts es otro punto importante para que la historia que se pretende contar parezca más vívida aún.


"Metal y Hueso" es entonces otro gran trabajo de Audiard, fuerte y comprometido como toda su filmografía y con dos actuaciones soberbias para demostrar que después de cualquier tormenta personal, todo puede irse reconstruyendo, se va logrando un nuevo orden, una nueva mirada, un nuevo mundo interior donde poder quedarse.

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