sábado, 15 de diciembre de 2012

Arácnidos Escolares

"La inocencia de la araña"
de Sebastián Caullier
con Juan Gil Navarro, Lourdes Rodas, Renata Mussano, Gabriela Pastor y elenco


Básicamente "La inocencia de la araña" se plantea como una historia de obsesiones, de pérdida de límites, de reacciones enfermizas y desde el lugar que lo plantea, es realmente un lugar interesante y nuevo para el cine argentino, una zona poco visitada. Una apuesta fuerte.

Sebastián Caulier en su debut cinematográfico, sitúa a la historia en un colegio secundario que seguramente tiene algunas reminiscencias y  recuerdos de su propia infancia y adolescencia.
El escenario fundamental es un colegio secundario formoseño en donde dos de las alumnas, Camila y Daniela, se enamoran de su nuevo profesor de biología. El profesor es Manuel (Juan Gil Navarro), quien vuelve a su ciudad natal desde una Buenos Aires en la cual no pudo ubicarse y por más que claramente detenta un perfil bajo, ese aire del "extranjero" que vuelve al pueblo lo hace doblemente intrigante y atractivo tanto para sus dos alumnas (el resto de la clase parece bastante apática con su presencia o con la de cualquier otro profesor) como para la gente del pueblo.

Y en ese espacio de enamoramiento adolescente donde pueden mezclarse muchísimos elementos, Camila y Daniela, atraviesan todos los límites. Un espacio que contiene elementos de fantasía y de realidad, en un campo más imaginario que posible, internándose casi al borde del delirio, de lo platónico, de los amores imposibles, sin darse cuenta, las dos adolescentes comienzan a elaborar un espiral de celos, envidia y venganza que tiene en el centro de la escena a Manuel.

Pero lo que se plantea desde un inicio con lineas argumentales interesantes, no puede sostenerse tanto por la debilidad de un guión que se estructura como demasiado básico y previsible, con una historia elaborada sólo desde la superficie y sin demasiado contenido, pero sobre todo por las actuaciones, que se conforman como el peor enemigo de la película.
Exceptuando a Juan Gil Navarro, gran actor todo terreno que ya ha demostrado con creces que puede sostener distintos papeles y en distintas cuerdas, el resto de los actores suenan completamente disonantes a lo que quieren plantear las escenas y solamente él parece ser el único que está al servicio de la credibilidad de la historia.

Ana (Gabriela Pastor) es la profesora de Gimnasia con la que este profesor de biología intenta recomponer su vida amorosa en esta nueva ciudad. Ella será el objeto de los "disparos", de los "dardos"  de estas dos adolescentes perdidamente enamoradas, que intentarán por todos los medios alejarla de su objeto de deseo sin medir ningún tipo de riesgos. Siendo un rol fundamental para la historia que se pretende contar, Gabriela Pastor no logra darle credibilidad, exceptuando algunos pocos momentos en donde parece sentirse cómoda en los diálogos y las situaciones.

En un marco de actuaciones que asemejan más un acto escolar que una construcción cinematográfica (hay dos escenas donde habla una profesora de castellano que lidian con la vergüenza ajena), el guión y la historia de Caullier pierden lamentablemente intensidad y logrando por momentos el efecto completamente contrario al deseado -en la función a la que asistí el público reía a carcajadas en momentos en donde la historia supuestamente planteaba un conflicto de tintes dramáticos-.

Las dos adolescentes que tienen que llevar casi por completo el peso dramático de la historia, tendrán además que lidiar con un guión que las expone a situaciones poco convincentes (las intromisiones en la casa del profesor son completamente increíbles, por ejemplo).
Pero tanto Lourdes Rodas como Renata Mussano, no logran tener la frescura que suelen reflejar en pantalla los actores infantiles. Sus lineas parecen no fluir claramente, como si el texto hubiese sido extremadamente memorizado y por lo tanto, pierden naturalidad e incluso tiene serios problemas en un esquema de pregunta-respuesta normal, donde aparecen silencios y pausas donde no debieran existir.

Si bien Caullier apunta a darle toques negros a la historia que hacen que el ritmo no decaiga por completo, lo apuntado anteriormente respecto de las actuaciones hace que en todo momento el film no logre tomar cuerpo y construirse en un producto cinematográfico sólido, quedando más identificado con una experiencia amateur o como trabajo práctico de alguna escuela de cine. Y como trabajo práctico, quedaría casi desaprobado.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Como destrozar una novela preciosa

"La delicadeza"
de Stéphane y David Foenkinos
con Audrey Tautou, François Damiens, Bruno Todeschini, Pio Marmaï, Mélanie Bernier y elenco

Cruzarse con una novela de David Foenkinos es dejarse arrastrar a un universo donde pueden conjugarse una historia de amor, una narrativa plena de humor -es dificil realmente escribir en tono de comedia y que el relato no pierda el interés ni decaiga en su nivel literario-, con una mirada realista, intensa y profunda al mundo de las relaciones personales y sobre todo, afinar la puntería en el complejo abordaje al tema de la pareja.
Tanto en las novelas  "Nos séparations" como en "La Délicatesse", Foenkinos traza una radiografía perfecta de cuarentones con problemas del corazón. Particularmente esta última, "La Delicadeza" ha sido multipremiada en todos los circuitos literarios -ganadora de diez premios- y debido a su notable éxito, seguramente habrá surgido la idea de trasladar esta historia a la pantalla grande. Es asi como el mismo autor se pone detras de las cámaras y junto con  su hermano Stéphane, afamado director de casting, se lanzan a la aventura de un debut compartido en el terreno de la dirección cinematográfica.

La historia es sumamente sencilla y está presentada con una hermosa introducción en la primer parte del film, en donde Nathalie (Audrey Tautou) y François (Pio Marmaï, a quien vimos recientemente en la notable "Un suceso feliz" Critica aquí) construyen una dulce y tierna historia de amor que se verá abruptamente interrumpida cuando el drama se precipite sobre ellos, cuando él muera en un accidente.

Nathalie transita incómodamente su viudez, este duelo completamente inesperado.
Pero aún cuando rechaza propuestas amorosas -por ejemplo la de su jefe- y se niegue a la posibilidad de recomponerse en ese plano, el amor vuelve a hacerse presente en su vida en la figura de un compañero de trabajo, Markus  (François Damiens, quien tiene una disparatada participación en la comedia "El rompecorazones") quien es el vivo retrato de un perdedor, un "looser" en el terreno sentimental.

La simpatía que despierta el film se construye a partir del encuentro de dos corazones solitarios, quienes inesperadamente se animan a darse una oportunidad, aún cuando desde afuera a todo el mundo le parece completamente imposible o impensado dado que claramente él no parece ser el hombre ideal para ella.
Si bien la narración no tiene la brillantez que tiene su original literario, dado que Foenkinos opta por un guión que recorre los caminos más convencionales del género, algunos momentos son contados con originalidad y el tono del film no pierde en ningún momento la simpatía con que intenta contarse la historia.
Pero lamentablemente una vez pasado el planteo inicial, el desarrollo de la historia no acierta al plantear un tono indefinido que tiene además una cierta morosidad que impide que se dé preponderancia y se desarrolle la veta de comedia que sólo aparece en algunas contadas ocasiones. Tampoco opta por el camino de la comedia romántica liviana, sino que al intentar huir de algunas convenciones, comienza a sumergirse en terreno pantanoso. Algunas idas y vueltas de los protagonistas que demoran la concreción de la historia de amor, lentifica el ritmo en perjuicio del interés del espectador y la historia solamente gana cuerpo en algunos momentos de voz en off (más literarios que cinematográficos) y sobre todo en la escena final donde realmente se rescata el espíritu original de la novela.

François Damiens dota de todo su potencial actoral a este Markus indeciso, tímido, inseguro, casi infantil al que se le presenta la oportunidad de enamorarse y se siente perdido en estas nuevas sensaciones alcanzando quizás a una mujer "demasiado ideal para él".

Del otro lado, Audrey Tautou pasea su lánguida figura, llena de mohines y del indiscutible sello "à la Amélie" -que quizás no logre sacarse de por vida-, sin encontrar la verdadera máscara que un personaje tan interesante y complejo como Nathalie, necesitaba.
Tautou en cambio, parece quedarse sólo en la superficie de su criatura, y hasta aparece como distante del sentimiento que debiera despertar esta heroína de Foenkinos descripta como una mujer que despierta pasiones amorosas y que además es exitosa y se desarrolla como una excelente profesional en su trabajo.

Aunque correcta, la química entre Damiens y Tautou no llega a impactar tan fuertemente como para que la historia de amor tenga la profundidad esperada para que uno logre meterse de lleno dentro de la película. La falta de empatía de Tautou con su personaje hace que toda la historia parezca narrada con un dejo de distancia, con un tono gélido e impostado y desde el exterior, cae nuevamente en sus conocidos fruncidos de labios y revoleos de ojos que ya confirmamos que Tautou usa para la mayoría de sus papeles.
Como compensación, los roles secundarios a cargo de Joséphine de Meaux (quien aparece en el estreno cinematográfico "Amigos Intocables" y que vimos en "Melanie, la fea"), Bruno Todeschini y el citado Pio Marmaï enriquecen y complementan a la pareja principal.

Lejos, muy lejos de la versión literaria, "La delicadeza" logra parcialmente contar una historia de amor que pretende estar por momentos alejada de las convenciones y en otro, aparece sumergida totalmente en ellas.
Con el paisaje de París de fondo y como marco para dos enamorados que han pasado los cuarenta, Foenkinos logra de todos modos un relato interesante aunque algo sinuoso y demorado, que es sinceramente auspicioso tratándose de su debut como director y que no pierde totalmente su espíritu liviano pero no ligero.

Y si, obvio! Con la Torre Eiffel iluminada, todo se hace más mágico...