lunes, 23 de julio de 2012

Teatro en Buenos Aires: Panorama / Dramas

Filosofia de Vida (***): Alfredo Alcón, Rodolfo Bebán y Claudia Lapacó son un terceto actoral irresistible. Si se suma a ello un buen texto al que estos monstruos de la escena puedan darle carnadura más una ajustada dirección de Javier Daulte, la propuesta se convierte casi en cita obligada.




Los egos de estos dos filósofos, amigos de la juventud, ahora ya maduros, chocan y se sacan chispas en un encuentro algo forzado para que uno de ellos acepte entrar a la Academia de Filosofía.
Quizás sea el  momento oportuno para saldar algunas cuentas personales que brotan con la misma fuerza de siempre, a pesar de los años de distancia. Será la oportunidad para que apenas vuelvan a verse disparen dardos uno contra el otro, desatando una verdadera hoguera de vanidades, disputas entre las cuales estará incluido el amor por una misma mujer.

El texto del mejicano Juan Villoro tiene momentos de mucho humor, certeros contrapuntos y permanentemente apela a respuestas inteligentes en el texto. Como contrapartida, lamentablemente,  sobreabunda en frases que pretenden un desborde de "sabiduría" permanente y se siente como que algunas situaciones no fluyen tan convincentemente o que, inclusive, uno como espectador se "pierda" entre tantas citas de sublimes pensadores como Sartre, Simone de Beauvoir, Darwin o Russell.
Si bien el peso del texto reposa en el papel de "El Profesor", una magistral y nueva lección de teatro de Alfredo Alcón, la nota de frescura y humor se desliza en una actuación llena de matices de Claudia Lapacó, una vez más, en un trabajo notable.



Mineros (****): Lo interesante de esta historia se potencia aún más sabiendo que está basada en hechos verídicos: en la década del '30, en Ashington -Inglaterra-, cuatro mineros contratan a un profesor que les va abriendo camino en el terreno del arte, más precisamente en el de la pintura. Cada uno de ellos comenzará a abrir su corazón y su mundo, volcándolos en cada uno de sus trabajos. Lo que se inicia prácticamente como una actividad de distensión, como un juego, se deriva en situaciones inesperadas cuando por esas cosas del destino sus obras comiencen a ser reconocidas.
¿Resultan ser más valiosas porque están hechas por mineros? ¿Es que el arte se limita sólo a una cierta clase social y es para expresión de unos pocos? ¿Tiene más valor aún porque se suponía que de ellos no se esperaba eso?


Estas son algunas pocas de las preguntas que inteligentemente dispara la obra de Lee Hall que tiene en la puesta de Daulte un aliado perfecto para que la anécdota, casi imperceptiblemente, vaya tomando el vuelo necesario para hablar de diferencias sociales, del  rol del docente, del arte como expresión del hombre sin intentar escapar a la crítica de la sociedad de aquella época y la actual y al marco en el que viven estos trabajadores de la mina.
Brillantes actuaciones de Juan Leyrado, Darío Grandinetti y Jorge Marrale pero deslumbra nuevamente Hugo Arana en un trabajo superlativo, lleno de emoción.
El diseño de luces, la atractiva escenografía y un texto potente se conjugan para una lección de buen teatro que logra conmover por su intensidad y lo hace con herramientas nobles y distinguidísimas actuaciones.


Estado de Ira (*****):  Solamente los lunes por la noche en el Teatro Metropolitan, se ha repuesto esta obra de Ciro Zorzoli que había formado parte oportunamente del proyecto Biodrama en el Teatro Sarmiento. 

La acción transcurre en una supuesta dependencia pública en las afueras de la ciudad, donde un grupo de empleados municipales tiene como objetivo acompañar a actores y actrices de reemplazo para que se incorporen a las obras que están en cartel.
En esta oportunidad, toda la dependencia recibe a la actriz, de ésas con aires de diva teatral, que cubrirá el rol de Hedda Gabler en la obra homónima de Henrik Ibsen.
Como suele suceder en los casos en los que no se cuenta con el tiempo suficiente en este único ensayo la atriz deberá aprender todas las marcaciones, entonaciones, interacciones con el resto de los personajes y deberá hacerlo todo tal como lo indica la puesta.
Creativa, con muchisimo humor y una mordaz crítica al mundo teatral y en particular al aparato burocrático de las dependencias estatales, "Estado de Ira" es una obra absolutamente imperdible, no sólo por el inteligentísimo juego de teatro dentro del teatro (y entonces como espectadores, al mismo tiempo que cuenta la historia de este reemplazo, podemos presenciar esta puesta de Hedda Gabler con todos sus personajes) sino que además cuenta con un notable equipo a nivel actoral entre los cuales se destacan los trabajos de Valeria Lois, Maria Inés Sancerni y Pablo Castronovo.

Pero es arrasadora la presencia en el escenario de Paola Barrientos en un tour de force  notable -reforzando todo el talento de Ciro Zorzoli para una puesta en escena rica e intensa, plena de detalles que se disfrutan incluso viéndola más de una vez-, pasando por diferentes estados de ánimo y atravesando situaciones de una gama muy variada hasta dar con un final impresionantemente abrumador.


Buena Gente (****): Uno de los directores más talentosos de la escena local, Claudio Tolcachir, de quien conocimos las puestas más independientes como "La omisión de la familia Coleman" y "Tercer Cuerpo" en su propio Teatro Timbre 4 y las montadas dentro del circuito comercial como "Agosto" y "Todos eran mis hijos" vuelve a presentar una puesta impecable para este texto de  David Lindsay-Abaire (otra de sus piezas fue llevada al cine "Rabbit Hole - El laberinto" con Nicole Kidman y Aaron Eckhart).

"Buena gente" cuenta la historia de Margarita -otra brillante caracterización de Mercedes Morán-, una mujer de aproximadamente 50 años con una hija discapacitada mental de 30 años que vive en un barrio humilde, de escasos recursos, algunas veces lindando con la marginalidad.
Su amiga de toda la vida, Mirta -Verónica Llinás en otra criatura completamente querible, detonando una vez más los resortes del humor como pocas actrices cómicas saben hacerlo- le sugiere ir a ver a Juan -Gustavo Garzón-, un viejo amigo del barrio, que no ve desde hace 30 años y con quien parece haber tenido alguna vinculación sentimental. Juan es ahora un reconocido médico y quizás pueda ayudarla a salir del pozo consiguiéndole algún trabajo.

El aroma del barrio y la mirada hacia la clase media/baja impregnan toda la obra en donde se hablará de nuevas oportunidades, de vueltas del destino, del egoismo, de la humildad, la solidaridad y de verdades crudas como condimentos para seguir siendo "buena gente" a pesar de todo.
Dentro del elenco,  Marina Bellati (quien ya habia trabajado con Tolcachir en "Todos eran mis hijos") logra una excelente composición de señora de clase alta, acomodada, viviendo en el confort y el éxito de su marido, lejana de ese dolor que impregna la vida Margarita y que contrapesará el tono de la obra con algún gesto inesperado.
Con una puesta tan eficaz como dinámica el texto de Lindsay-Abaire crece con las actuaciones de Morán - Llínás y Garzón y con la sinceridad a la que apuesta el texto (más allá de que pueda reprochársele que en algunas resoluciones queda estancada en buenas intenciones). Es interesante ver la posibilidad de que en una obra de circuito comercial la gente "común" logre tener su voz en un texto directo y con una enorme potencia en la dirección y en las actuaciones.

La última sesión de Freud (****1/2):   Con puesta de Daniel Veronese, esta obra describe el encuentro entre Sigmund Freud y C.S. Lewis con el marco de la Segunda Guerra Mundial, más precisamente en el día en que Inglaterra declara la guerra a Alemania.


Freud está muriendo de un cáncer en la boca que lo carcome sin piedad y Lewis se encuentra atravesado también por la muerte de sus amigos en el campo de batalla. Entre tanta muerte, sirenas y máscaras antigases, el encuentro de estos dos notables dará lugar a un brillante e interesantísimo contrapunto en donde hablaran de ciencia, de teorias, se hablará ineludiblemente del psicoanálisis, pero los cañones apuntan más directamente a la figura del científico contra el escritor converso.
Dios, la religión y sus misterios son el centro directo donde el autor, St. Germain, pone toda la adrenalina y la fuerza del encuentro, en el cual Freud no entiende como un hombre inteligente y creativo como Lewis se deja llevar por el dogma religioso.
Cada uno de ellos irá dando su punto de vista, expuesto a la mirada impiadosa que le dará el otro para ir deconstruyéndolo hasta el fragmento más mínimo, desplegando y haciendo gala de sendas dosis de la más fina inteligencia en función a la búsqueda de una verdad que quizás no sea única, logrando no solamente un contrapunto en el plano del libreto sino también en un duelo actoral del más alto nivel.

Si Luis Machin logra un C.S. Lewis con todo el estilo inglés y expresa perfectamente sus contradicciones y su velada admiración a Freud, es indudablemente Jorge Suárez el que lleva el peso de la obra y arrolla con un trabajo preciso, contenido, absolutamente admirable. La pareja actoral se apoya uno en el otro para ir potenciándose y sacar lo mejor de cada uno, brillando con dos actuaciones memorables.
El Freud moribundo de Suarez es impactante, impecable en su construcción gestual y en los detalles y es uno de los grandes trabajos del año -sino el más- en materia teatral.
Otra gran puesta de Veronese, obsesivamente detallista y con un grado de compromiso tal en sus actuaciones que hacen de "La última sesión de Freud" una obra valiosa y digna de ver.

La Cabra (*** 1/2): Charlie (Julio Chávez) acaba de ganar otro premio en su carrera  y aunque su vida junto a su esposa Julia (Viviana Saccone) y su hijo Willy (Santiago García Rosa) parece estar en armonía, hay algo bajo la superficie que está asomándose y que no romperá ese delicado equilibrio.

Charlie no dudará en confesarle a su mejor amigo Axel (Vando Villamil), que es lo que realmente está sucediento: está engañando a su esposa con Sylvia... Y quién es Sylvia?
Sylvia es una cabra (justamente la cabra que da título a la obra) y con esta verdad revelada, Edward Albee logrará una vez más penetrar con su mirada despiadada al mundo de la pareja.

Con su bisturí disecciona como ya lo ha hecho con "Quién le teme a Virginia Wolff?" básicamente a las relaciones de pareja  pero se hablará también del amor, la traición, el enamoramiento, los deseos, las pulsiones, todo esto dentro del marco de la familia y la pareja.
Con dirección del propio Chávez, la obra de Albee desplegará un sinnúmero de connotaciones que se van estructurando alrededor de un espiral de violencia con el que la pareja intenta comunicarse para resolver la situación.
Con tintes de la ya mencionada Virginia Wolff y algo de "La guerra de los Roses" en cuanto al estallido de violencia dentro de la pareja, Julio Chavez brilla en el texto de Albee y transmite exactamente su enamoramiento por Sylvia, sus dudas, su derecho a ser feliz, su inocencia frente al amor que encontró sin proponérselo.
Viviana Saccone, por su parte, también logra una composición con diferentes capas y matices pero se luce justamente en los momentos de mayor estallido con un fuerte compromiso físico en las situaciones más arriesgadas.
Lamentablemente desentona completamente con el tono de la obra Santiago García Rosa en el papel del hijo que hace perder pie en ese adolescente que interpela a su padre por el desmoronamiento que está provocando.

1 comentario:

Sebastian N. dijo...

Me han hablado muy bien de La última sesión de Freud. Tendré que verla. Ah, te quería comentar que estoy organizando otro evento entre blogs y me gustaría que formes parte ingresa en el link (filmfocus-la.blogspot.com.ar/p/festival-film-focus.html) y enterate de más saludos.