martes, 26 de junio de 2012

Adiós a la inocencia

"Cómplices"
de Frédéric Mermoud
con Emmanuelle Devos, Gilbert Melki, Nina Meurisse y Cyril Descours



Debutante en su primer largometraje de ficción Frédéric Mermoud, elige mostrar, bajo el manto de un policial tradicional (el famoso polar francés), ciertos elementos que componen un rompecabezas donde dos jóvenes enamorados juegan en todo momento al borde del peligro en un espiral descendente que obviamente, no tendrá un final feliz.

Vincent y Rebecca, no son más que dos adolescentes. Y claramente pertenecen a dos extracciones sociales y mundos completamente diferentes. Casi como un flechazo, ese amor a primera vista, se conocen en un cybercafé y comienzan una relación.
Ella muchísimo más tímida e inocente, aparentemente sumergida en una historia en donde le faltan modelos adultos  (su padre no aparece durante el film y su mamá, azafata, aparece y desaparece por temas de trabajo) es casi la "presa" ideal para comenzar a mimetizarse con el universo que le ofrece Vincent, con una historia mucho más oscura que lo que aparenta en la superficie cuando apenas ella lo conoce.

Tan sólo dos meses más tarde, el cuerpo de Vincent aparece flotando en el río Rhone y al mismo tiempo Rebecca se encuentra desaparecida. El teniente Hervé Cagan (Gilbert Melki) y su socia Karine Mangin (Emmanuelle Devos, brillante como siempre) quedarán a cargo de esta investigación que se contará a modo de gran flashback durante toda la película.


Como en un juego de doble relato, hay en "Cómplices" dos "parejas" que cuentan en diferentes capas, cada una su historia.
Por un lado, la de los amantes adolescentes, Vincent y Rebecca, en la que el entramado se irá develando lentamente con un inicio que se presenta se presenta simple y como una historia de amor adolescente casual y que luego ya adentrados en el film, comenzará a complicarse, sobre todo cuando Vicent lleve a Rebecca al mundo de la prostitución juvenil.

Del otro lado, Hervé y Karine, pasando los '40, tambien cuentan una historia de compañeros de trabajo, de amores desencontrados y de mutua complicidad y por sobre todo de mutuo entendimiento. Así entonces Mermoud presenta la narración fragmentada en dos generaciones, dos historias de parejas -aunque la de Hervé y Karine no sea una pareja en el sentido estricto de la palabra-, dos narraciones, que se interconectan en forma permanente.

Mermoud logra poner una mirada amorosa para cada una de sus cuatro criaturas y es dulce y pasional cuando es necesario, y violento y crudo a la vez en su manera de filmar.
Al ingresar en el terreno de la prostitución juvenil, el film debe obligatoriamente cambiar completamente el registro inicial y verse más comprometido que un simple policial, y quizás sea éste el elemento que hace que "Cómplices" pueda tener un interés extra más allá del simple tema de develar el culpable, atraviesa mucho más lejos la frontera del simple whodunit

La manera en que el director, siendo además éste su primer filme, logra resolver ciertas cuestiones vinculadas con temas delicados que aparecen en el guión sin que las escenas pierdan en ningún momento la fuerza y la veracidad que la historia necesita, es realmente un punto que juega absolutamente a favor de los resultados de un policial con algunas implicancias de relato social, más allá de la mera historia policial.

Nina Meurisse y Cyril Descours en la piel de los adolescentes enamorados, logran dos trabajos sinceros y absolutamente entregados, sobre todo Meurisse en el papel de Rebecca que tiene muchísimas más modificaciones a lo largo de la historia, en donde a través del la situaciones que debe atravesar, la jóven va perdiendo su mirada de inocencia, su costado casi naïf del inicio, para penetrar en una trama más cruel y más descarnada.
Si bien los dos adolescentes son el punto central del guión, la historia paralela que desarrollan estos compañeros de trabajo encarnados por Melki y Devos -con una química perfecta en pantalla- abundan en apuntes interesantes sobre la vida de cada uno de ellos y ciertas situaciones de su pasado, que se reviven en el caso de los amantes adolescentes.



La ida y vuelta entre las dos narraciones y los puntos de conexión, forman la complicidad del título y las cuatro actuaciones son un plato fuerte de este estreno frances. Con una buena estética e imágnes cuidadas en los momentos más duros del film, el debutante Frédéric Melmoud logra un equilibro entre los dos universos y logra una narración compacta.
Quizás pueda decirse que el tono general del film no está acorde con la resolución final, pero aún así tiene muchos puntos a favor para lograr el interés y demostrar que el cine francés puede dar un producto policial interesante sin necesidad de exhudar aroma a pochoclo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Lo atractivo de la película es su efectiva manera de articular, por un lado, el drama que surge dentro de la relación entre Vincent y Rebecca con el desarrollo de la investigación policial y, por otro lado, el romance de dicha relación con la tensión amorosa y el drama individual de Hervé y Karine, la pareja de policías. Entre medio, y gracias a la libertad con la que el cine francés se anima a tratar ciertas temáticas, se muestra una mirada sobre el comercio de las fantasías sexuales y la prostitución, mirada que parece asociarse (de paso) a una cierta visión sobre el matrimonio y la alta clase social. Además, ambos jóvenes crecen en un círculo familiar disfuncional y con padres ausentes, tema (la paternidad/maternidad) que también se lee en algunos diálogos que describen las realidades de Hervé y Karine. Celos, soledad, perversión y, sobre el final, por fin puedo unir del todo el film con su título… buen cierre, polémico.www.quecinemirar.blogspot.com