jueves, 28 de junio de 2012

Cantando bajito me voy para el campo

"El Campo"
de Hernán Belón
con Leonardo Sbaraglia, Dolores Fonzi, Matilda Manzano, Pochi Ducasse y Juan Villegas


Eliza (Dolores Fonzi) y Santiago (Leonardo Sbaraglia) van en un auto, junto con su hija en el asiento de atrás. Conducen de noche por una carretera hasta llegar a una casa de campo. Abren la tranquera y parecen haber llegado al punto de destino.
¿Descanso del stress de la ciudad por unos dias?
¿Un fin de semana (largo) lejos de la rutina?
¿Visitarán algunos amigos?

A la siguiente escena nos daremos cuenta que no pasa nada de eso.
Pareciera que Santiago y Eliza están transitando ese momento preciso en que quieren dar una vuelta de página, arrancar nuevamente su historia ahi, en esa casa de campo que compraron por algunas fotos que vieron y se lanzaron a la aventura. Una casa completamente alejada de todo. Algo que a primera vista se presenta como idea para poder empezar de cero.

El guión de Hernán Belón y Valeria Radivo elige contarnos la historia, desarrollando diferentes situaciones de la pareja -los vinculos de cada uno con su hija, su intimidad, la llegada al lugar, sus inquietudes- pero sin poner demasiadas palabras para dejar expresamente citado nada.
Es básicamente el gran mérito de la película, el hecho de ir entretejiendo muy sutilmente el entramado de esta pareja a modo de un collage con las sensaciones de cada uno de ellos. Cómo perciben el lugar, la casa, el nuevo entorno, este nuevo territorio en el que comienzan a jugarse situaciones nuevas y otras ya muy conocidas por ambos se reviven, sólo que en un nuevo escenario.

A primera vista, para Santiago, todo parece ser para mejor. Es imposible que este proyecto haya sido generado sin su fuerza. Y aún cuando la casa está completamente abandona, con muchos arreglos para hacer, poco acogedora sobre todo para ir en una época de invierno y con una criatura, aún cuando el ambiente no parece ser el adecuado, su interés por apostar a ese nuevo proyecto como salvataje es evidente. Hace grandes esfuerzos por convencer a Eliza que será lo mejor para ellos.

Eliza -que es claramente el personaje al que el guión atiende constantemente y sobre el que recarga el peso de la trama-, por su parte, deposita en esa casa todos sus miedos, su ambivalencia, sus imposibilidades, su inseguridad.  Para Eliza el campo se presenta agresivo, salvaje, un terreno plagado de incertidumbre.

Y hasta los vecinos que puedan llegar a acercarse (un interesante trabajo de Pochi Ducase como la vecina) le plantean una  desconfianza, llegan a desestabilizarla, la enfrentan con sus partes más oscuras.

El aire que se respira en "El Campo" es un aire de tensión, casi de peligro permanente.
En cualquier momento alguna de sus criaturas pareciera que van a ser surcadas por la tragedia y eso es lo que mantiene en vilo al espectador.
Se respira un aire enrarecido, un extraña violencia -que pareciera ya conocida por la pareja en su manera de vincularse- que se desata solapadamente en algunas situaciones, aún cuando en la superficie y en algunas otras escenas, pareciera que reina la armonía.

Dosificando los elementos que muestra y en función a que cada espectador pueda ir armando con su propia mirada ese nuevo mapa, el guión y la dirección de Belón tiene un fuerte apoyo en dos actuaciones impecables.

Leonardo Sbaraglia como Santiago transmite esa fuerza de encarar un nuevo proyecto, de salvar sus afectos y darle curso a su vida aún cuando percibe que quizás pueda estar equivocado. Construye a Santiago con esa violencia contenida frente a algunas cuestiones con Eliza mientras y a su vez, un hombre que despliega muchísima dulzura en el vínculo con su hija (son realmente notables algunas miradas y gestos de Matilda Manzano en algunas escenas que comparten).

Pero el lucimiento, con mayores matices -como ya fuera apuntado desde una mirada más compleja que le aporta el guión-, con muchos más repliegues, con una constante ambivalencia es la Eliza de Dolores Fonzi en un punto de madurez como actriz, notable para su carrera. Temerosa en ese ambiente que le resulta sumamente hostil, que la angustia y la atrapa, liberada en sus momentos de "locura", sumisa ante la violencia escondida de los otros personajes se permite habilitar varios registros y todos los transita con mucha convicción y con un rostro sumamente cinematográfico que la cámara sabe destacar.

Con un amplio recorrido por diversos festivales (Venecia, Settimana della Critica / Mar del Plata 2011, en Competencia latinoamericana Premio Feisal (Mejor director) / Amiens, Competencia oficial Premio especial del jurado y Premio Mejor Actor para Leonardo Sbaraglia / Flandes, Premio Mejor Sonido / Reikjavik, Selección Oficial / Muestra de cine Argentino de Leipzig, Primer premio (Mejor película) / Doha, Competencia Oficial / La Habana, Panorama Latinoamericano / Trondheim, Selección Oficial / Ultrech, Selección Oficial / Málaga, Competencia Latinoamericana) "El Campo" se convierte en un pequeño ejercicio cinematográfico notable, delicado.
Una historia que permite varias lecturas desde la conquista de un nuevo lugar hasta la radiografía de una pareja en crisis que apela a esa casa, ya destruida, para volver a recomponerse. Y Belón logra transmitirnos toda esa complejidad ante la tomar de una (o más) decisiones de las que en el momento de tomarlas, parecen trascendentales.

martes, 26 de junio de 2012

Adiós a la inocencia

"Cómplices"
de Frédéric Mermoud
con Emmanuelle Devos, Gilbert Melki, Nina Meurisse y Cyril Descours



Debutante en su primer largometraje de ficción Frédéric Mermoud, elige mostrar, bajo el manto de un policial tradicional (el famoso polar francés), ciertos elementos que componen un rompecabezas donde dos jóvenes enamorados juegan en todo momento al borde del peligro en un espiral descendente que obviamente, no tendrá un final feliz.

Vincent y Rebecca, no son más que dos adolescentes. Y claramente pertenecen a dos extracciones sociales y mundos completamente diferentes. Casi como un flechazo, ese amor a primera vista, se conocen en un cybercafé y comienzan una relación.
Ella muchísimo más tímida e inocente, aparentemente sumergida en una historia en donde le faltan modelos adultos  (su padre no aparece durante el film y su mamá, azafata, aparece y desaparece por temas de trabajo) es casi la "presa" ideal para comenzar a mimetizarse con el universo que le ofrece Vincent, con una historia mucho más oscura que lo que aparenta en la superficie cuando apenas ella lo conoce.

Tan sólo dos meses más tarde, el cuerpo de Vincent aparece flotando en el río Rhone y al mismo tiempo Rebecca se encuentra desaparecida. El teniente Hervé Cagan (Gilbert Melki) y su socia Karine Mangin (Emmanuelle Devos, brillante como siempre) quedarán a cargo de esta investigación que se contará a modo de gran flashback durante toda la película.


Como en un juego de doble relato, hay en "Cómplices" dos "parejas" que cuentan en diferentes capas, cada una su historia.
Por un lado, la de los amantes adolescentes, Vincent y Rebecca, en la que el entramado se irá develando lentamente con un inicio que se presenta se presenta simple y como una historia de amor adolescente casual y que luego ya adentrados en el film, comenzará a complicarse, sobre todo cuando Vicent lleve a Rebecca al mundo de la prostitución juvenil.

Del otro lado, Hervé y Karine, pasando los '40, tambien cuentan una historia de compañeros de trabajo, de amores desencontrados y de mutua complicidad y por sobre todo de mutuo entendimiento. Así entonces Mermoud presenta la narración fragmentada en dos generaciones, dos historias de parejas -aunque la de Hervé y Karine no sea una pareja en el sentido estricto de la palabra-, dos narraciones, que se interconectan en forma permanente.

Mermoud logra poner una mirada amorosa para cada una de sus cuatro criaturas y es dulce y pasional cuando es necesario, y violento y crudo a la vez en su manera de filmar.
Al ingresar en el terreno de la prostitución juvenil, el film debe obligatoriamente cambiar completamente el registro inicial y verse más comprometido que un simple policial, y quizás sea éste el elemento que hace que "Cómplices" pueda tener un interés extra más allá del simple tema de develar el culpable, atraviesa mucho más lejos la frontera del simple whodunit

La manera en que el director, siendo además éste su primer filme, logra resolver ciertas cuestiones vinculadas con temas delicados que aparecen en el guión sin que las escenas pierdan en ningún momento la fuerza y la veracidad que la historia necesita, es realmente un punto que juega absolutamente a favor de los resultados de un policial con algunas implicancias de relato social, más allá de la mera historia policial.

Nina Meurisse y Cyril Descours en la piel de los adolescentes enamorados, logran dos trabajos sinceros y absolutamente entregados, sobre todo Meurisse en el papel de Rebecca que tiene muchísimas más modificaciones a lo largo de la historia, en donde a través del la situaciones que debe atravesar, la jóven va perdiendo su mirada de inocencia, su costado casi naïf del inicio, para penetrar en una trama más cruel y más descarnada.
Si bien los dos adolescentes son el punto central del guión, la historia paralela que desarrollan estos compañeros de trabajo encarnados por Melki y Devos -con una química perfecta en pantalla- abundan en apuntes interesantes sobre la vida de cada uno de ellos y ciertas situaciones de su pasado, que se reviven en el caso de los amantes adolescentes.



La ida y vuelta entre las dos narraciones y los puntos de conexión, forman la complicidad del título y las cuatro actuaciones son un plato fuerte de este estreno frances. Con una buena estética e imágnes cuidadas en los momentos más duros del film, el debutante Frédéric Melmoud logra un equilibro entre los dos universos y logra una narración compacta.
Quizás pueda decirse que el tono general del film no está acorde con la resolución final, pero aún así tiene muchos puntos a favor para lograr el interés y demostrar que el cine francés puede dar un producto policial interesante sin necesidad de exhudar aroma a pochoclo.

miércoles, 20 de junio de 2012

Escribiendo cartas a Paris

"Un suceso feliz"
de Rémi Bezançon
con Louise Bourgoin, Pio Marmai, Josiane Balasko, Firmine Richard y Thierry Frémont


Rémi Bezançon después de "Amor de familia - Le premier jour du reste de ta vie" (estrenada en nuestro país el año pasado) elige llevar a la pantalla la existosa novela autobiográfica de Eliette Abecassis sobre una pareja jóven, sin hijos,  que comienza a armar una vida en común. 
El suceso feliz al que refiere el título es la llegada de su primer hijo, que quiebra profundamente ese universo de soltería para cambiar por completo su vida cotidiana.

Un estilo particular para narrar aparece ya desde la manera en que nos presenta a los personajes, con un juego ingenioso e divertido en el que los protagonistas juegan a seducirse mediante la cajitas de filmes del video club que atiende Nicolás (Pio Marmai). Ella, Bárbara (hermosa y super expresiva Louise Bourgoin de "La fille de Monaco" en un trabajo comprometido del que sale totalmente con honores) es candidata a un PhD y se encuentra preparando su tesis final.

Este primer acercamiento de Nicolás y Bárbara dentro de un mundo casi idílico, soñador y sentimental se presenta con una estética que remite, aunque quizás algo lejanamente a la estética propia del cine de Jean-Pierre Jeunet. Mundo que contrasta también con el tratamiento visual de la segunda parte del film, menos poético y más realista, cuando el director comience a poner en marcha su verdadera tarea.

 
En palabras del propio director, el objetivo del film ha sido el de romper con todos los tabúes, con esos temas que la sociedad francesa elige no hablar.
Primeramente, lo que más resalta durante todo el relato es romper con esa dificultad de sincerarse y dejar claro que no todos los sucesos que rodean a la maternidad son perfectos, dulces y gratificantes. El personaje central, Bárbara, atraviesa una enorme cantidad de contradicciones: desde la revolución hormonal, un nuevo físico, la imposibilidad de dormir y descansar correctamente, los cambios en la sexualidad de la pareja y la dificultad de incluir a ese nuevo integrante de la familia -entre tantas otras-.
 
Todas y cada una de ellas, son analizadas en la historia imaginada por Abecassis y ahora retransmitidas por Bezançon con muchísima honestidad y sin tomarlas livianamente.
 
Pero el estilo con el que elige encarar estos temas es completamente opuesto al dramatismo y la supuesta seriedad con la que debieran abordarse. Prefiere atravesarlos mediante situaciones y diálogos que se van articulando en forma de espejo fiel y los retrata con completa naturalidad y con una simpleza tal que facilita el acercamiento y la empatía del espectador hacia un tema que no ha sido siempre tratado por el cine de esta manera.

En otra línea de trabajo, apunta también a ensayar una explicación para un tema que obviamente existe, pero del que poco se habla: el de las estadísticas que indican que hay un gran porcentaje de parejas jóvenes que se separan durante el primer año después de tener su primer hijo.
  
La llegada de este bebé plantea en palabras de Bárbara "Me ha obligado a ir al fondo de las cosas, a superar mis límites, me ha confrontado con lo absoluto: del amor, del sacrificio, de la ternura del abandono. Me ha dislocado, transformado. ¿Por qué nadie me lo había anunciado ? ¿Por qué nadie habla de ello ? ".
Y tanto la escritora como el director dan respuesta mediante un retrato simple y sincero, valiente y sin tapujos del atravesamiento de este momento tan particular y de las crisis que se presentan en el momento en donde supuestamente todo debiese ser felicidad.

Bezançon  trabaja con una idea casi rupturista dentro del cine francés y habla de la maternidad desde un lugar nuevo y poco conocido. No obstante, uno de los puntos fuertes es que el guión no pierde en ningún momento una mirada amorosa hacia sus personajes y no olvida en ningún momento el buen humor que hace más facilmente digerible el hecho de lidiar con temas urticantes.


Con una cantidad de detalles que abren diferentes y pequeñas lineas de interés (la incapacidad de Nicolás para salir de su mundo de juego y hacerse cargo de las responsabilidades, los miedos, las angustias, los apremios económicos, el posponer proyectos para darle lugar a este nuevo bebé, la sensacion de "no vamos a poder con esto" que aparece sobre todo en Bárbara cuando tiene que salir de la clínica al mundo con su criatura), cada detalle está impecablemente fotografiado y retratado por Bezançon sin grandes parlamentos ni discursos enciclopedistas, sino, por el contrario, a través de situaciones y detalles que la cámara retrata formando un grupo de "polaroids" de la nueva vida de la pareja.


Y como si con la llegada de este nuevo integrante de la familia, la pareja no tuviese suficiente, también tendrá que lidiar con las opiniones y encuentros/desencuentros con las respectivas familias políticas.
La obstetra ya les había advertido que no debían hacerle caso a nadie del entorno, pero mal que les pese, tendrán que incorporar también en su nuevo orden a la fuerte presencia de las "suegras", que son también figuras fuertes dentro del film.
Sobre todo el personaje de la madre de Bárbara (en la piel de Josiane Balasko, la protagonista de "El encanto del Erizo", quien también tiene trabajos en la dirección como "Cama para Tres" con Victoria Abril y "La Cliente" con Nathalie Baye) quien tiene las lineas más hilarantes del guión, que permite otro gran trabajo y el lucimiento de Balasko y que nos acerca además una resignificación del lugar de la madre cuando Bárbara es también, ahora, madre.

Un enorme placer, una perlita dentro del nuevo cine francés, completamente disfrutable de principio a fin con una mirada sincera, honesta, despojada de las convenciones, que deja abiertas muchas lineas para la reflexión y el café después del cine. Una delicia.