viernes, 3 de febrero de 2012

Tilda cria cuervo(s)

"Tenemos que hablar de Kevin"
de Lynne Ramsay
con Tilda Swinton, John C. Reilly y Ezra Miller

Tan desordenada como la mente de Kevin, la tercer película de Lynne Ramsay (de quien se vio en nuestro pais "El viaje de Morvern - Morvern Callar" con Samantha Morton), nos presenta un puzzle para que vayamos descontruyendo a medida que transcurren las escenas.
Nada está narrado cronológicamente y es quizás en ese punto donde radica  el mayor interés que tiene el espectador en ir descubriendo lentamente el suceso impresionante que fue el punto de inflexión para esta familia tipo y que la ha diezmado por completo.

No es tarea simple penetrar en el universo que plantea la directora, sin embargo hay algo hipnótico en cada una de las escenas, sobre todo en aquellas en donde Kevin transita entre sus 6 y 8 años y se muestra naturalmente el grado de violencia y de maldad con el que trata a su madre Eva (nuevamente un trabajo más que descollante de la gran Tilda Swinton injustamente olvidado a la hora de las nominaciones a los premios Oscar de este año).

En forma casi permanente se establece la duda de si Kevin es el resultado de una imposibilidad de empatizar con el mundo que lo rodea, si sencillamente es un niño "dificil" que su madre no puede ni pudo manejar o si hay un componente natural para que Kevin se incline a desplegar su maldad gozando en cada uno de sus actos. O es más fuerte el deseo de llamar la atención que borra los límites de cualquier normalidad y lo conduce a una especie de locura? Es una reacción casi lógica a la falta del amor filial de su madre?
Narrada casi permanentemente desde el punto de vista de Eva y entretejiendo y conectando diferentes imágenes y momentos que su mente asocia desordenadamente, la narración se establece de una particularmente original. Casi construida como un "racconto" personal, el eje central es el derrotero moral que tiene la protagonista sobre el hecho de haber contribuido directa o indirectamente a la formación de un "monstruo" dentro de un ambiente familiar en donde se intentó dar lugar a la comprensión pero quizás faltaron establecer claramente los limites.

Ezra Miller también brilla en los momentos más psicópatas de Kevin donde una mirada punzante y diabólica desestabiliza a una madre que no sabe cómo contenerlo, cómo reaccionar.
Kevin además disfruta mostrándole a su padre una cara antagónica, completamente opuesta, a la que muestra con su madre y  estableciendo de esta forma un peligroso triángulo entre ellos.


Pero son mucho más despiadadas todavía las escenas que protagoniza el pequeño Jasper Newell que representa a Kevin durante su infancia. El grado de maldad y manipulación de este pequeño Kevin generan una repulsión muy fuerte en el espectador. La imposibilidad de Eva de traspasar prematuramente algunas barreras y ofrecer su amor hace que las cosas paulatinamente se sumerjan más en las aguas del descontrol y la violencia.

Mediante algunas escenas donde la madre es juzgada y menospreciada en la mirada social nos vamos dando cuenta del impacto que ha tenido lo que Kevin ha hecho -un drama que ha pasado de la intimidad de su casa, de su nucleo familiar a un estado público-, pero el rompecabezas se irá armando a medida que el guión aporte mayores datos. Siempre nutriéndose del impacto de una escena, de un acto, sin abundar demasiado en palabras -los dialogos son más bien líneas cortas y lacerantes entre los personajes y en las primeras escenas hasta pareciese que Kevin padece de autismo por la falta de comunicación verbal con sus padres -, luego se irá develando eso tan terrible que ha sucedido y que es el eje central de la historia.
Y allí, mostrando sólo algunos elementos para que de a poco se vaya develando lo que Kevin ha hecho, es donde la película de Ramsay gana en complejidad narrativa y en contundencia dramática.


Con un registro lacónico y a la vez directo, Lynne Ramsay logra sumergirnos en el universo de esta familia contando con Tilda Swinton para Eva en una labor intensa y acertada, transmitiendo en sus miradas la desesperación y la angustia que la embarga, John C. Reilly como el padre y como ya fuese dicho acierta con Ezra Miller y Jasper Newell para duplicar la maldad de Kevin y hacerla traspasar la pantalla.

Cualquier familia quisiera ocultar los problemas, lo que subyace, "lavando los trapos sucios en cada casa". Pero lamentablemente la fuerza de la psicopatía de Kevin hace emerger el problema causando irreparables consecuencias y en  "Tenemos que hablar de Kevin" queda también explícita esa marca de que todo lo que no se resuelve termina impactando fuertemente quizás en un punto donde no haya retorno ni solución alguna.
Tenemos que hablar de Kevin y de tantas otras cosas....

1 comentario:

Rodrigo Moral dijo...

Me encantó tu publicación sobre esta película, y creo que nuestros análisis tienen muchísimos puntos en común. Todo un trasfondo psicológico y sociológico que intenta explicar que, por alguna falla (falta de comunicación con gente de su edad, genética, relación de desprecio entre madre e hijo), Kevin es quien es. Con pequeñas cosas (como por ejemplo, una flecha) se muestra que la frágil mente del niño absorbe todo, y uno como padre debe estar preparado realmente para responsabilizarse de quien, en definitiva, se convertirá en una extensión de su propia personalidad.

Excelente crítica, excelente película.

Saludos!