sábado, 15 de diciembre de 2012

Arácnidos Escolares

"La inocencia de la araña"
de Sebastián Caullier
con Juan Gil Navarro, Lourdes Rodas, Renata Mussano, Gabriela Pastor y elenco


Básicamente "La inocencia de la araña" se plantea como una historia de obsesiones, de pérdida de límites, de reacciones enfermizas y desde el lugar que lo plantea, es realmente un lugar interesante y nuevo para el cine argentino, una zona poco visitada. Una apuesta fuerte.

Sebastián Caulier en su debut cinematográfico, sitúa a la historia en un colegio secundario que seguramente tiene algunas reminiscencias y  recuerdos de su propia infancia y adolescencia.
El escenario fundamental es un colegio secundario formoseño en donde dos de las alumnas, Camila y Daniela, se enamoran de su nuevo profesor de biología. El profesor es Manuel (Juan Gil Navarro), quien vuelve a su ciudad natal desde una Buenos Aires en la cual no pudo ubicarse y por más que claramente detenta un perfil bajo, ese aire del "extranjero" que vuelve al pueblo lo hace doblemente intrigante y atractivo tanto para sus dos alumnas (el resto de la clase parece bastante apática con su presencia o con la de cualquier otro profesor) como para la gente del pueblo.

Y en ese espacio de enamoramiento adolescente donde pueden mezclarse muchísimos elementos, Camila y Daniela, atraviesan todos los límites. Un espacio que contiene elementos de fantasía y de realidad, en un campo más imaginario que posible, internándose casi al borde del delirio, de lo platónico, de los amores imposibles, sin darse cuenta, las dos adolescentes comienzan a elaborar un espiral de celos, envidia y venganza que tiene en el centro de la escena a Manuel.

Pero lo que se plantea desde un inicio con lineas argumentales interesantes, no puede sostenerse tanto por la debilidad de un guión que se estructura como demasiado básico y previsible, con una historia elaborada sólo desde la superficie y sin demasiado contenido, pero sobre todo por las actuaciones, que se conforman como el peor enemigo de la película.
Exceptuando a Juan Gil Navarro, gran actor todo terreno que ya ha demostrado con creces que puede sostener distintos papeles y en distintas cuerdas, el resto de los actores suenan completamente disonantes a lo que quieren plantear las escenas y solamente él parece ser el único que está al servicio de la credibilidad de la historia.

Ana (Gabriela Pastor) es la profesora de Gimnasia con la que este profesor de biología intenta recomponer su vida amorosa en esta nueva ciudad. Ella será el objeto de los "disparos", de los "dardos"  de estas dos adolescentes perdidamente enamoradas, que intentarán por todos los medios alejarla de su objeto de deseo sin medir ningún tipo de riesgos. Siendo un rol fundamental para la historia que se pretende contar, Gabriela Pastor no logra darle credibilidad, exceptuando algunos pocos momentos en donde parece sentirse cómoda en los diálogos y las situaciones.

En un marco de actuaciones que asemejan más un acto escolar que una construcción cinematográfica (hay dos escenas donde habla una profesora de castellano que lidian con la vergüenza ajena), el guión y la historia de Caullier pierden lamentablemente intensidad y logrando por momentos el efecto completamente contrario al deseado -en la función a la que asistí el público reía a carcajadas en momentos en donde la historia supuestamente planteaba un conflicto de tintes dramáticos-.

Las dos adolescentes que tienen que llevar casi por completo el peso dramático de la historia, tendrán además que lidiar con un guión que las expone a situaciones poco convincentes (las intromisiones en la casa del profesor son completamente increíbles, por ejemplo).
Pero tanto Lourdes Rodas como Renata Mussano, no logran tener la frescura que suelen reflejar en pantalla los actores infantiles. Sus lineas parecen no fluir claramente, como si el texto hubiese sido extremadamente memorizado y por lo tanto, pierden naturalidad e incluso tiene serios problemas en un esquema de pregunta-respuesta normal, donde aparecen silencios y pausas donde no debieran existir.

Si bien Caullier apunta a darle toques negros a la historia que hacen que el ritmo no decaiga por completo, lo apuntado anteriormente respecto de las actuaciones hace que en todo momento el film no logre tomar cuerpo y construirse en un producto cinematográfico sólido, quedando más identificado con una experiencia amateur o como trabajo práctico de alguna escuela de cine. Y como trabajo práctico, quedaría casi desaprobado.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Como destrozar una novela preciosa

"La delicadeza"
de Stéphane y David Foenkinos
con Audrey Tautou, François Damiens, Bruno Todeschini, Pio Marmaï, Mélanie Bernier y elenco

Cruzarse con una novela de David Foenkinos es dejarse arrastrar a un universo donde pueden conjugarse una historia de amor, una narrativa plena de humor -es dificil realmente escribir en tono de comedia y que el relato no pierda el interés ni decaiga en su nivel literario-, con una mirada realista, intensa y profunda al mundo de las relaciones personales y sobre todo, afinar la puntería en el complejo abordaje al tema de la pareja.
Tanto en las novelas  "Nos séparations" como en "La Délicatesse", Foenkinos traza una radiografía perfecta de cuarentones con problemas del corazón. Particularmente esta última, "La Delicadeza" ha sido multipremiada en todos los circuitos literarios -ganadora de diez premios- y debido a su notable éxito, seguramente habrá surgido la idea de trasladar esta historia a la pantalla grande. Es asi como el mismo autor se pone detras de las cámaras y junto con  su hermano Stéphane, afamado director de casting, se lanzan a la aventura de un debut compartido en el terreno de la dirección cinematográfica.

La historia es sumamente sencilla y está presentada con una hermosa introducción en la primer parte del film, en donde Nathalie (Audrey Tautou) y François (Pio Marmaï, a quien vimos recientemente en la notable "Un suceso feliz" Critica aquí) construyen una dulce y tierna historia de amor que se verá abruptamente interrumpida cuando el drama se precipite sobre ellos, cuando él muera en un accidente.

Nathalie transita incómodamente su viudez, este duelo completamente inesperado.
Pero aún cuando rechaza propuestas amorosas -por ejemplo la de su jefe- y se niegue a la posibilidad de recomponerse en ese plano, el amor vuelve a hacerse presente en su vida en la figura de un compañero de trabajo, Markus  (François Damiens, quien tiene una disparatada participación en la comedia "El rompecorazones") quien es el vivo retrato de un perdedor, un "looser" en el terreno sentimental.

La simpatía que despierta el film se construye a partir del encuentro de dos corazones solitarios, quienes inesperadamente se animan a darse una oportunidad, aún cuando desde afuera a todo el mundo le parece completamente imposible o impensado dado que claramente él no parece ser el hombre ideal para ella.
Si bien la narración no tiene la brillantez que tiene su original literario, dado que Foenkinos opta por un guión que recorre los caminos más convencionales del género, algunos momentos son contados con originalidad y el tono del film no pierde en ningún momento la simpatía con que intenta contarse la historia.
Pero lamentablemente una vez pasado el planteo inicial, el desarrollo de la historia no acierta al plantear un tono indefinido que tiene además una cierta morosidad que impide que se dé preponderancia y se desarrolle la veta de comedia que sólo aparece en algunas contadas ocasiones. Tampoco opta por el camino de la comedia romántica liviana, sino que al intentar huir de algunas convenciones, comienza a sumergirse en terreno pantanoso. Algunas idas y vueltas de los protagonistas que demoran la concreción de la historia de amor, lentifica el ritmo en perjuicio del interés del espectador y la historia solamente gana cuerpo en algunos momentos de voz en off (más literarios que cinematográficos) y sobre todo en la escena final donde realmente se rescata el espíritu original de la novela.

François Damiens dota de todo su potencial actoral a este Markus indeciso, tímido, inseguro, casi infantil al que se le presenta la oportunidad de enamorarse y se siente perdido en estas nuevas sensaciones alcanzando quizás a una mujer "demasiado ideal para él".

Del otro lado, Audrey Tautou pasea su lánguida figura, llena de mohines y del indiscutible sello "à la Amélie" -que quizás no logre sacarse de por vida-, sin encontrar la verdadera máscara que un personaje tan interesante y complejo como Nathalie, necesitaba.
Tautou en cambio, parece quedarse sólo en la superficie de su criatura, y hasta aparece como distante del sentimiento que debiera despertar esta heroína de Foenkinos descripta como una mujer que despierta pasiones amorosas y que además es exitosa y se desarrolla como una excelente profesional en su trabajo.

Aunque correcta, la química entre Damiens y Tautou no llega a impactar tan fuertemente como para que la historia de amor tenga la profundidad esperada para que uno logre meterse de lleno dentro de la película. La falta de empatía de Tautou con su personaje hace que toda la historia parezca narrada con un dejo de distancia, con un tono gélido e impostado y desde el exterior, cae nuevamente en sus conocidos fruncidos de labios y revoleos de ojos que ya confirmamos que Tautou usa para la mayoría de sus papeles.
Como compensación, los roles secundarios a cargo de Joséphine de Meaux (quien aparece en el estreno cinematográfico "Amigos Intocables" y que vimos en "Melanie, la fea"), Bruno Todeschini y el citado Pio Marmaï enriquecen y complementan a la pareja principal.

Lejos, muy lejos de la versión literaria, "La delicadeza" logra parcialmente contar una historia de amor que pretende estar por momentos alejada de las convenciones y en otro, aparece sumergida totalmente en ellas.
Con el paisaje de París de fondo y como marco para dos enamorados que han pasado los cuarenta, Foenkinos logra de todos modos un relato interesante aunque algo sinuoso y demorado, que es sinceramente auspicioso tratándose de su debut como director y que no pierde totalmente su espíritu liviano pero no ligero.

Y si, obvio! Con la Torre Eiffel iluminada, todo se hace más mágico...

sábado, 20 de octubre de 2012

Un reino digno de Wes Anderson

"Un reino bajo la luna" ("Moonrise Kingdom")
de Wes Anderson
con Jared Gilman, Kara Hayward, Edward Norton, Bruce Willis, Bill Murray, Frances McDormand, Tilda Swinton y  Jason Schvartzman


Hace unos cuantos años, allá por el primer BAFICI, se incluía dentro de la programación un gran pequeño film de Wes Anderson, era "Rushmore - Tres son multitud" y desde ese momento, creo que no hay otra alternativa posible, que seguir paso a paso su carrera -que aún con altibajos-, de una calidad singular.

A "Rushmore" le siguió el impresionante éxito de "Los excéntricos Tenenbaums" donde aparece manejando un reparto de primeras figuras. Obviamente entre los protagónicos está su actor fetiche Bill Murray y dentro de la disfuncional familia aparecían Anjelica Huston, Gene Hackman, Danny Glover, Gwyneth Paltrow, Owen Wilson, Ben Stiller... un reparto excepcional para una pintura de una familia con niños prodigios, enfemedades terminales, abandonos, encrucijadas emocionales y mucha pero mucha patología tratada con la más fina ironía y un humor extremadamente particular que se hizo como una marca personal del cine de Wes Anderson.

En el mismo sentido, aunque quízás no con la contundencia de los resultados, sus dos trabajos posteriores también ayudaron a construir un estilo típicamente "Andersoniano" tanto en el tratamiento visual de sus historias como en la estructura y construcción de su guión y las historias de sus personajes. Asi fue en "Vida acuática" y "Viaje a Darjeeling" y posteriormente incursionó en el terreno de la animación, aceptando nuevos desafíos y pintando una hermosa fábula como "El Fantástico Mr. Fox", lamentablemente,  no estrenada en nuestro pais con las voces de Meryl Streep y George Clooney.

Ahora es entonces la oportunidad de reencontrarnos con el mejor Wes Anderson en "Un reino bajo la luna", una historia ambientada en mitad de los sesenta y  nuevamente con una familia disfuncional en el centro de la historia.
Ya desde la escena inicial, donde presenta a cada uno de integrantes, con una impronta de casa de muñecas para cada una de las habitaciones,  es casi imposible no caer rendido a los poderes de Anderson como narrador y como cineasta.

Allí está la hija mayor de un matrimonio de abogados, Suzy (Kara Hayward) quien recientemente ha tenido un amor a primera vista con Sam (Jared Gilman), un niño tan inteligente como excluido socialmente. Una especie de flechazo inmediato e intelectual entre dos "freaks".
Podríamos llamarlos así a los dos adolescentes inmersos en el universo de Anderson?. Siendo "freaks" a lo Anderson, son absolutamente queribles y entrañables, completamente incomprendidos dentro de un universo donde no logran encajar y encontrar su lugar.
Con el frenético estilo de Anderson y mediante una historia epistolar fragmentada, iremos siguiendo las desventuras de estos adolescentes enamorados, hasta llegar a su programada fuga y su encuentro furtivo.

Ella escapará de su casa y él, renunciará a su campamento scout para encontrarse en un inhóspito lugar de la isla donde viven, para correr juntos los riesgos de una nueva aventura y de vivir el amor que sienten con sus doce años.

Dentro de la trama, desfilará una galeria de personajes secundarios, impecablemente elaborados por un elenco que no tiene absolutamente ninguna fisura y se muestra absolutamente homogéneo y todos en la misma sintonía.
Tanto el líder del campamento scout  que deberá encontrar a su scout prófugo en el medio de una manada inmanejable de criaturas (Edward Norton), el jefe de policía más incompetente que pueda imaginarse (Bruce Willis) quien a su vez no es ajeno a la historia de la familia de Suzy, una trabajadora de los servicios sociales que sale a la búsqueda de Sam (absolutamente desopilante el rol de Tilda Swanton) y los padres de Suzy (Frances Mc Dormand y Bill Murray) forman parte de un universo de adultos que el guión del mismo Wes Anderson sabe dibujar, bordeando los límites de lo patético, lo risueño, el delirio y la inmadurez. 
Es notable como todo ese universo adulto, como un revés de la trama, gira en torno a los dos adolescentes en fuga. Ellos parecieran tener mucho más claro lo que quieren y lo que sienten, incluso claramente pueden decirlo y actuar en consecuencia y allí es donde gana el humor sutil y la parodia autoreferencial en un "reino del revés" en donde los adultos se muestran aniñados y los niños como verdaderos adultos.

Nuevamente con un gran elenco a la cabeza, como en todas sus producciones, Anderson guía firmemente a sus personajes en un guión que tal como los prófugos adolescentes, sabe perfectamente lo que quiere y dónde quiere llegar y cómo quiere mostrarlo.
Sorprende nuevamente en un estética particular, retro, "sesentosa", dulcemente naïf, una banda de sonido especial y un guión colmado de delirio no sólo en sus diálogos sino también en las situaciones absolutamente alocadas que propone. Desde cada uno de los lugares posibles, acertar en poder demoler cada uno de los estereotipos que construye, pero sin hacerlo de una forma impiadosa, sino poniendo una mirada de ternura para cada una de sus criaturas.


Más allá de las magníficas actuaciones de las estrellas que Wes Anderson convoca esta vez (sumando además de los ya nombrados a Jason Schwartzman y Harvey Keitel en pequeñas pero jugosas apariciones) y contando con  Bob Balaban como el narrador que va sumando elementos al relato, los verdaderos protagonistas de la historia son Kara Hayward y Jared Gilman, absolutamente perfectos como Suzy y Sam, transmitiendo la inocencia, la convicción y el enamoramiento típico de la plena adolescencia.
Las escenas de Suzy leyendo (con unos diseños de arte en las cubiertas de los libros realmente bellísimas, cuyos artistas aparecen en los créditos finales) y la de los primeros encuentros íntimos están narradas con una sensibilidad y una candidez particularmente conmovedora.

Técnicamente impecables, creativa hasta en las escenas de los créditos iniciales y finales, es una historia absolutamente disfrutable de principio a fin, llena de magia, con un sentido del humor finísimo y exquisito y con una mirada tierna y mordaz a todo el micromundo que Anderson construye.

Y es una pena que una película tan original, tan bien contada y con actuaciones realmente brillantes haya quedado tan injustamente relegada en el circuito de premios de este año, fue nominada a unos cuantos Independent Spirit Awards (de los que lamentablemente se fue con las manos vacías), a un Golden Globe y a un Oscar dentro de la categoría de Mejor Guión Original.
Más allá de los premios, Anderson vuelve a demostrar que tiene todo un reino para desplegar ante nuestros ojos. Su reino bajo la luna.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Con una pequeña ayuda de mis amigos


"Dias de vinilo"
de Gabriel Nesci
con Gastón Pauls, Rafael Spregelburd, Fernán Mirás, Ignacio Toselli, Inés Efron, Maricel Alvarez, Emilia Attias, Carolina Peleritti y la participación de Leonardo Sbaraglia








Nesci, de probada solvencia en el guión televisivo con las dos temporadas de la serie "Todos contra Juan", prueba suerte ahora en el mundo del largometraje para contar la historia de cuatro amigos del barrio Damián, Marcelo, Luciano y Facundo, que se conocen desde los momentos compartidos en la infancia, punto de arranque de la narración con un ajustado uso de la voz en off que nos introduce en el relato y en cada una de las historias personales de los protagonistas.

Tal como reza el afiche de la película: "las relaciones son todo un tema", y desde allí ya nos presenta los ejes de esta historia de treintañeros: la música, la amistad y las mujeres.


Damián (Gastón Pauls en un papel que sin lugar a dudas remite a su televisivo "Todos contra Juan") es el guionista del equipo. En plena crisis después de haber roto su pareja con Ana (Carolina Peleritti) trata de redimirse con un segundo guión que le permita dejar atrás su imagen de cineasta liviano, con la comedia romántica "a cuestas" con el que ha logrado su moderado primer éxito. Se cruzara en el camino con Vera (Inés Efron) quien lo ayudará a recomponer su guión e intentará también emparchar sus problemas afectivos.


Luciano (Fernán Mirás) conduce un programa de radio y también sufre un desengaño amoroso con Lila (Emilia Attias) quien convierte en un hit una canción dedicada a él, contando las peores miserias de la pareja, que llega rápidamente a ser número uno en los rankings de todas las radios, inclusive en el programa del propio Luciano.

Su productora radial es Karina (Maricel Alvarez), novia de otro amigo del grupo, Facundo (Rafael Spregelburd) un compositor amateur de música y jingles, que comercializa tumbas para un jardín de paz.

El grupo también atraviesa un momento muy particular porque faltan pocos días para que Karina y Facundo se casen con todos los nervios, los preparativos y las dudas que suelen aparecer a último momento en los novios y terminan contagiando al grupo.


Completa el cuarteto Marcelo (Ignacio Toselli a quien vimos en "Buena Vida Delivery"), el líder de una banda tributo a los Beatles, que sueña con tocar en Liverpool. Toda su vida se altera cuando conoce a una centroamericana por chat, que cuando aparece en la puerta de su casa, es oriental y sus iniciales son Y.O. (Yenny Orozco). Como buen admirador y émulo de John Lennon, Yenny Orozco perturba su vida tal como Yoko Ono lo hizo en su momento con John.

Con estas cuatro líneas argumentales bien diferenciadas pero que a la vez se entremezclan, Nesci teje una comedia muy agradable que se aproxima al universo de las relaciones de pareja, el trabajo, los desengaños amorosos,  el desarrollo profesional y los proyectos personales en un universo sesgado por los treintaypico.

El papel de Gastón Pauls y su guionista en búsqueda de una identidad y de un estilo propio, aunque dubitativo en el camino que debe elegir,  le permite inclusive a Nesci autoreferenciarse permanentemente y reirse de su propia situación -y de la de cualquier cineasta argentino jóven- dentro del medio.

El guión aprovecha el ritmo de sitcom  y sabe construir situaciones sumamente divertidas, sobre todo, en los pasos de comedia del personaje de Marcelo (con muy buen timing por parte de Ignacio Toselli) con las situaciones de su banda y de la aparición de Yenny/Yoko, jugando además con guiños típicos de una época en complicidad con el espectador.


Si bien algunas situaciones se encuentran un tanto alargadas con una duración que va un poco en perjuicio del ritmo general (dura casi dos horas), la diversidad de las historias y la buena incorporación de personajes secundarios (con una brillante participación de Leonardo Sbaraglia casi parodiándose a si mismo o Gonzalo Urtizberea) hacen que la historia se pueda ver siempre con una sonrisa.

El elenco tiene al frente cuatro actores de diversas extracciones (Pauls es más televisivo mientras que Spregelburd proviene más del circuito teatral off y Mirás ha tenido trayectoria tanto en cine como en teatro como en televisión) que potencian aún más el espíritu de grupo. Cada uno parece tener un personaje escrito a su medida y se los ve sueltos, distendidos, divertidos, formando un equipo sólido y teniendo posibilidades de brillar cada uno en su momento.

Con las actuaciones femeninas, lamentablemente no pasa lo mismo.
Detrás una Karina tan bien cincelada por Maricel Alvarez (a quien vimos junto a Javier Bardem en "Biutiful") que asombra en el tono de comedia después de haberla visto en sus trabajos dramáticos, acompaña Inés Efron haciendo una vez más el mismo papel con la misma cadencia y con los mismos gestos de siempre (que ella sabe lograr y que si bien sabemos que su criatura queda cinematográficamente  simpática, ya está demasiado desgastada y parece calcada de "Cerro Bayo" "Amorosa Soledad" o "Medianeras").
Carolina Peleritti está correcta pero poco convicente y desafortunadamente Emilia Attias no se encuentra para nada a la altura del resto del equipo, con una actuación acartonada y con líneas de diálogo que, pronunciadas por ella, cuesta mucho que suenen creíbles y queda completamente desajustada del nivel general del film.


Asi y todo, más allá de los desniveles apuntados en algunas actuaciones, el guión tiene trazos inteligentes y divertidos y la historia es fresca y llevadera.

Una comedia que habla de la amistad, los sentimientos, las relaciones, los éxitos y los fracasos y lo hace sin perder el buen humor y las situaciones de comedia. Lo que ya es todo un logro.



lunes, 3 de septiembre de 2012

Somos mucho más que dos

"Dos más dos"
de Diego Kaplan
con Adrian Suar, Julieta Diaz, Carla Peterson, Juan Minujin y la participación de Alfredo Casero

Innegablemente, no por algo fue la película argentina que más espectadores convocó durante el año 2012 y ya desde la gráfica, los avances cinematográficos y la campaña publicitaria en televisión, "Dos más dos" se ha presentado como un producto sumamente atractivo.
Primeramente porque aborda un tema que todavía se sigue considerando como un tabú que es el mundo de  los "swingers", un universo que genera curiosidad  y despierta algunas fantasías. Si además se lo combina con que estas parejas se encuentran unidas por una amistad desde largo tiempo, pareciera que la fantasía es aún mayor.
Si a todo esto se le agrega que el cuarteto que protagoniza esta historia es un elenco de figuras que han sido probadas en todos los terrenos (cine, teatro, televisión -quizás Juan Minujín sea el más desconocido del cuarteto para el público masivo-) y con un fuerte atractivo personal y profesional cada una de ellas, la receta del éxito está prácticamente asegurada.
Sólo bastará acertar con el guión y con el director.
En cuanto al guión todo está planteado en forma clara y simple y el director Diego Kaplan, explota todos los resortes y mecanismos argumentales básicos sin complicar demasiado la propuesta inicial: entre dos parejas de amigos con estructuras familiares bastante diferentes, comienzar a circular el tema sexual y la idea de tener entre ellos una experiencia swinger.

Por un lado, el matrimonio que componen Adrián Suar y Julieta Diaz, con ganas de nuevas experiencias, de algo que reavive el terreno sexual dentro de la pareja que se encuentra algo dormido -algo que parece preocuparle más a ella que a él- Tiene una estructura familiar sólida con  muchos años de pareja a lo que se les suma un hijo atravesando la adolescencia.
Por el otro, la pareja que conforman Carla Peterson y Juan Minujín, es una pareja más libre, con códigos diferentes a los de sus amigos y que se permiten experimentar todo tipo de sensaciones. Una pareja más abierta, situación que quizás se vea favorecida, porque al no tener hijos, siguen siendo como "novios" aún después de mucho años de casados.

Ellos plantean este intercambio de parejas -en realidad la que más insiste y arranca con la propuesta es Betina, el personaje de Carla Peterson- desde un lugar mucho más liberado, desprejuiciado, casi superado, mientras que Suar y Diaz, por otro lado se desequilibran ante la sóla idea de llevar a cabo esa fantasía.
Mientras ella muere de curiosidad y de necesidad de encontrar en esa experiencia un poco de "pimienta" para la pareja, él se encuentra aferrado a todos sus prejuicios, preconceptos, mandatos y prácticamente no quiere hablar del tema.


Diego Kaplan (que arrancó en el cine en 1997 con la super independiente "Sabés Nadar?" y que luego con "Igualita a mi" logró armar un producto comercial de probada eficacia sin restarle calidad a la propuesta) se anima ahora a tratar este tema en un tono básicamente de comedia con algunos toques más arriesgados.
Lo más interesante del guión, es que una vez superado el paso de comedia inicial con la aparición de la propuesta de intercambio, irá mostrando el tránsito de cada una de las personalidades: las posturas que parecen tan claras en un inicio, una vez que la idea del intercambio se eche a rodar y finalmente se haga realidad, irán cambiando ante cada una de las situaciones y los encuentros.

Kaplan acierta en mostrar la dualidad y los constantes cambios por los que atraviesan los personajes, dejándolos sencillamente fluir con todas las contradicciones y poniéndolos a jugar en un escenario que no los sentencia ni los juzga, sino que los enfrenta a sus propias decisiones, algunas en la cuales ya no se puede volver atrás.
La excusa de esta propuesta swinger sirve de disparador para hablar sobre la lealtad y la fidelidad, las fantasías sexuales y el rol de los deseos en la pareja, la comunicación, el ser escuchado y comprendido y, en un nivel más global, sobre las idas y vueltas en las relaciones humanas.

Cada uno en su personaje, logra dar en la tecla y construir casi cuatro prototipos que se conjugan en pantalla. Adrián Suar vuelve con una criatura que está escrita a su medida, con sus tics, sus manías y todos los guiños que le sientan bien. Julieta Diaz en su ambivalencia de amar a su marido y querer experimentar algo nuevo es quizás la más "tironeada" del grupo, la que tiene se presenta con un mayor compromiso dramático y justamente Diaz tiene la posibilidad de generar tonos de comedia y de drama con mucha soltura y moverse de un lugar a otro con plasticidad.
Quizás un poco más relegada por el guión, la pareja de Carla Peterson y Juan Minujín, tienen de todas formas su momento de lucimiento. Peterson vuelve a desplegar su belleza en pantalla componiendo a una mujer sin tantas ataduras  como su amiga y Minujín encuentra el tono exacto para ese Richard aventurero y desprejuiciado.  

Y si bien en este juego de intercambio se han fijado reglas claras, las reglas parecen haber sido hechas para romperlas... cuando todo parece lograr un equilibrio, algo se complica -como suele pasar en las relaciones humanas- y ahí los personajes quedarán enfrentados a tomar decisiones más drásticas.

Kaplan elige que lo que se habla sea mucho más osado que lo que se ve. La cámara aún en las escenas donde supuestamente puede despertarse un ojo más transgresor, elige guardar pudorosamente cierta distancia y conserva cuidadosamente su límite para no nunca pasarse de la raya.
"Dos más dos" queda entonces construida desde un planteo innovador, atractivo para el espectador, pero elige cautelosamente no avanzar tanto como para incomodar y cerrar la historia de forma tal que todo siga guardando un status quo convencional. Aún con esta falta de riesgo y extrema prudencia, es una comedia que tiene momentos en que invita a la reflexión sin dejar de entretener e poniendo la lupa en las relaciones de pareja.



domingo, 2 de septiembre de 2012

Viggo tiene un "plan B"

"Todos tenemos un plan"
de Ana Piterbarg 
con Viggo Mortensen, Soledad Villamil, Daniel Fanego, Sofía Gala Castiglione, Francisco Javier Godino y elenco


De por sí, la atmósfera que despiertan dos hermanos gemelos dentro del mundo del cine y la literatura, esa fantasía de sustitución de una vida por otra, es indudablemente muy interesante.
Y cada uno de los directores, de los guionistas, de los escritores,  le imprime a esta situación especial, un universo particular para describir este lazo especial e inexplicable que aparece cuando, excepto por algunas pequeñas "marcas", dos personas con vidas completamente diferentes, parecen, a simple vista, ser la misma persona.

Jeremy Irons fue en "Pacto de Amor" quizás la pareja de gemelos más enferma de la historia del cine, en "El ladrón de orquídeas" esta situación es utilizada como disparador de situaciones de comedia y por ejemplo en "Pacto de silencio" con Elodie Bouchez y Gérard Depardieu es la clave en la que descansa el mayor interés del thriller. 


Algo similar sucede con la película de Piterbarg, porque justamente el aroma a thriller que se respira en  "Todos tenemos un plan" es la actuación de Viggo Mortensen en este doble papel de Agustin -un médico no del todo conforme con su vida en Buenos Aires- y Pedro -que vive en el Tigre y es apicultor- y la intriga alrededor de estos dos hermanos gemelos.
Sus caminos se cruzan en el momento en que Pedro, quien atraviesa una enfermedad grave y muy avanzada, decide visitar a Agustín. Allí aparecerá esa idea de sustitución de una vida por otra, situación que particularmente atrae a Agustín porque no solamente no se siente satisfecho a nivel de su desarrollo profesional sino que se acerca el momento de los últimos pasos del trámite de adopción con el que tampoco parece estar del todo conforme. Será el plan ideal para escapar de su vida plagada de frustraciones y de tener que enfrentar algunas decisiones comprometidas.

Ana Piterbarg, quien debuta en el largometraje luego de haber sido asistente de Fernando Spiner y Martín Rejtman, plantea sólidamente la historia  y acierta en la forma de presentarla, mostrando dos mundos tan discímiles entre sí, apuntando a dos estéticas completamente diferentes.
El mundo de Agustin se desarrolla en una Buenos Aires acomodada (se distingue claramente que las tomas fueron en los barrios de Recoleta y Barrio Norte) mientras que Pedro vive en el Delta del Tigre, más rodeado de naturaleza, pero también de sordidez e instalado en un submundo criminal completamente opuesto a la vida de su hermano.

Pasadas las escenas iniciales de presentación de estos dos universos contrapuestos, Piterbarg parece perder el rumbo y no poder manejar el "tempo" necesario para que realmente el thriller sea un thriller.
Y evidentemente, uno de los mayores desaciertos de la película es que tiene un ritmo completamente desajustado, falto de nervio, narrado con una lentitud que no permite que el suspenso se instale en el espectador.

La morosidad casi explícita que tienen algunas escenas, los silencios de los personajes y los planos largos que elige la directora, juegan en contra y desfavorecen el ritmo que la trama necesita para que no pierda la fuerza con la que había sido presentada inicialmente.

Si bien "Todos tenemos un plan" cuenta con un elenco sólido y de vasta trayectoria en el terreno cinematográfico,  Soledad Villamil en el papel de la esposa de Agustín, tiene apenas algunas pequeñas intervenciones por lo que está notablemente desaprovechada. Incluso, en algunas escenas, la química con Mortensen no logra el resultado esperado y cada uno parece estar actuando en un registro diferente sin poder compatibilizar entre sí.

Viggo Mortensen está muy correcto en ambos papeles y trabaja algunos detalles que (nos) permiten distinguir un hermano del otro y logra, sobre todo en su mirada y con algunos gestos muy sutiles, convencer de su doble rol (o triple según como se lo mire, porque debe ser Agustín, Pedro y uno de ellos sustituyendo la vida del otro).

Los roles secundarios de Sofía Gala Castiglione, quien aporta un rostro cinematográficamente privilegiado e ideal para este papel y Javier Godino (a quien conocemos de "El secreto de sus ojos") son ajustados y cumplen con su función dentro de la trama.
Pero es Daniel Fanego quien realmente se roba la película.
Cada vez que hace su aparición en pantalla transmite la oscuridad que su personaje necesita y tiene una presencia perturbadora en las escenas en las que participa, siendo el que más convence en su rol, determinante también para el desarrollo de la historia y sobresaliendo ampliamente del resto del elenco.

Siendo que el guión con el que cuenta la película, de la misma Ana Piterbarg en colaboración con Ana Cohan, fue ganador del premio otorgado por la Sociedad General de Autores Española (SGAE), uno como espectador queda con ganas de una historia más fuerte y con alguna sorpresa. En este caso, lamentablemente, la historia va decayendo, perdiendo fuerza después de un buen arranque y no logra encontrar el camino indicado ni el nervio que una buena historia de suspenso necesita para ser disfrutada.


Aún a mitad de camino, "Todos tenemos un plan" es un producto técnicamente logrado, con actuaciones correctas que puede interesar más a aquellos espectadores que no busquen solamente un thriller en pantalla... o a los fans de Viggo Mortensen, por supuesto.

martes, 24 de julio de 2012

Teatro en Buenos Aires: Panorama / Comedias y Musicales


Casi Normales (*** 1/2): Ultimos días para ver este musical ganador del premio Pullitzer y de tres premios Tony en Broadway.


La protagonista de la historia es Diana (Laura Conforte a quien vimos en "Rent" o "La novicia Rebelde" ) un ama de casa que lucha por seguir tratando su enfermedad y ganar un mundo dentro de la vida de lo que se considera una familia "normal".
El duro camino del tratamiento de esta fuerte bipolaridad que padece Diana, que ya ha intentado ser tratada con diversos métodos tiene su fuerte pilar en el apoyo de su comprensivo y abnegado esposo Dan (Alejandro Paker quien fue el inolvidable presentador en la puesta argentina de "Cabaret") y completan el esquela familiar sus hijos Natalie (Florencia Otero) y Gabriel (Matias Mayer), quien cada uno a su manera se entrama con la historia familiar que el musical nos quiere contar.
Un tema novedoso para un musical diferente, donde cada una de las canciones forma parte del esquema dramático de la obra y cuenta con una puesta en escena fuera de lo común en lo que los musicales nos tienen acostumbrados. En el elenco, Paker y Conforte brillan con su talento vocal y su presencia en el escenario y Fernando Dente (como el novio de Natalie) vuelve a magnetizar con su retrato querible de un adolescente enamorado.
Como sucede con algunos musicales made in Broadway, la extensión atenta contra el resultado de la obra, pero de todos modos se trata de una propuesta sumamente interesante con notables actuaciones y un excelente nivel en el terreno musical.

Estado de Ira (*****):  Solamente los lunes por la noche en el Teatro Metropolitan, se ha repuesto esta obra de Ciro Zorzoli que había formado parte oportunamente del proyecto Biodrama en el Teatro Sarmiento. 

La acción transcurre en una supuesta dependencia pública en las afueras de la ciudad, donde un grupo de empleados municipales tiene como objetivo acompañar a actores y actrices de reemplazo para que se incorporen a las obras que están en cartel.
En esta oportunidad, toda la dependencia recibe a la actriz, de ésas con aires de diva teatral, que cubrirá el rol de Hedda Gabler en la obra homónima de Henrik Ibsen.
Como suele suceder en los casos en los que no se cuenta con el tiempo suficiente en este único ensayo la atriz deberá aprender todas las marcaciones, entonaciones, interacciones con el resto de los personajes y deberá hacerlo todo tal como lo indica la puesta.
Creativa, con muchisimo humor y una mordaz crítica al mundo teatral y en particular al aparato burocrático de las dependencias estatales, "Estado de Ira" es una obra absolutamente imperdible, no sólo por el inteligentísimo juego de teatro dentro del teatro (y entonces como espectadores, al mismo tiempo que cuenta la historia de este reemplazo, podemos presenciar esta puesta de Hedda Gabler con todos sus personajes) sino que además cuenta con un notable equipo a nivel actoral entre los cuales se destacan los trabajos de Valeria Lois, Maria Inés Sancerni y Pablo Castronovo.

Pero es arrasadora la presencia en el escenario de Paola Barrientos en un tour de force  notable -reforzando todo el talento de Ciro Zorzoli para una puesta en escena rica e intensa, plena de detalles que se disfrutan incluso viéndola más de una vez-, pasando por diferentes estados de ánimo y atravesando situaciones de una gama muy variada hasta dar con un final impresionantemente abrumador.


Lo que vio el mayordomo (**): El texto de Joe Orton, de quien en algún momento se presentó en Buenos Aires una notable puesta de "Atendiendo al Sr. Sloane", pretende ser irreverente, transgresor, novedoso y seguramente lo habrá sido en el momento de haber sido escrito.
Pero en los tiempos que corren, nada de lo que presenta esta comedia en formato de vodevil parece llamar demasiado la atención y todo por el contrario, la pieza respira un aire anacrónico desde prácticamente el inicio y no logra remontar vuelo por más que las actuaciones y la puesta en general, trate de imprimir el timing necesario para que las desopilantes situaciones logren impactar en el espectador, aunque pocas veces lo logra.

Un texto en donde Enrique Pinti no parece encontrarse del todo cómodo, queda prácticamente en manos de la versátil Alejandra Flechner poner la dosis de delirio y desparpajo necesario que requería esta obra.
Luis Luque por su parte, aporta una muy buena actuación, pero el elenco en general no logra homogeneizarse en el que cada integrante funciona correctamente pero que carece de cohesión general (buenas actuaciones en labores de reparto de Magela Zanotta y Abián Vainstein).
Carlos Rivas en su puesta no parece lograr ajustarse al ritmo y la dinámica que la pieza requería, quedando a mitad de camino entre un humor liviano de vodevil y la ironía social con la que Orton pretende desenmascarar la moralina social de la época.
Una comedia fallida y poco interesante, salvada sólo por las actuaciones y exclusivamente para aquellos que sólo pretendan un rato liviano y sin demasiadas exigencias.



Forever Young (****): En la reabierta sala  El Picadero, una de las apuestas fuertes es "Forever Young" un musical adaptado por Le Tricicle, el grupo de humor catalán, que basado en el original noruego, propone una novedosa narrativa y un argumento completamente novedoso dentro del terreno del musical.
Cinco actores de comedias musicales, que han sido glorias durante todas sus carreras, están actualmente internados en una residencia de jubilados a cargo de una enfermera sumamente particular. El guión permite que cada uno de los actores pueda componerse e imaginarse a sí mismo dentro de unos cuantos años y burlarse impadiosamente no sólo de sus colegas sino fundamentalmente de ellos mismos y es justamente dentro del humor, en donde reside el mayor acierto de la obra.



Con momentos sumamente hilarantes Omar Calicchio, Melania Lenoir, Germán Tripel e Ivanna Rossi - todos ellos de enorme trayectoria en el terreno del musical como "Rent" "Ella" "Chicago" "Smoke" "El Joven Frankestein" "La Bella y la Bestia" "Avenida Q" entre otros- demuestran una vez más su talento para el musical adaptando canciones que son hits conocidos por todos nosotros.
El espíritu invade la sala y uno se encuentra moviendo el pie y tarareando hits nacionales e internacionales de los 70, 80 y 90, con algunos popurrí que van desde Charly García, Spinetta, Memphis, Los Pimpinela hasta Nirvana y Gloria Gaynor: tamaño abanico musical.
Capítulo aparte la actuación de Gimena Riestra como la enfermera quien no solamente hace gala de sus dotes vocales sino que compone un personaje absolutamente delirante, lleno de humor negro y de ironía, con algunas dosis de cinismo bordeando el absurdo.

Dirigidos por Daniel Casablanca (uno de Los Macocos, quien actualmente también está en cartel con "TOC TOC") quien impone un ritmo acertadísimo para llevar con mucho humor un relato que también habla de la vejez, del olvido del publico, de las glorias de antaño y de la tercera (o cuarta?) edad, la obra no pierde jamás el sentido del humor y logra conmover y divertir en dosis exactas con excelente resultados también en la puesta musical con la dirección de Gaby Goldman.



Todos felices (** 1/2 /  ***): Bajo la dirección de Oscar Martinez, se presenta una propuesta novedosa que plantea el autor Alan Aykbourn en donde una misma historia, un mismo suceso, se cuenta en cada obra de este tríptico, en diferentes lugares de la casa.
Asi "Comedor" "Jardin" y "Living" abordará el mismo suceso central, con los mismos personajes, pero con diferentes interacciones y situaciones de acuerdo al lugar desde donde la estemos presenciando como espectadores. Si bien cada una de las obras cierra en si misma, queda siempre el "enigma" de lo que sucedió con el resto de los personajes en las habitaciones contiguas, mientras veíamos alguna de ellas.


Si bien la propuesta del autor es interesante y creativa, el mecanismo de la comedia es sumamente básico y con situaciones sencillas de enredos que se resuelven eficientemente gracias al talentoso elenco del que Martinez se sirve para echar a rodar los pasos de comedia.
Carlos Portaluppi,  Carola Reyna (algo crispada en algunos momentos en su ama de casa detallista y obsesiva, quizás muy similar a otros papeles que ha jugado como el de "Amas de casa desesperadas"), Muriel Santa Ana (muy natural como la hermana solterona con deseos de aventura) y el torpe veterinario de Peto Menahem que arranca facilmente las carcajadas.
Completan el elenco  Juan Minujín (como Daniel, el cuñado de la familia que no puede parar de seducir)  y  Silvina Bosco, quizás con una participación más breve -sobre todo en "Comedor"- pero que construye un personaje delicioso y desopilante.

Tres historias para pasar un buen rato con seis comediantes de lujo que permiten jugar y asomarse desde lugares diferentes para una historia muy bien ambientada en la década del '70, con guiños y situaciones divertidas pero que pasado el puntapie inicial no sostiene el mismo nivel de sorpresa.

lunes, 23 de julio de 2012

Teatro en Buenos Aires: Panorama / Dramas

Filosofia de Vida (***): Alfredo Alcón, Rodolfo Bebán y Claudia Lapacó son un terceto actoral irresistible. Si se suma a ello un buen texto al que estos monstruos de la escena puedan darle carnadura más una ajustada dirección de Javier Daulte, la propuesta se convierte casi en cita obligada.




Los egos de estos dos filósofos, amigos de la juventud, ahora ya maduros, chocan y se sacan chispas en un encuentro algo forzado para que uno de ellos acepte entrar a la Academia de Filosofía.
Quizás sea el  momento oportuno para saldar algunas cuentas personales que brotan con la misma fuerza de siempre, a pesar de los años de distancia. Será la oportunidad para que apenas vuelvan a verse disparen dardos uno contra el otro, desatando una verdadera hoguera de vanidades, disputas entre las cuales estará incluido el amor por una misma mujer.

El texto del mejicano Juan Villoro tiene momentos de mucho humor, certeros contrapuntos y permanentemente apela a respuestas inteligentes en el texto. Como contrapartida, lamentablemente,  sobreabunda en frases que pretenden un desborde de "sabiduría" permanente y se siente como que algunas situaciones no fluyen tan convincentemente o que, inclusive, uno como espectador se "pierda" entre tantas citas de sublimes pensadores como Sartre, Simone de Beauvoir, Darwin o Russell.
Si bien el peso del texto reposa en el papel de "El Profesor", una magistral y nueva lección de teatro de Alfredo Alcón, la nota de frescura y humor se desliza en una actuación llena de matices de Claudia Lapacó, una vez más, en un trabajo notable.



Mineros (****): Lo interesante de esta historia se potencia aún más sabiendo que está basada en hechos verídicos: en la década del '30, en Ashington -Inglaterra-, cuatro mineros contratan a un profesor que les va abriendo camino en el terreno del arte, más precisamente en el de la pintura. Cada uno de ellos comenzará a abrir su corazón y su mundo, volcándolos en cada uno de sus trabajos. Lo que se inicia prácticamente como una actividad de distensión, como un juego, se deriva en situaciones inesperadas cuando por esas cosas del destino sus obras comiencen a ser reconocidas.
¿Resultan ser más valiosas porque están hechas por mineros? ¿Es que el arte se limita sólo a una cierta clase social y es para expresión de unos pocos? ¿Tiene más valor aún porque se suponía que de ellos no se esperaba eso?


Estas son algunas pocas de las preguntas que inteligentemente dispara la obra de Lee Hall que tiene en la puesta de Daulte un aliado perfecto para que la anécdota, casi imperceptiblemente, vaya tomando el vuelo necesario para hablar de diferencias sociales, del  rol del docente, del arte como expresión del hombre sin intentar escapar a la crítica de la sociedad de aquella época y la actual y al marco en el que viven estos trabajadores de la mina.
Brillantes actuaciones de Juan Leyrado, Darío Grandinetti y Jorge Marrale pero deslumbra nuevamente Hugo Arana en un trabajo superlativo, lleno de emoción.
El diseño de luces, la atractiva escenografía y un texto potente se conjugan para una lección de buen teatro que logra conmover por su intensidad y lo hace con herramientas nobles y distinguidísimas actuaciones.


Estado de Ira (*****):  Solamente los lunes por la noche en el Teatro Metropolitan, se ha repuesto esta obra de Ciro Zorzoli que había formado parte oportunamente del proyecto Biodrama en el Teatro Sarmiento. 

La acción transcurre en una supuesta dependencia pública en las afueras de la ciudad, donde un grupo de empleados municipales tiene como objetivo acompañar a actores y actrices de reemplazo para que se incorporen a las obras que están en cartel.
En esta oportunidad, toda la dependencia recibe a la actriz, de ésas con aires de diva teatral, que cubrirá el rol de Hedda Gabler en la obra homónima de Henrik Ibsen.
Como suele suceder en los casos en los que no se cuenta con el tiempo suficiente en este único ensayo la atriz deberá aprender todas las marcaciones, entonaciones, interacciones con el resto de los personajes y deberá hacerlo todo tal como lo indica la puesta.
Creativa, con muchisimo humor y una mordaz crítica al mundo teatral y en particular al aparato burocrático de las dependencias estatales, "Estado de Ira" es una obra absolutamente imperdible, no sólo por el inteligentísimo juego de teatro dentro del teatro (y entonces como espectadores, al mismo tiempo que cuenta la historia de este reemplazo, podemos presenciar esta puesta de Hedda Gabler con todos sus personajes) sino que además cuenta con un notable equipo a nivel actoral entre los cuales se destacan los trabajos de Valeria Lois, Maria Inés Sancerni y Pablo Castronovo.

Pero es arrasadora la presencia en el escenario de Paola Barrientos en un tour de force  notable -reforzando todo el talento de Ciro Zorzoli para una puesta en escena rica e intensa, plena de detalles que se disfrutan incluso viéndola más de una vez-, pasando por diferentes estados de ánimo y atravesando situaciones de una gama muy variada hasta dar con un final impresionantemente abrumador.


Buena Gente (****): Uno de los directores más talentosos de la escena local, Claudio Tolcachir, de quien conocimos las puestas más independientes como "La omisión de la familia Coleman" y "Tercer Cuerpo" en su propio Teatro Timbre 4 y las montadas dentro del circuito comercial como "Agosto" y "Todos eran mis hijos" vuelve a presentar una puesta impecable para este texto de  David Lindsay-Abaire (otra de sus piezas fue llevada al cine "Rabbit Hole - El laberinto" con Nicole Kidman y Aaron Eckhart).

"Buena gente" cuenta la historia de Margarita -otra brillante caracterización de Mercedes Morán-, una mujer de aproximadamente 50 años con una hija discapacitada mental de 30 años que vive en un barrio humilde, de escasos recursos, algunas veces lindando con la marginalidad.
Su amiga de toda la vida, Mirta -Verónica Llinás en otra criatura completamente querible, detonando una vez más los resortes del humor como pocas actrices cómicas saben hacerlo- le sugiere ir a ver a Juan -Gustavo Garzón-, un viejo amigo del barrio, que no ve desde hace 30 años y con quien parece haber tenido alguna vinculación sentimental. Juan es ahora un reconocido médico y quizás pueda ayudarla a salir del pozo consiguiéndole algún trabajo.

El aroma del barrio y la mirada hacia la clase media/baja impregnan toda la obra en donde se hablará de nuevas oportunidades, de vueltas del destino, del egoismo, de la humildad, la solidaridad y de verdades crudas como condimentos para seguir siendo "buena gente" a pesar de todo.
Dentro del elenco,  Marina Bellati (quien ya habia trabajado con Tolcachir en "Todos eran mis hijos") logra una excelente composición de señora de clase alta, acomodada, viviendo en el confort y el éxito de su marido, lejana de ese dolor que impregna la vida Margarita y que contrapesará el tono de la obra con algún gesto inesperado.
Con una puesta tan eficaz como dinámica el texto de Lindsay-Abaire crece con las actuaciones de Morán - Llínás y Garzón y con la sinceridad a la que apuesta el texto (más allá de que pueda reprochársele que en algunas resoluciones queda estancada en buenas intenciones). Es interesante ver la posibilidad de que en una obra de circuito comercial la gente "común" logre tener su voz en un texto directo y con una enorme potencia en la dirección y en las actuaciones.

La última sesión de Freud (****1/2):   Con puesta de Daniel Veronese, esta obra describe el encuentro entre Sigmund Freud y C.S. Lewis con el marco de la Segunda Guerra Mundial, más precisamente en el día en que Inglaterra declara la guerra a Alemania.


Freud está muriendo de un cáncer en la boca que lo carcome sin piedad y Lewis se encuentra atravesado también por la muerte de sus amigos en el campo de batalla. Entre tanta muerte, sirenas y máscaras antigases, el encuentro de estos dos notables dará lugar a un brillante e interesantísimo contrapunto en donde hablaran de ciencia, de teorias, se hablará ineludiblemente del psicoanálisis, pero los cañones apuntan más directamente a la figura del científico contra el escritor converso.
Dios, la religión y sus misterios son el centro directo donde el autor, St. Germain, pone toda la adrenalina y la fuerza del encuentro, en el cual Freud no entiende como un hombre inteligente y creativo como Lewis se deja llevar por el dogma religioso.
Cada uno de ellos irá dando su punto de vista, expuesto a la mirada impiadosa que le dará el otro para ir deconstruyéndolo hasta el fragmento más mínimo, desplegando y haciendo gala de sendas dosis de la más fina inteligencia en función a la búsqueda de una verdad que quizás no sea única, logrando no solamente un contrapunto en el plano del libreto sino también en un duelo actoral del más alto nivel.

Si Luis Machin logra un C.S. Lewis con todo el estilo inglés y expresa perfectamente sus contradicciones y su velada admiración a Freud, es indudablemente Jorge Suárez el que lleva el peso de la obra y arrolla con un trabajo preciso, contenido, absolutamente admirable. La pareja actoral se apoya uno en el otro para ir potenciándose y sacar lo mejor de cada uno, brillando con dos actuaciones memorables.
El Freud moribundo de Suarez es impactante, impecable en su construcción gestual y en los detalles y es uno de los grandes trabajos del año -sino el más- en materia teatral.
Otra gran puesta de Veronese, obsesivamente detallista y con un grado de compromiso tal en sus actuaciones que hacen de "La última sesión de Freud" una obra valiosa y digna de ver.

La Cabra (*** 1/2): Charlie (Julio Chávez) acaba de ganar otro premio en su carrera  y aunque su vida junto a su esposa Julia (Viviana Saccone) y su hijo Willy (Santiago García Rosa) parece estar en armonía, hay algo bajo la superficie que está asomándose y que no romperá ese delicado equilibrio.

Charlie no dudará en confesarle a su mejor amigo Axel (Vando Villamil), que es lo que realmente está sucediento: está engañando a su esposa con Sylvia... Y quién es Sylvia?
Sylvia es una cabra (justamente la cabra que da título a la obra) y con esta verdad revelada, Edward Albee logrará una vez más penetrar con su mirada despiadada al mundo de la pareja.

Con su bisturí disecciona como ya lo ha hecho con "Quién le teme a Virginia Wolff?" básicamente a las relaciones de pareja  pero se hablará también del amor, la traición, el enamoramiento, los deseos, las pulsiones, todo esto dentro del marco de la familia y la pareja.
Con dirección del propio Chávez, la obra de Albee desplegará un sinnúmero de connotaciones que se van estructurando alrededor de un espiral de violencia con el que la pareja intenta comunicarse para resolver la situación.
Con tintes de la ya mencionada Virginia Wolff y algo de "La guerra de los Roses" en cuanto al estallido de violencia dentro de la pareja, Julio Chavez brilla en el texto de Albee y transmite exactamente su enamoramiento por Sylvia, sus dudas, su derecho a ser feliz, su inocencia frente al amor que encontró sin proponérselo.
Viviana Saccone, por su parte, también logra una composición con diferentes capas y matices pero se luce justamente en los momentos de mayor estallido con un fuerte compromiso físico en las situaciones más arriesgadas.
Lamentablemente desentona completamente con el tono de la obra Santiago García Rosa en el papel del hijo que hace perder pie en ese adolescente que interpela a su padre por el desmoronamiento que está provocando.

domingo, 22 de julio de 2012

Sabes quien me viene a cuidar?

"Amigos Intocables"
de Eric ToledanoOlivier Nakache
con Francois Cluzet, Omar Sy, Anne Le Ny, Audrey Fleurot, Clotilde Mollet y Cyril Mendy


Siempre aparece una de esas películas, cada tanto, que nos sorprende más que gratamente.
Una película simple, sencilla, que no intenta más que contar una historia casi sin pretensiones, dándonos una bocanada de aire fresco que deja como una huella de afecto que dura aún por mucho rato después de verla. Me acuerdo por ejemplo de "Cinco días sin Nora" o "Gigante", con una historia pequeña pero potente o en otro órden de cosas la animada "Mary y Max", una delicia descubiertas casi por casualidad.

Ya desde el arranque en "Amigos Intocables" -del duo de directores Eric Toledano y Olivier Nakache, de una prolífica producción pero de los que no se ha estrenado nada en nuestro país-, nos están avisando que se trata de una historia verídica y hasta luego, tendremos el placer de conocer a los verdaderos personajes, ejes centrales de este relato.

La base de la historia se centra en Philippe -François Cluzet a quien vimos en "La Mentira" o en "No se lo digas a nadie"- que padece una enfermedad que lo ha dejado tetrapléjico y sólo es capaz de "movilizarse" del cuello para arriba.

Después de una intensa selección para designar a su próximo asistente, el millonario Philippe decide elegir inesperadamente a Driss (Omar Sy en una estupenda actuación, llena de energía) quien solamente tenía como intención que le diesen una constancia de haberse presentado a esta entrevista y poder seguir cobrando, de esta forma, su seguro de desempleo.

Pero en ese mismo momento, Philippe le propone probar una relación laboral por sólo un mes y ese mes, justamente, pasará más rápido de lo que ambos esperaban y para cuando se den/nos demos cuenta, ya estará instalada y más que cumplida la ley de toda buena comedia donde la pareja de caracteres completamente opuestos se atraen y es así como dos personas que parecía que no tenían nada en común terminen convirtiéndose en compinches inseparables. O dependerá de las vueltas del destino...

El film de Toledano y Nakache se detiene en la descripción detallada del crecimiento de esa relación, primeramente laboral y que después deviene en amistad, en vinculo filial casi como padre-hijo, en compinches, en camaradería, en un vínculo completamente diferente al esperado por ambos. El espíritu descontracturado de Briss hace que Philippe quede cautivado por la alegría, por el buen humor, por las situaciones nuevas que la vida le presenta a través suyo, llegando casi a olvidarse de su limitación física en sus momentos cotidianos.

Y si bien los directores no dejan de pasar revista a todos los puntos necesarios, conocidos y casi obvios de una receta para construir una buena comedia (que contenga momentos brillantes de humor, compensados con guiños de todo tipo en cada uno de los personajes secundarios y con una exacta dosis de momentos conmovedores) el secreto del éxito de la fórmula es que en ningún momento caen en la lágrima fácil o en el sentimentalismo.
Dosifican las dosis de una manera tal que todo se aborda en su justa medida y uno como espectador se rinde ante la seducción de estos dos seres completamente fracturados, cada uno en lo suyo, sin que el relato caiga en ningún momento en la sensiblería sino que se posiciona desde el optimismo y desde la búsqueda de una verdadera recomposición desde la diferencia.

Que tiene sus clichés, los tiene. Pero hay una seducción particular y una química completamente irresistible entre los dos protagonistas, ya desde el primer momento en que se encuentran y que logra sostenerse -aún con algunos puntos demasiado convencionales- y que permite de el film se disfrute de principio a fin.

Con un trabajo sumamente complejo porque solamente en su rostro están concentradas todas las gamas de emociones por las que pasa Philippe, Francois Cluzet logra divertir, conmover, mostrar un perfil más duro y exigente,  disfrutar de las ocurrencias que le propone su nuevo "secretario"... pasa por un increíble abanico de situaciones y a todas les pone un acertado matiz en cada momento.

Omar Sy arremete con una personalidad avasallante para componer a ese Briss con una situación familiar y personal sumamente complicada, con una vida no tan acomodada como la que tiene Philippe,  pero lo deslumbra con esa sabiduría de la calle y con un humor y un optimismo a flor de piel que contagia e invade la casa del millonario y que irradiará, por supuesto, hacia todo su personal de servicio (excelentes roles secundarios a cargo de Anne Le Ny y sobre todo una acertadísima y sorprendente Audrey Fleurot).
Absolutamente recomendable, "Amigos Intocables" se convierte en uno de esos filmes que gustan a todos los públicos y que inesperadamente aparecen para instalarse con su simpleza y su lección de buen cine sin más elementos que una interesante historia para contar y un ojo sincero y fresco para retratarla.
Deliciosa, imperdible.