lunes, 16 de mayo de 2011

Blanche vuelve a tomar el legandario tranvia

"Un tranvia llamado deseo"
de Tennessee Williams
adaptación y direccion de Daniel Veronese
con Diego Peretti, Erica Rivas, Paola Barrientos, Guillermo Arengo y elenco
en el Teatro Apolo


Cuando uno se dispone a ver una nueva versión de "Un tranvia llamado deseo" sigue habitando en el imaginario colectivo la adaptación al cine de Elia Kazan con Marlon Brando y Vivian Leigh en los roles protagónicos, para este clásico de Tennessee Williams escrito en 1947, también ganador del Pulitzer. Un verdadero ícono dentro de la dramaturgia de Williams quien fue también autor de "El zoo de cristal", "La noche de la iguana", "La gata sobre el tejado de zinc caliente" o "La Rosa Tatuada".

Aquí llega nuevamente Blanche Dubois a la casa de su hermana Stella, un modesto y destartalado departamento de un barrio humilde en Nueva Orleand, lejos de la opulencia de la antigua plantación familiar de Belle Rêve. Stella vive con su marido, el polaco Stanley Kowalski -junto con Blanche una pareja verdaderamente icónica del teatro moderno-, violento, grosero, que reparte su tiempo entre la vida familiar y su grupo de amigos, con quienes bebe continuamente y juega poker.

Blanche está en las antípodas de Stanley: su arrogancia, sus delirios de grandeza, su impostada cultura y su actitud altiva, se oponen fuertemente al obrero rudo con quien Stella comparte sus días.
Pero justamente Tennessee Williams no intenta meramente mostrar un conflicto de clases y de niveles socio-culturales. Eso sólo habita en la superficie de la obra, tras la vida de apariencias y de status social que detenta Blanche, el autor va devenlando los secretos más terribles que ella esconde y su marcada imposibilidad de lidiar con el alcohol, los desfalcos de la fortuna familiar y con el propio desequilibrio emocional que la acompaña, desde que su ex esposo la ha abandonado.

Stanley utilizará todas sus armas y su violento temperamento para ir haciendo caer cada una de las máscaras y las falsedades de Blanche, mientras Stella queda atrapada, triangulando entre el amor hacia su hermana y  un marido violento que la hostiga y la maltrata (aún estando embarazada) pero al que ella ama profundamente.
En su delirio y  su perseverancia por mantener una imágen completamente alejada de la realidad, Blanche fuerza la situación a un punto de estallido, a un punto de no retorno, que sólo hacen que su frágil equilibrio aparente se desmorone aún más.

Daniel Veronese logra una vez más una puesta de excelencia, absolutamente cuidada en todos los detalles (la escenografía de Jorge Ferrari nos transporta a la época y al lugar imaginado y el vestuario de Gabriela Pietranera es deslumbrante, sobre todo para una exquisita Blanche) y según palabras del propio director "esta obra habla sobre la ceguera, sobre las ilusiones, sobre las deseperanzas de las minorias... la lucha por defender, por salvaguardar nuestro espacio privado destruye muchas veces las necesaria prudencia que debe existir hacia el otro".
Williams cobra una vigencia increíblemente fascinante en cada uno de sus diálogos, virados en muchos casos al humor sutil para poder sobrellevar la oscuridad con la que coquetean todos sus personajes y Veronese logra tomar cada una de las líneas de la obra para que cobre sentido la lectura que le quiso dar para revalidad a este clásico.
El elenco es compacto, sin fisuras, pero el cuarteto protagónico logra sostener un texto apasionado y nada fácil de resolver, con completa solvencia.

Guillermo Arengo es Mitch, el vecino de la pareja que cae en la tela de araña que teje Blanche, inocentemente rendido ante la su impostada sensualidad. Es Blanche quien lo necesita desesperadamente como el gran salvavidas para volver a encaminar su situación, pero Mitch se entrega ilusionado a un nuevo amor. Arengo maneja brillantemente tanto la veta más naïf de su personaje como el intenso quiebre que sufre cuando la verdad sale a la luz. Y se destaca en ambas facetas.

Paola Barrientos transmite toda la duda, la intensidad y el dolor de Stella, tironeada entre sus dos grandes pasiones -por un lado su  historia familiar omnipresente ante la aparición de Blanche- y su propia familia - la fundada con Stanley-  y logra calibrar exactamente la fuerza de su personaje, entregando un espléndido trabajo de múltiples matices.

Quizás sea Diego Peretti quien parezca trabajar más superficilamente algunos tramos de su personaje. Sin embargo, logra dominar a la bestia interior de Stanley y una vez ganado por el ritmo de la obra, su creación va in crescendo y sobre todo en las escenas de violencia y brinda un Kowalski  que lanza un golpe al estómago de la platea, encrispando el clima de la obra en el momento preciso.



Erica Rivas entrega una Blanche poseida completamente por sus aires de grandeza, hundida cada vez más en su propia mentira, con aires de vamp que no dudará en utilizar cualquier arma de seducción para seguir intentando controlar y tener el mundo, ese micromundo, a sus pies. Prende un cigarrillo atrás del otro como un elemento que la erotiza y la enciende y no para de acompañarse con su fiel amigo el vaso de whisky.
Rivas/Blanche nos impone su presencia en prácticamente toda la duración de la obra. Es arrolladora y hasta siniestra en la manera de querer salvarse aunque la debil linea que separa la realidad de la propia ficción que se ha montado para ella misma, la empujan a una locura casi anunciada (aunque vale destacar que la locura de Blanche se presenta como demasiado precipitada porque su personaje había sido trabajado desde otra arista).
El único punto en contra es que es demasiado joven para el papel y pierde credibilidad en ese aspecto -hay numerosas referencias a la edad en el texto y no suena convincente que una joven Erica Rivas se encuentre tan preocupada por el tema de la "vejez" y su ocaso, en función a los años-, aunque puede compensarlo con una muy buena actuación.

Veronese y todo su elenco, revalidan la vigencia de un clásico y nos permiten tomar nuevamente a este tranvía que nos lleva al encuentro de las hermanas Dubois donde una vez más, Blanche construye castillos en el aire, los habita, e irremediablemente cuando de la mano de Kowalski la realidad la atraviese como un rayo, todos ellos , cada uno a su modo, habrán transitado el doloroso proceso de la verdad.


2 comentarios:

Mario dijo...

A ésta obra siempre uno le encontrará defectos en el teatro, es que la película es tan perfecta que es imposible de repetirla a pesar de que Brando lo hizo muchas veces antes de interpretarla en el cine, Leigh es grandiosa también, quizás una Stella si pueda repetirse por la humildad y docilidad de su personaje pero la bravura y sensualidad de un Brando o la parafernalia compleja de una Leigh es una quimera. Ésta es una de mis películas favoritas y ansio leer incluso el libro, si bien la película si me perdonas la redundancia es una obra maestra. Sin embargo ir al teatro es una nueva sensación, es un espectáculo diferente y aunque no soy muy asiduo las pocas veces que he ido me he quedado con recuerdos visuales magníficos. Un abrazo.

Mario.

David C. dijo...

Que interesante una versión de la película en teatro. Acá en Perú deberian también hacerla. El personaje de la profesora es el más alucinante y que tiene tantos detalles que ofrecer.