domingo, 29 de mayo de 2011

Los caminos de la vida

"Incendies"
de Denis Villeneuve
con Lubna Azabal, Rémy Girard, Mélissa Désormeaux-Poulin y Maxim Gaudette


Lo que se presenta, a priori, como el hecho más increible es que "Incendies" con su trama episódica y de una  construcción compleja, de ese mecanismo de relojería necesario para mantener un buen suspenso en la trama, es la adaptación al cine de una obra de teatro.
Nada más lejos de lo que uno conoce como teatro adaptado al cine que, generalmente, tiene como lugar común el encierro en un sólo ambiente -que apenas se airea con una pequeña excusa del guión- y la abundancia de diálogos con una especial retórica y que generlamente explican -casi subrayademente- diversos hechos de los personajes.

Por suerte, y asombrosamente, nada de eso aparece en "Incendies", la obra de Denis Villeneuve que ha sido nominada al Oscar como Mejor Película extranjera y exitosamente presentada en diversos festivales internacionales. Esta coproducción franco-canadiense hace foco en las esquirlas personales que ha dejado la guerra, en particular, la desarrollada en Medio Oriente presentando el fuerte conflicto religioso entre cristianos y musulmanes.

La estructura en episodios y el relato fragmentado que va y vuelve en el tiempo y nos retrotrae al pasado mientras salta repentinamente al presente hace que la propuesta se torne aún más interesante con esta estructura de relato. En el centro de la historia está la muerte de Nawal Marwan (una impresionante composición de Lubna Azabal), una mujer con una particular historia y un derrotero personal completamente desconocido, que se irá construyendo como un extraño e inquietante rompecabezas a lo largo de la película, tanto por su propia voz, su propia mirada, como por las piezas, las miradas y los registros que van aportando los distintos personajes.

Un escribano para el cual ella trabajó por muchísimos años (Rémy Girard, el padre de "Las Invasiones Bárbaras") será el encargado de comunicarles el testamento de su madre a los hermanos Jeanne y Simon Marwan (Mélissa Désormeaux-Poulin y Maxim Gaudette). Ambos tendrán una misión que parece simple: entregar dos sobres.
Esos sobres serán el disparador de revelaciones inesperadas. Uno de esos sobres está destinado a su padre quien ellos pensaban que ya había muerto. El otro, aún más sorprendente, es para un hermano, cuya existencia, ambos desconocían por completo.

Y cuando se inicie esta recomposición de la historia personal, cada uno de los giros de este gran espiral, aportará un dato sorpresivo, un enigma que se devela ante sus ojos, redefiniendo por completo no sólo la historia de su madre -que se descubre como una perfecta desconocida para ellos- sino asimismo, la reconstrucción de sus historias personales.



Interesante en la construcción del guión y en la puesta de Villeneuve, la historia no solamente mantiene el suspenso y relata un drama de tinte familiar sino que aprovecha para tratar algunos conflictos relativos a la historia reciente. 
"Incendies" pasa del camino del descubrimiento de la identidad, a la brutalidad de la guerra, atravesando el exilio, el compromiso de militar en ciertos movimientos, el peligro latente a cada paso, la pluralidad de las culturas y los enfoques y las heridas aún no curadas en la historia.

Pero allí donde levanta vuelo,  la trama gira una vez más para otra vuelta de tuerca, sobre el final, el tono de melodrama se tiñe de culebrón y esa última pieza del rompecabezas se vuelve como demasiado burda e innecesaria.
Muy a pesar de eso, y en este punto, ya Villeneuve nos ha predispuesto al juego de armar este hipnótico rompecabezas, ocultando y mostrando información en el momento preciso, calando hondamente en cada uno de los personajes en busca de su propio destino, de cara al dolor frente a  la verdad revelada.

Allí donde el odio, la guerra y la brutalidad ponen en juego lo peor de cada ser humano, Denis Villeneuve sabe enhebrar imágenes de una belleza contundente o de virar enérgicamente para mostrarnos la realidad cruda y sin vueltas, como saben hacer los buenos directores: transportarnos por más de dos horas a vibrar con un relato fuerte y comprometido.

lunes, 23 de mayo de 2011

Verona se llenó de gnomos!

"Gnomeo y Julieta"
de Kelly Asbury
versión doblada en castellano (con las voces de James Mc. Avoy y Emily Blunt en el original)

Evidentemente la tragedia del genial William Shakespeare ha dado lugar a las más diversas y creativas adaptaciones. Desde las más clásicas y ajustadas en su puesta a la idea originaria como la de George Cukor en el año 1968, hasta la inolvidable puesta de Franco Zefirelli y la más modernosa de Baz Luhrmann con Leo Di Caprio al frente del elenco pasando por los fragmentos de esta obra que fueron incluidos en "Shakespeare Apasionado".

En este caso, llega la adaptación de este super clásico al mundo de la animación de la mano de Kelly Asbury, director de "Shrek 2" y "Spirit: el corcel indomable" y que también había trabajado dentro del departamento de arte de otros proyectos tan importantes como "La Bella y la Bestia", "El extraño mundo de Jack", "Kung Fu Panda" y "Madagascar 2". Asbury evidentemente tiene un conocimiento acabado del mercado, de la técnica y del ritmo de una buena película de animación y todo eso lo pone en juego a la hora de adaptar esta tragedia a los cánones de una película para toda la familia.

En este caso los Montesco y los Capuleto son dos vecinos enemistados y así también lo están los enanos de jardín y otros elementos decorativos que pueblan el fondo de sus casas.
Tan antagónicos como el Boca y River, imposibles de mezclar como el agua y el aceite, tras una enemistad ancestral estas familias de gnomos, identificadas por el azul y el rojo,  que se odian visceralmente, verán cruzarse sus destinos cuando los jóvenes Gnomeo y Julieta se enamoren perdidamente.

La historia de amor es ya conocida por todos así que desde la misma presentación un gnomo con un altísimo sombrero intentará darle un curso distinto para poder atrapar de una manera diferente al público familiar al que va dirigida la propuesta.
El guión, como ya es habitual en las nuevas producciones animadas, viene plagado de referencias a otras peliculas (la carrera de cortadoras de césped es como una versión de "Rápido y Furioso" o venera a esa carrera de autos que había en "Grease", una enanito se pasea vestido como "Borat" y el hongo compañero inseparable de Gnomeo, parece escapado de la película "Fantasía") y  se las ingenia para que las peripecias por las que tienen que pasar estos dos enamorados tengan la cuota de acción, aventura, romance y hasta una pizca de suspenso.


Un poco a la manera de "Toy Story" -salvando las distancias, por supuesto-, cada jardín está inundado de simpáticos personajes que cobran vida cuando los humanos no los ven. Y que dentro de cada "bando" de las familias, van acompañando la trama: un inseparable compañero para cada protagonista (en el caso de Julieta la acompaña una rana parlanchina), el malo en cuestión haciendo de las suyas, un candidato para enamorar a Julieta que parece salido de un film de "nerds", y más...
Un flamenco de plástico que le contará a los enamorados de Verona su propia historia de amor (y ahí una referencia a la historia de amor de "Up", para quien quiera seguir encontrando similitudes), un ensamble de gnomos diminutos y de sombrero extremadamente largo para el "equipo" rojo -trabajando en equipo junto a un reno- y unos conejitos juguetones para el "equipo" azul completan el team para que los animadores puedan desplegar algunos gags, esquivando el verdadero drama shakespereano.

Tecnológicamente impacta la textura de los personajes de cerámica (interesante el video clip con la canción donde se preparan, cada uno de los enamorados, para el encuentro y sacan brillo a sus figuras) y sobre todo el trabajo de sonido en cuanto a transmitir la fragilidad de esos personajes de cerámica que corren peligro de quebrarse en cualquier momento. Como adicional, colores luminosos y el marco de las canciones de Elton John (a quien dedican una autoreferencia en un musical del film) hacen que sea un entretenimiento liviano y divertido, tanto para los más chicos como para los grandes.

Minutos antes del final, Gnomeo reflexionará sobre su situación y su destino con la mismísima estatua del propio Shakespeare que cobra vida. Es ahí donde lamentablemente el guión falla, se vuelve enciclopedista y subraya demasiado un final que a todas luces, no iba a coincidir con el original que William tuvo en su cabeza. Pero tampoco había necesidad de explicar ni vehiculizar lo obvio. 

Sin embargo, pese a este traspie completamente desacertado con el resto del film y que desentona completamente, "Gnomeo y Julieta" divierte, cumple con el cometido de un buen entretenimiento familiar cerrando con un musical del mejor estilo "Shrek". Además, como plus, tenemos la excusa perfecta para que salir del cine y compartir con los chicos el sabor de un buen clásico y hablar de literatura, palabra algo olvidada con toda la parafernalia tecnológica. 'Garrá los libros que no muerden! 

lunes, 16 de mayo de 2011

Blanche vuelve a tomar el legandario tranvia

"Un tranvia llamado deseo"
de Tennessee Williams
adaptación y direccion de Daniel Veronese
con Diego Peretti, Erica Rivas, Paola Barrientos, Guillermo Arengo y elenco
en el Teatro Apolo


Cuando uno se dispone a ver una nueva versión de "Un tranvia llamado deseo" sigue habitando en el imaginario colectivo la adaptación al cine de Elia Kazan con Marlon Brando y Vivian Leigh en los roles protagónicos, para este clásico de Tennessee Williams escrito en 1947, también ganador del Pulitzer. Un verdadero ícono dentro de la dramaturgia de Williams quien fue también autor de "El zoo de cristal", "La noche de la iguana", "La gata sobre el tejado de zinc caliente" o "La Rosa Tatuada".

Aquí llega nuevamente Blanche Dubois a la casa de su hermana Stella, un modesto y destartalado departamento de un barrio humilde en Nueva Orleand, lejos de la opulencia de la antigua plantación familiar de Belle Rêve. Stella vive con su marido, el polaco Stanley Kowalski -junto con Blanche una pareja verdaderamente icónica del teatro moderno-, violento, grosero, que reparte su tiempo entre la vida familiar y su grupo de amigos, con quienes bebe continuamente y juega poker.

Blanche está en las antípodas de Stanley: su arrogancia, sus delirios de grandeza, su impostada cultura y su actitud altiva, se oponen fuertemente al obrero rudo con quien Stella comparte sus días.
Pero justamente Tennessee Williams no intenta meramente mostrar un conflicto de clases y de niveles socio-culturales. Eso sólo habita en la superficie de la obra, tras la vida de apariencias y de status social que detenta Blanche, el autor va devenlando los secretos más terribles que ella esconde y su marcada imposibilidad de lidiar con el alcohol, los desfalcos de la fortuna familiar y con el propio desequilibrio emocional que la acompaña, desde que su ex esposo la ha abandonado.

Stanley utilizará todas sus armas y su violento temperamento para ir haciendo caer cada una de las máscaras y las falsedades de Blanche, mientras Stella queda atrapada, triangulando entre el amor hacia su hermana y  un marido violento que la hostiga y la maltrata (aún estando embarazada) pero al que ella ama profundamente.
En su delirio y  su perseverancia por mantener una imágen completamente alejada de la realidad, Blanche fuerza la situación a un punto de estallido, a un punto de no retorno, que sólo hacen que su frágil equilibrio aparente se desmorone aún más.

Daniel Veronese logra una vez más una puesta de excelencia, absolutamente cuidada en todos los detalles (la escenografía de Jorge Ferrari nos transporta a la época y al lugar imaginado y el vestuario de Gabriela Pietranera es deslumbrante, sobre todo para una exquisita Blanche) y según palabras del propio director "esta obra habla sobre la ceguera, sobre las ilusiones, sobre las deseperanzas de las minorias... la lucha por defender, por salvaguardar nuestro espacio privado destruye muchas veces las necesaria prudencia que debe existir hacia el otro".
Williams cobra una vigencia increíblemente fascinante en cada uno de sus diálogos, virados en muchos casos al humor sutil para poder sobrellevar la oscuridad con la que coquetean todos sus personajes y Veronese logra tomar cada una de las líneas de la obra para que cobre sentido la lectura que le quiso dar para revalidad a este clásico.
El elenco es compacto, sin fisuras, pero el cuarteto protagónico logra sostener un texto apasionado y nada fácil de resolver, con completa solvencia.

Guillermo Arengo es Mitch, el vecino de la pareja que cae en la tela de araña que teje Blanche, inocentemente rendido ante la su impostada sensualidad. Es Blanche quien lo necesita desesperadamente como el gran salvavidas para volver a encaminar su situación, pero Mitch se entrega ilusionado a un nuevo amor. Arengo maneja brillantemente tanto la veta más naïf de su personaje como el intenso quiebre que sufre cuando la verdad sale a la luz. Y se destaca en ambas facetas.

Paola Barrientos transmite toda la duda, la intensidad y el dolor de Stella, tironeada entre sus dos grandes pasiones -por un lado su  historia familiar omnipresente ante la aparición de Blanche- y su propia familia - la fundada con Stanley-  y logra calibrar exactamente la fuerza de su personaje, entregando un espléndido trabajo de múltiples matices.

Quizás sea Diego Peretti quien parezca trabajar más superficilamente algunos tramos de su personaje. Sin embargo, logra dominar a la bestia interior de Stanley y una vez ganado por el ritmo de la obra, su creación va in crescendo y sobre todo en las escenas de violencia y brinda un Kowalski  que lanza un golpe al estómago de la platea, encrispando el clima de la obra en el momento preciso.



Erica Rivas entrega una Blanche poseida completamente por sus aires de grandeza, hundida cada vez más en su propia mentira, con aires de vamp que no dudará en utilizar cualquier arma de seducción para seguir intentando controlar y tener el mundo, ese micromundo, a sus pies. Prende un cigarrillo atrás del otro como un elemento que la erotiza y la enciende y no para de acompañarse con su fiel amigo el vaso de whisky.
Rivas/Blanche nos impone su presencia en prácticamente toda la duración de la obra. Es arrolladora y hasta siniestra en la manera de querer salvarse aunque la debil linea que separa la realidad de la propia ficción que se ha montado para ella misma, la empujan a una locura casi anunciada (aunque vale destacar que la locura de Blanche se presenta como demasiado precipitada porque su personaje había sido trabajado desde otra arista).
El único punto en contra es que es demasiado joven para el papel y pierde credibilidad en ese aspecto -hay numerosas referencias a la edad en el texto y no suena convincente que una joven Erica Rivas se encuentre tan preocupada por el tema de la "vejez" y su ocaso, en función a los años-, aunque puede compensarlo con una muy buena actuación.

Veronese y todo su elenco, revalidan la vigencia de un clásico y nos permiten tomar nuevamente a este tranvía que nos lleva al encuentro de las hermanas Dubois donde una vez más, Blanche construye castillos en el aire, los habita, e irremediablemente cuando de la mano de Kowalski la realidad la atraviese como un rayo, todos ellos , cada uno a su modo, habrán transitado el doloroso proceso de la verdad.


miércoles, 11 de mayo de 2011

Woody sabe como armar una buena ensalada

"Que "la cosa" funcione" ("Whatever works")

de Woody Allen
con Larry David, E.Rachel Wood, Patricia Clarkson y Ed.Beagley Jr

Todos sabemos que Woody Allen "fabrica" un opus por año. La cita anual de este año era justamente "Conocerás al hombre de tus sueños" (Comentario aquí) que de hecho ya ha sido estrenada en Buenos Aires en el verano. Pero por esas vueltas de la distribución local, su película anterior, "Whatever Works" nos la habíamos salteado y llega ahora, con un poco de retraso.

Pero justamente es en beneficio de "Que "la cosa" funcione" ya que el traspié autoral de Woody en "Conocerás..." había sido tan tremento que sólo por comparación, el estreno de esta semana sale ganando y es, al menos, mucho más disfrutable y en una línea coherente con sus obsesiones, sus traumas y su manera de ver las cosas, que lo identifican y que lo hacen un ícono indiscutible.

En este caso la historia que nos cuenta Woody es sumamente sencilla: Boris Yellnikoff (un Larry David que es el alter ego absolutamente ideal del mismísimo director) es un profesor universitario de física cuántica, ya retirado, típicamente neoyorquino y con un divorcio... más un intento de suicidio en su haber. Ahora  tiene como nuevo "hobby" enseñar a jugar ajedrez a los niños, escupiéndoles crueles verdades si es que no sirven para eso. 
Todo esto nos lo cuenta él mismo con un enteramente disfrutable monólogo a la cámara que lo pinta de cuerpo entero. Así es Boris.... y un poco así es Woody.

Y para ponerle un poco de "sal" a su vida, el destino quiere que se cruce con Melodie (Evan Rachel Wood conocida por su protagónico en "A los trece" y como la hija de Mickey Rourke en "El luchador") quien se acaba de escapar de casa y  quien bajo una lluvia torrencial le pide que, al menos, la deje pasar la noche en su sofá. Y quizás la cosa funcione...

"Whatever works" tiene muy poco que ver con la brillante "Match Point". Es más bien una enorme ensalada, en la que Allen mezcla los mismos ingredientes de siempre, los que ya ha usado en películas anteriores y que quizás sean novedosos para los que se acercaron a su cine recientemente.
Para aquellos que extrañan "Crimenes y Pecados" "La otra mujer" o "Hanna y sus hermanas" evidentemente esta comedia está muy lejos de su mejor cine pero nos cerca un entretenimiento inteligente y con un ritmo con el que puede llegar a todos los públicos.

Tiene, por suerte, destellos de ironía y de un negrísimo sentido de la vida que vuelca absolutamente en el personaje de Larry David ( perfecto y genial como esta copia de sí mismo que hace el propio Woody, ya alejado de la actuación) y en boca de quien pone las mejores y más festejadas líneas del guión.
Se celebra nuevamente la complicidad que plantea en sus monólogos hacia el espectador ("rompiendo" esa pared como ya lo hacian los propios personajes de "La Rosa Púrpura del Cairo").

Volviendo a Boris, nada es tan sencillo y pronto la situación se complica, cuando aparezca en escena la madre de Melodie (nuevamente trabajando a las órdenes de Woody, Patricia Clarkson, sutil en su delirio y en una actuación nuevamente exquisita), una intelectual iluminada por el arte moderno, amante de la fotografía y porqué no del ménage á trois.
Vuelca en ella la pizca de snobismo y desparpajo que tenía Dianne Weist en "Disparos sobre Broadway" y para demostrarnos su capacidad de reciclar y autoreferenciarse aparece el romance de la estudiante con un hombre mayor como en "Manhattan" e indudablermente el personaje de Melodie le debe muchísimo al de Mira Sorvino en "Poderosa Afrodita": un poco hueca, un poco inexperta, un poco enamoradiza...

Tiene también sus reflexiones sobre la pareja al mejor estilo más liberal que volcó recientemente en "Vicky Cristina Barcelona" o hace ya un buen tiempo en "Comedia Sexual de una noche de verano" y en los monólogos de David nos muestra una vez más su efectivísimo recurso del monólogo intimista que ya maneja al dedillo desde la memorable "Annie Hall - Dos extraños amantes".


Y Woody apuesta a lo seguro y gana. Quizás no sea hora de que se ande arriesgando por nuevos caminos. Transita los ya conocidos, el terreno firme y arma una comedia amena, sencilla, poco pretenciosa y nada novedosa, pero siempre Woody nos ilusiona con la posibilidad de volver a regalarnos una enorme película.

Una estructura que bien podría ser una buena obra de teatro, una Patricia Clarkson absolutamente deliciosa y un Larry David que no podría haber encontrado un mejor papel - o Allen alguien mejor para interpretarlo? - son los puntos más altos de esta comedia liviana del gran Woody.

Si "la cosa" funciona? Y, si, funciona bastante bien. Woody sabe cómo hacerlo una vez más.

lunes, 9 de mayo de 2011

Demoliendo jarrones

"Potiche - Mujeres al poder"

de François Ozon 
con Catherine Deneuve, Gérard Dépardieu, Fabrice Luchini, Karin Viard y la participación de Sergi Lopez



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"Potiche", el título original de este nuevo film de François Ozon "Mujeres al poder", se refiere obviamente a esos jarrones grandes, hermosos objetos decorativos pero generalmente carentes un valor preciso y sin una verdadera utilidad. Y es también el título de la famosísima obra de teatro de Pierre Barilet y Jean-Pierre Grédy que Ozon adapta a la pantalla grande, rodeándose nuevamente de un elenco de lujo para despuntar lo mejor de la comedia francesa.

Robert Pujol (Fabrice Luchini) es un industrial que maneja la fábrica de paraguas que ha heredado de su suegro. Pero por diversos problemas sindicales con sus obreros, todo su despotismo y su maltrato quedará de lado cuando su mujer, Suzanne (una vez más Deneuve con una presencia imponente y única en la pantalla) tome las riendas del asunto y logre no sólo encausar el negocio familiar sino darle una nueva dirección al emprendimiento familiar.

Para sorpresa de muchos, y sobre todo la suya propia y la de sus hijos, Suzanne no dudará ni un minuto en dejar rápidamente de lado su vida burguesa y de ama de casa ejemplar, para poner en juego todo su potencial y descubrir que puede ser muchísimo más que un objeto decorativo dentro de su mansión.

Ozon, uno de los realizadores más prolíficos del cine francés actual, quien parece obstinado en demostrarnos que no hay género que se le resista, prueba ahora con un tono de comedia típica de los años '70 -justamente en la época en que se desarrolla el film- y rinde, en cierta forma, un homenaje a la comedia blanca de la que han abrevado tantos otros directores.

"Potiche" está en las antípodas de muchos de los otros géneros transitados por Ozon como el suspenso con "La piscina", una espesa psicología de sus personajes en "Bajo la arena" y "Gotas que caen sobre rocas calientes", también se ha dado el lujo de jugar a la comedia musical con un dreamteam increible en "8 mujeres" o vibrar en un tono más dramático para su última realización "El refugio" o en "Tiempo de vivir". Es él mismo quien analizó con fino bisturí a la pareja en "5 x 2" y también dotó con aires de fábula a una mujer en pleno descubrimiento de si misma y de su maternidad en "Ricky".

Ahora no sólo cambia de género sino también de registro y logra un tono de comedia que remite a Louise de Funes y Annie Girardot en "La cizaña" o a otros cineastras franceses cultores de la comedia como Claude Zidi o Francis Veber y logra que este elenco de lujo se preste al juego de una comedia pasatista con algunos destellos de ironía sobre el rol de la mujer en la sociedad.

Para esto, cuenta con la incondicional colaboración de Catherine Deneuve para dar vida a una Suzanne opuesta a los últimos trabajos de ella en cine -como por ejemplo "Mére et Filles", "Après lui" o "La fille du RER" en donde abordaba mucho más su veta dramática- y una vez puesta a jugar, puede tanto salir en jogging y ruleros a hacer sus ejercicios matinales como desplegar un increible vestuario diseñado por Pascaline Chavanne demostrando ser una de las mujeres más bellas del cine de todos los tiempos, bailar en una disco en un clip con una pizca de delirio o consensuar con sus obreros en plena huelga.

A su lado, Gérard Dépardieu, es su complemento ideal y la química entre ellos sobrepasa la pantalla y es evidente que han divertido -y mucho- jugando con estos personajes de comedia. Él es Maurice Babin, su viejo amor, que se reencuentra con ella, ahora devenido en alcalde comunista y completa el "triángulo" Fabrice Luchini que se maneja con completa naturalidad en los pasos de comedia en el rol del marido que desvaloriza permanentemente a su esposa y que guarda los jugueteos para su secretaria (un poco desaprovechada Karin Viard, en un rol demasiado deslucido para una gran actriz).

Al reemplazar su lugar de "florero" por el de mujer activa, todo comenzará a cambiar en el mundo de Suzanne, para bien y para mal, como también comenzará a "temblar" la relación con su hijos -Jérémie Renier y Judith Godrèche- pero sobre todo el impulso que tomará la fábrica será muy diferente, conducida ahora por una mujer.
Nuevamente, este rol de la mujer al mando, le permite a Ozon pasear su mirada por el universo femenino que visita en absolutamente todos sus films, dandole su marca personal, aunque obviamente "Potiche" se debe ver sin demasiadas pretenciones más que pasar un buen rato acompañado de grandes actores que disfrutan de la propuesta.

Dentro de su filmografía es quizás su film menos impactante, menos creativo, y mucho de ello tiene que ver la mirada demasiado cándida que imponen este tipo de comedias y que el realizador también traduce en una manera de filmar y una puesta mucho más estructurada e incluso algo rígida, demasiado teatral en algunos aspectos. Hay algunos diálogos y otros tantos gags que no le sientan tan bien a sus personajes y por supuesto no logra la densidad y la complejidad que tienen la mayoria de sus protagonistas de sus restantes films.

Sin embargo, siempre es grata una dosis, una buena dosis de cine francés en la cartelera y "Potiche" a pesar de que en su ritmo y su temática aparece como algo fuera de época para los tiempos que corren, logra entretener y brindar un rato agradable, sin dejar de subrayar en este tono sencillo cuál es el nuevo rol que ocupa la mujer en nuestra sociedad.

domingo, 8 de mayo de 2011

Fatih Akin ahora se mete en la cocina

"Cocina del alma" ("Soul Kitchen")
de Fatih Akin
con Adam Bousdoukos, Mortz Bleibtreun, Birol Ünel y Anna Bederke

Hace algunos BAFICI, algunos cuántos para ser más exacto, en la proyección de "Im Juli" quedé cautivado por la manera de narrar de Fatih Akin, quien demostraba en ese film, poder mezclar extraña pero virtuosamente, una extraña mezcla de road movie, comedia romántica y cine social.

Luego, y en función a sus estrenos comerciales, pudimos apreciar su narrativa, ya más sumergida en el drama y el compromiso testimonial de lo que sucede en Europa en estos días, sobre todo en lo que tiene que ver con conflictos sociales provenientes de las olas inmigratorias. Asi nos ha brindado dos joyas como fueron "Contra la Pared" y "Al otro lado" donde el público de Buenos Aires conoció y degustó su obra.

Es justamente por el éxito de crítica y de público que tuvieron sus dos obras anteriores, que no se entiende porqué el estreno comercial de "Soul Kitchen" es posible solamente limitada a copias en DVD. Akin vuelve, pero ahora demostrando su enorme versatilidad para moverse de género en género y regresar con una muy buena comedia. Esto no quiere decir que abandone sus temas y obsesiones dentro de su cine, todo por el contrario, aparecen, pero con un tono completamente diferente de sus películas anteriores, y quizás radique ahí justamente el punto más interesante de este estreno.

Con ritmo de comedia, sin dejar de lado los conflictos familiares, amores contrariados y discriminaciones étnicas, Akin nos presenta algunas historias que terminan confluyendo en el restaurant que Zinos (Adam Bousdoukos) maneja en Hamburgo. Nuestro protagonista conflictuado por el viaje de su novia a Shangai, la necesidad de sacar adelante su restaurant con un nuevo chef (que ha reclutado mientras lo ve renunciar en un restaurant top donde se desarrolla una cena familiar) y la libertad condicional de su hermano que requiere de una inserción laboral urgente. Todo esto adicionado con el encuentro casual con un compañero de secundaria, ahora devenido en broker de bienes raices, que hará todo lo imposible para comprarle el predio donde funciona su restaurant (la "Soul Kitchen" del título) y hacer un brillante negocio inmobiliario, situación a la que Zinos se resiste por más que el agente inmobiliario le juegue muy sucio.



Con todas estas líneas argumentales, Fatih Akin arma una comedia gastronómica muy entretenida, con mucho ritmo y una banda de sonido que es un adicional para los amantes de la buena música. Sabe darle espacio a algunas lineas argumentales más dramáticas sin caer con esto en ningún tipo de solemnidad ni abandonar el entretenimiento que propone la película. Es por eso que quizás, haya que contemplar algunos rasgos de sus personajes que se ajustan más al ritmo de la comedia que al fresco tan realista con el que imprimió a los personajes de sus obras anteriores.

Lo acompaña en su tarea un elenco sin fisuras, los dos hermanos a cargo del ya nombrado Bousdoukos y de la estrella del cine alemán Moritz Bleibtreu (a quien vimos en "Munich" "El Experimento" pero será siempre recordado como el novio de "Corre, Lola, corre") y Birol Ünel (asiduo colaborador de Akin quien ha trabajado también en "Im Juli" y en "Contra la pared") como el chef recién llegado con su objetivo personal de darle un toque gourmet al restaurant de Ziros, por más que los clientes lo rechacen en un primer momento.

Sencillamente liviana respecto de la otra filmografía del director, pero igualmente sólida en el manejo de las diferentes puntas narrativas de la historia y de la fluida manera de contar que maneja Akin a la perfección para cualquiera de los géneros que se proponga, "Cocina del Alma" fue ganadora del Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia de 2009 y se constituye como un excelente exponente del cine alemán actual, pocas veces disfrutable y difundido en Buenos Aires, más allá de alguna semana especial donde se muestran las últimas realizaciones.

Sería bueno que entre tantas peliculas con tanto aparato de propaganda y publicidad, al que le gusta el buen cine, logre rescatar esta perlita de un director notable, sumamente entretenida y con un relato eficaz sostenido por un elenco de primer nivel y con el enorme plus de una heterogénea banda de sonido que nos pasea por el mejor blues, jazz, música electrónica, funk y reggae en donde brillan entre otros: Quincy Jones, Curtis Mayfield, Louis Armstrong o Kool and the Gang.

A disfrutar, la mesa está servida!

domingo, 1 de mayo de 2011

Educando a Germain

"Mis tardes con Margueritte"
de Jean Becker
con Gérard Depardieu y Gisèle Casadesus con las actuaciones de Claire Maurier, Sophie Guillemin y Patrick Bouchitey.

Con "Dejad de quererme" ("Deux jours á touer") -quizás su filme con una estructura más interesante-, "La fortuna de vivir" y sobre todo con "Conversaciones con mi jardinero", Jean Becker nos tiene acostumbrados a lo más arquetípico del cine francés: buenos diálogos, situaciones de encuentro y desencuentro de los protagonistas, historias familiares que han marcado a los personajes y un ritmo casi teatralizado en la manera en que quiere contarnos la historia.
Diálogos muy trabajados -y en cierto punto hasta excesivos-, poco riesgo estético y un encuadre sumamente tradicional hacen de Becker un director que siempre entrega un producto correcto pero que no despierta demasiado asombro o interés en aquellos quetraten de buscar algo más allá del esquema más habitual.

En este caso, en "Mis tardes con Margueritte", Becker narra un encuentro particular, improblable, de dos mundos complatamente diferentes.
Dépardieu es Germain, un cincuentón  que no ha podido terminar sus estudios primarios, que vive casi precariamente con su pareja -una jóven colectivera- en su casa rodante, instalada próxima al terreno de la casa de su madre y se sustenta con el producido de su huerta personal.
Un hombre con alma de niño, que se resiste a madurar y plantarse en la vida y que a lo largo del proceso que cuenta la historia dejará al descubierto, las profundas marcas que su niñez dejó y que impactaron en su historia personal.

Una de las tardes en las que va a la plaza a darle de comer a las (sus) palomas, se cruza con  Margueritte (Gisèle Casadesus), una anciana que vive en un geriátrico de la zona y tiene justamente a esa plaza como única salida, yendo a visitar a sus amigas las palomas, a los cuales Germain hasta les ha puesto un nombre.

Margueritte es su opuesto: flaquita -casi diminuta mientras que Germain es más que robusto-, investigadora,  con una interesante vida dedicada a la ciencia y rebozante de cultura, hará que poco a poco através de la lectura, él se vaya interesando por diversos autores clásicos universales.


A pesar de su falta de instrucción, Germain comienza a sentir una particular atracción por la literatura en general y por esos encuentros con Margueritte en particular, en donde hilvanan algunos datos de sus historias personales, entremezclados con bellísimos textos literarios.

Muchos de estos momentos de la historia personal, Becker elige trabajarlos como recuerdos-flashbacks y son el vehículo para tocar otros temas de la vida de este niño-hombre: el dificil vínculo con su madre, algo abandónica y abusiva, momentos de su escuela primaria en donde había sido fuertemente discriminado y su  dificultad de "sentar cabeza", evidenciada sobre todo en el vínculo con su novia actual, quien, por otra parte lo encuentra faltos de proyectos dentro de la pareja.



No hay absolutamente nada nuevo bajo el sol: algunos buenos diálogos, buenas actuaciones -buen trabajo de Claire Maurier como la madre, un Dépardieu con algunos tics de sobreactuación en sus espaldas y una adorable Casadesus que destila oficio teatral más que cinematográfico- y un argumento sencillo que no deja en ningún momento de interesar, pero tampoco lograr generar ninguna situación novedosa ni con una puesta diferente.
Becker se abusa particularmente de un ramillete de lugares comunes en los flashbacks a los que recurre para mostrarnos una madre francamente estereotipada y muestra una dimensión sólo de bondad y candidez de la anciana digna de la dulce abuelita inofensiva que se contrapone, ex profeso, con la torpeza y la falta de cultura de un Germain en donde Dépardieu vuelve a demostrar que no hay papel que se le resista, aún con su grandilocuente gestualidad.

Para la hora del té y para llevar al cine a pasear a la abuela.