martes, 26 de abril de 2011

Desapareció un lindo gatito

"El gato desaparece"
de Carlos Sorín
con Luis Luque, Beatriz Spelzini, Maria Abadi y Norma Argentina

Carlos Sorín es uno de los cineastas argentinos que ha logrado mantenerse a través del tiempo y redefinir su carrera a la medida de las circunstancias. Sorprendió más que gratamente con "La película del rey", pero más aún con "Historias Mínimas" en donde comenzó a manejar historias pequeñas, de gente común, logrando gran empatía con el público y con un registro narrativo diferente al convocar para sus roles protagónicos a no-actores como lo hizo con "El perro" o en "El camino de San Diego"  e incluso en "La Ventana" aunque sin lograr el impacto de la primera de la serie, que fue la mencionada "Historias Mínimas".

Con "El gato desaparece" da otro golpe de timón en su carrera y se juega por una película de género, con todo lo bueno y todo lo malo que ello implica.

Como puntos a favor, apelar a un film de género -y sobre todo de suspenso- hace que el público ya tenga a priori una empatía con el tipo de historia que se va a presentar, se puede trabajar sobre seguro y los mismos mecanismos y resortes que le son propios al género, hace que el film ya tenga una estructura a respetar y ciertos parámetros con los cuales el éxito de la tarea, queda casi asegurado.

Pero, por el otro lado, cada género tiene sus convenciones, sus reglas, sus esquemas y no dar en la tecla con alguno de ellos, claramente desentona mucho más que cualquier falla en una película que no responda a una estructura tan prearmada.

Sorín en este caso nos presenta la historia de Luis (Luis Luque), un profesor universitario que luego de una temporada internado en una clínica psiquiátrica por un violento episodio que tuvo con uno de sus colaboradores, es finalmente dado de alta cuando la evaluación médica cree que ya es momento de que retome su vida personal y profesional. Su mujer, Beatriz (Beatriz Spelzini) no se siente tan segura con esta vuelta al hogar.
Por un lado era un momento muy ansiado para ella, que le permitiría recomponer el vínculo con su esposo, pero por otro lado, este retorno la llena de inseguridades, porque en todo momento duda de que realmente Luis se encuentre recuperado. Teme que en cualquier momento otro nuevo brote aparezca y son justamente ciertas actitudes que Luis va presentando desde el regreso a casa, las que la hacen dudar más aún y la sumergen en la incertidumbre.

Su último punto de apoyo, Donatello -su gato negro  y mascota de la casa-, también está "raro": no solamente ataca a Luis apenas llega, sino que de forma extraña e inesperada, desaparece por completo, situación que la desestabiliza a Beatriz aún más. 

La estructura del relato es como espasmódica y si bien mantiene mínimamente el interés, Sorín no logra hilvanar elementos que jueguen como piezas del rompecabezas para hacer crecer el suspenso, sino por el contrario, se demora en situaciones que suman al crecimiento dramático de la historia. Cuenta, por suerte, con una enorme actriz como Beatriz Spelzini que sostiene el peso general de la historia aún cuando el guión le hace hacer algo fuera de lugar.
Luis Luque también acierta en su composición dejando siempre un halo de confusión sobre su situación psíquica que ayuda a sostener el enigma, el clima que la historia necesita.

Sin embargo, el tono heterogéneo del  elenco (el registro con que la hija de la pareja -Maria Abadi- se dirige a su madre, desentona por completo con la manera en que el resto del elenco habla) y sobre todo algunas situaciones o diálogos impuestos por el guión en forma muy poco creible (incluso los vecinos se dirigen a Luis como "el profesor" algo que suena como fuera de época o fuera de lugar, encuentros para charlar dentro de un auto en el estacionamiento de un shopping cuando podrían hacerlo normalmente en un café, médicos que recetan psicofármacos al aire libre o la escena en donde Beatriz sale corriendo descalza hasta la casa de la hija en una noche de desesperación y el recibimiento de la hija no concuerda en absoluto con el tono de la escena) atentan contra la fuerza del relato.

Sobre el final, la vuelta de tuerca y el momento inesperado aparecen y pareciera que Sorin sólo ha demorado el relato sabiendo que tenía un final que valía la pena y que está muy bien contado, sobre todo cuando en los últimos tramos, por ciertos guiños estábamos esperando una cosa completamente diferente. Pero un buen final y un par de excelentes actuaciones, no conforman por sí solas una buena película.

lunes, 25 de abril de 2011

Espejos para verse mejor

"Espejos Circulares"
de Annie Baker en versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino
dirección de Javier Daulte
con Soledad Silveyra, Jorge Suárez, Andrea Pietra, Boy Olmi y Victoria Almeida


"Espejos circulares" o "Circle Mirror Transformation" según su título original es una obra tan pequeña como potente que habla de las posibilidades de transformarse, de reciclarse para vivir "nuevas vidas" en una misma vida y poder disfrutar de estas nuevas experiencias, aún desde los lugares más pequeños e inesperados. Siempre hay una oportunidad de cambio. Siempre.

Susi (Soledad Silveyra) arranca en un pueblo con sus clases de teatro. Para ella aparenta ser también un nuevo comienzo y para ir armando el grupo ya cuenta con Jorge (Boy Olmi), su marido y se suman además tres alumnos, dispuestos a experimentar sus clases de actuación durante seis semanas.

Schultz (Jorge Suarez) es un cuarentón que descubre en cada una de estas semanas un renacer, una nueva experiencia y se entrega al juego, al placer de jugar, en síntesis, se dispone al cambio, quizás sin proponérselo.
Andrea Pietra es Teresa, otro ser tan lastimado por el amor como Schultz, que pone la cuota de libertad, en apariencia, del grupo.
Laura (Victoria Almeida) sueña con ser una gran actriz, presentarse a las audiciones para un papel en "Amor sin Barreras" y las clases de Susi serán un buen entrenamiento para lograr su objetivo.

Y durante esas seis semanas ellos se dispondrán a seguir los ejercicios que Susi proponga y que son el vehículo para que Baker dispare pequeñas "diapositivas", chispazos de luz sobre cada una de las cosas que van pasando semana a semana, de las pequeñas mutaciones que van sufriendo los personajes, lo que le da a la obra una estructura ágilmente particular.
Cada semana será presentada con "separadores" al ritmo del mejor soul o de un dulce blues -la música elegida es tambíén excelente- y mediante un monólogo en donde cada uno de los protagonistas juega a ser otro y se presenta como tal, nos va brindando una serie de datos que nos permiten ir armando el pequeño rompecabezas de cada una de sus historias. La autora los retrata con tanto amor y tanta compasión en esos distintos aspectos de sus vidas que se van develando, en los pequeños recortes de su pasado, que cada fragmento nos invita a acompañarlos en este juego.

Nuevamente Javier Daulte logra una puesta ágil, sólida y a la vez precisa y contundente, con un excelente manejo actoral, con un timing perfecto y una sensibilidad singular, tal como ya lo había mostrado en "Baraka", la inolvidable "Nunca estuviste tan adorable" o sus clásicos "Criminal" "Marta Stutz" o "Estas ahí?". Logra explotar al máximo el oficio y las posibilidades de cada uno de sus actores y los conduce con una exquisita sutileza formando un elenco compacto y homogéneo, realmente de excelencia.

Soledad Silveyra la impregna a Susi de su increíble vitalidad y se disfruta en todos sus matices (pero está particularmente deliciosa en la escena que le cuenta a Teresa que vió unas tinturas "diferentes") y da, literalmente, clases de teatro.
Boy Olmi tiene en suerte el personaje al que, quizás, la obra le da un lugar un poco más pequeño, con menos posibilidades de lucimiento, pero logra sacar provecho sobre todo, en las escenas en donde interactúa con Silveyra.
Andrea Pietra dota a Teresa de una libertad y sencillez completamente diferente a su último trabajo en "Agosto" y gana más fuerza en los momentos en que se ve quebrada por sus temas amorosos.
Jorge Suarez una vez más logra un trabajo magistral con su Schultz, que arrasa en cada escena. Suarez sabe jugar con sus silencios, darle una gestualidad particular a su criatura y ganarse al público desde su primer aparición. Despliega un timing especial en los momentos de comedia y brilla con un personaje con una personalidad completamente opuesta al cínico de "Gorda". Schultz es, quizás, el que más gana en el entrenamiento con Susi, en este juego de auto-descubrimiento al que realmente saca provecho.
Y una enorme y grata sorpresa es Victoria Almeida en el papel de Laura. Dentro de un elenco con nombres de amplia trayectoria, Almeida no sólo no desentona, sino que se destaca en la ingenuidad y la  frescura que le regala a Laura y logra un excelente trabajo.

Para el momento en que lleguemos a la sexta semana, a la clase en que Susi plantee la despedida, ya hemos atravesado juntos pequeñas y entrañables situaciones con cada uno de estos personajes y los hemos acompañado en su recorrido.
Para el momento en que llegue entonces el último ejercicio propuesto y nos proyectemos junto con ellos en qué pasará con cada una de sus vidas, la magia del teatro nos hará ver a Shultz y a Laura encontrándose un día cualquiera, en una esquina cualquiera, de un barrio cualquiera -como tantas veces nos puede haber pasado-,  atravesándonos como un flechazo varios años de sus vidas y de sus historias.

Para ese momento, la magia del teatro nos habrá regalado un final perfecto para esta pequeña delicia que es "Espejos Circulares" y saldremos conmovidos preguntándonos nostros también cuántas vidas posibles tenemos dentro de una misma vida. A disfrutar!

viernes, 22 de abril de 2011

Lobo estás?

"La chica de la Capa Roja"
de Catherine Hardwicke
con Amanda Seyfried, Gary Oldman, Virginia Madsen, Julie Christie, Shiloh Fernandez y Max Irons



Es bastante dificil, después de haber leidos varias de las críticas que fueron publicadas, tratar de escribir algo que sea un poco diferente a todo lo dicho, respecto del estreno de esta semana, "La chica de la capa roja" que viene con el antecedente de estar dirigida por la misma directora de "Crepúsculo".

Es paradójico que la película sea promocionada de esta forma -haciendo hincapié en su directora- en donde indudablemente la esta nueva adaptación del cuento tradicional, tiene su punto más flojo, y por lejos. Catherine Hardwicke parece haber entendido poco y nada del tenebroso mundo del cuento de Perrault, varias veces adaptado, incluso suavizado por los hermanos Grimm.
Hardwicke le vuelve a imprimir lo que evidentemente va a pasar a ser su sello distintivo -adolescentes en celo con las hormas superrevueltas, sea en el ámbito que sea- y acá no hace mucho más que cambiar vampiros por hombre lobo, pero el "calor", adolescente y apasionado, persiste.

Ya desde el enfoque inicial, entonces, la directora pierde rápidamente el rumbo y se detiene a mostrar con muchos más detalles la encrucijada amorosa y pasional de Valerie (Amanda Seyfried, en una versión super libre de la conocida Caperucita Roja) entre el niño de una clase que no le pertenece, Peter (Shiloh Fernandez) y aquel con quienes sus padres han arreglado un matrimonio por conveniencia, Henry (Max Irons) que luego, por otras vueltas de la trama, veremos que tenía su razón de ser porque ambas familias ya estaban anteriormente vinculadas.

Todo este triángulo amoroso se desarrolla en una aldea de Daggerhorn, un pueblo típicamente tranquilo que se ve alterado por las constantes apariciones en noche de luna llena del hombre lobo, criatura que desestabiliza la quietud pueblerina y que luego puntualiza su acecho en Valerie.
Es con ella con la única persona que el lobo habla -por eso inclusive Valerie será tildada y tratada como a una bruja- ya que tiene un vínculo que encierra oscuros secretos que se irán develando hacia el final de la película.

Seguramente Hardwicke hubiese ganado contundencia en el relato si hubiese sabido domesticar y poner de su lado a una criatura tan enigmática e interesante como es el hombre lobo y aprovechar el enorme elenco que pusieron bajo su tutela en los roles secundarios, los cuales, en su gran mayoría están totalmente desaprovechados. Hasta en algunos momentos, actoralmente a la deriva, parecen no tener registro ni marcación alguna.
Además de desperdiciar totalmente a Lucas Haas (aquel niño de "Testigo en Peligro") en un papel que hubiese dado para mucho más, Virgina Madsen (que supo brillar en la comedia independiente "Sideways - Entre copas") no logra dar con la ambivalencia de la madre, quien además, ha perdido una hija -la hermana mayor de Valerie es atacada por el hombre lobo al inicio del film- e ignora completamente ese momento de quiebre, como si nada hubiese pasado.
Gary Oldman como el padre Solomon, un afamado cazador que viene a prestar ayuda a los desesperados aldeanos, está lejos de sus grandes actuaciones, es como una pequeña sombra de lo que supo demostrar en "Drácula" o en sus últimos malvados para la pantalla.
Y Julie Christie como la abuela de Valerie es la que tiene algunos momentos bien aprovechados, pero que claramente podría haber explotado todo su halo de misterio, si Hardwicke se hubiese obsesionado más en la negrura de sus personajes antes que a los adolescentes carilindos y hormonales persiguiendo a la rubia de cuento de hadas.


Sin embargo, y a pesar de todos los reparos, Seyfried (como Valerie, demostrando que ya tiene un rostro privilegiado para la pantalla grande y puede vibrar en varios registros como "Mamma Mia!" "Cartas a Julieta" o "Chloe") hace un enorme esfuerzo por sostener la historia y logra transmitir todas sus dudas respecto de la identidad del lobo.
Fundamentalmente está la posibilidad de que cualquiera de sus dos amados sea finamente el hombre lobo, pero sobre la mitad del film se empiezan a desplegar otros posibles sospechosos y para cuando se devele la verdadera identidad, habrá más de una sorpresa y es sin duda este enigma, el único hilo conductor que el film logra sostener decorosamente.

Cabe señalar que Hardwicke tampoco fue ayudada por un diseño de escenografía que indudablemente se trata de un gran estudio de cine decorado a tal efecto, no hay un sólo escenario natural: eso se nota ... y mucho. Ni los paisajes, ni las casas, ni la nieve, ni el bosque de árboles desde cuyos troncos salen espinas con forma de lanzas, ni  el granero... nada de nada suena real.
Con lo cual hay que hacer un esfuerzo adicional para situarnos en esa pequeña aldea medieval donde además, todo el mundo tiene aspecto de salir de la Vanity Fair directo al estudio de filmación, dado que hay muy poca dedicación en la ambientación de época: ni el vestuario, ni los peinados, ni la manera de conducirse respetan la época.

Pero ninguna de esta objeciones les va a interesar a los adolescentes y sobre todo las adolescentes que suspiren por los dos compactos de hormonas que se disputan a Valerie.
Para el resto, hay momentos muy logrados, sobre todo en el misterio que rodea a la identidad del hombre lobo y sobre todo las escenas relacionados con Valerie y su abuela están filmadas con un tono muy adecuado al suspenso y el misterio.

La adaptación de "Caperucita" con su universo mágico y siniestro daba quizás para mucho más que para esto, pero si bien Hardwicke y su guión no dan en el clavo totalmente, tampoco es un producto tan desparejo dentro del género. Entretiene, sostiene un misterio a lo largo de todo el film y se rodeó de un elenco interesante que trata de hacer creible una historia fimada en un universo de cartulina y copos de nieve artificiales.

miércoles, 20 de abril de 2011

Una familia que claramente no es de otro planeta

"Los Marziano"
de Ana Katz
con Guillermo Francella, Arturo Puig, Rita Cortese, Mercedes Morán y las participaciones de Daniel Hendler, Raquel Bank, Monica Raiola y Ricardo Merkin


Ana Katz abandona el tono independiente de sus dos primeras obras "El juego de la silla" y "Una novia errante" para ponerse frente a la conducción de un elenco de primeras figuras para su nueva comedia: "Los Marziano", una historia que impensadamente, se opone deliberadamente al apellido.

Si bien desde el título se alude a una familia de otro planeta, la pintura de Katz es de una familia con los conflictos propios que se tejen en cualquier familia que se precie de tal. Y entonces, contrariamente a lo pensado, la familia Marziano tiene la disfuncionalidad normal que opera en toda familia y se nutre de los rencores y las rivalidades más comunmente visitadas en las relaciones entre hermanos.

Para contarnos esta historia, si bien se aleja del perfil de comedia costumbrista, abandona la identidad propia que tenía en sus films anteriores y queda navegando entre esas dos aguas: ni es un porducto típicamente mainstream con estrellas conocidas por el público y con los resortes que suelen mostrarse en la comedia familiar para todos los públicos, ni logra darle una narrativa diferente como sí había impuesto su sello en "Una novia errante".

"Los Marziano" pone la lupa en el vinculo entre los dos hermanos que son tan diferentes como pueda ser posible, y justamente por esa oposición tan terminante es que  a simple vista uno intuye que son, indudablemente, hermanos.
Por un lado nos presentan a Juan (Guillermo Francella), que es el bohemio de la familia, el "tiro al aire" que jamás terminó se sentar cabeza y que se pasea con su inmadurez a flor de piel. Una repentina pérdida de su capacidad de leer lo hace venir a Buenos Aires a recibir atención médica... y en este regreso sin gloria, intentará retomar algunos vínculos que ha dejado pendientes.
Aquí lo recibe  Delfina (Rita Cortese), la hermana que ha quedado entre dos fuegos, su hermano Juan y su hermano Luis (Arturo Puig), un hombre asentado dentro de una clase media alta, afincado en un barrio cerrado y en las antípodas de la vida de Juan, con quien el reencuentro será postergado, pero finalmente inevitable.
Recelos de antaño se mezclan con deudas, olvidos, perdones nunca concedidos y resquemores de todo tipo que, sostenidos a lo largo del tiempo, crean quiebres y cuentas pendientes difíciles de recomponer.

Mientras Juan aparentemente pierde la posibilidad de leer -que Katz la encuentra sutilmente más ligada a la imposibilidad propia de este inmaduro de poder hacer cualquier "lectura" de las cosas-, Luis intenta develar qué hay detrás de unos pozos que aparecen en el country donde vive, alterando la tranquilidad de los vecinos y produciendo accidentes desagradables, justamente siendo él mismo, victima de uno de ellos.

Estos pozos que alteran tanto la quietud de la vida de Luis y su mundo de seguridades, distraen de la trama central y es uno de los puntos que el guión no logra incorporar armónicamente al resto de los temas propuestos.
Hay muchos momentos en los que no encuentra el tono adecuado y se percibe como un rumbo incierto y quedan algunos cabos sueltos en este pequeño compendio de situaciones y sucesos que componen una historia tan deshilvanada como pintoresca.

Pero como gran fortaleza, Katz cuenta con cuatro actores de lujo. Francella parece haber encontrado un registro que le sienta bien. Alejándose de su impronta de comedia televisiva, brinda un personaje con varios matices y fundamentalmente logra convencer en su fragilidad y en su "bohemia".
Arturo Puig, quizás sea  al que le cueste más poder encontrar el tono necesario y no logre transmitir más claramente la personalidad de Luis, aunque también su trabajo sea interesante.

Hay un gran, enorme, lucimiento del elenco femenino con Mercedes Morán, en el papel de la esposa de Luis, quien logra contenerlo en el conflicto con su hermano y poner paños f´ríos a su obsesión con los pozos, mientras tiene sus destellos de frivolidad para pintar a un clase arquetípica de barrio cerrado.
Pero todos los laureles a nivel actuación se los lleva Rita Cortese, componiendo a Delfina, esa hermana que carga en sus espaldas todo el conflicto familiar, y brinda una criatura tan querible como eléctrica y con algunas escenas (como la de la clase de baile con miradas cómplices con Juan) que demuestran una vez más su enorme talento y su capacidad de transmitir con apenas algunas miradas y algunos gestos toda la ternura y comprensión de esa hermana que se encuentra "tironeada" en medio de dos opuestos complementarios.

Si bien los Marziano no son una familia de otro planeta sino bien argentina y con conflictos bien conocidos por todos, las actuaciones y la prolijidad técnica que tiene la historia, la transforman en un producto entretenido y que se deja ver, que hubiese tenido una impronta más acertada con algunos (cuantos) ajustes en el guión.

sábado, 16 de abril de 2011

La habitación del hijo

"Prueba de amor" ("The greatest")

de Shana Feste
con Susan Sarandon, Pierce Brosnan y Carey Mulligan


Dos adolescentes, Bennett y Rose acaban de pasar la noche juntos. Están conversando en el auto cuando sufren un terrible accidente donde Bennett muere.

Los padres de Bennett -quien era el hijo perfecto de la familia- y su hermano Ryan sentirán un profundo terremoto en sus vidas y transitarán el dolor, abordándolo de diversas formas posibles. Sus diferencias se acentúan cuando Rose aparece en la casa de la familia y dice que está embarazada de Bennett.

Con una textura adherida al drama clásico y estrictamente lineal en sus planteos, muestra algunos puntos de contacto con el brillante film de Robert Redford "Gente Como Uno" y todo lo vínculado con la pérdida accidental de un hijo.
De todos modos "Prueba de amor" se acerca más a lo que le pasaba al personaje de Nicole Kidman en "Rabbit Hole" (su labor nominada para el Oscar Critica de "Rabbit Hole" aquí) con una necesidad de vincularse fuertemente con el causante del accidente. Aquí tambien hay un interesante vínculo entre la madre y el causante del accidente (una breve pero excelente actuación de Michael Shannon, nominado al Oscar por su papel en "Revolutionary Road") al que ella va a visitar al hospital, esperando que despierte del coma, porque ella insiste en su necesidad de apelar a un testigo que pueda relatarle los últimos minutos de vida de su hijo.

Una madre que sigue sin aceptar la pérdida, una padre que se refugia en Rose y apoya totalmente el embarazo de la novia de su hijo y un hermano que necesita recomponer su historia personal -y limpiar la culpa, la rivalidad, los celos y su nuevo rol en la familia- lo que hace mediante un grupo de autoayuda en donde encontrará un posible amor, conforman el panorama de vínculos complejos que intenta abordar la película.
Susan Sarandon es un torbellino arrollador en cada escena que aparece demostrando una vez más su talento como actriz. Lamentablemente, a su lado, Brosnan no logra transmitir creíblemente sus sentimientos -y sobre todo en las escenas donde supuestamente debe quebrarse- y Carey Mulligan (a quien vimos hace un tiempo en "Enseñanza de Vida" y recientemente en "Nunca me abandones") aporta frescura y dinamismo a un personaje que se encuentra lleno de contradicciones, y nos regala una nueva y brillante actuación.

Con un armado interesante en la presentación y en el desarrollo de los vínculos, desde la dirección se nota más una preocupación por cerrar y resolver de una forma "correcta" y amable todas las historias que de seguir desmembrando a esta familia devastada. Ahí es justamente donde pierde fuerza y credibilidad y ni siquiera las muy buenas actuaciones alcanzan para salvar a la historia del acaramelado naufragio.

Pecando de un exceso de subrayado, echa a perder un guión que hubiese ganado vuelo apoyándose en las sutilezas y en los momentos más intimos que descarta totalmente sin darle importancia, primando una narración más clásica y condescendiente con el drama y con la exhibición del sufrimiento en la superficie, trabajo que es justamente opuesto al de "Rabbit Hole" donde los personajes y sus sentimientos tienen un desarrollo notable.

"Prueba de amor" es un film que llega a la cartelera con bastante retraso (hay copias circulando en DVD desde hace tiempo) y que no aporta demasiado a la cartelera actual.

miércoles, 6 de abril de 2011

Ensayo sobre la ceguera

"Los ojos de Julia"
de Guillem Morales
con Belén Rueda, Lluis Homar, Pablo Derqui y Julia Gutierrez Caba

"Los ojos de Julia" llega como uno de los exponentes de una nueva tendencia del cine español por el suspenso mezclado con el terror, tras una exitosa producción de "El Orfanato" -con la que comparte protagonista, y viene con el antecedente de estar producida por Guillermo del Toro (el mismo de las brillantes  "El laberinto del Fauno" y "El espinazo del diablo")- y de otros títulos que han tenido su reconocimiento en la taquilla como "Rec".

Como punto común entre las tres, podríamos decir que encontramos el encierro, una situación que acorrala a los protagonistas quienes padecen una situación de difícil escape. En este caso, Julia (Belén Rueda) es una mujer que se está quedando ciega y decide visitar a su hermana gemela (obviamente también Belén Rueda con cambio de peinado!) que padeciendo esa misma patología, ya no puede ver, ya quedó completamente ciega. 
Planean ese viaje de visita junto a su marido (Lluis Homar, de "Los Abrazos Rotos" la última de Almodovar, entre otras) quien luego, por distintos caminos que va tomando la trama, se descubrirá que tenía una relación con ambas.
Apenas lleguen a la casa, una noticia trágica hará que sus proyectos tomen otros caminos a los esperados y Julia será la encargada de desentrañar una misteriosa red de situaciones que rodeaban a la vida de su hermana y vincularse con ciertos hechos que están aconteciendo.

El director Guillem Morales realmente sabe darle intriga a toda la primera parte del relato. Para los amantes del género del thriller psicológico hay algunos cuantos guiños interesantes que se plantean en toda esta presentación del film (las hermanas con un toque Hitchcokiano con reminiscencias de Kim Novak en "Vértigo" y por sobre todo sobre los tramos finales un vínculo filial patológico alla "Psicosis") y la ceguera como elemento detonante para sentir a la protagonisma inmersa en un mundo frágil en donde la vulnerabilidad juega un rol importantísimo en las escenas de mayor suspenso.


Es muy interesante también como a partir de la pérdida de la vista de la protagonista, la cámara tiene un punto de vista muy particular y muchos de los personajes que interactúan con ella están o bien fuera de campo o solamente podemos ver otras partes del cuerpo pero no podemos ver claramente sus rostros. Este encuadre hace que muchas de las escenas claves ganen mayor tensión a partir de los datos que la cámara esconde o muestra parcialmente.

Pero en la segunda mitad, la película se extiende demasiado y gira sobre si misma perdiendo la fuerza con la que se había iniciado, situación que sucede frecuentemente en este tipo de filmes y tras un planteo inicial prometedor, los sucesos se acumulan, diluyendo el initerés y complicando la trama innecesariamente.

Una pareja de vecinos que pone un toque de suspenso es quizás lo más logrado de esta segunda parte del film, en donde luego se recurre a escenas más fuertes para que el espectador no pierda la atención y es ahí donde "Los Ojos de Julia" con un suspenso que venía desarrollándose sutilmente, cae en el toque de cine de terror que no le queda demasiado bien, hasta con algunos toques casi "gore" que desentonan completamente. 

Los momentos en los que el guión recurre a plantear espacios  cerrados, en donde se acorrala a la protagonista dan el toque asfixiante y opresivo que generan un clima particular para el desarrollo de la trama. Pero sin embargo el excelente trabajo de Belén Rueda se opaca con el del villano que la somete, poco creíble y hasta por momentos sobreactuado (no conviene decir quién es para no develar el secreto de la trama).

Sobre el final ya prácticamente sin más conejos que sacar de la galera, la película se desmorona, pero de todos modos Rueda tiene mucho magnetismo y ya nos ha hecho convincente su sufrimiento y queremos saber qué será de su suerte.
Algo frecuente es que un buen planteo inicial tiene una resolución que finalmente no logra ubicarse a la altura de lo esperado, pero "Los Ojos de Julia" cuenta con diversos elementos de interés que hubiesen redondeado mucho más en un buen producto, si se hubiese logrado un poder de síntesis para la segunda mitad del film y  sostener el hilo conductor dentro del terreno del thriller sin desbarrancarse en las aguas de lo más explícito y obvio. De todos modos, un producto de buen nivel técnico que genera los sobresaltos típicos para los amantes del género.