domingo, 13 de marzo de 2011

Mi otro yo

"Yo, una historia de amor"
un unipersonal de Diego Reinhold
Paseo La Plaza

Hay algún actor/cantante/bailarín que haya tenido la posibilidad de haber recorrido, gracias a su talento, una diversidad de géneros tal dentro de los musicales, que le haya permitido moverse con la misma facilidad en los infantiles de la mano de Hugo Midón como en el notable "Huesito Caracú", "Locos Recuerdos" "La Vuelta Manzana" o de haber volado por los tejados como en "Peter Pan", participar en la revista como lo hizo con "Incomparable", y los geniales trabajos bajo la dirección de Valeria Ambrosio como "Mina, che cosa sei...?" un musical absolutamente para el recuerdo junto a Elena Roge, la versión musical de "La Fiaca" o de haber sido también el anfitrion de la exitosísima "Comico Stand Up" casi desde la época en que nadie hacia Stand Up... ??


Pues Diego Reinhold ha hecho todo eso.... y mucho más dentro del teatro, aunque su carrera no se limita solamente a las tablas sino que ha incursionado también el la televisión (fue famosa su participación en "Los Exitosos Pells" en Telefé y algunas participaciones en otros programas como "Demoliendo Teles" y "Nico Trasnochado").

Por lo que su calidad de artista integral y su extensa carrera ya es indiscutible. Tiene un aceitado timing para un monólogo y tiene más que claro cómo comunicarse con la platea -los silencios, la complicidad, el vínculo con el público-, canta, baila, zapatea americano... y como si todo esto fuera poco, se anima a desplegar todo su talento en el difícil rubro del unipersonal, con todo el peso del espectáculo sobre sus espaldas.
Y una vez ya expuesto de cuerpo entero en un nuevo rubro como el unipersonal, se  anima a jugar con su imagen, su alter ego, su sombra y su doble. Se anima a desnudar sus miedos, sus fantasmas, sus miserias y dejarse atrapar por un rato en este mundo donde la imágen lo es todo.

Así  surge "Yo, una historia de amor" con guión del propio Reinhold y de Victor Winograd - y que cuenta con la colaboración autoral de sus dos productores Natalia Kleiman y Pablo Fábregas- donde se hilvanan monólogos y cuadros musicales para jugar consigo mismo, con su alma, con su imágen y servirse de esa excusa para explorar ese universo tan particular que tiene el artista respecto de una mirada sobre su propio éxito, su propia carrera, su valoración, sus obsesiones, su atuoestima, en definitiva, un artista dispuesto a ponerse en juego con su propio ego.

Como herramienta fundamental para que este juego logre su cometido, una pantalla gigante proyecta, multiplica, agranda o achica al "doble" de Reinhold según la conveniencia y le permitirá -como ya lo ha hecho en otras oportunidades- ser su propio partenaire y desdoblarse.
Conoce perfectamente bien cuáles son sus fortalezas en el escenario y por supuesto que este unipersonal las potencia, las exhacerba para sacar provecho de lo mejor de su arte: la sincronízación que tiene con sus dobles en pantalla es perfecta, interactúa consigo mismo en la pantalla con total naturalidad, logrando coreografías, diálogos, pasos de comedia impecables y que sin dudas son lo mejor de la puesta.
Allí se lucen además, las coreografías de otra gran artista del medio, Elizabeth de Chapeaurouge quien había trabajado con Reinhold en "Jazz, Swing, Tap".

La dirección general del espectáculo es también del propio Reinhold y quizás el hecho de que hubiese un director "externo" que no fuese el propio protagonista, hubiese fortalecido una marcación más exacta, sobre todo para ciertos tramos de los monólogos en donde se hubiese podido puntualizar y fortalecer algunos traspiés con la letra y la dicción o evitar caer en el lugar común de repetir "boludo" ad infinitum.
Una mirada externa -hablando justamente del tema de la imágen y la mirada, uno de los ejes del espectáculo- lo hubiese mejorado aún más, permitiéndole quizás también borrar algunos tics televisivos que aún persisten en algunos tramos.

De todos modos son sencillamente algunos mínimos "retoques" porque el espectáculo tiene un ritmo ajustado, que le permite a Reinhold lucir todo su talento y de hecho lo aprovecha en el increible cuadro de homenaje a Hollwood en donde se da el gusto de bailar acompañando a la pantalla por donde desfilan desde Carlitos Chaplin, Fred Astaire, Gene Kelly, hasta Esther Williams y Michael Jackson y una galería de personajes cinematográficos icónicos y entrañables.

El desparpajo con que Diego Reinhold aborda una mirada crítica a su propia imágen, a sus propias elecciones (los "chistes" en referencia a la sexualidad abundan -quizás demasiado- en casi todos sus monólogos) y su propia mirada del cielo y del infierno, hace que la hora y un poquito más que dura el espectáculo pase rápidamente, se disfrute plenamente y queden ganas de seguir viendo más. Y más. Y más de Reinhold y todo su talento.

Con "Yo, una historia de amor" se demuestra una vez más que la técnica y los adelantos tecnológicos puestos al servicio de un artista integral, dan como resultado un espectáculo que se festeja enteramente de principio a fin.


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