jueves, 10 de febrero de 2011

Narraciones Extraordinarias



"El pasado es un animal grotesco"
de Mariano Pensotti
con Pilar Gamboa, Javier Lorenzo, Juan Minujin y Julieta Vallina
Teatro Sarmiento - Complejo Teatral de Buenos Aires



Hace un par de años, el cineasta Mariano Llinás sorprendía en un BAFICI y luego con una excelente repercusión en el Malba con "Historias Extraordinarias", una película de cuatro horas de duración en el que tres historias centrales eran permanentemente entrecruzadas por miles de anécdotas de la mano de uno o más relatores que nos iban introduciendo en cada uno de los vericuetos de esas historias.

Era cine. Sin dudas. Pero lo sorprendente era el nivel de ligazón que tenía al antiguo oficio de narrar, a la voz en off, a la literatura, a la potencia de la palabra con una delicada contraposición y simbiosis con la imágen.

Algo de esas sensaciones entremezcladas que suscitaba esa película completamente fuera de lo común, sucede también a lo largo de "El pasado es un animal grotesco".
La obra narra durante dos horas las historias de sus cuatro personajes centrales: Vicky, Laura, Pablo y Mario a lo largo de diez años. Los puntos de partida en 1999 serán cuando Laura decida robarle los ahorros al padre y partir a París, cuando Pablo encuentre dentro de una caja una mano cortada que le alterará su existencia, Vicky por su lado descubre que su padre lleva una vida paralela y Mario sigue alimentando su sueño de ser cineasta mientras mira ininterrumpidamente los musicales de Jacques Demy.

Y el ojo implacable del autor no les perderá pisada en cada acontecimiento de sus historias hasta 2009, desde sus 25 a sus 35 años donde sufrirán cambios, situaciones elegidas e imprevistas, deseadas e inesperadas, amores y desencuentros, angustias y alegrias y hasta en algún momento tengan la idea de haber alcanzado la felicidad.


La particularidad con la que Pensotti narra estas historias es que no solamente se nutre de la teatralidad que le ha impreso a la puesta y con la que hace jugar al espectador, quien cederá a creerle cada una de las convenciones que se impongan en el escenario, sino que tiene una importante dosis cinematográfica -directa e indirectamente- pero fundamentalmente al carecer prácticamente de diálogos, le da tiente ingeniosamente literario al estilo de la narración.

Es la  voz en off donde cada uno de los actores cuenta lo que le pasa a los restantes personajes lo que va mejorando el relato y nos va envolviendo como una Sherezade dispuesta a no dejar caer el interés.
Esta fuerte estructura en forma de novela, de potente ficción, donde el relator -una suerte de narrador oral- nos aporta cotinuamente datos, situaciones, sentimientos, disquisiciones, pequeños eventos que condimentan cada una de las historias se enriquece más aún cuando nos permite introducirnos a lo que están pensando los protagonistas en ciertos momentos de la historia.

La flexibilidad con que cada uno de los actores lleva adelante su rol protagónico para luego multiplicarse en los aportes de personajes secundarios para sus compañeros es asombrosa. La facilidad con la que después de vivir una escena de su personaje, se prestan al oficio de narrar la historia de su compañero es admirable.

Una rueda dividida en cuatro compartimientos, no para de girar durante las dos horas de la obra. Como una enorme calesita, la vida sigue, mientras a estos personajes les pasan cosas cotidianas, anédotas simples o vivencias completamente extraordinarias y desopilantes. Los puntos de partida señalados anteriormente, serán una simple excusa para abrir la historia de las historias en más historias, encontrarse y reencontrarse con otras tantas y hasta entrecruzar muy sutilmente algunos lazos entre las principales.

¿Cuánto peso tiene el pasado en nuestro hoy?
¿Cuánto nos sigue condicionando un deseo no cumplido, un sueño?
¿Cuánto de azar hay en nuestra vidas, en nuestros proyectos, en nuestras pasiones, en nuestros amores?
¿Cuánto de ficción hay en nuestras propias ficciones, cúanto de "extraordinario" hay al narrar de forma diferente cada una de nuestras vidas "ordinarias" si nos proponemos llegar a los detalles más insólitos que son los que nos hacen tan particulares a cada uno de nosotros?

Y el tiempo, implacable, atravesando cada una de estra preguntas.

Pensotti narra, fluye, despliega una creatividad poco conocida en los escenarios porteños. La rueda no para de girar y la máquina de narrar nos lleva desde Gerly hasta París, desde San Sebatián a Hollywood. Nos pasea por el campo y la ciudad, el mundo del cine, de la publicidad, de los actores.
Se mueve en una sala de edición, en un andén de subte, en una veterinaria, en un camarín de Tierra Santa o  una desenfrenada disco con un happy hour. 

Toda esa cuota de delirio narrativo está dispuesta para que uno vaya tomando los elementos que le parezcan más atractivos en esta fiesta teatral de dos horas de la mano de cuatro actores excepcionales que desentrañan cuatro criaturas en apariencia comunes: Juan Minujin (genial, entre otros, en el momento del  palestino que dobla a Julia Roberts), Julieta Vallina (perfecta en la melancolía que envuelve a Laura), Pilar Gamboa (eléctrica y mansa a la vez en su Vicky) y como siempre un Javier Lorenzo increiblemente dúctil en el juego corporal.

Vida que, cada una, a su medida, tendrá su momento extraordinario que no es más ni menos que lo que cada uno de nosotros piensa de la vida de cada uno de nosotros.

Y que reflejada en un escenario, hasta a ellos mismos le parecerá extraña.

Como la vida misma, durante diez años.

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