viernes, 18 de febrero de 2011

Cae una estrella

"Las estrellas nunca mueren"
de Eusebio Poncela y Facundo Fuentes de la Oca
con Eusebio Poncela, Humberto Tortonese, Loren Acuña, Sergio Pángaro y Cristina Talio.
en el Paseo La Plaza


En las gacetillas de prensa y reportajes previos a la obra, los dos protagonistas comentaban que ante la imposibilidad de conseguir los derechos de "Qué pasó con Baby Jane?", el superclásico de 1962 dirigido por Robert Aldrich con Bette Davis y Joan Crawford, decidieron tomar la idea y recomponerla en una propia pieza de su autoría.

Con dejos de la decadencia de las viejas estrellas de Hollywood que mostraba "Sunset Boulevard" -otro superclásico- y anclado en la rivalidad entre hermanas, "Las estrellas nunca mueren" cuenta la historia de las hermanas Del Río, dos viejas glorias del espectáculo.
Por un lado, Elvira (Humberto Tortonese) fue una niña prodigio que destacó junto a su padre en el Vodevil, mientras que Flor (Eusebio Poncela), ignorada y maltratada en el ámbito familiar durante su niñez -opacada por el brillo de Elvira- se marcha a España con su madre y allí se convirtió en una de las actrices más famosas del cine latino.
Flor vuelve a ganar repercusión al convertirse en un éxito de culto con sus viejas películas pasadas ahora por la televisión.
Cuando Flor regresa a Argentina, encuentra a Elvira alcoholizada y en la ruina y se hace cargo de ella hasta que una noche sufren un accidente y Flor queda inválida. Esto hace que la situación se invierta y sea Flor la que comienza a depender de Elvira por completo. 

Se reviven en forma permanente todas las cuentas pendientes, reproches y situaciones del pasado que se van transformando en una escalada de odios y rencores.



La obra tiene claros referentes a tantas otras que hicieran en la década del '80 durante la movida del  underground porteño, el dúo Urdapilleta-Tortonese como por ejemplo, "La Moribunda". Tortonese tiene naturalmente incorporado ese registro delirante, exasperado a flor de piel, eléctrico: y lo utiliza durante toda la obra para lograr los momentos más acertados de la pieza.

Obviamente, su actuación no propone nada demasiado novedoso (Elvira, su nueva criatura se parece mucho a cualquier otra de las que haya creado en el Parakultural) pero es quien realmente lleva el tempo que requería una obra de este tipo en sus espaldas.
Una pieza, que de por si, tiene graves problemas de timing, con escenas demasiado fraccionadas que no facilitan el crescendo dramático de la obra.

Lo acompaña un Eusebio Poncela que actoralmente se para en las antípodas. Da la sensación de que  cada uno de ellos hubiese sido convocado para dos obras de teatro diferentes.
Mientras que Tortonese apela al grotesco, la parodia y la veta de comedia absurda con diálogos veloces infectados de insultos irónicos y brutales, Poncela se maneja en un registro de melodrama de telenovela de la tarde, completamente desajustado con el delirio que propone el texto.

Los reproches del pasado hacen pie en todos y cada uno de los esquemas típicos de los conflictos entre dos divas de otrora en decadencia, que ya tantas veces hemos visto tanto en el cine como en el teatro. Razón por la cual, de ninguna manera la propuesta puede tomarse seriamente dado que es como un compendio de lugares comunes que se proponen parodiar.
Pero nada de eso aparece en Poncela, quien imprime un tono completamente melodramático y sombrío que no facilita el juego del desborde que Tortonese quiere poner en escena y que quedaría más acertado en una puesta de este estilo.

Tres personajes entran y salen de la vida de estas dos hermanas con suerte dispar: Loren Acuña es Ramona (una cuidadora de Flor que mantiene una relación lésbica con ella) y logra darle credibilidad a su papel y se contrapone mucho mejor que Poncela en las escenas con Tortonese. Sergio Pángaro como un profesor de piano que contrata Elvira en un esfuerzo desesperado por regresar al mundo del espectáculo aporta una composición fresca y creible, cosa que no pasa con la admiradora de Flor que compone Cristina Talio quien recita el texto como de memoria y sin la menor credibilidad.

Una obra que con un criterio de dirección más compacta y coherente con la puesta, hubiese logrado un mayor atractivo, se diluye en repetir y reiterar un patológico vínculo entre hermanas y su historia familiar que no aporta nada nuevo a lo ya visto.
Queda la duda si los intérpretes no tienen claro el texto o si hay algún componente de improvisación que manejan cada uno de los protagonistas por su lado, porque las discusiones entre las hermanas en varias oportunidades no tienen el ritmo enfervorizada y la rapidez del comentario y la respuesta. Lagunas en el medio de la discusión, con silencios poco propicios y situaciones lentificadas (Poncela tarda minutos en abrir la bandaja de comida que le trae su hermana como en el más oscuro melodrama!) no facilitan el ritmo que la obra debiera tener.

Sobre el fondo del escenario, una pantalla en blanco, de acuerdo a las imágenes que proyecte, propone tanto el empapelado de un living, un ventana en un dia de lluvia, los golpes del oleaje del mar, fragmentos de películas a modo de pantalla televisiva con una funcionalidad muy creativa para la puesta.

La fuerza y el veloz delirio de Tortonese no alcanza, no tiene ya un Urdapilleta que le siga el ritmo enloquecido de su histeria explosiva. Poncela no logra seguir el juego, inmerso en una criatura triste y debilitada. El espectador desde su butaca, no sabe bien hacia donde quiere ir la pieza, naufragando entre el delirio y el dramatismo a ultranza.
Fallida en muchos aspectos, "Las estrellas nunca mueren" es un texto que atrasa como treinta años, que en el Parakultural o el Moroco hubiese dado que hablar, pero que en este caso, puesto en el Paseo La Plaza, sólo trae nostalgia de tiempos pasados donde la transgresión dejaba fluir obras inolvidables.


 
PD: en tren de crítica "constructiva" estaria bueno que revisasen el programa de mano que tiene serios problemas de redacción y hasta errores de ortografía, lo que deja un sabor de trabajo hecho a las apuradas, francamente preocupante.

1 comentario:

ANDRIOSHKA dijo...

Totalmente de acuerdo con el comentario que me dejaste en el blog, por eso la obra queda a medio camino y Tortonese colgado de la actuación dramática de Poncela. Por ejemplo en el momento en que tirá sobre el público el contenido de la botella de licor. Muchas veces hasta las risas del público quedan fuera de lugar. No lo pensé en el momento de escribir la crítica pero es verdad que con Urdapilleta la cosa hubiera funcionado de otra manera.