miércoles, 23 de febrero de 2011

Mi brazo "izquierdo"

"127 horas"
de Danny Boyle
con James Franco, Amber Tamblyn y Kate Mara

Hace pocos meses, un hombre y una sola locación, hacían de "Buried / Enterrado" una pequeña gran película dentro del género. Con muy pocos elementos adicionales y algunos pocos actores inteviniendo como voces o dentro del clip de un celular, el poder de lo que se quería contar dependía exclusivamente del talento del protagonista y del director. Claro que "Enterrado" vibraba dentro del género del thriller y por lo tanto, la vuelta de tuerca que se imprime sobre el final de la película,  le brinda un valor agregado que "127 horas" no puede tener, por tratarse justamente de un hecho real que no admite giros sorpresivos ni finales muy por fuera de lo que realmente pasó.


"127 horas"  cuenta un hecho real: la historia de Aron Ralston, un alpinista que en una de sus travesías en los cañones de Utah, sufre un accidente, quedando su  antebrazo derecho atrapado bajo un enorme bloque de piedra que lo deja completamente inmovilizado. Sumado a una "pequeña" particularidad: Aron no había avisado a nadie que emprendia esta aventura.
Durante el desarrollo del relato, vemos que el protagonista hace lo imposible para tratar de liberarse de esta situación pero deberá permanecer atrapado durante casi cinco días hasta que, al darse cuenta que ya se han terminado su provisiones y que no hay forma de dar aviso para que pueda ser rescatado, sólo una decisión drástica podrá hacerlo escapar y lograr su supervivencia.

El director es Danny Boyle, ganador del Oscar por "Slumdog Millonaire", hacedor de films más encuadrados dentro de los cánones hollywoodenses como "La playa" , "28 días después" o "Sunshine", pero que ha sabido dejar la marca de su sello en el público, sobre todo por sus primeros films como la pequeña y genial muestra de suspenso noir  en "Tumbas al ras de la tierra" o el ícono generacional que fue/es "Trainspotting" la adaptación cinematográfica de la célebre novela de Irvine Welsh.

Ahora Boyle apela a un registro que anteriormente ya había desplegado y en más de una oportunidad acierta, atrapando al espectador cuando juega con la edición y la fotografía, con algunos toques efectistas y mucha velocidad y le imprime el particular ritmo que tienen la mayoría de sus películas, logrando hacer de una historia simple, un relato mucho más atrapante.
Y la mayoría de las veces, Boyle logra asombrarnos, saca recursos de la galera y nos cautiva.
Hay otras ocasiones, como ya ha pasado en algunos toques de "Slumdog..." -y sobre todo su clip final completamente contrastante con el resto del film-, donde peca por sus excesos, se regodea demasiado en los artilugios de la técnica y es en esos momentos queda demasiado expuesto con sus desaciertos.

En el caso de "127 horas" con sólo "googlear" la historia de nuestro protagonista, el final del film se sabe de antemano. Quizás sea por eso que Boyle redoble la apuesta de mantenernos atentos y de no dejarnos ir de la historia.
Para cumplir su objetivo de atraparnos, hará uso de todos los recursos que tiene a su alcance: usando la pantalla dividida, mezclando con diferentes colores y matices las imágenes casi oníricas y recuerdos del pasado del protagonista, la veloz edición con imágenes a un  ritmo feroz, con pulso nervioso y cámara en mano nos presenta los sueños, pensamientos y delirios del protagonista. Gracias a su pericia como director, logra que el relato no decaiga en ningún momento y que una simple película de las "basadas en hechos reales" pueda sobresalir del promedio general, al estar contada de una forma diferente y creativa.

Y todo el trabajo de Boyle hubiese sido completamente estéril si no hubiese contado con el protagónico de James Franco, con toda justicia nominado al Oscar al Mejor Actor de este año, quien brinda una composición llena de matices, transmitiendo perfectamente cada uno de los estados de ánimo que atravesará el protagonista, desde el inicio de su travesía en donde encuentra a dos señoritas y comparte un particular baño en un lago subterráneo formado debajo de una grieta, hasta los momentos posteriores al accidente, donde comienza a tomarlo una total desesperación, máxime cunado cae en la cuenta que será imposible que llegue cualquier tipo de ayuda.

Parado desde un registro más compatible con los gustos de la Academia y aún con todas las objeciones que se le pueda hacer por los excesos tecnicistas con los que el director condimenta sobreabundantemente el film, "127 horas" se construye como un relato sólido, atrapante y con una historia real originalmente contada, potenciados todos estos elementos con la soberbia actuación de Franco en un papel nada sencillo.

viernes, 18 de febrero de 2011

Cae una estrella

"Las estrellas nunca mueren"
de Eusebio Poncela y Facundo Fuentes de la Oca
con Eusebio Poncela, Humberto Tortonese, Loren Acuña, Sergio Pángaro y Cristina Talio.
en el Paseo La Plaza


En las gacetillas de prensa y reportajes previos a la obra, los dos protagonistas comentaban que ante la imposibilidad de conseguir los derechos de "Qué pasó con Baby Jane?", el superclásico de 1962 dirigido por Robert Aldrich con Bette Davis y Joan Crawford, decidieron tomar la idea y recomponerla en una propia pieza de su autoría.

Con dejos de la decadencia de las viejas estrellas de Hollywood que mostraba "Sunset Boulevard" -otro superclásico- y anclado en la rivalidad entre hermanas, "Las estrellas nunca mueren" cuenta la historia de las hermanas Del Río, dos viejas glorias del espectáculo.
Por un lado, Elvira (Humberto Tortonese) fue una niña prodigio que destacó junto a su padre en el Vodevil, mientras que Flor (Eusebio Poncela), ignorada y maltratada en el ámbito familiar durante su niñez -opacada por el brillo de Elvira- se marcha a España con su madre y allí se convirtió en una de las actrices más famosas del cine latino.
Flor vuelve a ganar repercusión al convertirse en un éxito de culto con sus viejas películas pasadas ahora por la televisión.
Cuando Flor regresa a Argentina, encuentra a Elvira alcoholizada y en la ruina y se hace cargo de ella hasta que una noche sufren un accidente y Flor queda inválida. Esto hace que la situación se invierta y sea Flor la que comienza a depender de Elvira por completo. 

Se reviven en forma permanente todas las cuentas pendientes, reproches y situaciones del pasado que se van transformando en una escalada de odios y rencores.



La obra tiene claros referentes a tantas otras que hicieran en la década del '80 durante la movida del  underground porteño, el dúo Urdapilleta-Tortonese como por ejemplo, "La Moribunda". Tortonese tiene naturalmente incorporado ese registro delirante, exasperado a flor de piel, eléctrico: y lo utiliza durante toda la obra para lograr los momentos más acertados de la pieza.

Obviamente, su actuación no propone nada demasiado novedoso (Elvira, su nueva criatura se parece mucho a cualquier otra de las que haya creado en el Parakultural) pero es quien realmente lleva el tempo que requería una obra de este tipo en sus espaldas.
Una pieza, que de por si, tiene graves problemas de timing, con escenas demasiado fraccionadas que no facilitan el crescendo dramático de la obra.

Lo acompaña un Eusebio Poncela que actoralmente se para en las antípodas. Da la sensación de que  cada uno de ellos hubiese sido convocado para dos obras de teatro diferentes.
Mientras que Tortonese apela al grotesco, la parodia y la veta de comedia absurda con diálogos veloces infectados de insultos irónicos y brutales, Poncela se maneja en un registro de melodrama de telenovela de la tarde, completamente desajustado con el delirio que propone el texto.

Los reproches del pasado hacen pie en todos y cada uno de los esquemas típicos de los conflictos entre dos divas de otrora en decadencia, que ya tantas veces hemos visto tanto en el cine como en el teatro. Razón por la cual, de ninguna manera la propuesta puede tomarse seriamente dado que es como un compendio de lugares comunes que se proponen parodiar.
Pero nada de eso aparece en Poncela, quien imprime un tono completamente melodramático y sombrío que no facilita el juego del desborde que Tortonese quiere poner en escena y que quedaría más acertado en una puesta de este estilo.

Tres personajes entran y salen de la vida de estas dos hermanas con suerte dispar: Loren Acuña es Ramona (una cuidadora de Flor que mantiene una relación lésbica con ella) y logra darle credibilidad a su papel y se contrapone mucho mejor que Poncela en las escenas con Tortonese. Sergio Pángaro como un profesor de piano que contrata Elvira en un esfuerzo desesperado por regresar al mundo del espectáculo aporta una composición fresca y creible, cosa que no pasa con la admiradora de Flor que compone Cristina Talio quien recita el texto como de memoria y sin la menor credibilidad.

Una obra que con un criterio de dirección más compacta y coherente con la puesta, hubiese logrado un mayor atractivo, se diluye en repetir y reiterar un patológico vínculo entre hermanas y su historia familiar que no aporta nada nuevo a lo ya visto.
Queda la duda si los intérpretes no tienen claro el texto o si hay algún componente de improvisación que manejan cada uno de los protagonistas por su lado, porque las discusiones entre las hermanas en varias oportunidades no tienen el ritmo enfervorizada y la rapidez del comentario y la respuesta. Lagunas en el medio de la discusión, con silencios poco propicios y situaciones lentificadas (Poncela tarda minutos en abrir la bandaja de comida que le trae su hermana como en el más oscuro melodrama!) no facilitan el ritmo que la obra debiera tener.

Sobre el fondo del escenario, una pantalla en blanco, de acuerdo a las imágenes que proyecte, propone tanto el empapelado de un living, un ventana en un dia de lluvia, los golpes del oleaje del mar, fragmentos de películas a modo de pantalla televisiva con una funcionalidad muy creativa para la puesta.

La fuerza y el veloz delirio de Tortonese no alcanza, no tiene ya un Urdapilleta que le siga el ritmo enloquecido de su histeria explosiva. Poncela no logra seguir el juego, inmerso en una criatura triste y debilitada. El espectador desde su butaca, no sabe bien hacia donde quiere ir la pieza, naufragando entre el delirio y el dramatismo a ultranza.
Fallida en muchos aspectos, "Las estrellas nunca mueren" es un texto que atrasa como treinta años, que en el Parakultural o el Moroco hubiese dado que hablar, pero que en este caso, puesto en el Paseo La Plaza, sólo trae nostalgia de tiempos pasados donde la transgresión dejaba fluir obras inolvidables.


 
PD: en tren de crítica "constructiva" estaria bueno que revisasen el programa de mano que tiene serios problemas de redacción y hasta errores de ortografía, lo que deja un sabor de trabajo hecho a las apuradas, francamente preocupante.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Patito Feo

"El Cisne Negro" ("Black Swan")
de Darren Aronofsky
con Natalie Portman, Mila Kunis, Vincent Cassel, Winona Ryder y Barbara Hershey



Cualquiera que haya visto su debut con "Pi" -donde seguiamos las desventuras de un paranoide matemático envueltas en un brillante blanco y negro-, o que haya vibrado con "Requiem por un sueño" sabe a ciencia cierta que el cine de Darren Aronosfsky no tiene medias tintas. Hay quienes lo aman y hay quienes lo odian.



Por lo tanto, su última película "El cisne negro" ("Black Swan"), nominada entre otros, al Oscar a la mejor película,  no podía pretender quedar fuera de esta polaridad que genera el cine de Aronosfsky. No hay un consenso generalizado como sucede con la más agradable "El discuros del Rey" ni ha logrado arrastrar grandes multitudes en la taquilla como "El Origen" o "Red Social".
De un lado encontramos quienes dicen que es otra de las genialidades de Aronosky pero casi en la misma proporción hay quienes, desde la otra orilla, la tildan de pretenciosa y obvia.

Me enrolo, esta vez, dentro del primer pelotón. "El cisne negro" tiene algo sumamente inquietante que cautiva desde las primeras escenas, que tiene un efecto hipnótico,  como lo tienen muchas de sus creaciones -aún con los defectos, las limitaciones y las objeciones que se le puedan hacer-.

La trama gira en torno a Nina (Natalie Portman), integrante de una compañía de ballet de Nueva York donde aspira a tener finalmente, un rol protagónico dentro del grupo. El coreógrafo Thomas Leroy (Vincent Cassel) decide abrir la nueva temporada con una nueva puesta de  "El Lago de los Cisnes" sumándole una particularidad especial: la que sea elegida como protagonista tendrá a cargo tanto el rol del Cisne Blanco como el rol del Cisne Negro.

Pero.... de qué trata "El lago de los cisnes"?: El príncipe Sigfrido cumple 21 años y en medio de una reunión en el palacio su madre le señala que necesita urgentemente: durante el baile en el Palacio, del día siguiente deberá elegirla entre las damas que concurran.

Sigfrido queda más seducido por la idea del bufón de emprender una jornada de caza.
Es asi, como cuando llega a la orilla del lago de los cisnes, ve algo extraño y extraordinario que permanece observándolo en secreto. La joven parece ser a la vez cisne y mujer: ella es Odette. El lago, le explica, fue hecho con las lágrimas de su madre porque un hechicero malvado, Von Rotbart, convirtió a su hija en la Reina Cisne. Y seguirá siendo cisne, a no ser que un hombre la ame, se case con ella, y le sea fiel.

Sigfrido le dice que la ama, que se casará con ella y que nunca amará a otra, le promete su fidelidad. Sólo pide que Odette vaya la próxima noche al baile del palacio, pero ella le asegura que no puede ir hasta tanto Von Rotbart no deje de tener poder sobre ella.

Durante el baile, un caballero alto y con barba entra con su hija Odile: está vestida de negro, pero es la viva imagen de Odette. Se trata de Von Rotbart, que se ha transformado a si mismo y a su fingida hija para engañarlo y que rompa la promesa hecha a Odette de que nunca amará a otra.
Odile ha logrado enamorar a Sigfrido y éste piensa que no es otra que Odette, por lo que él pide la mano a Von Rotbart y éste da inmediatamente su consentimiento. En ese momento hay un estrépito de trueno. La sala de baile se oscurece.

Sigfrido vuelve al lago en busca de Odette entre los cisnes, ya se ha dado cuenta de la trampa en la que fue envuelto. La toma entre sus brazos, pidiéndole que le perdone y jurándole su amor infinito. Odette le perdona pero le dice que no sirve para nada, pues su perdón se corresponde con su muerte. Cuando aparece Von Rotbart, Sigfrido le desafía, quien tras la lucha, es vencido por la fuerza del amor del príncipe a Odette.

Es interesante refrescar el argumento de la pieza que vertebra "Black Swan", porque enriquece seguir el juego y los paralelismos que traza el director, entre el guión del film y la pieza de ballet, contraponiendo en forma permanente las dos tramas (los fuertes mandatos de la madre del rey/ mandatos de la madre de Nina, la seducción de Sigfrido por la oscuridad de Odile / la seducción de Nina por la oscuridad de Leroy y Lily -su rival en el el casting por el papel-).

Es tan fuerte el deseo de Nina de llegar a ser una prima ballerina que sumado a la exigencia que Leroy imprime sobre ella y la fuerte posesión de su madre (una ex-bailarina que solamente trata de mantener vivo su amor y pasión por la danza a través de la exigencia que ejerce impiadosamente sobre su hija), no va a tardar en quebrarse psicológicamente, envolviéndola en un espiral hacia su propia parte oscura, esa que Leroy le exige que saque para obtener el papel.

Una vez quebrada, su propio infierno se pone en marcha: el bien y el mal están presentes en una lucha de poderes, su esencia y su sombra, su don y su oscuridad, todos ya están desatados. Nina sabe que quiere ese papel a cualquier precio y que ha trabajado toda su carrera para llegar a ese punto, por lo cual, no dudará en mimetizarse con ese cisne negro que la lleva hacia una profundidad peligrosa que se le escapa de las manos.

Natalie Portman es completamente creíble en la pureza del cisne blanco. Cada gesto, cada mirada y su presencia frágil y etérea es perfecta para el papel.  Mientras que su rival, Lily (Mila Kunis, nominada al Oscar a mejor actriz de reparto -lo que quizás sea un poco demasiado-) despliega por otra parte, toda la sensualidad, la libertad y el desenfreno de un cisne negro vibrante de pulsión sexual, al que Nina secretamente admira.
Cuando casi poseída en su papel Nina logre su objetivo, ya Natalie Portman tiene el Oscar entre sus manos, en una actuación absolutamente irresistible.

Vincent Cassel también está ajustadísimo en un papel un poco diferente a los que le tocaron últimamente en su carrera y así como en su obra anterior, Aronofsky rescató de las cenizas a Mickey Rourke en "The wrestler", ahora le da una oportunidad a Barbara Hershey (la de "Hannah y sus hermanas" "La última tentación de Cristo" "Un dia de furia" o "Eternamente Amigas" -si!, cuesta reconocerla por la cantidad incontable de cirugias en ese rostro hermosísimo que tenía) para que brille en el papel de madre castradora.

Justo ahí, cuando Nina encuentre su transformación hacia la oscuridad, Aronofsky comienza a brillar. Y despliega todo su hechizo para atraparnos, con una puesta estética inquietante, fuera de cualquier lugar común. Nos confunde en un laberinto de espejos, sin poder distinguir esas dos caras de una misma moneda que giran permanentemente.

No solamente se le agradece la belleza de toda la puesta de ballet en si mismo, sino que ha contrapuesto a la delicadeza de la danza, un  ritmo de thriller psicológico oscuro y violento en el que nos sumerge y que anida en el centro de "Black Swan" y que hace que Aronofsky construya una de las películas más interesantes del año.
Aún con todos sus pecados, su suntuosidad a la hora de contar esta anécdota, sus juegos y vueltas en el guión, tanto a nivel estético como en el trabajo de un guión hechizante como en el nivel actoral que logra en todo el elenco, aunque seguramente sea olvidada en la mayoría de los premios Oscar a los que ha sido nominada, "El cisne negro" es una de esas rara avis que aparecen cada tanto, nos inquietan, nos hacen vibrar, y siguen su camino.

martes, 15 de febrero de 2011

Acero inoxidable

"Temple de Acero" ("True Grit", 2010)
de Joel y Ethan Coen
con Jeff Bridges, Matt Damon, Hailee Steinfeld, Josh Brolin y Barry Pepper

Hace pocos días, justamente al escribir mi opinión sobre "El Turista" en este blog, surgía la pregunta sobre la conveniencia o la necesidad de hacer remakes. Muchos éxitos europeos devienen finalmente en remakes hollywoodenses, donde se les quita totalmente el encanto particular que justamente tienen esos films, que cargan con un estilo completamente apartado de lo Hollywoodense.
Un ejemplo de los miles de ejemplos que existen es "Bailamos?" la sutil película japonesa, que pierde toda su gris melancolía que era el elemento escencial del film, cuando lo vemos a Richard Gere danzando en la academia junto a Jennifer Lopez. No es lo mismo. Para nada.
Son esos casos en que la remake no tiene mucho sentido, excepto que se entienda por el lado de que el público americano suele no ver cine de otras latitudes y entonces es como si la viesen por primera vez. Pero  en el caso del público que haya podido ver el original, la remake no tiene ningún sentido. Aunque convengamos que la "Bailamos?" de Richard Gere la vio todo el mundo y a la japonesa la conocen dos gatos locos.

Pero hay algunas otras, honrosas excepciones, donde el director se las ingenia para dar una relectura al mismo tema, situarlo en un contexto diferente, revisitarlo para darle una nueva mirada más acorde con los tiempos que vivimos. Sin ser una remake, Doris Dorrie relee "Historia de Tokio" el superclasico oriental de Yasujiro Ozu en "Las flores del Cerezo" logrando una película brillante y exquisita.
En este caso, los hermanos Coen eligen un superclásico del mundo del western, "Temple de Acero" y ellos le imprimen un sello tan especial que demuestran una vez más que no hay ningún género en particular que se les resista.

Según todos dicen, mucho más fiel a la novela de Charles Portis de la cual parte este guión adaptado nominado al Oscar, el foco hace centro en la protagonista femenina, una joven de 14 años, la fuerte e indomable Mattie Ross (interpretada por Hailee Steinfeld, también nominada al Oscar a mejor actriz de reparto). Ella sabe quién ha matado a su padre, y no parará hasta encontrarlo.

No dudará ni un minuto en zanjarse su camino en un ámbito notoriamente masculino, y dará con el que dicen que es la persona indicada para ayudarla. Él es Rooster Cogburn (Jeff Bridges), un tuerto y alcoholizado policía judicial que en un primer momento le será esquivo, pero luego -pago mediante- emprenderá con el encargo de la joven Mattie.

Completa el trio el policía texano interpretado por Matt Damon, La Boeuff, quien será otra figura clave en la búsqueda de Tom Chaney (Josh Brolin) el asesino del padre de Mattie.

La película tiene claramente dos tiempos. Toda una primera parte donde los Coen nos van presentando los personajes y se toman el tiempo necesario para que en cada línea de diálogo, cada uno de ellos comience a perfilar su estilo propio, su personalidad claramente definida. Es así como cuando Mattie, Rooster y La Boeuff comiencen su aventura por el desierto, ya se tornaron queribles y estamos absolutamente de su lado.

El ritmo cambia por completo a partir del momento en que Mattie da con Tom Chaney, el asesino de su padre y se ven cara a cara. Aparece un nuevo ritmo dentro del film, con una tensión propia del thriller más encrispado.
Mientras que en la primera parte del film lo más exquisito son los diálogos y las ironías con las que se manejan los personajes, propias de las criaturas de los Coen, en la segunda parte las palabras le ceden paso a la acción.

La galería de personajes que nos van presentando en la primera parte, permite el lucimiento del trío actoral protagónico: Jeff Bridges  un perfecto Rooster Cogburn, un personaje que parece hecho a su medida y con el que Bridges parece sentirse comodísimo, lo que le da un plus de credibilidad que suma. 
La fuerza de Hailee Steinfeld para Mattie Ross es sorprendente y es, sin dudas, la gran protagonista y la que se pone el film al hombro en todo momento.
Matt Damon brilla también en La Boeuf  -un papel algo distinto en su carrera- y Josh Brolin presta una máscara especial para Chaney.

Asi como han adaptadado a Cormac Mc. Carthy en "Sin lugar para los débiles", nos han paseado por la negrura de "El hombre que nunca estuvo" o "De paseo a la muerte", algunos fallidos pasos de comedia como "El amor cuesta caro" o "El quinteto de la muerte" o comedias inolvidables como "El gran Lebowski" o "Educando a Arizona",  la sátira de "Quémese después de leerse" o la inclasficable "Fargo" sin miedo a nada, se adentran en un género completamente diferente como el western, teniendo inclusive la brillantez de hacernos olvidar por completo -para aquellos que no amamos ese género-,  que se trata de uno de los superclásicos que ellos nos vuelven a contar desde su particular mirada.

Sobre el final del film, la belleza visual con que está filmada la noche en pleno desierto es cautivante y como si todo esto fuese poco, "Temple de Acero" cierra con un epílogo que sitúa la historia unos años después donde los Coen se dan el lujo de regalarnos un final lleno de sentimientos.

Si aún no siendo fanático del western "Temple de Acero" es arrolladora e irresistible, no quiero imaginarme lo que sentirán los fanáticos viendo en pantalla grande y filmada con todo el talento desplegado por  Joel & Ethan Coen en marcha, una de las mejores historias clásicas del Lejano Oeste con una fotografía, una puesta y actuaciones de primer nivel.


jueves, 10 de febrero de 2011

Narraciones Extraordinarias



"El pasado es un animal grotesco"
de Mariano Pensotti
con Pilar Gamboa, Javier Lorenzo, Juan Minujin y Julieta Vallina
Teatro Sarmiento - Complejo Teatral de Buenos Aires



Hace un par de años, el cineasta Mariano Llinás sorprendía en un BAFICI y luego con una excelente repercusión en el Malba con "Historias Extraordinarias", una película de cuatro horas de duración en el que tres historias centrales eran permanentemente entrecruzadas por miles de anécdotas de la mano de uno o más relatores que nos iban introduciendo en cada uno de los vericuetos de esas historias.

Era cine. Sin dudas. Pero lo sorprendente era el nivel de ligazón que tenía al antiguo oficio de narrar, a la voz en off, a la literatura, a la potencia de la palabra con una delicada contraposición y simbiosis con la imágen.

Algo de esas sensaciones entremezcladas que suscitaba esa película completamente fuera de lo común, sucede también a lo largo de "El pasado es un animal grotesco".
La obra narra durante dos horas las historias de sus cuatro personajes centrales: Vicky, Laura, Pablo y Mario a lo largo de diez años. Los puntos de partida en 1999 serán cuando Laura decida robarle los ahorros al padre y partir a París, cuando Pablo encuentre dentro de una caja una mano cortada que le alterará su existencia, Vicky por su lado descubre que su padre lleva una vida paralela y Mario sigue alimentando su sueño de ser cineasta mientras mira ininterrumpidamente los musicales de Jacques Demy.

Y el ojo implacable del autor no les perderá pisada en cada acontecimiento de sus historias hasta 2009, desde sus 25 a sus 35 años donde sufrirán cambios, situaciones elegidas e imprevistas, deseadas e inesperadas, amores y desencuentros, angustias y alegrias y hasta en algún momento tengan la idea de haber alcanzado la felicidad.


La particularidad con la que Pensotti narra estas historias es que no solamente se nutre de la teatralidad que le ha impreso a la puesta y con la que hace jugar al espectador, quien cederá a creerle cada una de las convenciones que se impongan en el escenario, sino que tiene una importante dosis cinematográfica -directa e indirectamente- pero fundamentalmente al carecer prácticamente de diálogos, le da tiente ingeniosamente literario al estilo de la narración.

Es la  voz en off donde cada uno de los actores cuenta lo que le pasa a los restantes personajes lo que va mejorando el relato y nos va envolviendo como una Sherezade dispuesta a no dejar caer el interés.
Esta fuerte estructura en forma de novela, de potente ficción, donde el relator -una suerte de narrador oral- nos aporta cotinuamente datos, situaciones, sentimientos, disquisiciones, pequeños eventos que condimentan cada una de las historias se enriquece más aún cuando nos permite introducirnos a lo que están pensando los protagonistas en ciertos momentos de la historia.

La flexibilidad con que cada uno de los actores lleva adelante su rol protagónico para luego multiplicarse en los aportes de personajes secundarios para sus compañeros es asombrosa. La facilidad con la que después de vivir una escena de su personaje, se prestan al oficio de narrar la historia de su compañero es admirable.

Una rueda dividida en cuatro compartimientos, no para de girar durante las dos horas de la obra. Como una enorme calesita, la vida sigue, mientras a estos personajes les pasan cosas cotidianas, anédotas simples o vivencias completamente extraordinarias y desopilantes. Los puntos de partida señalados anteriormente, serán una simple excusa para abrir la historia de las historias en más historias, encontrarse y reencontrarse con otras tantas y hasta entrecruzar muy sutilmente algunos lazos entre las principales.

¿Cuánto peso tiene el pasado en nuestro hoy?
¿Cuánto nos sigue condicionando un deseo no cumplido, un sueño?
¿Cuánto de azar hay en nuestra vidas, en nuestros proyectos, en nuestras pasiones, en nuestros amores?
¿Cuánto de ficción hay en nuestras propias ficciones, cúanto de "extraordinario" hay al narrar de forma diferente cada una de nuestras vidas "ordinarias" si nos proponemos llegar a los detalles más insólitos que son los que nos hacen tan particulares a cada uno de nosotros?

Y el tiempo, implacable, atravesando cada una de estra preguntas.

Pensotti narra, fluye, despliega una creatividad poco conocida en los escenarios porteños. La rueda no para de girar y la máquina de narrar nos lleva desde Gerly hasta París, desde San Sebatián a Hollywood. Nos pasea por el campo y la ciudad, el mundo del cine, de la publicidad, de los actores.
Se mueve en una sala de edición, en un andén de subte, en una veterinaria, en un camarín de Tierra Santa o  una desenfrenada disco con un happy hour. 

Toda esa cuota de delirio narrativo está dispuesta para que uno vaya tomando los elementos que le parezcan más atractivos en esta fiesta teatral de dos horas de la mano de cuatro actores excepcionales que desentrañan cuatro criaturas en apariencia comunes: Juan Minujin (genial, entre otros, en el momento del  palestino que dobla a Julia Roberts), Julieta Vallina (perfecta en la melancolía que envuelve a Laura), Pilar Gamboa (eléctrica y mansa a la vez en su Vicky) y como siempre un Javier Lorenzo increiblemente dúctil en el juego corporal.

Vida que, cada una, a su medida, tendrá su momento extraordinario que no es más ni menos que lo que cada uno de nosotros piensa de la vida de cada uno de nosotros.

Y que reflejada en un escenario, hasta a ellos mismos le parecerá extraña.

Como la vida misma, durante diez años.

miércoles, 9 de febrero de 2011

El discurso entrecortado

"El discurso del rey" ("The King's speech")
de Tom Hooper
con Colin Firth, Geoffrey Rush, Helena Bonham Carter, Guy Pearce, Derek Jacobi y Michael Gambon.

Todos los años, a esta altura -antes era un poco más tarde, a mediados de marzo-, comienza la carrera del Oscar.
Dirán seguramente que es un premio netamente comercial que poco tiene que ver con lo mejor del cine de Estados Unidos y del mundo, dirán que se manejan otros intereses que la verdadera calidad cinematográfica, dirán muchas cosas... pero finalmente a los que amamos el cine, siempre la carrera del Oscar nos termina envolviendo y queremos, como a esos que les gusta el fútbol y quieren ver a su equipo goleador, que gane la película por la que se ha inclinado nuestro corazoncito.

Como es típico también de esta época, siempre aparece una película pequeña que va engrosando su caudal de premios cosechados en Festivales y cualquier otra "repartija" y rápidamente, de buenas a primeras, se convierte en la gran favorita, la famosa crowd-pleaser, ésa que le gusta a todo el mundo, a la gran multitud.

Y una vez instalada como uno de estos "totems sagrados" es sumamente dificil poder dar una opinión porque parece estar todo dicho. Absolutamente todo.
Estas películas favoritas se erigen como perfectas, sin fisuras, todo el mundo acuerda con que son excelentes y funciona aceitadamente el "boca a boca" y hasta logra transformarse en un gran éxito comercial, una película que sin la carrera del Oscar mediante, no hubiese tenido una repercusión notable o incluso, hubiese pasado desapercibida en algun cine-arte.

Sumado a todo esto, Hollywood tiene un costado adulador, donde hay ciertos condimientos de algunas latitudes que ellos secretamente admiran.
Uno de ellos es el toque que le da a cada una de sus películas el cine inglés. Y si al hecho de que "El discurso del rey" sea una película de flema inglesa, le sumamos los condimentos de una historia real con situaciones de la realeza británica, no hay votante de la Academia que pueda sucumbir a sus encantos.


Es así, como este año "The king's speech" ya se ha constituido en la gran favorita y en la casi segura ganadora en la carrera del Oscar 2011.
Ha comenzado, al menos, con sus brillantes 12 nominaciones encabezando la tabla de las nominadas. Y aunque esto no quiera decir nada en un principio, porque ya conocemos de casos que con muchas nominaciones se han ido con las manos vacías o semivacias (siempre recuerdo el caso de "El color púrpura" de Steven Spielberg, que con 11 nominaciones no se pudo llevar ni un sólo Oscar), seguramente "El discurso del rey" de Tom Hooper no va a ser de esos casos de volverse a casa sin nada.

Ya se ve el tendencioso favoritismo que envuelve a esta película dentro de la competencia cuando su director, Tom Hooper, quien sólo tiene en su haber un puñado de buena películas filmadas para televisión y el film no estrenado en la Argentina "The Damned United" - otro film basado en hechos reales sobre el fútbol inglés- ha logrado colocarse entre los cinco mejores directores del año por sobre Christopher Nolan ("El origen") o Danny Boyle ("127 horas") que más allá de sus creaciones, como directores, le han impreso a cada uno de esos films un sello personal indiscutible, una marca de fábrica que Hooper parece no tener.

La fábula que cuenta "El discurso del rey" ya es una historia por todos conocida a esta altura, pero por si alguien todavía no se enteró cuál es el tema de la gran favorita, es una historia con tintes de biopic sobre algunos temas de la corona.

Cuando fallece el rey Jorge V (Michael Gambon), lo debe suceder en el trono, su hijo mayor, el príncipe Eduardo VII (Guy Pearce).
Pero Eduardo VII esta mucho más interesado en continuar su relación amorosa con una mujer divorciada (!) y americana (!), imperdonable para la época, y por lo tanto se ve obligado a abdicar. Es así como su hermano menor Bertie (Colin Firth) llega a quedar a cargo de la corona.
Berite, asciende al trono como Jorge VI de Inglaterra y su país necesita urgentemente un líder pero su principal limitación para enardecer a las masas es que es tartamudo y tiene serios problemas en el momento de dar los discursos. Su esposa (Helena Bonham Carter) se contacta con el excéntrico Dr. Lionel Logue (Geoffrey Rush) quien con ciertas técnicas poco convencionales tratará de ayudarlo a superar su problema.

La película está brillantemente actuada. Tanto Colin Firth (número puesto como ganador al Oscar al mejor actor de este año) como Geoffrey Rush dan clase de actuación y los momentos en que ambos aparecen en pantalla son duelos actorales de un nivel superior.

Helena Bonham Carter acompaña (en un papel de reparto, lejos de sus últimas brillantes criaturas en los films de Tim Burton, insuperable en su reina de corazones de "Alicia en el país de las maravillas") junto con un excelente elenco secundario, donde, por supuesto, nadie desentona.

Sumando a que el film sea perfecto para la competencia del Oscar, tiene un brillante diseño de vestuario y escenografía que nos transporta rápidamente a la época y es innegable que la fábula que cuenta esta historia, tiene su encanto.


¿Qué es, entonces, lo que no hace que "El discurso del rey" sea la película del año?

El enfoque que la da Hooper tiene un tratamiento totalmente convencional y el guión si bien tiene diálogos brillantes entre los protagonistas, está más enfocado a agradar -una de estas "parejas" que primeramente se repelen para luego buscarse- que en adentrarse en los problemas que sufría la corona en ese momento particular de la historia.

Todo está puesto de forma tal que el producto quede perfectamente redondeado, filmado con corrección y es muy agradable de ver.
Pero uno espera que la película del año traiga un plus, un adicional, un "algo más" que lamentablemente "El discurso del rey" no tiene. Le falta el atrevimiento con que Aronofsky tiñe "Black Swan", la vueltas de guión que nos mantienen expectantes en "Red Social", la creatividad de los mundos paralelos que se despliegan en "El Origen", abordar un tema no tan visitado por la pantalla grande como "Mi familia" o la genialidad habitual de Pixar al servicio de una brillante "Toy Story 3".
Hay mucha correccion, una historia simpática, grandes actuaciones que indudablemente la convierten en un producto de excelencia. Pero falta algo más para que sea una GRAN película.

domingo, 6 de febrero de 2011

El amor en los tiempos de píldoras

"De amor y otras adicciones" ("Love & other drugs")
de Edward Zwick
con Jake Gylenhaal, Anne Hathaway, Oliver Platt, Hank Azaria, George Segal y Jill Clayburgh


El director Edward Zwick ha dirigido películas épicas/históricas como "El último samurai" con Tom Cruise, "Tiempos de Gloria" con Matthew Broderick y Denzel Washington y el drama épico mezclado con romance como en "Leyendas de pasión" con Brad Pitt y Anthony Hopkins y útimamente "Diamante de Sangre" con Leonardo Di Caprio.

En el caso de "De amor y otras adicciones" seguramente ha tratado de rescatar todo su en series televisivas como "Family" "Treintaypico" y la multipremiada "Once and Again"  o "Te acuerdas de anoche?" con Rob Lowe y Demi Moore.

Y por lo que se puede ver,  Edward Zwick se puede manejar en cualquier terreno con total comodidad, logrando siempre resultados, por lo menos, aceptables.

En este caso, en la comedia romántica "De amor y otras adicciones" nos cuenta como  Jamie (Jake Gyllenhaal), un joven vendedor que tiene como talento incorporado su irresistible encanto con el sexo opuesto, al perder un trabajo vendiendo electrodomésticos, pone a funcionar todos sus encantos y sus habilidades en el complicado mundo de los visitadores médicos. Apenas inicia carrera en este nuevo oficio, Maggie (Anne Hathaway) una joven emprendedora e independiente que padece Parkinson, se cruza en su camino. Y bueno, obviamente, el flechazo será instantáneo.

Basada en un best seller que cuenta la historia real de Jamie Reidy, un vendedor de la empresa farmaceútica que puso a la venta la Viagra y que sacaba a la luz algunas de las prácticas actuales de la diferentes compañías farmacéuticas y su manera de captar mercado, el fim de Zwick no hace ningún tipo de hincapié en lo testimonial.
A pesar de que abre algunas líneas sobre la industria farmacéutica y la relación con los médicos y trata algunos apuntes sobre las enfermedades y disfuncionalidades propias de los '90, finalmente elige limitarse a contar la historia de amor de Jamie y Maggie con todas sus idas y vueltas, sus miedos, sus contradicciones, sus intentos de acercamiento a pesar de las dificultades y su intensa pasión.

Es una pena que el guión trate de abarcar muchos temas sin llegar a profundizar ninguno más que la relación entre los protagonistas y también es una lástima que algunos roles secundarios no queden bien delineados a lo largo de la trama (un desperdicio que dos actores como George Segal y Jill Clayburgh aparezcan solamente una una pequeña escena al principio de la película y que no se les haya podido dar continuidad). Pero el fuerte es indudablemente es la química que establece en pantalla la pareja protagónica.


Anne Hathaway sorprende en un rol muy sexy, jugado y apasionado al que no nos tiene para nada acostumbrados (arrancó con "El diario de una princesa" luego la vimos en "El diablo viste a la moda" "Alicia en el país de las maravillas" como la Reina Blanca, fue Jane Austen en "Becoming Jane"  y  en los dramas "Secreto en la montaña" y por el cual ha sido nominada al Oscar: "Rachel's wedding"). Demuestra una vez más que es tiene un rostro perfecto para la comedia y que también puede animarse al drama lo que la constituye en una de las herederas del trono que van dejaron Julia Roberts, Meg Ryan o antes aún Diane Keaton quienes ya funcionan en otros papeles que el de la heroína romántica.

Su presencia es luminosa y transmite perfectamente todos los tonos de su personaje aún en los momentos donde el tono de comedia gira repentinamente para el drama.
A su lado, Jake Gylenhaal también acierta en su composición de este seductor compulsivo que cae rendido ante Maggie, quien le va permitir que viva experiencias que jamás había sentido con sus otras conquistas.

Una comedia simpática, bien hecha, con una historia interesante que contar con algunos apuntes más comprometidos tratando de abordar algunos temas poco comunes en la comedia americana (como el de la industria farmacéutica o el mal de Parkinson con casos en gente jóven) es un producto digno que cumple con el cometido entretener y contarnos una historia de amor.

Les dejo el link de la canción de títulos de Regina Spektor que es una delicia y es ideal para el tono general del film http://www.youtube.com/watch?v=wigqKfLWjvM

sábado, 5 de febrero de 2011

Bodrio glamoroso

"El turista" ("The tourist")
de Florian Henckel von Donnersmarck
con Johnny Depp, Angelina Jolie, Timothy Dalton, Paul Bettany y Rufus Sewell

"El Turista", una vez terminada, sólo deja la inquietud de investigar cómo fue que este proyecto se llevó a cabo. Hay algo que no cierra y eso se siente desde las primeras escenas.

Apenas uno se pone a investigar por intenert, aparecen dos grandes sorpresas:

- es la remake de una película francesa del año 2005 "Anthony Zimmer" cuya pareja protagónica eran Sophie Marceau e Ivan Attal.  En este caso y a primera vista no se entiende el atractivo que le encontraron al guión de la historia -un cuento sin ningún atractivo particular- como para querer "remixarla" al estilo americano.

- el director de este pastiche pseudo glamoroso es el mismo de una película alemana ganadora del Oscar llamada "La vida de los otros", dato que me dejó completamente atónito. Es incomprensible que este director que había logrado retratar un período tan particular de la historia alemana con tanta sutileza y manejando un elenco de actores de primer nivel que logran trabajos sobresalientes, se haya olvidado completamente de todo cuando tomó las riendas de este proyecto.

"El turista" cuenta la historia de Frank (Johnny Depp) , un estadounidense que para ahogar una pena de amor decide viajar a Venecia (así cualquiera se repone de un fracaso amoroso!) y que termina enredándose con Elise (Angelina Jolie) una enigmática y seductora mujer que se cruza en su camino, conduciéndolo a una trama de intriga, suspenso y misterio.

Si bien hay una trama de suspenso que entretiene -y nada más que eso-, la dirección es tan fallida que hace que la película fracase ya desde las primeras escenas en donde se la ve a Angelina Jolie, marcada cuerpo a cuerpo por agentes secretos, pasearse por Paris con unos modelitos y un andar que llamaría la atención al más desprevenido.

Ya desde el arranque, entonces, las propuestas del guión son tan burdas como increíbles y no logra hacer píe ni en los tintes de comedia romántica (Angelina es super sensual, eso es indiscutible, pero en los parlamentos donde supuestamente se tiene que poner seria no logra convencer a nadie) ni en el ritmo para las escenas de acción, fundamentales en la película (hay una persecución en los canales de Venecia donde una lancha tarda tanto para doblar que parece filmada en cámara lenta y las situaciones que ocurren a los guardaespaldas durante la persecución son completamente absurdas).


Con errores de puesta como el hecho de que los personajes dialogan con uno de ellos mirando por la ventana mientras el otro está parado detrás en plano y contraplano de culebrón venezolano, o el típico darse vuelta con la mirada perdida después de una despedida, al director alemán Florian Henckel von Donnersmarck no se le escapa una sóla idea que haga la película un poco más apetecible.

A Angelina  Jolie nadie le avisó que su personaje se parece más a una exhuberante y sensual Jessica Rabbit de carnosos labios rojo brillante, que a una mujer enigmática. Tampoco pudieron los dos guionistas que meterieron mano junto con el director, mejorar algunas escenas que parecen salidas de alguna sátira televisiva a una verdadera película de acción.
Hay errores imperdonables de iluminación y de maquillaje (que para que yo me de cuenta tienen que ser realmente burdos!) donde en los primeros planos desfavorecen tanto a Jolie como a Depp dejando al descubierto las imperfecciones que algunas cirujías aún no pudieron borrar, pero la falta de química y las diferencias actorales entre ellos en algunos momentos y la terrible falta de timing para las escenas de acción suman puntos en contra para "El Turista", una película fallida desde el vamos. 


Si la excusa es ver a dos mega estrellas como Johnny Depp (que logra salvar algunas cuántas papas del fuego) y seguir admirando la impecable elegancia y la sensualidad de Jolie, enmarcados en paisajes parisinos y sobre todo, verlos pasear por glamorosa Venecia, se entiende que hayan intentado filmar esta película que uno acaba olvidándola desde aún antes de que empiecen a correr los títulos finales.

jueves, 3 de febrero de 2011

Pueblo chico: infierno grande

"Lazos de Sangre" ("Winter´s Bone")
de Debra Granik
con Jennifer Lawrence, John Hawes y Garret Dillahunt


El año pasado, Melissa Leo (hoy nominada al Oscar como mejor actriz de reparto por "The Fighter") descollaba en "Frozen River" como una mujer que queda sola para mantener a su familiar y tiene que recurrir a trabajos espúreos para poder levantar los pagos de su casa.

Un tour de force similar era lo que suponía que le sucedería a Jennifer Lawrence en "Lazos de Sangre" cuando tuviese que levantar la hipoteca que pesa sobre su casa, cuando su padre la usó para pagar parte de una fianza y salir de entre rejas.

El estreno de esta semana nominado a cuatro premios Oscar (mejor película - mejor actriz - mejor actor de reparto y mejor guión adaptado) comparte con ésta el hecho de mostrar la cara de los Estados Unidos rural y pueblerino que pocos directores y guionistas quieren mostrar dentro del cine americano en general y que por lo tanto, algunos directores independientes, toman a su cargo. 

Con el aparato Oscar's mediante, "Lazos de Sangre" logra la distribución en la Argentina que otras películas de temática similar no logran.
Mientras "Frozen River" abordaba desde un formato de thriller exasperante, donde somos testigos del momento en que una mujer común se mete en problemas para salvar a su familia y sufrimos acompañando a la protagonista en un camino tan incierto como peligroso, en "Lazos de Sangre" nos sucede algo similar.
También sabemos desde un primer momento que cuando Ree Dolly (Jennifer Lawrence), una adolescente de tan sólo 17 años, se embarque en la búsqueda de la verdad de lo que pasó con su padre para tratar de defender a su familia, tambien será un camino dificil y peligroso.

Pero la directora Debra Granik prefiere imprimirle un tono muchísimo más pausado y de ir develando algunas capas de la historia, ocultando en algunos personajes más que mostrando abiertamente lo que pasa.

Con un tiempo muy particular -no apto para aquellos que piensan que al ser una película nominada al Oscar se mueve dentro de los cánones de Hollywood- y mostrando una heroína que si hubiese nacido en Francia seguramente hubiese dado lugar a ser retratada por los hermanos Dardenne o si fuese argentina podría ser pintada por la sordidez con la que Caetano suele manejarse con sus personajes, Ree Dolly es la que deberá salir al ruedo y salvar a su familia.

Familia en la que hay una madre completamente catatónica, un tío que atrae y repele casi con la misma intensidad habiendo incluso algunos escarceos que dejan dudas (el nominado al Oscar John Hawkes) y dos hermanos menores cuya suerte depende solamente de nuestra heroína.

Para llegar a la verdad, tendrá que lidiar con la "maffia" local donde como todos sabemos en un pueblo chico, el infierno es grande y los personajes que mueven los hilos de la ilegalidad son siempre los mismos.

El guión muestra a los malos muy malos y a la pobre Ree sacando fuerzas de donde no tiene para llegar a que la verdad salga a la luz y salvar a su familia.
Jennifer Lawrence -a quien vimos en "Camino a la Redención" junto a Kim Basinger y Charlize Theron- brinda un gran trabajo, aún cuando hay momentos en donde el sacrificio suena demasiado impostado, pero le toca llevar adelante el peso protagónico de toda la película y la dificil tarea de que el interés no decaiga, aún cuando el ritmo que impone la directora tiene tiempos lentos que debilitan la atención.

Mostrando la parte más indeseable del gran país del Norte, el segundo film de la directora Debra Granik -y primero que llega a nuestro país- se toma su tiempo para presentar la historia, para mostrarnos con algunas tomas descansadas, la vida de los hermanos de Ree y la vida del pueblo en general, totalmente contratastante con lo que se esconde bajo la superficie.
A su debido tiempo y cuando ella lo crea conveniente, desenmascara -pese a algunos lugares comunes y algunos apuntes un poco obvios- el submundo de los manejos ocultos en los pequeños pueblos donde el alcohol, las drogas, el sheriff y la marginalidad se manejan completamente diferentes cuando cae el sol.

Justamente ahí donde aparece el lado más oscuro, Ree tendrá que meter sus narices, sin medir todos los riesgos que eso pueda traerle aparejado, pero querrá cumplir con su objetivo de reinvindicar su lugar en la familia, su rol de hermana mayor y cambiar su pequeña historia en su pequeño lugar en el mundo.