lunes, 23 de agosto de 2010

No es bueno que un viudo esté solo ...

"De vuelta a la vida" ("The boys are back")
de Scott Hicks
con Clive Owen, Laura Fraser, Emma Booth y George MacKay

"The boys are back - De vuelta a la vida" está basada en la novela autobiográfica de Simon Carr, periodista deportivo radicado en Australia, que tiene que continuar con su día a día profesional, mantener su hogar y criar a su hijo de 6 años, tras la pérdida de su segunda esposa por una enfermedad terminal. Para sumarse a un cuadro algo caótico, al poco tiempo, vuelve de Inglaterra su hijo mayor -hijo de su primer matrimonio- con quien tiene varios asuntos pendientes que resolver.

Scott Hicks ya había dado pruebas de poder manejar estos dramas basados en hechos reales con "Crepúsculo" una pelicula muy interesante que contaba con la extraordinaria actuación protagónica de Geoffrey Rush para que sobresaliese del promedio.


En este caso, el peso del protagónico recae sobre Clive Owen quien brinda una actuación completamente alejada de los papeles que suele interpretar y en este caso, está muy bien secundado por sus hijos en la ficción que ayudan a que este melodrama gane en credibilidad.

Los vínculos con la familia de su segunda mujer -fundamentalmente la dificil relación con su ex suegra-, los asuntos pendientes que afloran sobre su primer matrimonio, la adaptación a su prematura viudez y el desarrollo de un nuevo lazo con sus dos hijos-, son algunos de los temas que el guión aborda sin poder anclar en ninguno de ellos con la profundidad necesaria.
Esto se convierte en la principal dificultad con la que se encuentra la película sin llegar a encontrar un tono confesional e intimista adecuado, sobrevolando el drama familiar con un formato mayoritariamente de película de televisión, de una forma superficial aunque no decaiga en interés en ningún momento.

La buena dirección de Hicks, acompañada de una hermosa fotografía de paisajes de Australia y una correcta banda sonora, hacen que "The boys are back" sea un producto sólido aún cuando al finalizar, deje  un resultado demasiado liviano y sobre todo, algunas debilidades del guión que hacen que algunos planteos presentados, no se terminen de definir.

Quizás trabajando con un guión más sólido en el desarrollo de los personajes, Hicks hubiese podido ganar en profundidad. Sin embargo, el guión queda en muchas situaciones a mitad de camino, y cabe preguntarse finalmente cuál es el aspecto saliente de la historia por el cual decidieron llevarla a la pantalla.

Owen brinda una faceta actoral diferente y logra sostener el protagónico absoluto en un film que peca por visitar demasiados lugares comunes sin que logre levantar demasiado vuelo, permitiendo de todos modos que brillen los actores -George Mac. Kay como el hijo adolescente también brinda una muy buena actuación-.

jueves, 19 de agosto de 2010

"London river": la potencia de una pequeña gran historia

"London River"
de Rachid Bouchareb
con Brenda Blethyn y  Sotigui Kouyaté

Dos personajes completamente opuestos, enfrentados por la cultura, la idiosincracia y la discriminación tienen su punto de encuentro en la pequeña historia que nos cuenta "London River", una historia con reminiscencias políticas y sociales sobre los acontecimientos vinculados con los antentados en Londres del 2005.

Por un lado: Elisabeth Sommers (Brenda Blethyn), una mujer cristiana de clase media, viuda de un oficial de la marina que vive en Guernesey, en el Canal de la Mancha. Tiene como único sostén a su hija y su hermano. Cuando aparece la noticia de los atentados en Londes -donde está viviendo su hija- y no consigue contactarla telefónicamente, decide salir en su búsqueda.
Por otro lado: Ousmane (Sotigui Kouyaté) un guardia forestal negro y musulmán, que ha abandonado a su hijo Alí hace muchos años. A pedido de su esposa, quien se entera de los actos terroristas, Ousmane intentará dar con el paradero de su hijo, intentando recorrer un doble camino de identidad y de encuentro.

La trama los encuentra rápidamente en una misma búsqueda, con caminos permanentemente cruzados. El encuentro de dos seres tan diferentes, con un gran rechazo inicial por parte de Elizabeth y la difícil aceptación de algunos secretos que su hija no había compartido con ella, se va desenvolviendo a medida que avanza la trama y está siempre presenta la diferencia de razas, de culturas, de creencias, que abre una grieta abismal entre ellos.

Sin embargo, esa necesidad de encontrar cada uno a sus hijos,  es una fuerza de encuentro y de comprensión, de ayuda mutua que van logrando construir con las idas y vueltas propias de dos desconocidos, que a su vez necesitan refugiarse uno en el otro.

Bouchareb elige contar la historia sin recargar las tintas en el dramatismo, pero dejando presente todas y cada una de las preocupaciones europeas actuales como la alfuencia inmigratoria, las confluencia de razas y culturas y la discriminación a flor de piel, la violencia, el terrorimo, la xenofobia.

Y para contar su historia, Bouchareb (con un trabajo anterior, "Indigénes", nominado al Oscar como mejor película extranjera) cuenta con dos actuaciones soberbias que justifican la película en si misma. Brenda Blethyn es la Sra. Sommers (a quien vimos en "Secretos y mentiras", "Little Voice" "Expiación" y brillando en comedias como "El jardín de la alegría") y tiene una entrega atractivamente contenida cuando es necesario y rotundamente explosiva en los momentos más fuertes de la trama.
Como contrapunto ideal, el actor Sotigui Kouyaté, recientemente fallecido y ganador por este trabajo del Oso de Plata del Festival de Berlín, transmite el dolor, la desconexión y la sopresa en cada uno de sus gestos y sus miradas.

El vínculo entre ellos está construido por una cantidad de pequeños momentos que sólo dos grandes actores conducidos firmemente por un director que sabe lo que quiere, pueden lograr. La imposiblidad de ella de darle la mano cuando se conocen , los diálogos tímidos de Ousmane, la angustiante necesidad de tener noticias de su hija  y el abrazo final y el regreso de cada uno de los protagonistas a su destino,  transmiten una intensa emocionalidad en esta pequeña gran película.
Para no perder de vista.

lunes, 16 de agosto de 2010

No tengo qué ponerme

"Amor, dolor y qué me pongo?"
de Delia & Nora Ephron
basada en un libro de Ilene Beckerman
con Cecilia Roth, Leonor Manso, Jorgelina Aruzzi, Ana Katz y Mercedes Scápola Morán
dirección Mercedes Morán
en el Teatro Tabarís

Replicando el estilo de "Monólogos de la Vagina" ya desde su puesta austera -con solamente cinco sillas, algunas láminas de vestidos y un gran cuadro enmarcando algunas prendas-, cinco actrices hablarán del tema de la ropa, sin duda uno de los favoritos dentro del universo femenino.


Basada en un libro de Ilene Beckerman, las hermanas Delia & Nora Ephron que tienen en su haber el mérito de ser las autoras, por ejemplo, de la gran comedia "Cuando Harry conoció a Sally" y que conocen al dedillo el gusto del público en general y del público femenino en particular como lo han demostrado con las comedias románticas "Sintonía de Amor" "Tienes un e-mail" o la reciente "Julie & Julia", recogen un puñado de historias relacionadas con los recuerdos y las vivencias que tienen estas cinco mujeres en torno a la ropa.

Ya sea en forma de monólogos o con pequeños diálogos / interacciones entre las actrices, el espectáculo se desarrolla dinámicamente pasando por diversos matices y por la más variada gama de tonos, lo que permite, fundamentalmente que las cinco actrices puedan jugar con diferentes facetas dentro de un mismo texto. Y que el público (mayoritariamente femenino) pueda disfrutar de destellos de drama y de comedia en el mismo espectáculo.

Leonor Manso es Ema, el personaje central -ater ego de la autora del libro-, encargada de abrir el espectáculo. Contará buena parte de su vida a través de dibujos que va mostrando al público, los cuales dibujó una tarde que quiso evocar momentos importantes de su vida. Quedará claro desde este personaje, que la ropa más querida, ha acompañado sistemáticamente cada uno de los momentos importantes de su vida.

Es quizás de las cinco protagonistas, a la que la autora le permite menos juego dado que todo su relato es desarrollado en un tono similar sin grandes posibilidades de lucimiento, mientras que por ejemplo las criaturas de Jorgelina Aruzzi le permiten explotar al máximo su veta de comediante y desplegar su enérgico histrionismo (la escena del probador es excelente) que es saludado con un cerrado aplauso de parte de la platea.

Mercedes Scápola Morán tiene momentos de frescura y esponateneidad en sus intervenciones (con una creación deliciosa de una cordobesa) y aunque en los primeros momentos Ana Katz parece no dar con el tono adecuado, mientras avanza el espectáculo va cobrando fuerza y logra entregar en sus intervenciones posteriores, momentos de gran lucimiento tanto en el drama como en la comedia (muy logrado el cuadro de su matrimonio gay).

Cecilia Roth impone una fuerte presencia en el escenario -sabe sin duda como inundar de sensualidad algunos de sus monólogos- y logra su mejor momento en un tramo dramático sobre los corpiños y el cáncer de mamas. No parece sentirse tan cómoda en las intervenciones que requieren un despliegue humorístico, confundiendo comicidad con un tono frívolo más cercano a alguna de las protagonistas de "Sex and the City".

Mercedes Morán en su faceta de directora, conduce al quinteto con solvencia, sacando lo mejor de cada una de ellas y combinando con gracia cinco estilos de actuación completamente diferentes.

"Amor, dolor y qué me pongo?"  nos permite pasear a lo largo de la obra por temas tan conocidos como los chispazos de rivalidad entre madres e hijas, el clásico e infaltable "no tengo qué ponerme", el fetichismo de los zapatos, la moda y las tendencias, el consumismo y el mercado, el color negro -todo un clásico-.
Por un poco más de un hora, nos hemos adentrado en el universo femenino sin que la obra haya tenido mayores pretenciones que esa: la de una mirada fresca, despojada, con un poco de todos los condimientos de una buena receta comercial -muy al estilo de comedia americana que nos ofrecen siempre las Ephron-.

Y si bien no sorprende con ningún destello de genialidad ni presente nada novedoso o arriesgado en cuanto a la puesta, el oficio de estas cinco actrices y la frescura del texto es lo que la platea, finalmente, agradece enormemente.

jueves, 12 de agosto de 2010

Clonando un thriller francés.... y despedazándolo nomás

"Chloe"

de Atom Egoyan
con Julianne Moore, Liam Neeson y Amanda Seyfried

Julianne Moore es Catherine, una prestigiosa doctora casada con un profesor universitario (Neeson). Ella sospecha, está casi segura, que él le es infiel con alguna/varias de sus alumnas y tiene la certeza de que algo ha pasado, cuando él pierde el vuelo a su casa, justamente el día de su cumpleaños donde ella lo espera con una fiesta sorpresa.

Decide sacarse toda duda cuando accidentalmente conoce a Chloe, una joven prostituta, a quien contratará para que intente seducirlo. No contenta con ello, Catherine pide que le describa los encuentros con su marido con lujo de detalles y es ahí cuando comienza a crecer una tensión sexual entre ellas. Este triángulo, prontamente, deviene en cuadrilátero amoroso cuando Chloe también intente seducir al hijo de la pareja.

Realmente no se entiende porqué Atom Egoyan, un director que siempre en sus filmes deja una marca personal al contar las historias (como en "El dulce porvenir", "El viaje de Felicia" o "Ararat"), da un vuelco total en su filmografía, haciendo la remake de "Nathalie X" de Anne Fontaine, sin siquiera proponerse una vuelta de tuerca interesante. El terceto original eran los geniales Gérard Depardieu, Fanny Ardant y Emmanuelle Bèart y se hace dificil, muy dificil, que "Chloe" logre tener alguna ventaja en la comparación.

Si bien en una primera mitad, Egoyan logra convencernos en el planteo dramático de la historia con algunos toques de erotismo, en la segunda mitad se vuelca de lleno al thriller, olvidando por completo las pulsiones iniciales que movían a los personajes, dejándolos emocionalmente a la deriva.


Sólo se rescata la exquisitez de las escenas eróticas y la excelente tensión sexual que cruzan Julianne Moore y Amanda Seyfried (la protagonista de "Mamma Mia"), pero con eso sólo no alcanza. Las acompaña Liam Neeson, quien no logra dar con el tono que el rol demandaba: no ayuda para nada su máscara gélida y distante, que se contrapone con el supuesto carisma de este profesor que roba corazones.

Quedándose completamente a mitad de camino entre los dos tonos que propone, sólo se rescata como gran protagonista a Julianne Moore y si bien en algunas escenas Seyfried logra buena química, en otras está completamente sobreactuada y desentonando fuertemente con el papel de prostituta de lujo.

Sobre el final, la sugestión del relato original y ambiguo que planteaba "Nathalie" -sobre lo que puede haber sucedido y lo que Chloe puede haber simulado/inventado-, queda empantanado en una resolución sumamente infantil y simplista.
No hacia falta Atom, clonar una película para no agregarle ni una sóla buena idea. Igual, te perdonamos.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Las cosas del querer

"Tatuaje"
Texto y puesta en escena: Alfredo Arias
con Sandra Guida, Alfredo Arias, Marcos Montes, Carlos Casella y Alejandra Radano
sólo por tres semanas en el Teatro Presidente Alvear


"Tatuaje" viene de ser estrenada en Paris hace algunas semanas y luego de una limitada temporada en Buenos Aires, Arias y su troupe volverán a Europa para seguir deleitando con este brillante espectáculo a otras ciudades europeas.

Cada espectáculo, cada puesta de Alfredo Arias deja expuesto el enorme talento que tiene como director y la impresionante creatividad que genera, al servicio de una puesta austera e increíblemente teatral.



En este caso, elige dos íconos que marcaron su vida como Eva Perón y Miguel de Molina, quienes -cada uno en su estilo- han tenido cierto sesgo de marginalidad y no han podido ser aceptados por ciertos sectores sociales de su época.
El cruce de Eva en la vida de Miguel de Molina es la excusa para poder enhebrar un inteligente musical en donde Arias puede hablar de la vida de los artistas, de la política, del ser nacional, de la identidad y de la fuerte carga sexual de cada uno de estos personajes, entre otros muchos temas.
Arias clona a Molina, para que coexistan en el relato tres Miguelitos Maravillas: uno más fuertemente narrador (que es el propio Arias, con un excepcional manejo del tempo de relato en un juego delicioso), uno con el que despliega su faceta de intérprete (Carlos Casella, integrante del grupo "El Descueve")  y un tercero, casi mezcla de los dos anteriores, un alter ego más jóven del Miguelito narrador, en el que fundamentalmente recae su faceta sentimental (Marcos Montes).
Este trío interpretativo es absolutamente impecable: cada uno en lo suyo, bajo la exacta batuta de Arias, logra un trabajo inmejorable.

Molina, expulsado de España por el franquismo, encerrado y apaleado en su país, busca refugio en Uruguay hasta que finalmente es Eva quien lo ayuda a radicarse definitivamente en Buenos Aires. Eva -aquí Eva del Sur - (Sandra Guida) tiene desde su vestuario y su actitud, una prestancia que se impone, un halo de hada, de un ser mágico.

Este pequeño gran encuentro da lugar a un musical hipnótico, fascinante, que con sólo tres sillas en el escenario, nos hace viajar a través del tiempo y nos desnuda las vivencias de Molina, las persecuciones en tiempo de dictaduras y de exilios y sus grandes amores. Completando la historia, aparece una rival de este coplero, Conchita Piquer, interpetada por Alejandra Radano (quien tiene a su cargo también el papel de Malena, una misteriosa mujer de la burguesía vernácula que se enamora de Miguel e intentará cautivar su amor, durante toda la obra).



La selección de temas musicales para contar esta historia es otra de las enormes sorpresas del espectáculo. No solamente están algunos de los temas propios de Miguel de Molina, sino que aparecen "Balada para mi muerte" y "Preludio para el Año 3001" de Astor Piazzolla, temas de Caetano Veloso, Eladia Blazquez, Silvio Rodriguez o María Elena Walsh (conmovedora Guida en los finales de Eva cantando "Como la cigarra"), con los que el espectáculo gana diversidad y despliegue.

Mientras que Radano no parece encontrar el tono acertado para sus criaturas, Guida arrasa cuando aparece en el escenario, ya sea con un tango o deslumbrarnos con "Diamonds are a girl's best friend" paseando entre todos los registros e imponiendo su excelente tono en el blues.

Exotico y fascinante, un auténtico Arias, 100% brillante e impecable: para no perdérselo.

sábado, 7 de agosto de 2010

Miller: con la contundente vigencia de un "clásico"

"Todos eran mis hijos"
de Arthur Miller
dirección de Claudio Tolcachir
con Lito Cruz, Ana María Picchio, Esteban Meloni, Vansa Gonzalez y Federico D'Elia

Joe y Kate Keller perdieron a su hijo mayor durante la guerra. Tres años más tarde, Kate no pierde las esperanzas de que aún se encuentre con vida. Mientras tanto, Chris, el hijo menor de los Keller se ha enamorado de Ann, quien fuera novia de su hermano y la invita a su casa para contarle a los padres de su proyecto de casarse con ella.

Con la impiadosa mirada de Miller (de quien en Buenos Aires se han disfrutado obras como "Cristales Rotos" "El último Yankee" "Las brujas de Salem" o "La muerte de un viajante" y de quien se encuentra en cartel la interesantísima "El descenso del monte Morgan" Comentario Aquí) el drama familiar se complejiza y atraviesa varios estadíos: el dilema moral alcanza irreductiblemente a cada uno de los personajes.

Bajo las mentiras y secretos familiares, cada uno de los personajes se moverá con una moral casi propia: cada uno de ellos tiene los motivos suficientes para actuar de la forma que actúa y justamente por eso, ellos sienten que actúan en buena ley. Sin embargo, saben y esconden, se atraen o repliegan, se ayudan  o se dañan según su propia conveniencia, como jugando con cartas marcadas.

El padre de esta familia, es un ejemplo absoluto de la doble moral (tal como el protagonista de "El descenso del Monte Morgan"): se ha salvado de terminar en la cárcel por un proceso judicial donde no tuvo ningún reparo en endilgar culpas a su mano derecha, vecino y amigo -justamente además, el padre de Ann, la prometida de su hijo-.
La madre, fundamental manipuladora de los hilos familiares (con visos de la esposa en "La muerte de un viajante"), actúa frente al mundo una victimización que no es tal. Ella tiene como objetivo no perder sus propias seguridades y no dejar caer "su sueño americano". Lo hará cueste lo que cueste.
Y entre estas dos potencias, se mueve ingenuamente Chris, el hijo menor, confiando en que sus padres no pueden hacer ni hacerle daño.

Miller entreteje tan sabiamente el planteo del "salvese quien pueda" con que se manejan los Keller con otros temas como el amor y desamor familiar, el "qué dirán" como reflejo de una mirada de aprobación / desaprobación social, la culpa, la guerra, la espera de algo que no sucede y por lo que se suspenden decisiones, imprimiendo sobre todos ellos el marco de una familia/barrio/ciudad/sociedad donde se maneja el ocultamientos, la mentira, la apariencia y el engaño.

Aunque la obra fue escrita en 1947 y habla claramente de la mezquindad y las miserias en tiempos de guerra, del dolor y las fracturas que sufrió este pueblo, deja en cada uno de nosotros un fuerte eco de un tiempo de dictadura doloroso que ha atravesado nuestro país (en la pieza se habla del hijo que ha desaparecido, la madre que reclama y espera un cuerpo, de los vecinos que hablan por atrás mientras saben lo que está pasando y de los fácilmente que el pueblo ha olvidado a sus muertos y sigue con su vida cotidiana sin que la guerra y esas muertes parezcan importantes).


El trabajo de Lito Cruz y Ana María Picchio como la pareja Keller es ajustado y convincente (mucho más ella en el papel de la madre que Cruz en el papel pater familia, donde tiene momentos en que parece no encontrar el tono acertado) es Esteban Meloni quien logra un tour de force admirable en el papel de este hijo dividido entre su pasado familiar y su ganas de constriuir su propio futuro.
Un personaje que cuando aparezca la verdad será el más lastimado, por lo que transita por varios estados anímicos (la culpa de estar enamorado de la novia de su hermano, el peso del negocio familiar, mientras tiene una fuerte necesidad de que la verdad familiar escondida salga a la luz). Se encuentra escoltado por Vanesa Gonzalez (Ann) en otro trabajo fuerte de la protagonista de "El diario de Anna Frank" y  por Federico D'Elia, quien se luce como el hermano de Ann, en un papel pequeño pero que es el desencadenante de que la verdad comience a revelarse.
Todos ellos en un nuevo trabajo de Claudio Tolcachir, quien realizó una excelente adaptación de la obra y se reafirma no sólo en su gran manejo de actores sino también en la elección de los rubros técnicos (un exquisito diseño de vestuario y una funcional escenografía que ayudan a la excelencia de la puesta). 

Sobre el final, Ann muestra una carta que lanza un rayo de verdad sobre todos los personajes.
Una vez leída, ninguno de ellos podrá seguir inocentemente su juego. Y nosotros como espectadores, tampoco. Hemos quedado una vez más expuestos  y hechizados por la mano maestra de Miller que nos ha sacudido emocionalmente con una dosis de buen teatro.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Una ardilla + un energizante + un jacuzzi + un guionista carente de ideas = un pequeño bodrio

"Un loco viaje al pasado" ("Hot Tub Time Machine")
de Steve Pink
con John Cusack,  Rob Corddry, Craig Robinson, Clark Duke, Crispin Glover y Chevy Chase

Un grupo de amigos decide pasar un fin de semana en un hotel de montaña en el que estuvieron 20 años antes, como una cierta forma de revivir los buenos momentos juntos. Si bien las instalaciones no están tal como las recordaban, encuentran a un famoso jacuzzi en la habitación que por un "error" se convierte en una máquina del tiempo que los transporta a 1986.

Con esta idea bastante poco original,  "Un loco viaje al pasado" (fallida traducción del título original) intenta mezclar algunos elementos de "Volver al futuro", "La máquina del tiempo" con otros ingredientes típicos de cualquier  otra comedia en donde los protagonistas cambian de época y/o de cuerpos como en "Quisiera ser grande" "13 going on 30" o la clásica "Freaky Friday - Un viernes de locos"  para caer finalmente en el lugar común de que cambiando supuestamente alguna vivencia del pasado, se modificarán sus vidas actuales: no les suena conocido?

El argumento es completamente artificial, sustancialmente increíble pero como si esto fuese poco, el estilo que elige en los tramos de mayor humor es totalmente desacertado, bordeando el mal gusto y desplegando la escatología de la que ya hicieron escuela los hermanos Farrelly ("Loco por Mary" "Amor Ciego"), un perfil que no le queda para nada bien a John Cusack a pesar de que su personaje es el que mantiene mayormente la línea y no da mucho lugar a la grosería.

La confrontación de sus vidas como adolescentes contra la época actual podría haber dado lugar a que se homenajearan algunos momentos adolescentes o que sirviera para analizar la década de los '80 con una mirada más cargada de ironía y lograr un producto que podría haber estado más cercano a esta nueva corriente de comedias de hollywood que transita por este humor "zarpado" pero con un mejor guión y con situaciones mucho más creíbles que pueden empatizar más con el público, como es el caso de las comedias de Judd Apatow ("Ligeramente Embarazada" "Virgen a los 40" o  "Forgetting Sarah Marshall"). 

Como ícono de las comedias blancas de los '80 aparece en un papel de reparto Chevy Chase (el mismo de "Juego Sucio" "Parece que fue ayer" y "Vacaciones") a quien no solamente lo lastima el paso del tiempo sino que se presta a un papel donde el guión no le ofrece la mínima oportunidad de lucimiento. Hasta una ardillita que se pasea por algunos momentos de la película tiene escenas más divertidas e interesantes que las que le tocan en suerte a Chase.

Ni empatiza con un homenaje a los '80 ni aprovecha a fondo el tema que propone, "Un loco viaje al pasado" queda sencillamente como una comedia que no sirve más que para pasar el rato y en algún punto uno se pregunta si habiendo tanto guionista suelto no hubiesen podido encontrar una mejor manera de viajar al pasado que sumergiéndose en un jacuzzi "poseido" por un energizante (?!).

Un pastiche que apenas califica para una tarde de DVD sin mayores pretenciones que matar el tiempo.

martes, 3 de agosto de 2010

De juguetes, villanos y ogros verdes

Tres films de animación que se han estrenado casi conjuntamente han roto todos los récords de taquilla y han dejado al descubierto la potencia con que este tipo de películas irrumpen en el mercado y lo seductoras que son para los públicos de todas las edades.

Dreamworks trajo "Shrek para siempre" cuarta entrega de las desventuras del ogro verde. Después de una tercera parte de calidad despareja, en esta cuarta y última entrega no lograron dar tampoco en la tecla como lo habían hecho las dos primeras y la fórmula parece reiterarse en la mayoría de los tramos, repitiendo situaciones ya vistas anteriormente.


Por otra parte, los personajes que incorpora en esta parte (como el villano Rumpelstiltskin)  no son tan interesantes ni le dan peso a la historia como para sostener el interés a lo largo de todo el film.
Quizás lo más atractivo haya sido jugar con la historia dentro de sí misma con la idea de "qué hubiese pasado si...?" y es allí donde logra quizás las mejores escenas y pasos de comedia, los cuales no están a cargo ni de Shrek ni de Fiona, ni siquiera de Burro -quien tenia los mejores gags de la primera y segunda parte-, sino que se luce ampliamente un Gato con Botas completamente irreverente.

Si bien no logra el nivel de las anteriores, este último capítulo cerró con un producto digno y fiel al estilo con el que conquistó los mercados, aunque lamentablemente no logró mantener el nivel a través de las diferentes secuelas.

Pixar alcanzó otro punto alto con "Toy Story 3" trayéndonos nuevamente las aventuras de Woody y Buzz, acompañados de los juguetes de siempre y de nuevos personajes (se agregan Barbie, Ken y el malvadísimo Oso Lotso en primer plano).

Ahora Andy ya es más que un adolescente: sus juguetes se encuentran guardados en un baúl en su habitación y al tiempo de tener que mudarse a la Universidad deberá decidir si guardarlos en el altillo o llevar algunos con él, tirarlos o regalarlos. Una confusión hace que una bolsa que había separado para dejar en el altillo termine en la basura... y Woody deberá ir al rescate!.

Como cierre de esta trilogía Pixar demuestra nuevamente su excelencia para construir guiones en donde puede desarrollar diferentes facetas de sus personajes y dotarlos de características inigualables que le dan un sello de personalidad a cada uno de ellos. Sabe combinar perfectamente situaciones de suspenso, mucha acción -genialmente aprovechado en estas situaciones de persecuciones y salvatajes, la tecnología 3D- y donde no faltan el humor (con tintes muy irónicos sobre todo en el personaje de Ken y su dudosa identidad sexual) y la emotividad con que cierran las historias.
Una excelente oportunidad de convalidar la búsqueda de la perfección en cada uno de los productos, manteniendo un nivel de excelencia en el desarrollo de sus historias y de sus personajes y logra lo más importante: que sea un cuento ampliamente disfrutable tanto para los chicos como para los adultos.

"Toy Story 3" cierra brillantemente esta trilogía con un producto altamente creativo, lleno de acción y con momentos de reflexiòn y emotividad acerca de los ciclos vitales, el crecimiento y el dejar atrás la niñez para entrar en el mundo adulto y cómo van cambiando nuestros compañeros de ruta, en este caso, nuestros juguetes más queridos.

Y por último, el estreno de esta semana es "Mi villano favorito" que surge de la unión de Universal Studios con Illumination Entertainment.


La historia nos trae a Gru, un villano que está perdiendo su primer puesto en manos de un nuevo malvado, el jóven Vector y que por lo tanto deberá "revalidar" su puesto tratando de robarse la luna, previo proceso de encogimiento una vez que se apodere del famoso rayo reductor.
Para esto, cuenta con la encomiable ayuda de un ejército de criaturitas amarillas, cada una con su personalidad que son de lo más divertido de la película.
Como subtrama, Gru necesitará adpotar a tres huerfanitas que  se entrometen fácilmente vendiendo galletitas en la mansión de Vector y el guiòn da entonces la posibilidad de mostrarlo en su faceta paternal y analizar con sarcasmo algunas relaciones familiares (sobre todo la de Gru con su madre).

La diferencia que hace que "Mi villano favorito" atrape es que se entrega descaradamente a un humor delirante y gestual. No cabe duda que hay guiños  y referencias circulares / homenajes a su mismo género y en particular a Pixar, la gran productora de animación del momento.
Una de las tras huérfanitas es asombrosamente parecida a Boo (la protagonista de "Monsters Inc."), una persecución aérea y un salto entre aviones "homenajea" a una secuencia de acción de "Up!" y Vector tiene un increible parecido en sus gestos y en el peinado a la diseñadora de modas de "Los Increibles".

También tiene una fuerte mirada Burtoniana de los personajes (los asistentes de Gru se asemejan a los delirantes "Marcianos al ataque" y otros ven a los Oompa-Loompas de "Charlie y la Fábrica de Chocolate" mientras que el adolescente que atiende en el puesto para ganarse un muñeco de peluche en la feria es el alter ego del Sombrero Loco de "Alicia.."), a medida que transcurre el film nos vamos encariñando con ese "diferente" que es Gru así como nos hemos encariñado de freaks como el Joven Manos de Tijera o cualquiera de los amigos imaginarios/reales de "Big Fish/El gran pez".

Sin lograr el vuelo de los productos Pixar, "Mi villano favorito" entretiene muy por sobre la media de Shrek con un humor que deja correr en el desborde y una simpática y excéntrica locura en la construcción de los personajes y las situaciones que atraviesan, algo a lo que Shrek se había animado en sus dos primeras entregas.

Presentadas que fueron las opciones: con cuál se divirtieron más?