sábado, 17 de julio de 2010

Renais a las finas hierbas

"Las hierbas salvajes" ("Les herbes folles")
de Alain Resnais
con Sabine Azéma, André Dussollier, Anne Consigny, Mathieu Amalric y Emmanuel Devos

En un reportaje al cineasta Alain Resnais, celebrado director de "Hiroshima mon Amour" y las más recientes "Conozco la canción" o "Corazones", comentó que la idea que lo movió a adaptar para la pantalla la novela "L'incident" de Gailly es "el sentido de la síncopa, el deseo de hacer variaciones sobre una situación como un músico de jazz le busca nuevos ángulos a un mismo tema". Y con este puntapié inicial, Resnais juega con estas posibilidades de variación de una historia sencilla durante los frescos 105 minutos del film.

Sobre una anécdota simple, logra abrir un abanico de posibilidades, de eventualidades, de encuentros y desencuentros que van haciendo girar la trama en distintas direcciones -y a veces sobre sí misma- sin poder encasillar a su último opus, "Las hierbas salvajes", en ningún genero en particular.

Marguerite va a comprarse zapatos, un placer que ella se habilita como un juego, probándose varios pares en su local preferido con su vendedora preferida. Al salir del negocio, esa tarde cualquiera, un jóven en patines pasa a toda velocidad y le arrebata la cartera, dejándola sin un centavo.
Por otro lado, George cuando va a subir a su auto, en el estacionamiento y junto a la rueda, encuentra la billetera de Marguerite y comienza a tejer las diferentes fantasías posibles para abordar a esta mujer que sólo conoce por el nombre y por las fotos de sus documentos... y devolverle sus pertenencias.

Rozando el thriller con un ritmo Hitchcockiano, el policial, saltando a la comedia y al romance más clásico (a quien el director rinde un homenaje con una radiante Grace Kelly en el afiche y las fotos de  "Los puentes de Toko Ri") se divierte mutando de género en género, desorientando al espectador de forma tal que la película sorprenda a cada paso por su falta de previsibilidad y por la irracionalidad en las reacciones de sus personajes.

¿Porqué George se ha obsesionado tanto con esa desconocida hasta el punto de descuidar a su pareja?
¿Y su pareja, porqué acepta silenciosamente esta nueva relación que George pretende construir?
¿Qué le despiertan a Marguerite las llamadas de ese extraño que encontró en algún momento su billetera pero con el que no tiene porqué seguir hablando?


Resnais nos deja libre el campo para que nosotros como espectadores tratemos de darle respuestas a cada una de esas preguntas que deliberadamente nos deja sin responder. Y así los personajes se construyen tan irracionales como intrigantes.
Y fundamentalmente, para este juego cinematográfico que lo consolida con sus casi noventa años en uno de los directores más prolíficos e interesantes del cine francés actual, Resnais cuenta con el trabajo de André Dussollier (George) y Sabine Azéma (Marguerite) cuyo disfrute se transmite fuera de la pantalla (quienes ya habían probado su excelente química como los padres de joven que no quiere irse de su casa en "Tanguy ").
Azéma está radiante con sus pelos rojos electrizados que marcan el nervio desde la primer aparición y Dussolier se regodea con ese personaje de un hombre de oscuro pasado que esconde más de lo que muestra y que a la hora de poner en juegos sus sentimientos, se pone a dudar como un niño.
Mathieu Amalric y Emmanuelle Devos, dos super estrellas del cine francés actual, participan con dos roles secundarios completamente deliciosos que marcan algunos de los pasos de comedia que nos regala Resnais amenizando la trama.

Sin duda el esplendor visual, el color de las imágenes y el ritmo de la narración confirman que Resnais todavía tiene mucho para regalar.

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