jueves, 3 de junio de 2010

Es posible ser fiel a uno mismo?

"El descenso del Monte Morgan" ("The ride down Mt. Morgan")
de Arthur Miller - Versión de Masllorens y G. del Pino
dirección: Daniel Veronese
con Oscar Martinez, Carola Reyna, Eleonora Wexler, Ernesto Claudio, Malena Figó y Gaby Ferrero
Teatro Metropolitan 2

El Sr. Felt (Oscar Martinez) ha tenido un accidente automovilístico al intentar bajar el Monte Morgan en una noche de tormenta. Y allí se encuentra, postrado en una cama de un hospital que él desconoce. La enfermera que lo cuida le avisa que en la sala de espera están su señora y su hija.
Felt se pone muy nervioso, se altera notablemente, sabiendo que en cualquier momento llegará Leah, su otra mujer con la que lleva una doble vida desde hace nueve años.
Allí, en la sala de espera, de una manera completamente tragicómica, ambas se enterarán de la existencia de la otra. La mentira que Felt ha logrado sostener durante todo ese tiempo quedará al descubierto, con dos familias armadas, en dos ciudades distintas.

El texto de Miller es potente: desde el inicio dispara violentamente apuntes críticos sobre el  matrimonio -y dentro de él la convivencia, el sexo, el aburrimiento, la pasión-, la mentira, la doble moral, el dolor que la metira provoca en nuestros afectos, el deseo, la honestidad con uno mismo, la traición, la fidelidad, el engaño.
El triángulo amoroso crudamente expuesto a partir del accidente es quizás la forma inconsciente que haya encontrado Felt de poder expresar de otra forma, lo que no pudo poner en palabras: resolver de alguna otra manera la pequeña dosis de culpa, de sufrimiento que lo acompaña a partir de esta decisión de compartir su vida con dos mujeres, su imposibilidad de optar por una de ellas, de amar a ambas -en diferentes situaciones, pero de una manera completamente genuina-.

¿Porqué elegir por una de esas dos vidas excluyendo a la otra? ¿Es que acaso sus mujeres no han sido felices todo este tiempo? ¿Es que acaso Felt no le ha dado sus hijos que son lo más importante que cada una de ellas tiene? ¿Es posible vivir siendo fiel a lo que uno siente, apartándose del deseo por tratar de cumplir con reglas sociales impuestas? ¿Realmente nadie sabía lo que estaba pasando?

Todas estas preguntas flotan en la interesante puesta de Daniel Veronese (quien ya había demostrado su enorme capacidad en las producciones de "El periférico de Objetos" y también en el teatro comercial con las geniales puestas de "La forma de las cosas", "Gorda" y "El método Gronholm") acompañado por la escenografía de Alberto Negrín que llama la atención por su exquisitez y su liviana simpleza.

Como en todas las obras dirigidas por Veronese, las actuaciones son un festín interpretativo. Desde los roles secundarios (impecable Gaby Ferrero como la enfermera, Malena Figó y un exacto Ernesto Claudio) hasta el trío protagónico, Veronese logra un equipo completamente homogéneo en excelencia.

Las dos vidas de Felt se debaten entre la fría e inteligente Theo (Carola Reyna) y la joven y sensual Leah (Eleonora Wexler), polos opuestos que convergen en los deseos de este hombre que no quiere optar por ninguna de ellas, pudiendo tener la completud que le brindan ambas.

Carola Reyna brilla cuando explota en su bronca, en sus reproches, en lo incomprensible de su descubrimiento, en el dolor de la traición. Logran un exquisito trabajo, con notables matices, que trasmite toda la dualidad de sus sentimientos. Por su parte, Wexler derrocha sensualidad en las escenas de los primeros encuentros con Felt y arrasa con convicción en los tramos más duros de su personaje.
Oscar Martinez se luce en un papel que parece haber sido escrito para que él lo disfrute, acariciando el texto con el ritmo personal que le imprime,  haciendo creíbles todas y cada una de sus afirmaciones, de sus vacilaciones, de sus conflictos.

Interesantes flashbacks que nos cuentan situaciones que rearman el rompecabezas de la historia sobre los hechos pasado, retroalimentan el sentido de lo que viven hoy todos estos personajes, allí donde un accidente los ha unido en una encrucijada de decisiones y de enfrentamiento con la dura verdad, que a veces cuesta asumir.
Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

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