sábado, 10 de abril de 2010

Un dia de furia

"Un dios salvaje" ("Le dieu du Carnage") de Yasmina Reza
dirigida por Javier Daulte
con Gabriel Goity, Florencia Peña, Maria Onetto y Fernán Mirás

Un chico de once años le pega con un palo en la cara a un compañero de curso. La herida que le abre es profunda y grave: es casi seguro que pierda definitivamente uno de sus incisivos. Una reunión supuestamente formal y conciliadora se lleva a cabo en la casa de los padres del niño lastimado, pero no pasarán muchos minutos hasta que con algunas preguntas, planteos y quejas los personajes se vean envueltos en complejas discusiones sobre cuestiones morales de todo tipo.

Como ya pasaba en una obra anterior de Reza, "Tres versiones de la vida" los personajes dicen mucho -y todo el tiempo-, pero trasmiten poco.
Un hecho detonardor de violencia -donde hay palos, heridas e incisivos volados, elementos que ya desde su significación nos dicen casi todo- hace que dos matrimonios se vean envueltos en insultos crecientes, descalificaciones, conflictos personales entreverados con el de sus hijos, reproches y dilemas de pareja... todo mezclado en un cocktail que teatralmente impacta, pero sólo en un primer momento.
Pasado ese puntapié inicial los personajes comienzan a enredarse en sus propias palabras sin que crezca la tensión dramática, alejándose y volviendo permanentemente a un mismo punto donde quedan varados.

En este tipo de textos, queda en manos de las actuaciones poder salvar la obra que tengan un estilo tal que nos hagan más llevadera la impresionante catarata discursiva que dispara Reza sobre el espectador.
Y en este caso, lamentablemente, la dirección de Daulte no hay podido dominar la capocómica que Florencia Peña mantiene en su interior (que tan brillantemente había tallado Leonor Manso en la dirección de "Frankie & Johnny"). La mayoría de sus momentos de diálogo chispeante, están regados por una actuación peligrosamente similar a la Moni Argento de "Casados con hijos". Sin embargo, este tipo de registro parece ser el más festejado por la platea, junto con algunas brillantes intervenciones de Gabriel Goity, también sesgado por un estilo notablemente televisivo.

María Onetto, en la otra orilla, logra llevar adelante el personaje menos amigable, más intelectual, en el que puede demostrar su calidad de actriz de teatro. Curiosamente (dados sus anteriores trabajos en "La forma de la cosas"  y en la misma "Tres versiones de la vida" habían demostrado con creces su madurez como actor) Fernán Mirás le ha dado un tono insportablemente ininteligible a su criatura, un abogado que no para de interrumpir la reunión con su celular, habiendo incluso momentos en los cuales se dificulta enormemente entender lo que dice.

La violencia agazapada de estas parejas de padres que se reúnen para hablar de la explícita agresión que han infringido/sufrido sus hijos, termina -como era de esperar- en una escalada de furia, pero queda claro que tanto griterío,  insultos y borracheras no alcanzan para construir un texto inteligente.
"Un dios salvaje" queda de esta forma alejado de las brutales excelencias de  "Quién le teme a Virginia Wolff?" o en el teatro nacional, las obras de Oscar Viale donde se vomitaban realmente miserias como esos "trapitos al sol" que no queremos ver.

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