viernes, 26 de febrero de 2010

Especies en Extincion: cines de Barrio


Naci en Floresta por ende, muchas salidas durante los fines de semana fueron en Flores, el barrio más cercano y francamente desarrollado para la época. Y siempre, desde muy pero muy chico, me deslumbró el cine.

Quisieron las vueltas de la vida -o mejor dicho, un divorcio- que ahora esté viviendo justamente en Flores, muy cerca de todos esos cines que visitaba tan frecuentemente durante mi niñez y mi adolescencia... y vinieron al recuerdo todas estas imágenes, mientras paseábamos por la zona, la semana pasada, con mis hijos.

El "Pueyrredón" era puro lujo: una copia para el barrio del esplendoroso cine-teatro Opera en plena calle Corrientes. Cuando se apagaban las luces, mirábamos el techo porque unas lamparitas lejanas nos hacían creer que había cine bajo las estrellas y se reflejaban centellando en el borde plateado de cada butaca. Se coronaba todo esto con la alfombra roja, entrando a la sala, que le daba un toque glamoroso y particular.

Recuerdo haber visto ahí muchísimas películas españolas y francesas, pero cuando lo visité por última vez, ya dejando definitivamente la adolescencia, Marlon Brando y Maria Schneider se amaban locamente en "Ultimo Tango en París" .

Cruzando la avenida Rivadavia, el "Rivera Indarte" es el único cine en el barrio que ha quedado en pie. De las entrañas del imponente super pullman que se llenaba los domingos a la tarde, nacieron varias salas más pequeñas que siguen luchando contra la desaparición total del cine de barrio.

Una playa de estacionamiento ocupa hoy el lugar del cine "Coliseo" que en un intento de salvataje fue dividido en dos salas, que se rindieron bajo los influjos del rentable Parking.
La pantalla donde antes se proyectaban las aventuras de James Bond que bien podía ser Sean Connery o Roger Moore y las andanzas de Harrison Ford jugando a ser Indiana Jones buscando el arca perdida, hoy quedó eclipsada por carteles que nos avisan que las cocheras de pagan del 1 al 5 de cada mes y que por norma municipal, se aceptan tanto bicicletas como 4 x 4 y se que fracciona cada diez minutos.

El imbatible combo "San Martín/San José de Flores" será recordado como las mansiones dedicadas a pasar un sinfin de películas clase "B" todas las semanas. Hoy uno es la sucursal de un banco y el otro una iglesia para fieles oradores de alguna religión surgida en los gloriosos '90, pero el "San Martín" quedará en el recuerdo como el templo donde los cowboys se batían a duelo en continuado y los monstruos peores logrados de la historia, se daban cita semana por medio.

Si algo extraño del cine "Flores", hoy sucursal de una cadena de música, computación y aledaños, es que mientras esperábamos la segunda película, jugabamos con las publicidades que colgaban de un telón enorme, buscando palabras hasta que se volviera a apagar la luz. Los Superagentes, las comedias setentosas de Carlitos Balá y Palito Ortega o los dibujos animados de García Ferré se veían siempre en el cine "Flores", donde durante las vacaciones de invierno, la fila daba casi la vuelta a la manzana.
Combinando desde mi casa dos colectivos, llegaba al final de la calle Carabobo, al cine "Continental" . En plena escuela secundaria, esta sala gentil, servicial, "gauchita", nos dejaba asomarnos al mundo reservado para los adultos, aún cuando no habíamos cumplido todavía los 18. El negro Olmedo y el gordo Porcel, Moria y Susana, hacían un monumento de la cultura popular... y disfrutábamos de sus películas que tenían el sabor de lo prohibido.

Nadie pensaría obviamente, que serían vistas libremente, años más tarde, en los canales de aire, demostrando que lo transgresor para aquel momento hoy es terriblemente naif, rayando lo infantil.

Un poquito más alejado -creo que hoy es refugio para que toquen algunas bandas de Rock- estaba el cine "Fénix", tan lujoso como el "Pueyrredón" , pero en minuatura. Ahí fue donde mi tia me hizo ver como tres veces "La Novicia Rebelde" con una Julie Andrews jovencísima, criando a los hijos de Von Trapp y correteando por los Alpes.




Ya en Floresta, estaba el "Gran Rivadavia" que funcionó hasta hace tan sólo cinco años.
Era mi refugio obligado de casi todos los fines de semana para ver dos películas y comerse un pancho entre una y otra.
Sin saber que estaba viendo joyas del cine, pude asomarme a "Alien" de Ridley Scott con Sigourney Weaver y el conocido bicho explotando desde la panza de un tripulante, "El Francotirador" con Robert de Niro, Meryl Streep y Christopher Walken, todos ellos prácticamente iniciando sus carreras, "Bananas" y "Annie Hall" de mi entrañablemente amado Woody Allen, Roman Polansky y su "El bebé de Rosemary" o "El Padrino" super-clásico de Coppolla.

Mis piecitos bailaron al ritmo de "Footlose" , "Fama" y "Flashdance", vi como tres cuarto de cine lloraba a moco tendido con "La última nieve de Primavera" sin que yo pudiese entender exactamente lo que pasaba y salté estrepitosamente de la butaca cuando una mano sale de la tumba inesperadamente y Sissy Spacek se muere de miedo en "Carrie".

Ojalá las nuevas generaciones pudiesen entender lo que se vivía en el cine de barrio, hoy olvidado entre tanto ticket electrónico, pochoclo a granel -que vino a superar el inefable maní con chocolate que nos vendía el caramelero- e incontables multisalas con sonido dolby stereo y toda la tecnología a cuestas ... pero lejos, terriblemente lejos, de la calidez de estos cines de barrio que envolvieron nuestra infancia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias por el recuerdo queremos saber quien es el autor

desde salvar a Floresta
salvarafloresta@yahoo.cpm.ar