domingo, 4 de octubre de 2009

Y bueno, el año que viene, vemos...

"El año que viene, a la misma hora"
de Bernard Slade con Adriana Suar y Julieta Diaz
Dirección: Marcos Carnevale


Juan es un contador que va a hacer, cada año, el Balance del que fue su primer cliente, un pequeño hotel con cabañas en Chapadmalal.
Ella es Doris, un ama de casa que una vez por año hace un retiro espiritual en un convento cercano a estas cabañas, aprovechando que su marido y sus hijos viajan para el cumpleaños de su suegra, a visitarla -a los que ella no acompaña porque con la suegra no se pueden ni ver-.

Asi, ocasionalmente, luego de un primer encuentro en las cabañas de Chapadmalal, ellos prometerán encontrarse en ese lugar, a la misma fecha, cada año.

Y en una serie de cuadros, se irán mostrando las distintas viscicitudes de estos amantes frente a sus respectivas vidas, sus respectivas parejas, su trabajo, sus tristezas y sus alegrías. Situaciones que se acompañan con los acontecimientos culturales y sociales que fueron sucediendo básicamente en el país pero también en el mundo, mostrados mediante videos que articulan como "separadores" entre estos momentos de la pareja.

La apuesta básicamente fue lograr una adaptación con un tono más local y sobre todo, con un fuerte tinte de comedia que no abundaba en el libro original. Esto sobre todo hace que Adrián Suar -Juan- pueda expresarse más libremente en el escenario con sus conocidas dotes de comediante, sin necesidad de apelar a un registro más dramático que solamente aparece hacia el final de la trama y es donde realmente se produce un notable desnivel en su registro actoral.
Julieta Diaz como Doris, por el contrario, comienza la obra de una forma más tibia, más titubeante, para ir creciendo en profundidad a medida que pasan los cuadros, cerrando la obra con una actuación muchísimo más rica en matices y mucho más sólida que la de su partenaire.

La química que hay entre la pareja es muy buena, sin embargo, no logran trasmitir lo que plantea la obra: se siente como si los personajes se encontraran muy en la superficie, sin lograr transmitir con claridad la pasión que los une a lo largo de tantos años.
Sobre todo en las primeras escenas, esta pasión es confundida -sobre todo en el papel de Suar- como uan especie de "calentura", cuando el sentido era el de transmitir los sentimientos de dos almas "grises", agobiadas por la rutina que se dan un respiro una vez por año para vivir una pasión clandestina.
Esa profundida del texto original de Slade, desaparece con la liviandad que imprime la adaptación local del mismo Carnevale y Lilly Ann Martin, sin que deje por esto de ser una obra sumamente agradable, pero demasiado liviana.

Sin duda, los separadores que van dando cuenta de las diferentes épocas son un acierto que hace crecer a la intrducción de cada una de las situaciones que vive esta pareja.

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