martes, 27 de octubre de 2009

Boogie: o como ser políticamente incorrecto... y no morir en el intento

"Boogie, el aceitoso"
con las voces de Pablo Echarri y Nancy Dupláa, dirigida por Gustavo Cova
Basada en el comic de Fontanarrosa


Sinceramente del universo de "Boogie, el aceitoso" no sabía nada de nada. No tuve ni una mínima aproximación ni a este cómic ni al universo mismo de Fontanarrosa en general, razón por la cual fui a ver la película sin ninguna expectativa, ni tampoco puedo establecer si es o no fiel el traspaso del cómic a la pantalla -cosa que a veces poco importa a la hora de disfrutar la película-.


Lo que sí puedo afirmar es que es una película que tiene sus reparos -seguramente el guión podría haber sido más depurado en algunas situaciones y diálogos-, pero que fundamentalmente termina siendo un producto muy digno y sumamente divertido.

Tiene, como plus para los amantes del cine, una infinita cantidad de guiños que animan a la complicidad y a que la propuesta sea mucho más disfrutable.
Rinde homenajes al policial negro, al western, a las road movies, homenajes encubiertos al cine de Tarantino, policías volando por el precipicio emulando a "Thelma & Louise", balas en 3D al mejor estilo Matrix y mucho más, referencias a "Cabo de miedo", a Humprey Bogart, a Marlon Brando y su inolvidable padrino.

Lo distintivo es que destila en cada escena muchísimo humor negro, del más negro que haya visto últimamente y sobre todo, rinde culto a todo lo políticamente incorrecto que se pueda ser. Boogie ES netamente incorrecto: patea vagabundos, fusila perros, odia a los pobres es ordinario, xenófobo, intolerante con las mujeres .... algo más?.

El producto está pensado para distinguirse dentro de la animación tradicional con una propuesta diferente, y de allí el valor que tiene jugar con el riesgo creativo y animarse a más. Echarri demuestra nuevamente que puede dar siempre algún plus y su voz junto con la de Nancy Dupláa son una grata sorpresa.
La propuesta visual es atractiva, con momentos sumamente creativos, explotados mucho más aún con la profundidad que da el 3D.
Algo diferente para una cartelera que venía siendo tan aburrida.

lunes, 19 de octubre de 2009

Las mil y una NACHAS

"Nacha Guevara & Alberto Favero"
Recitales en La Trastienda Club

Hay un piano y unos pocos elementos que le permitirán a Nacha jugar en algunas canciones. En otras, sencillamente sentada en un taburete transmitirá toda su potencia y toda su magia.


Ya desde el inicio cuando abre el show con "Vuelvo" se presiente una velada de una fuerza increible, propia de Nacha. Y a los pocos minutos, cuando comience a hablar con el público, ya la platea está completamente cautivada, seducida por su increible talento para pasar de una canción risueña, llena de chispa como "La mucamita", a la potencia de algunos versos de Benedetti o al ambiente gris que encierran las "Canciones de la Oficina".

Con Favero en escena, la dupla es inmejorable, superlativa. En dos horas de show, tal como ella nos ha avisado al inicio, nos van a transportar por 40 años de trayectoria y de canciones entrañables. Nacha canta Benedetti, Neruda, se transforma en Eva con la misma intensidad con que se pone en la piel de "Nanette" , vuelve a embriagarnos con su "Aqui Estoy" o un super clásico como "Mi Cuidad". Puede cantar a Sondheim u homenajear a James Dean, transportarnos con las canciones de amor de Benedetti y una canción imposible de obviar como "Te quiero".

Entiendo poco y nada de música en cuanto a la perfección vocal que pueda o no tener Nacha Guevara, en cuanto a su técnica en lo estrictamente musical.
De lo que sí puedo dar fe es que es una show-woman increible, que hipnotiza a la platea con su presencia y con la fuerza con la que transmite todas y cada una de sus canciones, dotándolas de una interpretación singular que hace de Nacha, un estilo particular e inimitable.

Disfrutable de principio a fin, con guiños para sus seguidores y con un repertorio que le permite transmitir un abanico de emociones de las más diversas, todos terminamos muy pero muy agradecidos de haber vibrado esas dos horas, por todos los registros.

Chapeau Nacha! Sin dudas una gran laburante, una gran artista.

jueves, 15 de octubre de 2009

Un texto adorable: Daulte ahora en cine


"Nunca estuviste tan adorable"
de Mausi Martinez basada en una obra de teatro homónima de Javier Daulte
con Maria Onetto, Mirta Busnelli, Luis Luque.

Basada en la obra de teatro de Javier Daulte, nacida en el ciclo de "Biodrama" presenta un retrato de familia argentina clase media entre el '55 y el '69.
De todos modos, es básicamente un homenaje a la figura materna, Blanca, ese ama de casa típica de la época, muy reinante y apropiada de su hogar mientras que su marido, Salvador, mecánico, sale a trabajar en su taller y trae el "pan" a casa.
El cuadro familiar se completa con los dos hijos, Noe y Rodolfo.
Casi como parte de la familia -y podríamos obviar el casi- está la vecina, papel que le calza como un guante a Mirta Busnelli que lo dota de una vitalidad particular, sobre todo en la posibilidad de generar todos los matices, tanto en el drama como en la comedia.

El relato a medida que corren los años, nos contará como esa ama de casa de existencia pretenciosamente glamorosa, más apegada a las idealizaciones y la perfección, irá cambiando de máscara -se irá en parte desmoronando- ante el crecimiento de sus hijos -pareja, casamiento, nietos- y la distancia que se irá imponiendo en la relación con su marido, un ser más anclado en la realidad, con menos "vuelo" y con el que evidentemente se hace cada vez más dificil compartir un proyecto de vida juntos.

Si bien se respeta la estructura original de la obra, la directora y encargada del guión cinematográfico, Mausi Martinez, ha logrado que el traspaso al cine sea desacartonado.
Sale más que airosa en la ardua tarea (la obra de teatro es brillante, "redonda" en más de un sentido) logrando imprimir en las secuencias de títulos y en la puesta general, el clima de glamour del cine de los cincuenta, vitalizando el excelente texto de Daulte.
Sin embargo, algunos cambios en el elenco (sobre todo la incoporación de Gonzalo Valenzuela por Luciano Cáceres) y la inclusión de algunas canciones que suenan demasiado artificiales y atentas con el clima general del relato, son el talón de Aquiles de esta película que, fundamentalmente, apostó a un cine diferente... y gana ampliamente esa apuesta aún con sus altibajos.

jueves, 8 de octubre de 2009

Recuerdos con el cine...

La idea era escribir sobre algunas películas que me marcaron tanto que "sesgaron" mi gusto por el cine.
Pero sobrevino otra: aquellas películas que vi de chico pero que me marcaron por algo en particular que quedó grabado como "archivo adjunto", que vinieron con un plus.


Ni que hablar que el congelado Sr. Walt acompañó mis gustos desde la más tierna infancia. Creo que en algún lado del disco rígido todos tenemos a "Bambi" quebrado en llanto con un papá amorosamente contenedor que soporta estoicamente su viudez, luego del incendio en el bosque donde la madre pasa a mejor vida.
"Blancanieves", maniática de la limpieza que silbando hacía yugar a todos los animalitos del bosque y dejaba la casa impecable, llena de estrellitas de pureza para cuando llegaran los enanitos exhaustos de tanto extraer minerales y ella les dijera dulcemente: ¡A bañarse! y todos felices y contentos entre pompas de jabón.
Los 101 dálmatas, que en mi epoca era "La noche de las narices frías" con los cachorritos atravesando la nieve y el más gordito que no pasaba por el agujero de la pared y todos con la espada de Damocles que si no lograban fugarse, terminaban siendo un tapado elegantísimo para Cruella de Ville. ¡Cuánto sufrimiento perruno!
"Travesuras de una Bruja", fue cuando vi por primera vez dibujos animados "mezclados" con personajes de carne y hueso. La protagonista con la cama viajando en el fondo del mar o el partido de fútbol de esos animales con los que soñé como tres noches seguidas.

Pero ninguna, ninguna de esas tiene un recuerdo tan lindo como el dia que mi papá me llevo al cine Los Angeles a ver "Robin Hood" del mismo Disney. Esa que Robin es un zorrito acompañado por un oso bonachón y la pandilla malvada son un tigre y una malísima serpiente de cascabel. La película, aún con los años, sigue siendo un hermosa adaptación del cuento, pero mi recuerdo es llegar del cine, mi mamá planchando en la cocina y yo queriendo contarle toda la peli en un minuto.
Quizás quede como un recuerdo de una salida con mi viejo al cine solos... ese encanto misterioso que tuvo esa única vez al cine juntos...

De mi viejo tengo otra, cuando de tanto reirse con "Esta loca, loca gente..." se le escapaban todos los dientes, y mi mamá en la butaca de al lado doblada de la risa, por la película y por su propio marido. Ese día, se ve que habría cobrado algún retroactivo en el laburo, hicimos "doblete", salimos de esa y vimos la reposición de "El lechero" con Danny Kaye. También inolvidable.

Ni que hablar de "La Novicia Rebelde" que en el cine de barrio entre mi mamá, mi abuela y mi tía me la hicieron ver como siete veces.
La vez que más recuerdo fue cuando mi tía fue al baño en el intervalo -si, era larguísima y tenía intervalo-. Seguramente habría mucha gente, ella no llegó a tiempo y se apagaron las luces. Mientras Julie Andrews corría como loca por los Alpes cantando chocha de la alegría, yo muerto de miedo en mi butaca sin saber si me habían abandonado a la buena de Dios para siempre.
Nada de eso, cuando a los poco minutos(que para mí deben haber sido horas), mi tía me tomó de la mano, me guiñó un ojo y ya ocupó su asiento, me volvió el alma al cuerpo y volví a disfrutar de las desventuras de Julie como si fuera la primera vez.

A "Encuentros cercanos del tercer tipo" no la recuerdo por ser un peliculón de Spielberg, completamente revolucionario para la época. La recuerdo porque nos llevó un sábado a la noche, la madre de mi amigo Anibal al "cine de centro" y como fue un exito indiscutible, la tuvimos que ver todos sentaditos comodamente en fila uno del cine Plaza, en Corrientes y Suipacha.
El pure de papas conque Richard Dreyfuss armaba las montañas, estaba apetecible.


Para poder ver "Y... donde está el piloto?" fuimos con mi amigo Martin como cuatro horas antes y así todo nos toco verla en el Superpullman del cine Alfa. Qué antiguedad! Superpullman! "Tootsie" con Dustin Hoffman tambien la disfrute, entre tantas otras, desde el superpullman del Ambassador. Y desde ese mismo superpullman, Ralph Maccio hacía la grulla en "Karate Kid".

El cine de barrio (más precisamente el Gran Rivadavia) me albergó junto a algunos compañeros de la escuela primaria donde vimos películas que hoy son un ícono de la cinematografía y para nosotros solamente tenían el sabor de lo prohibido, de ver películas para "grandes": saltamos de la butaca cuando en "Carrie" una mano gigante sale de la lápida (quien no saltó con eso?) y ya estabamos previamente espantados por el balde de sangre de chancho que le habían tirado a la pobre Sissy Spacek que en ese momento era una niña en su fiesta de graduación.
O nos quedamos atónitos cuando un bicho salía de la panza de un tripulante en "Alien", vimos "El Francotirador" sólo para ver la parte que nos habían contado de la ruleta rusa, de lo demás no entendiamos absolutamente nada, pasó lo mismo con "Apocallypse Now" con ese ruido ensordecedor de los aviones que todavía hoy recuerdo o con "Bananas" de Woody Allen de la que me acuerdo casi solamente la parte donde lo mandan a Woody a comprar sandwiches para todo el regimiento.

Y hablando de ver películas "prohibidas" recuerdo la primera que vi en un cine de centro fue "La decision de Sophie" con Meryl Streep. Bueno, obviamente que este no es un recuerdo de infancia. Pero fue tan impresionante esa película, que mas allá de su valor cinematografico y de Meryl en una actuación arrolladora, quedó grabada en mi recuerdo por ese detalle, con sabor a éxito de entrar en el Cine Santa Fe Uno sin que me pidieran documentos.

Recuerdos, muchos, esto recién empieza....

domingo, 4 de octubre de 2009

Y bueno, el año que viene, vemos...

"El año que viene, a la misma hora"
de Bernard Slade con Adriana Suar y Julieta Diaz
Dirección: Marcos Carnevale


Juan es un contador que va a hacer, cada año, el Balance del que fue su primer cliente, un pequeño hotel con cabañas en Chapadmalal.
Ella es Doris, un ama de casa que una vez por año hace un retiro espiritual en un convento cercano a estas cabañas, aprovechando que su marido y sus hijos viajan para el cumpleaños de su suegra, a visitarla -a los que ella no acompaña porque con la suegra no se pueden ni ver-.

Asi, ocasionalmente, luego de un primer encuentro en las cabañas de Chapadmalal, ellos prometerán encontrarse en ese lugar, a la misma fecha, cada año.

Y en una serie de cuadros, se irán mostrando las distintas viscicitudes de estos amantes frente a sus respectivas vidas, sus respectivas parejas, su trabajo, sus tristezas y sus alegrías. Situaciones que se acompañan con los acontecimientos culturales y sociales que fueron sucediendo básicamente en el país pero también en el mundo, mostrados mediante videos que articulan como "separadores" entre estos momentos de la pareja.

La apuesta básicamente fue lograr una adaptación con un tono más local y sobre todo, con un fuerte tinte de comedia que no abundaba en el libro original. Esto sobre todo hace que Adrián Suar -Juan- pueda expresarse más libremente en el escenario con sus conocidas dotes de comediante, sin necesidad de apelar a un registro más dramático que solamente aparece hacia el final de la trama y es donde realmente se produce un notable desnivel en su registro actoral.
Julieta Diaz como Doris, por el contrario, comienza la obra de una forma más tibia, más titubeante, para ir creciendo en profundidad a medida que pasan los cuadros, cerrando la obra con una actuación muchísimo más rica en matices y mucho más sólida que la de su partenaire.

La química que hay entre la pareja es muy buena, sin embargo, no logran trasmitir lo que plantea la obra: se siente como si los personajes se encontraran muy en la superficie, sin lograr transmitir con claridad la pasión que los une a lo largo de tantos años.
Sobre todo en las primeras escenas, esta pasión es confundida -sobre todo en el papel de Suar- como uan especie de "calentura", cuando el sentido era el de transmitir los sentimientos de dos almas "grises", agobiadas por la rutina que se dan un respiro una vez por año para vivir una pasión clandestina.
Esa profundida del texto original de Slade, desaparece con la liviandad que imprime la adaptación local del mismo Carnevale y Lilly Ann Martin, sin que deje por esto de ser una obra sumamente agradable, pero demasiado liviana.

Sin duda, los separadores que van dando cuenta de las diferentes épocas son un acierto que hace crecer a la intrducción de cada una de las situaciones que vive esta pareja.