viernes, 18 de septiembre de 2009

Silencio: cine !

Soy cinéfilo desde la cuna. No, pará, no! no es una enfermedad - o bueno, no de las entendidas como tales -. Cinéfilo es que me gusta mucho el cine.
Ya desde chico me pasaba las tardes en los cines de barrio: era mi mayor entretenimiento. Escapándome de casa en cuanto podía para sumergirme en el cine más cercano.... o más lejano.

Pero los tiempos han cambiado, los cines han cambiado (de los amplios e inmensos cines de barrio, a los microcines de tan pocas butacas que uno parece sentado en un micro larga distancia), las películas han cambiado (qué anteojitos 3D ni que IMAX! la máxima sensación era ver Cinerama en el Gaumont una vez cada tres años!), los estilos han cambiado. Pero más que nada: EL PUBLICO ha cambiado.

Ya falta poco, poquitísimo, para que la gente vaya al cine en bata, con pantuflas y el control remoto en una mano como para sentirse en el living de la casa. Y no digo que lleven el termo con el mate para sentirse a gusto: porque ya lo llevan!

Hete aquí entonces que se presenta el siguiente dilema:
- o vas a los que han dado en llamar Cine Arte donde te encontras con ocho, nueve gatos locos a lo sumo, que decidieron ver la misma rareza que vos, en silencio y solitud y serán todos por igual confinados a ocupar unas butacas tan cómodas como el 60 Ramal Tigre en hora pico -un suplicio, una tortura- con un preanunciado acalambramiento de miembros inferiores
- o entonces, decis "Ah, no, yo me merezco otra cosa, si pago una entrada voy a ver una película dignamente, como se debe apreciar, en un buen cine....". Y te vas a uno de esos cines con tecnología de punta, con el mejor sonido envolvente dolby sorround stereo 5.0 bis y anda a saber cuántas miles de cosas más. Pero si vos creias que ibas a ver la película DIGNAMENTE: ay, que equivocado que estabas!.

Esos cines están superpoblados de una fauna deliciosamente insoportable y va aquí mi sentidísimo homenaje a todos ellos, seres con una especial propensión a sacar de quicio al más dalai de los lamas.

El comepochoclo satánico: está poseído. Así como los pollos se largan a comer como locos cuando ven la luz prendida, a él apenas apagan las luces le sobrevienen una ganas irrefrenables de comer pochoclo. Cuenta la leyenda que los primeros pochocleros satánicos que comenzaron a poblar las salas, no hacían tanto ruido, pero al ver que pasaban desapercibidos, fueron instruyendo a futuras generaciones al verdadero arte de comer pochoclo. Si señores, el pochoclo se come haciendo ruido, mucho ruido, mucho mascado pre-embuche. ¿Qué, molesta? Ahhhh, pero eso es lo de menos.

La anciana desorientada: Una especie de Conduciendo a Miss Daisy. Conduciéndola a cualquier lado. La señora quiere ver la de Darín pero no hay más localidades. Le dice al que vende las entradas (otra fauna de la que debiera ocuparme próximamente) que le recomiende algo, con la premisa de que empiece prontito. Allí va la émula de la dueña de Tweety, a ver la última de Kim Ki Duk -una peli de orientales existencialistas de dos horas y media-. Si por horario tiene más suerte, se verá bañada en sangre con Duro de Matar 28. "Que cambiado que anda Darín ultimamente" clamará más desorientada que nunca a la salida.
Si la Sra. va acompañada, le dirá a su marido promediando la proyección a viva voz "Che, viejo, cómo era que se llamaba esto que estamos viendo?"

La subtituladora humana: Hay amigo/as que son entrañables, que están en las buenas y en las malas. Entonces, rápidamente cuando ven que su compañero de butaca lo comienza a mirar de reojo perdido en el argumento de una película de Tarantino que va y viene en el tiempo, el noble amigo del alma se convierte en el subtitulador humano y te lee todo, te explica todo "Ah, ese es el que se habia muerto antes.... y como es que está ahora de nuevo?"
El sutitulador explica que eso es un flash-back. "Un quééééééééééééé??" corta como un relámpago el silencio de la sala el grito del amigo desorientado.

Mismo comentario se aplica a la gente que no llega a leer todas las lineas del subtitulado y sobre todo a aquellas abnegadas madres (algunos padres también puede haber) que como quisieron escuchar la voz original de la cebrita de Madagascar se pasan los 98 minutos que dura TOOODA la pelìcula leyéndole al nene lo que dicen los animalitos y no editan nada: leen todo T-A-L-C-U-A-L. "Nene, no entendés por señas, mi amorrrrrrrrr?"
"Señora, la función de las diez de la noche no es para venir con el niño que no "le" lee!"


Cinema TXT: Qué necesidad hay de mandar mensajes de texto todo el tiempo en el cine? La luz del celular irrumpe la oscuridad y a pesar de que esté viendo a Woody Allen en pantalla estoy todo el tiempo creyendo estar en el medio de "Encuentro Cercanos del Tercer Tipo". Las luces son celulares o naves espaciales que nos invaden?

"Qué, no te lo había contado?" style: No es el modelo más frecuente, pero basta que la película tenga algún silencio a la francesa para que alguien compulsivamente pretenda llenarlo introduciendo la frase matadora como "Ay, me olvidé de contarte!". Por favor, volvé a la realidad, cariñññño, estás en el cine, no en el medio de Plaza Irlanda!.

"Mamá! Cuando nos vamos?": no es que me cruce con Carlitos Balá permanentemente en el cine, sino todo lo contrario. No son chicos los que suelen responder a este modelo de aburrimiento, son tremendos grandulones que vinieron a disgusto.
No sabemos si la mujer o el marido los trajo castigados o si los trajo bajo el leit motiv de "si me bancás esta peli, vas a saber que a la salida te voy a dar un lindo premio".
Y sumido en el aburrimiento, empieza a hurguetear bolsillos, o la cartera, se mueve, te patea la butaca, mira setecientas veces el reloj y solamente han avanzados dos minutos y fracción desde la última vez, se saca los zapatos, se los pone, en fin.... hiperquinesis digna del mayor de los aburrimientos. Bancá Cacho, que ya termina!

El Amante: No, no me refiero ni a la película, ni al libro de Marguerite Duras, me refiero al Demonio de Tasmania que se despierta dibujando remolinos de pasión apenas terminaron de pasar los títulos de arranque. Se ve que los chicos o no tenían plata para un lugar más intimo o les gusta ahi: en el cine, y a pocas butacas tuyas.
Un concierto de jadeos, manos que vienen y van, mucho movimiento. No sabés si mirar a ver si la cortan o seguir haciendo de cuenta que no pasa nada mientras un sismo virtual de lujuria invade la fila de atrás. Por favor, paren yaaaaaaaaaaaaaaaa que me desconcentran! (y me dan una envidia mortalllll!)

Y podría seguir enumerando estas queribles criaturas porque las hay a montones, pero como decía mi abuela "para muestra basta un botón!".

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