domingo, 27 de septiembre de 2009

Doña Petrona y la bloggera

"Julie & Julia" de Nora Ephron
con Meryl Streep, Amy Adams, Stanley Tucci y Chris Messina.

Por más que me pase tres tardes escribiendo, seguramente la nueva película de Nora Ephron, que supo escribir para Meryl Streep "Silkwood" y "El dificil Arte de Amar -Heartbun-" con Jack Nicholson y "Cuando HArry conoció a Sally", quedará como una de las grandes comedias del año. Y sin lugar a dudas, no lo es. Es una comedia simpática y agradabel, pero no mucho más que eso.


Meryl Streep es Julia Child, esposa de un diplomático, que muerta de aburrimiento en París y contra todas las reglas de la época, se anota en la academia "Cordon Bleu" para el curso de alta cocina, curso destinado "casi" exclusivamente a hombres.
Allí comienza su amor por la cocina francesa y llega a escribir un libro famosísimo con más de 500 recetas, filma algunos programas de televisión y se convierte en una "celebrity" culinaria de la época.
Todo parecido con Doña Petroña C. De Gandulfo, nuestra autóctona gourmet, será pura coincidencia?

Del otro lado de la historia -y bien del otro lado, porque en "Julie & Julia" se interconectan permanentemente en sus historias pero jamás se cruzan en persona- está Julie Powell una neoyorkina en plena mudanza a Queens, qué tampoco sabe demasiado qué hacer con su vida, harta de su trabajo gris como telefonista de un centro de asistencia a los familiares de las víctimas del atentado a las Torres Gemelas en donde recibirá todo tipo de reclamos, insultos y llamados conmocionantes.
Qué se le ocurre para matar su aburrimiento? Cocinar en UN año, TODOS los platos del libro de Julia Child y contar su experiencia en un blog.
Como era de esperar... sueño americano mediante, el blog es un éxito, ella logra su felicidad a pesar de alguna que otra viscicitud.

Donde Ephron debiera haber hecho la historia más "redonda" elige estirar este cuento de hadas gastronómico de mas de dos horas, perdiendo rendimiento sobre todo en la segunda mitad de la película, cuando la historia de Child que se torna un poco más aburrida cuando se encuentra con personajes secundarios de muy poco atractivo.

En cambio, la primer parte de la película tiene todo el encanto que uno buscaba en este típo de comedias, y aún visitando algunos lugares comunes del género, la química entre Meryl Streep (que sigue pareciendo increible que pueda cambiar de piel tan fácilmente y pasar de "El diablo viste a la moda", a "Mamma Mia", o "La Duda" y luego a esta comedia con una facilidad asombrosa) y Stanley Tucci -quien hacer de su marido- es inmejorable.

Evidentemente aún con sus limitaciones es una comedia entretenida y se dejar ver, pero los laureles en este caso son casi exclusivos de Meryl, como así también Amy Adams ("Encantada" "Junebug") logra darle encarnadura a esta exitosa bloggera que crece y crece a partir de las inolvidables recetas de la cuisine française de la Child.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Silencio: cine !

Soy cinéfilo desde la cuna. No, pará, no! no es una enfermedad - o bueno, no de las entendidas como tales -. Cinéfilo es que me gusta mucho el cine.
Ya desde chico me pasaba las tardes en los cines de barrio: era mi mayor entretenimiento. Escapándome de casa en cuanto podía para sumergirme en el cine más cercano.... o más lejano.

Pero los tiempos han cambiado, los cines han cambiado (de los amplios e inmensos cines de barrio, a los microcines de tan pocas butacas que uno parece sentado en un micro larga distancia), las películas han cambiado (qué anteojitos 3D ni que IMAX! la máxima sensación era ver Cinerama en el Gaumont una vez cada tres años!), los estilos han cambiado. Pero más que nada: EL PUBLICO ha cambiado.

Ya falta poco, poquitísimo, para que la gente vaya al cine en bata, con pantuflas y el control remoto en una mano como para sentirse en el living de la casa. Y no digo que lleven el termo con el mate para sentirse a gusto: porque ya lo llevan!

Hete aquí entonces que se presenta el siguiente dilema:
- o vas a los que han dado en llamar Cine Arte donde te encontras con ocho, nueve gatos locos a lo sumo, que decidieron ver la misma rareza que vos, en silencio y solitud y serán todos por igual confinados a ocupar unas butacas tan cómodas como el 60 Ramal Tigre en hora pico -un suplicio, una tortura- con un preanunciado acalambramiento de miembros inferiores
- o entonces, decis "Ah, no, yo me merezco otra cosa, si pago una entrada voy a ver una película dignamente, como se debe apreciar, en un buen cine....". Y te vas a uno de esos cines con tecnología de punta, con el mejor sonido envolvente dolby sorround stereo 5.0 bis y anda a saber cuántas miles de cosas más. Pero si vos creias que ibas a ver la película DIGNAMENTE: ay, que equivocado que estabas!.

Esos cines están superpoblados de una fauna deliciosamente insoportable y va aquí mi sentidísimo homenaje a todos ellos, seres con una especial propensión a sacar de quicio al más dalai de los lamas.

El comepochoclo satánico: está poseído. Así como los pollos se largan a comer como locos cuando ven la luz prendida, a él apenas apagan las luces le sobrevienen una ganas irrefrenables de comer pochoclo. Cuenta la leyenda que los primeros pochocleros satánicos que comenzaron a poblar las salas, no hacían tanto ruido, pero al ver que pasaban desapercibidos, fueron instruyendo a futuras generaciones al verdadero arte de comer pochoclo. Si señores, el pochoclo se come haciendo ruido, mucho ruido, mucho mascado pre-embuche. ¿Qué, molesta? Ahhhh, pero eso es lo de menos.

La anciana desorientada: Una especie de Conduciendo a Miss Daisy. Conduciéndola a cualquier lado. La señora quiere ver la de Darín pero no hay más localidades. Le dice al que vende las entradas (otra fauna de la que debiera ocuparme próximamente) que le recomiende algo, con la premisa de que empiece prontito. Allí va la émula de la dueña de Tweety, a ver la última de Kim Ki Duk -una peli de orientales existencialistas de dos horas y media-. Si por horario tiene más suerte, se verá bañada en sangre con Duro de Matar 28. "Que cambiado que anda Darín ultimamente" clamará más desorientada que nunca a la salida.
Si la Sra. va acompañada, le dirá a su marido promediando la proyección a viva voz "Che, viejo, cómo era que se llamaba esto que estamos viendo?"

La subtituladora humana: Hay amigo/as que son entrañables, que están en las buenas y en las malas. Entonces, rápidamente cuando ven que su compañero de butaca lo comienza a mirar de reojo perdido en el argumento de una película de Tarantino que va y viene en el tiempo, el noble amigo del alma se convierte en el subtitulador humano y te lee todo, te explica todo "Ah, ese es el que se habia muerto antes.... y como es que está ahora de nuevo?"
El sutitulador explica que eso es un flash-back. "Un quééééééééééééé??" corta como un relámpago el silencio de la sala el grito del amigo desorientado.

Mismo comentario se aplica a la gente que no llega a leer todas las lineas del subtitulado y sobre todo a aquellas abnegadas madres (algunos padres también puede haber) que como quisieron escuchar la voz original de la cebrita de Madagascar se pasan los 98 minutos que dura TOOODA la pelìcula leyéndole al nene lo que dicen los animalitos y no editan nada: leen todo T-A-L-C-U-A-L. "Nene, no entendés por señas, mi amorrrrrrrrr?"
"Señora, la función de las diez de la noche no es para venir con el niño que no "le" lee!"


Cinema TXT: Qué necesidad hay de mandar mensajes de texto todo el tiempo en el cine? La luz del celular irrumpe la oscuridad y a pesar de que esté viendo a Woody Allen en pantalla estoy todo el tiempo creyendo estar en el medio de "Encuentro Cercanos del Tercer Tipo". Las luces son celulares o naves espaciales que nos invaden?

"Qué, no te lo había contado?" style: No es el modelo más frecuente, pero basta que la película tenga algún silencio a la francesa para que alguien compulsivamente pretenda llenarlo introduciendo la frase matadora como "Ay, me olvidé de contarte!". Por favor, volvé a la realidad, cariñññño, estás en el cine, no en el medio de Plaza Irlanda!.

"Mamá! Cuando nos vamos?": no es que me cruce con Carlitos Balá permanentemente en el cine, sino todo lo contrario. No son chicos los que suelen responder a este modelo de aburrimiento, son tremendos grandulones que vinieron a disgusto.
No sabemos si la mujer o el marido los trajo castigados o si los trajo bajo el leit motiv de "si me bancás esta peli, vas a saber que a la salida te voy a dar un lindo premio".
Y sumido en el aburrimiento, empieza a hurguetear bolsillos, o la cartera, se mueve, te patea la butaca, mira setecientas veces el reloj y solamente han avanzados dos minutos y fracción desde la última vez, se saca los zapatos, se los pone, en fin.... hiperquinesis digna del mayor de los aburrimientos. Bancá Cacho, que ya termina!

El Amante: No, no me refiero ni a la película, ni al libro de Marguerite Duras, me refiero al Demonio de Tasmania que se despierta dibujando remolinos de pasión apenas terminaron de pasar los títulos de arranque. Se ve que los chicos o no tenían plata para un lugar más intimo o les gusta ahi: en el cine, y a pocas butacas tuyas.
Un concierto de jadeos, manos que vienen y van, mucho movimiento. No sabés si mirar a ver si la cortan o seguir haciendo de cuenta que no pasa nada mientras un sismo virtual de lujuria invade la fila de atrás. Por favor, paren yaaaaaaaaaaaaaaaa que me desconcentran! (y me dan una envidia mortalllll!)

Y podría seguir enumerando estas queribles criaturas porque las hay a montones, pero como decía mi abuela "para muestra basta un botón!".

martes, 15 de septiembre de 2009

Quentin: me pusiste el cuero cabelludo de punta!

"Bastardos sin gloria" ("Inglourious basterds")
de Quentin Tarantino con Brad Pitt, Mélanie Laurent y Chistoph Waltz



Escena I: Ocupación alemana en Francia. El Coronel nazi Hans Landa (Waltz) anda en búsqueda de la última familia judía de campesinos que le queda por exterminar. Tarantino vuelve a dar cuenta de cómo nos puede exasperar en un diálogo electrizante entre este Coronel y un campesino con sus tres hijas.
La tensión crece -el diálogo corre y atraviesa los detalles más impredecibles- y se hace insoportable cuando la cámara nos muestra que efectivamente están escondiendo a esa familia que buscan con sólo unas maderas del piso de distancia.
Bestial tiroteo para el cierre de la escena. La hija de esa familia, Shoshanna, logra escapar.

Escena II: Aldo Raine (increíble Brad Pitt en un papel al que le saca el jugo en cada escena) organiza a un grupo de soldados americanos judíos para cobrarse venganza: tienen como objetivo juntar por lo menos 100 cueros cabelludos de nazis cada uno.

Pero esto es recien el comienzo de las dos horas y media más adrenalínicas que he pasado en el cine en mucho tiempo. Por la magia del guión de Tarantino -en el que no escatima ningun tipo de recursos nutriéndose incluso hasta del comic- Shoshanna y Aldo Raine terminarán -sin saberlo- unidos en la "Operación Kino" donde tratan de volar en pedazos a todos los líderes del Tercer Reich.

No conviene develar mucho más, siendo de todos modos cualquier elemento de la trama una simple anécdota para disfrutar de un cine totalmente vertiginoso, inteligente, con vueltas de tuerca en el guión que se resuelven con talento e ingenio, con el sello inconfundible de un Tarantino que madura en cada una de sus creaciones.
Y que homenajea constantemente a eso mismo que él está nutriendo: el cine.

Hay planos que son como cuadros, como el de Shoshanna (ya con su nueva identidad) en el cine con un vestido rojo sangre, esperando actuar frente a un espejo redondo al estilo "La ley de la calle", aquietada hasta que comience la acción.
El guión tiene "asteriscos", explicaciones, disgresiones para contarnos un detalle de un personaje o algún hecho que necesitamos conocer, que potencia la acción y la documenta, que la hace más real y mucho más disfrutable (seguramente estas idas y vueltas le deben haber encantado a Mariano Llinás que lo hace todo el tiempo en "Historias Extraordinarias").

El nivel del elenco es también otro punto fuertísimo de "Bastardos..." con Brad Pitt en un papel que son varios a la vez (es interesantísimo y muy divertido verlo cuando hace de italiano en el desarrollo de la Operacion Kino), una sensual e interesante Mélanie Laurent, Daniel Brül (el de "Good Bye Lenin") y Diane Kruger como una actriz-espía que trabaja para los aliados.

Detalles, cameos, cine dentro del cine, homenaje al cine Clase B, venganzas, traiciones y los tiroteos con la sangre más cinematográfica que se pueda imaginar. Pero mucho de todo esto no sería posible sin el enorme trabajo de Christoph Waltz como el Coronel Hans Landa, impresionante en los diálogos, en sus interrogatorios, en sus silencios. Una máscara muy particular a la que Tarantino le hace gala y le saca todo el jugo, lo hace crecer en cada escena que aparece.

Quentin, gracias, gracias por devolverme por dos horas y media las ganas de ver cine como cuando éramos chicos, como en los sabados de super acción de la tele, esas películas donde uno no quisiera moverse de la butaca para ver más y más...
Y gracias, en definitiva, por demostrar que el gran entretenimiento no tiene porque ser vacío, que se puede filmar como los dioses hasta un balazo y que esto haga que la película nos quede en las pupilas muchas horas, muchos días después de haberla visto. Gracias nuevamente! Magistral lo suyo!

domingo, 6 de septiembre de 2009

Un tropiezo llamado Almodovar

"Los abrazos rotos"
de Pedro Almodovar con Penélope Cruz, Lluis Homar y Blanca Portillo

¿Qué te está pasando Pedro? ¡Qué lejos estamos de "La ley del deseo", la genial "Matador", de "Hable con ella" o al menos de la más reciente "Volver"!.
Quienes seguimos su carrera (casi) desde los inicios, seguramente nos sentiremos profundamente decepcionados cuando termine "Los Abrazos Rotos", el último film de Almodóvar y lejos, lo más flojo de su filmografía en mucho tiempo.

Si bien la película es entretenida, porque Almodovar sabe poner en el guión todos los condimentos necesarios para que la película funcione (no llega a los extremos de "Kika" que era un bodrio ininteligible), la trama tiene tantas vueltas al mejor estilo culebrón venezolano, que termina entrampándose en su misma y repitiendo muchas de las cosas que Almodóvar ya ha escrito -y lo ha hecho mucho mejor-.

Dentro de las dos horas y diez que dura la película nos podemos encontrar con cosas insoportables / increíbles (sobre todo algunos diálogos sumamente retóricos en donde se van develando secretos de la trama), otras que pretenden ser dramáticas pero mueven a risa (el personaje de Rubén Ochandiano sobre todo en su adolescencia es completamente patético e increible), lagunas en la trama que abandona inexplicablemente a algunos personajes secundarios que quedan a la deriva... pero como Pedro siempre tiene un as en la manga, al mismo tiempo nos regala guiños completamente geniales como la película dentro de la película ("Chicas y Maletas" con una escena final que es un completo homenaje a "Mujeres al borde de un ataque de nervios"), el homenaje al cine con un universo digno de Hitchcok en la tensión y el suspenso que envuelve la historia o el homenaje que se hace a sí mismo con una gran cantidad de cameos de las actrices que trabajaron en todas sus películas (ahi aparecen Rossy de Palma, Kiti Manver, Chus Lampreave). Un momento especial: cuando Penélope Cruz dobla su propia voz al descubrir que su marido la hace seguir y contrata una lectora de labios para saber qué es lo que está hablando con su amante, intensamente Almodovariano.


Un guión completamente fallido que se nutre de elementos reiterados en los films de Almodóvar (pasiones, desencuentros, secretos turbios que se develan después de muchos años, personajes que viven una doble vida, traiciones)pero que está muy bien adornado, hace que uno pueda ver este traspié de Almodovar sin sufrirlo demasiado. Blanca Portillo y Lluis Homar siguen demostrando su talento para moldear cualquier papel y sin duda la gran estrella es Penélope Cruz, sumamente sensual, hermosa, con una cámara que está completamente enamorada de ella y le dedica los mejores planos de la película.

Un tropezón que esperemos, no sea caida.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Pasando la tarde con Vincent Lindon

La sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín tiene este fin de semana un ciclo de Cine Frances inédito. Me zambullo en la sala para ver dos seguidas -como hace muchísimo tiempo que no hago- y da la casualidad que ambas tienen como protagonistas a Vincent Lindon, actor francés que hasta ahora había pasado un poco desapercibido en mi vida cinéfila.

La primera "Creo que la amo (Je crois que je l'aime)" es una típica comedia romántica donde Lindon hace de un importantísimo empresario, divorciado, que termina enamorándose de una artista plástica que hará un trabajo en su empresa, Elsa, intepretada por Sandrine Bonnaire.
Las idas y vueltas de dos cuarentones que quieren caer rendidos ante una nueva oportunidad en el amor pero tienen todos los reparos de los fracasos anteriores -en el marco de una Paris siempre invitando a enamorarse-, es una de esas comedias románticas livianas, que se deja ver con una sonrisa.

Al rato, Lindon se convertirá en Bertrand, un profesor de alemén que pasa sus días yendo al hospital a la salida de su trabajo, para cuidar a su esposa enferma de cáncer de mama. De esto trata "Aquellos que permanecen (Ceux qui restent)", sobre los que pasan sus días en el hospital cuidando a sus seres queridos.

Pasan los días y comienzan a mezclarse con ese ambiente hospitalario, a compartir sus horas con otros que están pasando por un momento difícil. Y así conocerá a Lorraine (Emmanuelle Devos) quien tiene a su novio internado con otro grave problema de salud.

Totalmente contrapuesta con el film anterior, "Aquellos que permanecen" cuenta una historia de amor nacida a partir de un momento de pérdidas, de angustia profunda, dolor y necesidad de compañía. La película sin embargo, está teñida con un humor finamente irónico en sus diálogos que la hace ganar en credibilidad y en ese encariñamiento con los personajes que siguen vibrando, aún terminada la película.

Vincent Lindon, ha sido un gusto conocerlo: dos buenas películas. Una tarde de sábado a puro cine francés.

Solos en la oscuridad

TEATRO CIEGO - "La isla desierta"
basada en un texto de Roberto Arlt
por el grupo Ojcuro en "Centro Argentino de Teatro Ciego" Zelaya 3006 - Abasto

Ya todo es diferente desde la entrada a la sala: uno de los integrantes del grupo nos explica que iremos ingresando en grupos de diez personas, tomados del hombro del compañero de adelante porque la sala está totalmente a oscuras: la invitación es a penetrar en el universo de los ciegos aunque sea por un rato.
Nos van guiando con mucho ciudado y finalmente cada uno llega a ocupar su butaca.

Se respira un aire nervioso en el público, cuesta acostumbrarse a tanta oscuridad, la sensación es de por sí extraña y se percibe esa inquietud.

Pero luego, cuando comience "La isla desierta" nos sentiremos rápidamente inmersos en una oficina con vistas al puerto de Buenos Aires, donde suenan teléfonos, se escuchan las máquinas de escribir, interrumpen las bocinas de los barcos, y nos empieza a invadir un olorcito a café recién hecho, iniciando la rutina con el desayuno de cada mañana con los compañeros de oficina.
Al rato llega Cipriano, el ordenanza cordobés de la empresa que será el encargado de contarnos historias que nos adentrarán en mundos totalmente diferentes, aprovechando el hecho de que todos sueñan con viajar, con subirse a algunos de esos barcos que contemplan todo el día... Los empleados de la oficina, con sus universos grises y monótonos, con sed de aventuras, viajan junto a Cipriano: y nos llevan a nosotros.

Lo inqiuetante de la experiencia es que se exhacerban todos los sentidos. Ante la falta total de visión: lo olfativo, lo táctil, el sonido, cobran otra dimensión.
Cipriano nos transporta con la misma intensidad a un mercado plagado de gente en el lejano oriente con mezcla de sándalo y jenjibre, nada en una laguna junto a una señorita que lo atrae y juegan al amor, remará con un amigo en un bote acompañados por pájaros y animales exóticos, llueve, la oscuridad se atraviesa sólo en algunas pequeñas ocasiones -que son casi sorpresas que nos tienen reservadas-, nos seduce luego el olor a mar.... Una experiencia sin dudas diferente, estimulante, innovadora, totalmente alejada del teatro tradicional.
Si bien el texto es sobre lo que se podrían presentar mayores reparos, es solamente una excusa para viajar con la imaginación, ese potente motor que nos lleva a cualquier lugar del planeta, sin tiempo ni espacio, nos transporta a universos completamente desconocidos, aún cuando sólo lo haremos desde la oscuridad de una butaca en el Abasto.

Los invito a que no se lo pierdan
www.teatrociego.com - info@teatrociego.com